sábado, septiembre 08, 2018

BROKE LORD - "Nazgul Says" (Orphan Records/Cosmic Tentacles, 2018)




El hombre es esta noche, esta vacía nada, que en su simplicidad lo encierra todo, una riqueza de representaciones sin cuento (…) Lo que aquí existe es la noche, el interior de la naturaleza, el puro uno mismo, cerrada noche de fantasmagorías: aquí surge de repente una cabeza ensangrentada, allí otra figura blanca, y se esfuman de nuevo. Esta noche es lo percibido cuando se mira al hombre a los ojos, una noche que se hace terrible: a uno le cuelga delante la noche del mundo.

HEGEL


Son las ocho  en Madrid. Salgo de la estación de Tribunal. Por mi cabeza, desfila una línea de bajo a contratiempo que se despliega sobre un sonido espeso de guitarras ambientales. En la acera, el intenso tráfico ha sido sustituido por una manada de ciervos hambrientos que han emergido de los laberínticos túneles, abriendo un agujero en la realidad como si de un poema de Leopoldo María Panero se tratase. Tienen la piel cubierta de conchas. El gesto, altivo y serio. De pronto, el cielo se emborrona de nubes y un olor a plomo y azufre asciende de las alcantarillas.

El Señor de los Nâzgul aparece tras una esquina. Es bastante alto. Pelo corto, barba y playeras. No es un atuendo que distinga precisamente a los siervos de Sauron. Fuma un cigarrillo tras otro y afirma tener resaca. Lo delatan sus ojos verdes y su voz ronca de cansancio. Camina decidido y nos internamos por el barrio de Malasaña, donde vivió en una época lejana, cuando era pasto de locos y ojerosos periodistas que corrían libres. Desataban trifulcas en el Café Neón.

Me pregunta por el trabajo. Yo, sobre su vida de ermitaño en los páramos de Angmar, al norte del norte, donde el Señor Oscuro amansa a las fieras. Trae malas noticias de la Comarca, los hobbits han tomado definitivamente el poder y lo han convertido de fascismo invertido y buenas intenciones. “Quedamos pocos”, afirma tajante. Atravesamos la calle de la Palma de arriba a abajo y nos detenemos en los escaparates de las tiendas de discos, entre libros de Tom Waits y ángeles caídos.

Como una fusión entre Tolkien y Lou Reed. “Sí, la verdad, esas dos cosas flotaban en mi cabeza cuando pensé en el título del álbum. Era una idea que me perseguía desde hacía tiempo”. Seguimos caminando y contemplamos a lo lejos una nueva manada de ciervos blancos despellejados. “Yo no los he desatado, yo no soy nadie”. Contra todo pronóstico, exhala una confesión que me deja helado: “Vamos a ver, chaval, Sauron no existe, yo no soy su siervo, deja de verme así solo por el título del álbum que acabo de sacar”.

Vale, Luis. Lo reconozco. Sé que dormitas en la calavera de un gato y que de algún modo todos tenemos la aspiración de huir a alguna mansión hecha de huesos con nuestra Madre Digital particular. Pero esto es demasiado.

Demasiado para tan poco tiempo: “El disco fue grabado en apenas cuatro días”. Esto viene a colación de que su predecesor, el fantástico Death of a Flower (Discos Belamarth, Gog Artifacts, 2016), parece un disco más directo y espontáneo, mientras que este reúne a la perfección las características de lo que se podría considerar un álbum reflexivo, espacial y para ser cocinado -o deglutido- a fuego lento.

La apertura, una deslumbrante y luminosa pieza de synth y efectos a lo John Cale construida con tan solo dos acordes, habla de llevar “el sol en una silla de ruedas”. En un ingenioso choque de contrastes entre luz y oscuridad, el creador del universo, amoral en su raíz, lleva vida y muerte al mundo sin preguntarse nada. La voz, reposada y tranquila arrastra lánguidos cantos del Oeste. El Nâzgul despierta y amanece lenta y progresivamente con esta iluminación.

Tras este ascenso a las alturas, toca bajar a la Tierra, al terreno llano, al subsuelo. “Hole of a Soul” es precisamente eso. Un manifiesto nihilista en el que se incide en esa “falta de necesidad”. Una descripción exhaustiva de la mansión en la que habita Broke Lord, en la que la paz y la ausencia de deseo, “fuera de todo daño o amor”, contempla el pasar de los días. Simple y directa, apuntala hasta el más mínimo sentido de vanidad. Al margen de todas las pasiones y los anhelos, la figura de un animal que se yergue sobre la noche ilustrado el vasto camino de la nada. “Ilumination” es una nueva invitación a dejarse llevar, anular el pensamiento y abandonar toda tentativa de acción posible. La producción y la interpretación adoptan un sonido cercano a The Fall, con un Mark E. Smith difunto, sonriendo tras las pistas.

“Digital Mother” se trenza como un diálogo sostenido entre guitarra y bajo con una ecualización muy psych-rock. La voz cavernosa de Broke Lord recita unas líneas que hablan de nuevo de esa muerte más allá de la vida, de esa confluencia de los astros que invita a soñar y a dejarse guiar por un valle deshabitado en el que ya no hay nada que anhelar: “As I´ve never been here I can sing with no words”. También, parece ser un canto de amor hacia lo natural en detrimento de las exigencias de mercado, siempre interesadas. Un retiro al bosque, donde solo el amor es posible.

Y aquí es cuando llegamos a la mejor canción de todo el disco, un tema que según su autor “llevaba años compuesta pero nunca había sido grabada”, y que rescató para formar parte de este Nâzgul Says sombrío y tallado en alabastro. Alguien solo llega hasta aquí en base a su sólida experiencia y dilatada carrera. “Eve of All Churches Burning” es una liturgia del cabreo, la violencia o el canibalismo: bebés usados como ceniceros, amigos con resaca al otro lado del teléfono, una vuelta a casa por Navidad, la sangre lenta que mancha un río brumoso. La invocación de los ciervos para acabar con lo humano. La irrupción de lo monstruoso a lo Lynch. Un post-punk psicodélico de una España negra, yerma y olvidada. Satanismo rural templado con un fondo etéreo de guitarras en la Noche de los Muertos Vivientes. La entonación de Macky Chuca, punk rock heroine, digna de antología. Más allá de las primeras impresiones, o de las inevitables referencias al dark folk, Broke Lord parece hallar un nuevo género: rock ritual; pues todo apunta a que “Eve of all Churches Burning” es un artefacto paramusical que traslada al oyente a una realidad reservada y anclada en la experiencia de lo fúnebre, lo telúrico o, de nuevo, al más oscuro pozo del nihilismo.

Con “New Town” se inicia la segunda parte del disco. Después de tanta oscuridad, merece la pena detenerse en una cotidiana reflexión sobre los tiempos pasados y presentes o los Neutral Milk Hotel. Todo vale. Diríamos que esta es la canción verdaderamente política de Broke Lord, en la que admite que “los ciegos dirigen a los ciegos”. De igual modo, parece hablar de alguien, alguien desconocido pero a quién quiere o admira muchísimo. “New Town” es una conversación mantenida a dos bandas: con los músicos y con el oyente. Un tema laberíntico cuya producción vuelve a remitirnos al Lou Reed del New York. Una delicia para escuchar en esos días vacíos en los que nada ocurre. La siguiente, “Read it on my palm”, resulta ser una jugada clásica y conocida de la factoría Broke Lord. Más próxima a  Death of a flower, tiene un sabor a rock áspero cantinero con una fantástica guitarra de Asier Maiah a lo Marc Ribot. Tiene sabor a whiskey y suena campestre, pero elegante.

“Así que vives en Madrid pero te mueves igual que Iggy Pop”. Con esta peculiar sentencia amanece “Everybody is Weak”, un tema con el que su autor vuelve a erigirse como sabio y portavoz de una generación de melómanos irredentos. “Oh, pobre chico /bienvenido a la época dorada de la estupidez (…) en la que la gente ya no sabe cómo permanecer consigo misma /porque todo el mundo es débil”. Sin duda, un puñetazo en la mesa. Con “Pay in rain” Broke Lord vuelve a la elegancia, en un registro vocal y actitud frente al micrófono similar a la de uno de sus más canónicos maestros: el sepulcral Michael Gira. Aquí recibimos ecos de sus valorados Angels of Light o del propio Bob Dylan en discos como Oh Mercy (1989) o Time out of mind (1997).

Y llegamos al final con “I wanna go to the beach”, un perfecto cierre a este viaje al fin de la noche que comenzó con luz y, contra todo pronóstico, acaba con luz. En el fondo, después de tanto tiempo enterrado en el subsuelo, Broke Lord despega por todo lo alto en este tema en el que expresa una serie de peticiones personales a la par que dirige un mensaje a todas esas personas por las que se sintió en deuda o más bien al revés, le debieron algo. “I wanna go to the beach” es el deseo final de un viaje sin deseos, la última aspiración, hasta cierto punto cómica, de una oración dirigida a la nada que es este Nâzgul Says. Quién sabe si con ironía o intención real. Tan solo él lo sabrá, camuflado en su capucha gris, serio, delante del Club Misterio.



(Reseña a cargo de Enrique Zamorano para Rock I+D)

FRANCO BATTIATO - "La Voce del Padrone" (EMI, 1981)



(Texto publicado originalmente el 31 de marzo de 2017 en la sección "El Fotografo de Instantes" que coordina Luis Moner para la web "Música en la mochila")

No soy tendente a la nostalgia. O, mejor, tiendo a no usarla como motor principal, porque uno acaba en casa en pantuflas, llorando sobre un mal disco de Tom Petty, emocionado con la imagen de su propia juventud malgastada. Y comprando muchas cosas inútiles para combatir o justificar tal emoción de senectud precoz. Sin embargo hay un tipo de nostalgia inevitable y acaso benéfica, que dota de la necesaria pátina dorada a épocas que fueron en realidad conflictivas pero que ya ni tienen arreglo ni lo precisan. Una nostalgia que es como una mano que se posa y perdona. Fugaz, momentánea, profunda. Esa me vale. 

Hilado inseparablemente a ella, Franco Battiato es para mí -entre otras cosas más razonadas- un viaje de vuelta a casa, desde el Algarve, quizá -podría ser desde Madrid– en algún momento fijado en el ámbar lejano y difuso de los años ochenta. Por entonces los trayectos eran largos y tediosos, y la familia era lo único que uno conocía, en realidad. Y la única música en la que podíamos coincidir mis padres, mis hermanas menores y yo estaba en aquellos discos del genio de Catania. Los tangos que cantaba mi padre y que ahora paladeo, agridulces, en el recuerdo, me parecían entonces ridículos. Los recopilatorios de La Década Prodigiosa de mis hermanas, intolerables. Mi tendencia incipiente hacia el ruido, por su parte, no hubiese tenido buena acogida y yo lo sabía. Quedaba Franco. El lapso de sus discos era un lapso de placer y de atención. Las canciones reinaban, y aquel extraño colectivo que éramos las dejaba flotar dentro, aprendiendo -o reaprendiendo, en el caso de mis viejos- lo que es la emoción. En este caso la emoción de Battiato, extrañamente delicada e intelectual, levitante pero corpórea.

No recuerdo cual fue el primer disco suyo que escuché, exactamente: probablemente "Nómadas" o "Ecos de danzas sufi", apaños en castellano que recopilaban sus éxitos más redondos y tarareables. Las versiones, bien traducidas por cierto, eran muy espectaculares; sin embargo carecían aquellos discos de la dinámica entre ataque y contemplación que –descubriría pronto- sí tenían los originales. 
"La voce del Padrone"–algo ahora difícilmente comprensible, pero cierto- vendió en su momento más de un millón de discos en Italia. Hay un excelente directo en youtube, de un año después (82), en el que se puede comprobar que era ya un artista masivo aunque perfectamente ubicado en sus propias coordenadas, tan humanistas como marcianas. La música tenía en el disco esa levedad primorosamente esculpida que aludía al tiempo a la modernidad y a algo eterno y casi espacial; y tenía aquel instinto pop finísimo, sorprendente en alguien que venía de la música experimental. Las sobresalientes letras eran crípticas aún para el niño que era yo, con un cierto arcaísmo revolucionario típico de Battiato y que llevaba a pensar aunque fuese perfectamente capaz del slogan, de la frase definitiva y sintética. En eso siempre ha sido un genio, bien dentro de una misma canción, oscilando grácilmente entre pensamiento y estribillo, bien en el recorrido de un disco completo. En "La voce...", sin ir más lejos, se alternan muy sabiamente los momentos de zen nueva ola (“A Wonderful summer…”, la emocionante “Gli uccelli”) con el pop de combate (“Bandera bianca”, “Centro di gravitá permanente”), las demoradas órbitas sensuales (“Sentimiento nuevo”) y las deliciosas majaradas posmodernas (“Cucurrucucu”).

A Battiato puede enfocarlo uno, ahora que el pasado es pasado, casi como quiera. Rercientemente, por ejemplo, mi buen amigo David Bizarro publicó en Karate Press un genial análisis de su lado esotérico. Yo tuve, por otro lado, el placer de comprobar su condición de animal de directo dos veces. Una acompañado de orquesta, sentado en una alfombra casi voladora y entregado al arabesco opiáceo y mediterráneo (bien guiado por su eterno colaborador Giusto Pio). La otra, memorable, en el palacio de Congresos de Madrid, con dos bandas de rock y haciendo entrar en éxtasis al personal a base de clásicos y experimentación versátil. Dos caras casi opuestas. Battiato es también, en nuestra extraña memoria pop española, acaso el único artista que sobrevivió integro a una parodia de Martes y Trece. Meterse con su nariz, al cabo, es como meterse con la de Cleopatra. El tipo vuela unos cuantos miles de kilómetros por encima del asunto, caricatura él mismo, icono de un pop inteligente y crítico como podría serlo el mejor Woody Allen, al tiempo a caballo y a despecho de sus taras. 

En todo caso, “La Voce del padrone” es una perfecta puerta de entrada a su universo (aún conservo la cinta de la edición en castellano, aunque me he aficionado a escuchar el original y fingir que sé parlotear en su italiano ondulante como el agua). Se me antoja una síntesis perfecta de la calma integradora que Franco concedía a aquella familia mía en acelerado proceso hacia la disfuncionalidad. Vuelvo a él y al resto de sus discos cada cierto tiempo, igual que intento leerme “La Isla del Tesoro” una vez al año. Hay –es una categoría peculiar- artistas inagotables que desde un aparente kitsch de su época han ido haciéndose en lugar de viejos, modernos. Han ido ganando sentido en lugar de perderlo, hasta ser clásicos atemporales en crecimiento perpetuo. 

Y pese a todo, cuando lo escucho sigo siendo consciente de que, junto al impecable y detallista conjunto de hits de pop meditativo y al tiempo guerrillero, está ahí también mi vida vieja, esa que se encuentra al fondo del armario, reconocible a duras penas pero iluminada al fulgor de las canciones. El tono fantasmal de los viajes, las voces, los lugares y las luces de algo irrecuperable. O recuperable sólo a través de la voz de un siciliano extravagante. Ese es uno de los poderes de la música, es de suponer. Y contra ese tipo de vida no se lucha.


miércoles, mayo 16, 2018

Un negro con gafas de sol en la cruzada de los niños (una divagación)


Cosas curiosas del “Outta Here” de The Gories en esta casa solitaria: es el primer disco del grupo que me oigo de cabo a rabo y que tengo en formato físico, y, extrañamente, he necesitado varias escuchas para percibir lo realmente bueno que es. Pese a que es carnaza de la que me suele gustar, las primeras pasadas me dejaron un regusto a deja vu e intrascendencia. Sólo en la tercera y la cuarta me dejé llevar, y, sin ponerlos aún a la altura de, digamos, Oblivians o Cramps, he de reconocer que son fantásticos. Es muy probable que esto se deba a haberlos escuchado ahora por primera vez con calma. Cuando no se hace algo en su momento los artefactos van atesorando nuevas posibilidades: a veces se descargan, otras veces se envenenan, a menudo uno interpone ya tantos fantasmas entre sí mismo y el hecho que el proceso de apartarlos lleva un rato. Lo que exactamente en su vértice significa algo puede significar cosas distintas fuera de época y contexto.

Por supuesto conocía a The Gories y había escuchado bastantes temas suyos sueltos, e incluso tengo dos o tres discos de proyectos posteriores de Mick Collins que no me disgustan. Todo el que ha transitado por los inframundos del Rock&Roll en los noventa los conoce y los respeta y se sabe la idea: al tiempo continuadores y reactivadores de una tradición espartana, cacharrera y arcaica, un ala reintegracionista del Rock&Roll que mira hacia el origen con saludable saña punk. Pero eso es la teoría y nada más.

Cuando salió este disco, en el 92, hace un cuartito de siglo, yo tenía 17 años y muy poco dinero, y en esas circunstancias uno se pensaba mucho lo que compraba y lo que no. De hecho recuerdo estar en una tienda en Madrid con un disco de The Gories en una mano y uno de los New Christs en la otra, sopesándolos como quien elige entre dos epifanías. Compré el de New Christs, finalmente. Era “Born Out of Time”, acojonante recopilatorio que incluía lo mejor de su obra maestra, “Distemper”, y que alteró mi vida musical para bien, llevándome a una Australia ruidosa y sentimental que casi tres décadas después aún no he abandonado. La vida del amante de la música adolescente era así: a veces tenías que elegir entre dos obras maestras, y cada una te llevaría por un camino completamente diferente. Lo digo sin nostalgia alguna.

Claro que no hay que ponerse dramático, luego estaban el intercambio de cintas, las tardes con colegas en los bares de rock (los bares de rock por entonces, aunque no dudo que habría snobs, igual que siempre, eran algo bastante llano y comunal), los compañeros de piso, que en mi caso tenían extraordinarias colecciones de discos que me abrieron mucho el oído y otros momentos compartidos y esenciales. De hecho en aquella casa en la que pienso ahora (esto fue más bien hacia el 97), yo ponía el hardcore, las barrabasadas ruidistas (Foetus, Unsane), el Rock&Roll brutote, algo de experimentación y ciertas novedades de la época (Mogwai, Arab Strap), y mis compañeros, más clásicos y perfeccionistas, aportaban otras caras del espectro: de Big Star y los Flaming Groovies a la insolente crema inglesa de The Smiths, The The, Echo & The Bunnymen, Prefab Sprout o Stone Roses. También se añadió un cuarto inquilino, algo después, que tenía todos los discos en solitario de Joe Tempest, pero eso es otra historia. Años de iniciación, que bonitos, casi emocionantes, quedan vistos desde aquí, ¿verdad?

En aquella época fructífera y educativa, sobre todo gracias a la revista Ruta 66, en la que acabaría escribiendo, llegué a conocer a muchas bandas ruidosas y primitivas que estaban más o menos  en el lado Gories, aunque no tan puros en su fórmula regresiva: The Oblivians (mi grupo favorito de ese rollo, sin duda), Pussy galore, The New Bomb Turks (demoledores y más punk, pero cercanos aunque fuera por el descacharrado sello del sello Crypt), The Humpers (más pedestres, pero queribles), Lazy Cowgirls  (escuchen su asalto al You’re Gonna Miss Me del disco “Radio Cowgirl” y sabrán por qué eran grandes) y otro millón. Por otro lado, si se bajaba a la catacumba del citado mundo australiano que yo transitaba tanto, no era difícil encontrar formulaciones que, pese a lo inevitablemente grandilocuente del “high energy”, tenían la misma sintética furia y el mismo desprecio por el acabado (Powder Monkeys, Seminal Rats). Al fin y al cabo se trataba de lo crudo, la carne humana chisporroteando en la parrilla. En cada ciudad y cada entorno las maneras variaban, los giros eran propios o heredados de distinta tienda de saldos, pero todo aquel mar de cubetas vacías, angustia adolescente sostenida en el tiempo y aullido animal invocado con guitarras desembocaba más o menos en una visión común.

De hecho hay bandas aparentemente lejanas que comparten esa esencia y ejercen de lúcidos cruces de caminos. Pienso por ejemplo en los Royal Trux, de los que hablamos aquí en algún momento y que a la vez actualizaban mitología y mantenían espíritu. Su tóxica reutilización de la chatarra blues y boogie y sus picados noise tenían tanto en común por actitud con los de mick Collins como, por ejemplo, con el blues tejano canallesco y festivo, o con Dylan, o con el NY ruidista. Con su propia generación conectaban, en cambio, por drogas, imagen, fragmentación del discurso  y posturita en los medios. Con los Trux en el centro de la mesa puedes ir en un paso a John Spencer y su mugre original, en uno a Albini y a Nirvana, en uno a los ZZ Top más burlescos, en uno a The Gories, en uno al puto infierno. En uno a tu barrio mental, seguro.

No es descabellado ni estúpido, así, entender que el Rock&Roll más crudo, en su maravillosa disgregación de subescenas y pandillas enfrentadas y a veces irreconciliables es también en cierto modo la misma cosa, o la misma amalgama de cosas puestas en la mesa de mercadillo, entre cachivaches arcanos y bajo un epígrafe donde se lee “No me da la gana”. Esa rebeldía primigenia, instintiva e infantiloide era su grandeza y la sigue siendo. Y esa grandeza, aunque a menudo, posicionados, no nos lo queramos reconocer, la comparten sus distintas líneas, incluso las aparentemente regias y mainstream, incluso, a menudo, las intelectualizadas. En el núcleo siempre está esa frase: “No me da la gana”, la primera que el niño aprende a decir contra la familia, y la más difícil de mantener: la comparten Jim Morrison alcoholizándose en los bares de viejos de Sunset Strip, Ian Mac Culloch fumándose desdeñosamente un piti frente a un fotógrafo de moda, Iron Maiden escupiendo The Trooper en un sótano, Dylan Carlson comprando un fusco de segunda mano, Julian Cope invocando a Odin mientras escucha a Funkadelic, Mark E. Smith preguntándose qué es lo que acaba de decir, los Beasts of Bourbon metiéndose caballo en la playa donde Iggy hace surf, Pig Champion viendo arder una moto mientras desayuna gachas en un diner de mierda, David Yow con el cuello partido en un hospital austríaco, Patti Smith meándose en escena, a modo de oración, los Beastie Boys riéndose de ti y de tu prima, Public Enemy takin da power back, Unsane viendo pasar el metro lleno de zombis, Varg Vikerness disparando con escopetas de aire comprimido contra un MacDonalds, los Crass cagando ecológico, Lee Scratch Perry quemando su estudio, GG Allin diciendo “te quiero”, Set Putnam ordenando su colección de comics, J Mascis sordo como una tapia recitando a Emily Dickinson… todas y cada una de las bandas de extrarradio que acaban de terminar su primer tema de mierda y piensan “esto es un hit”. Todos y cada uno de los locos furiosos que se agitan en el barrio como un mono en una caja, sin saber salir pero intentándolo. El hombre que busca el acorde secreto y el que sueña el acorde perfecto mientras friega platos en nueva Orleans.

Tampoco es descabellado apuntar que, como todas las músicas no aburridas nacidas en la postmodernidad, el Rock&Roll fue creado por jóvenes y que para que tales jóvenes pudiesen pasar de canturrear doo-woop en las esquinas a calcinarte con un rayo tuvo que suceder algo concreto: el primer mundo inventó y empezó a fabricar en masa cacharros para hacer ruido BARATOS y PORTABLES.

La portabilidad y la necesidad de una nueva familia elegida, no impuesta, son quizá los dos rasgos dominantes de la cultura juvenil desde entonces hasta hoy. La era de la portabilidad no empieza con la familia de clase media americana, pero se refina con ella, sin duda, y con ella muta hacia horizontes nuevos.

Tal portabilidad se codificó entonces, entre otros elementos, en una fender y un ampli a precio asequible, industrial. Ahora incluso a nosotros eso nos parece un mamotreto insufrible, y observamos, tratando de entender, a los chavales que rapean en el parque usando un i-pod y una nube. Ahora la tecnología ha entrado en otra de sus fases de crecimiento exponencial y no entendemos nada. Igual que nada entendía, probablemente, un padre de los años cincuenta en Minneapolis al que le habían vendido que la historia había cesado y el reino estaba aquí, cuando su hijo se piraba a la costa oeste sin avisar, con una guitarra en la mano. Los chavales del parque tampoco entienden nada, claro, pero a ellos les da igual, porque no lo saben. ¿Qué quiero? No sé, pero lo quiero para ayer. 1

En el aspecto espiritual y en el de actitud originaria, es posible que el underground americano, esa chiquillada que se comió a sí misma, no haya inventado nada. Es una actitud que ya estaba allí, y basta leer lo que Camus dice de los dandis para verlo (les dejo a ustedes el trabajo). Sin embargo, no se puede entender el pop sin los elementos “tecnológicos”, y ahí américa sí cambió el mapa de las cosas. Así pues, en tiempo record y solapando realidades –permítanme que simplifique muuuucho- el Rock&Roll nació del aullido de liberación del esclavo y del llanto europeo del pionero y se convirtió también en la explosión de tedio antifamiliar, profundamente burgués, que lo habría de dominar en adelante2. Y lo hizo, como decimos, volviéndose duplicable, portable, exportable y comunicable a la velocidad de la luz.

La cultura popular es una cosa, el “pop”, la propia formulación del vocablo lo indica, otra, mucho más rápida. Cuando tratas de entender qué ha sucedido, ya ha sucedido hace eones y eres viejo. Y todo es un recuerdo. Yo escuchando a los Gories con cascos, en cd, en mi ordenador, mientras escribo esto, soy un recuerdo y además uno un poco absurdo y triste. Una de esas mutaciones que estuvieron a punto de funcionar pero que no, que se extinguen, y miran a su hacha de sílex mellada, poco lograda, con una perplejidad que roza la tristeza cósmica.

El mito underground americano, frontera (física y mental) e infancia (física y mental). Lo veo y pienso en una cruzada de los niños que hubiese estado a punto de triunfar. ¿Te imaginas la Jerusalén infantil? Contagiosa, a caballos del ímpetu, la pasión, la técnica y el negocio; fascinante para quien no encaja… El mono quiso ser parte de esa cruzada y ahora mira a su hacha mellada, y mira a los chavales que rapean (ya cae la noche, el parque desierto). Y lo invade un nosequé que será el último sentimiento de esa mutación fracasada.  

Diría que existe la posibilidad de que ambos mundos se encuentren, el mío y el de esos chavales, si no supiese que los mundos nuevos se crean negando (que no aniquilando) a los anteriores. Así pues, me resigno. Sé que el punto de partida sigue siendo idéntico desde el mismo origen del hombre, aunque las formas se nos vayan volviendo indescifrables. Yo las suyas las intuyo, pero ya no sé nada cierto sobre esa portabilidad que ha pasado a ser ajena y que evoluciona hacia lo perfectamente no físico. Igualmente, voy perdiendo contacto con sus códigos, sus guiños, y nada sé de una mitología nueva que sin duda ha de existir.

Pero, regresemos al principio, a aquel 92 en que salió “Outta Here”,  o a aquel 97 donde yo sopesaba dos discos tratando de decidir (no recuerdo la tienda, pero era muy cara). Por entonces, hacía mucho que el mundo de la música “rock” se había convertido en algo mastodóntico, pero gran parte de la resistencia consistía aún, precisamente, en usar su carácter fundacional y mantenerlo portable, asequible, utilizable por alguien con poco dinero y muchas ganas. Una de las maneras -la manera, si se piensa bien- era esa guerra de guerrillas tipo Gories, y en eso la banda de ese guitarrista soberbio que es el negrata Collins fue preclara: bandas que conscientemente habían abdicado, por radicalidad, de cualquier intento de ser masivos, que habían incluso rebajado cualquier pretensión de trascendencia intelectual para poder moverse más rápido, en un tercer o cuarto punk que viajaba ligero de equipaje. Golpea y muévete. Haz daño pequeño, pero que se infecte y se recuerde. Gánate a la base, gánate a la peña, gánate a los chicos que dicen no. Incluso el título del disco del que hablamos podría ser, en esto, sintomático: “fuera de aquí”. Huye, escapa. Sé un fantasma.

El mito de la contracultura americana de los cincuenta se parecía a eso, pero con pretensiones existencialistas y la presencia de una búsqueda. La de los sesenta se parecía a eso, pero con la posibilidad de un triunfo y bastante trascendentalismo de palo. El de los ochenta fue una trinchera punk de inusitada efervescencia de la que habrá que hablar aún muchas veces. El de los noventa fue un conato de supervivencia barrido por la vulgaridad de lo masivo que dominó en adelante, provocando una progresiva separación entre realidad y ficción (la ficción es lo que la gente suele llamar “realidad”) y una de las paradojas más interesantes de la historia del arte: que la época más rica en producción sea la más pobre en impacto.

Por supuesto todas estas cosas ya sólo nos interesan a unos cuantos enfermos (efectivamente, la herida se infectaba). The Gories siguen tocando, creo haber oído que se habían reunido. Me resbala bastante, claro. Ya no me hacen falta coartadas porque la misma coartada soy yo3. Conmigo, tuvieron su oportunidad y yo la dejé pasar, y ahora ya no me cambiarán la vida. Lo hicieron sus colegas por ellos. Gracias. Ahora bien, el disco, aunque sea a tercera escucha, entra, y por un momento la memoria arde. Y eso es todo.

Quizá deba irme al parque a charlar con los chavales, aún a sabiendas que les pareceré un colgado y me mirarán con esa mezcla de condescendencia, cariño y miedo no expresado al futuro con el que yo miré tantas veces, también, a muchos colgados que me predecían, hace un cuarto de siglo.



1 “We want the world and we want it now!”, ¿recuerdan?
2 No se huye de la familia hasta que no hay nada más de lo que huir, claro. La fobia al clan surge sólo cuando uno no le tiene pánico a los guepardos, el capataz de la plantación y otras cosas así.
3 Como habrá advertido usted, sagaz lector, todos los temas esbozados aquí han sido tratados antes por gente muy sesuda y tendrán que ser tratados después, porque son temas centrales de nuestra época, aunque rara vez se reconozca. Yo uso la música poppara acercarme a ellos porque cada uno accede a la calle desde su casa, claro. Sin embargo es probable que no vuelva sobre tales temas en un tiempo. ¿Por qué? Porque no me da la gana. Esa prerrogativa, principio y fin, es, al cabo, lo mejor y quizá lo único que me ha dado el Rock&Roll.

Fdo. F.G.L.

 

lunes, mayo 14, 2018

SALAD BOYS - "This is Glue" (Trouble Mind, 2018)




Dice la vieja mitología familiar que mi abuela paterna, de joven, asistió una vez a un baile de sociedad en un arcano casino de provincias y un admirador se acercó tras su entrada y le espetó, devoto: “Carmen, ¡Así se cruza un salón!”. Con los Salad Boys y Blown Up, el tema que arranca su segundo largo, se podría exclamar algo similar: “Joe, ¡Así se empieza un disco de Power Pop!”. Y digo Joe porque aunque hay más gente en el disco, no mucha, las doce canciones que forman esta joya inadvertida están todas firmadas por Joe Sampson (y arregladas por él, aparte de alguna colaboración), y porque el hecho está lo bastante destacado en los créditos como para suponer que no sólo él ES la banda sino que le gusta que quede bien clarito (en algunas se especifica que se ocupa de las voces, la guitarra, el bajo y el superego, gran instrumento).

En todo caso, sí, Blown Up es una de las maneras perfectas de empezar un disco así, al tiempo afirmando y despistando; aclarando capacidades, aspiraciones y talentos pero revelando sólo de modo muy subyacente de que va el asunto final; haciéndole a uno desperezar las piernas y el cerebro pero intuir, al tiempo, lejanamente, que el disco que se viene va a apelar también, irremediablemente, al corazón.

El power pop tiene problemas de definición. Algunos de ellos provienen de hechos simples: muchas las bandas que integran tan difusa escena o, digamos, pulsión, suelen olvidar la parte “power” y a menudo, además, carecer de verdadera capacidad para la verdadera orfebrería pop (que no es cosa sencilla). Por otro lado, todos los elementos que supuestamente lo constituyen (el empuje, el nervio enroscados en gozosa síntesis con la capacidad melódica y emocional) están ya consignados en el Rock&Roll mismo.

Podríamos argumentar, para solventar el nudo, que el power pop se define, en todo caso, por aquello del rock&Roll que decide conscientemente no asimilar: resume y funde, como este, elementos encontrados, pero elimina de la ecuación el macarreo que los amalgamaba, el cinismo, la coña marinera, la sublimación heroica y barrial, la violencia pura. Es un género limpio de coartadas, por tanto, en el que hay que hilar fino o es mejor abandonar. Por poner ejemplos personales, para mi power pop son -porque consiguen esa reducción tan difícil- The Posies en sus momentos álgidos (“Frosting on the Beater”, esencialmente) o los Sugar pluscuamperfectos de “Copper Blue”, o los Big Star que aún no se habían desbarrancado en los picos de tristeza profunda de “Sister Lovers”, o los Dü del “Candy Apple Grey”, o Elvis Costello cuando va encendido, o el Joe Jackson de “I’m the Man”, y todos esos son enfoques muy distintos, pero al menos alejados de la reiterada materia obtusa que ofrecen los pesos medios del género.

Los chicos de la ensalada consiguen ese encaje del que hablamos con suficiencia, y lo que es más, lo hacen logrando al tiempo otras dos cosas que van encadenadas: un disco de madurez (de tránsito hacia ella, de encuentro con ella) y un disco de desengaño (esa cosa tan frágil, tan dificilísima, tan aterradora). Mientras lo escuchaba a buen volumen por primera vez he percibido esto con claridad meridiana. Explicar el porqué ya no es tan sencillo.

Sin embargo, incluso visto desde parámetros meramente musicales, si se usa una lupa y algo de reflexión personal, se pueden encontrar guías: superficialmente estamos ante un disco variado y conciso que picotea en varias tradiciones sin perder personalidad (desde The Saints a la herencia Flying Nun, desde el ruidismo melódico post Dü hasta REM, pasando por un Alex Chilton sepultado bastante abajo). Esa personalidad, sin embargo, se obtiene de modo peculiar, gracias a una singular capacidad de las canciones para mantenerse “fijas”. Y es que pese a su estructura aparentemente clásica, una escucha detallada ofrece sorpresas: el fraseo de Sampson es muy suyo y poco habitual en un género que tiende a arrojarse a por el premio demasiado rápido, y los estribillos –clave del género por lo habitual, porque el power pop como “marca” es casi siempre previsible y burgués- existen, pero más como frases clave que como estribillos musicales en sí. A menudo no hay crescendos hacia ellos, sino que están ahí, suspendidos, y eso es todo; colocados en lo que tradicionalmente podría considerarse un “puente” (ese concepto abtruso que merecería un artículo en sí mismo). Son, digamos, momentos en los que el discurso encalla en el arrecife de una idea central a veces apenas esbozada, a veces críptica. Ideas centrales que acaso sólo algunos, según su día, según su época, según su emocionalidad, puedan ver claramente. 

Para ellos, será claro que ya desde el primer receso, en Blown Up, algo no marcha bien para el que canta:

“So how did you turn this down when
You’ve turned up so much to find this?”

Cuando escuché su excelente álbum anterior, “Metalmania”, y me leí las letras, he de reconocer que no encontré demasiado que rascar. Sin ser malas, estaban aún en un estado de deshilachado embrión. Ahora, sin embargo, y aunque por la vaguedad de muchos pasajes casi se podría pensar que el autor no está en exceso interesado en ellas, existen en casi todas las canciones esos momentos clave en los que una o dos líneas consiguen congelar el tiempo sentimental, como si hubiesen logrado encerrar para nosotros, en una crisálida, el dolor de la pérdida.

…Pasa de modo mayúsculo en el segundo tema, la demoledora Hatred:

“If I would be under you
Would you enjoy me?”

…Fluye, de modo menos sintético, en Psych Slasher:

“Someone new, but not a dreamer (…)
Someone new, but not a thinker (…)
He will surely answer for all the blame that’s
Formed as a cancer in the family brain (…)”

…Atraviesa dolorosamente Right Time:

“See the night’s sun? Blink and it’s gone…
It’s blinking non-stop”

…Reina definitivamente en esa Exaltation reminiscente de The Jazz Butcher que marca la mitad del disco.

“I can’t have silence on other hillsides
You won’t have meaning coming (…)”

…Desemboca finalmente en ese casi oculto “So, going so so” que cierra, repetido, opaco, el penúltimo tema, Going Down Slow:

“So, going so so...
So, going so so...
So, going so so…”


He citado en total seis temas de los doce; son los que juntos y no revueltos hubieran dado un disco tan energético como desolador. De los otros seis, dos bajan ligeramente el nivel (Choking Sick y Scenic Route to Nowhere) y otros cuatro lo mantienen pero menos infectados por esa parálisis terminal que trae la incomprensión sobre el propio dolor: sobre sus causas, sus fines, su utilidad, su desaparición… Quizá haya sido el mismo Sampson, compasivo -si es realmente tan inteligente como con seguridad cree- el que haya facilitado tal rebaja en el contenido: un EP con esas seis canciones hubiese sido de una tensión emocional difícil de superar.

Pero, ¿no pueden ser todo esto imaginaciones mías?, pensará quien, sin profundizar más, escuche los temas, briosos, límpidos, ruidosos en su justa medida (esa capacidad para casi sepultar la voz sin que pierda punch emotivo que se inventó en Minneapolis y que usan aquí y allá). Oh, no, lo sentimos. Uno conoce estas cosas. Uno sabe distinguir incluso en un arranque tan cromado como el de este “This is Glue” la cápsula amarga que yace dentro. Irremisiblemente amarga pero por desgracia sólo casi letal. Sabe también que en otro estado mental o sin el aprendizaje del tiempo, ni siquiera hubiese percibido el hecho con claridad, y que quizá esta reseña estaría ahora discutiendo sobre si lo que se oye en In Heaven y en Under the Bed es el fantasma de Michael Stipe dictando frases repetidas. O sobre la influencia de The Saints en toda la música posterior a ellos facturada en las antípodas. O sobre si los Lemonheads eran para tanto o no. O sobre si es “With a Girl Like You” lo que hace eco dentro del caparazón del tema cuatro (¿la escuchan?). Cosas así, que también importan, o tampoco importan. De ese modo, el “disfrute” no hubiese sido igual, porque el proceso no hubiese dolido igual. No hubiese dolido tanto, y el disco, el mismo disco, hubiese sido inferior. Hay discos para la guerra, incluso para la guerra de los sábados por la noche. Los hay para el crepúsculo de las pasiones. Los hay para cantar con los niños. Los hay para el desamor.

En cuanto a la maestría de Sampson para cazar ese pico helado y repartirlo en cositas de tres minutos, llámalo power pop, o rock and roll, o solo pop, o la sabiduría coagulada de unos miles de años de contadores no tanto de historias como de emociones; la artesanía de la polaroid del estado de ánimo llevada a su suma imperfección. Las polaroids son siempre imperfectas, esa es su magia, y en eso gran parte de la música popular ha sido sabia y acorde no sólo con su época sino con las necesidades profundas del ser humano: ha sabido dar imperfección a aquello que la requería.

He entrecomillado antes “disfrute”. Al parecer mientras presentaba “Blood on the Tracks” en un programa de televisión, una periodista le comentó a Dylan que había disfrutado mucho del disco. El viejo zorro le contestó que nunca lograba entender como la gente podía “disfrutar” de “that kind of pain” (ese tipo de dolor). Se puede, de aquella manera, queremos suponer, Bob, cuando uno es parte del sentimiento mismo. Y ello alude, acaso, al mismo método con el que uno a veces se enfrenta a la mortalidad: rara vez el pánico metafísico nos ataca mientras lidiamos con la cuestión a pecho descubierto, mientras escribimos o cantamos sobre ella, porque la escritura y el canto son en sí mismos hechizos de protección aunque encaren el problema de modo directo. Es en el olvido de la cotidianeidad, en la visión periférica, en cambio, cuando sucede, cuando caemos, cuando vemos, cuando lloramos.

Es entonces, del mismo modo, sólo desde el centro del desamor desde donde se puede percibir en toda su espléndida nada el desamor, sin ser incinerado. Es desde esa batalla y esa pertenencia, desde donde se puede percibir en todo su amargo esplendor la gloria de cosas como Psych Slasher o Right Time sin que esa gloria te destruya. La gloria de poder asistir enteros a nuestro propio y doloroso acontecer, cantado por otro humano. La triste gloria de que también a ese acontecer se sobrevive; de que también se sobrevive a ese paseo en carne viva que sólo el pop sabe encarnar así. A veces.

Consuman bajo su responsabilidad, my brokenhearted f(r)iends.

Fdo. F.G.L.

lunes, febrero 12, 2018

RUIDO, MONIGOTES Y CÓMO PODRÍAMOS VIVIR - una entrevista con RIZOMA



Reseñados recientemente AQUÍ por nuestros intrépidos reporteros, RIZOMA llevan tiempo facturando música fibrosa y expansiva desde los subterráneos madrileños, publicando buenos discos y ganándose a pulso el prestigio como banda de directo. Edu (guitarra, voces), la mente detrás de los dibujillos, atiende pacientemente nuestra batería de preguntas.



-¿Si tuvierais la pasta para hacerlo y el tiempo necesario, grabaríais discos más ensayados y más calculados o la inmediatez es un valor en sí mismo, incluyendo los fallos, etc…?

La inmediatez, los fallos y la inseguridad son un valor en sí mismos y nos apasionan e inspiran muchísimas bandas que han hecho de esos valores su bandera. Nos gusta que sea espontáneo, y desde luego no concebimos otra manera de grabar que no sea en directo. Por otra parte, y como mencionas en la reseña, sí veo necesario que llevemos la propuesta varios pasos más lejos, pero eso creo que tiene que ver más con las canciones: cuidar más la voz y las letras y preocuparnos y jugar más con el sonido (¡aunque sea para hacerlo más ruidoso aún!); sentirnos mucho más cómodos con el sonido de los discos sin necesariamente invertir mucho más en dinero.

También he de decir que desde que empezó Rizoma todo se ha hecho muy al límite, caminando en la cuerda floja y salvando el asunto por los pelos.  El mejor ejemplo es cómo preparamos este disco. En febrero de 2015 me quedé sin bajista y batería, reformamos la banda con otra formación, al mes estábamos tocando en directo con casi todo temas nuevos, y en poco más de medio año tocamos un montón en directo y grabamos este disco el último fin de semana que Nacho (nuestro batería entonces) pasaba en Madrid antes de marcharse a EEUU, apurando cada ensayo y cada concierto para llevar los temas lo mejor posible. Y tengo que reconocer que disfruto esa tensión.

En los conciertos de ahora los temas de este disco suenan muchísimo mejor y más rodados que en la grabación.

-Teniendo en cuenta que los referentes (musicales) que escucho en vuestro disco son de hace unos veinte años, y algunos de mucho más atrás, ¿en qué es Rizoma una banda actual, musicalmente? ¿Qué aportáis de nuevo a la tradición de la que venís?

Bueno, creo que tampoco hay muchas bandas ahora mismo reivindicando esos referentes musicales, o reivindicándolos de la manera en la que lo hacemos nosotros. Y desde luego, no en la península. Muchas de las bandas actuales que podrían estar en esa tradición, como los Fuzz de Ty Segall (con los que nos han comparado alguna vez), son bastante más moderados en su propuesta que nosotros. Nosotros queremos tocar esa tradición pero de una manera más pasada de rosca, más salvaje y con bastantes influencias más, y hacer de eso nuestro sonido, aunque algunos de los referentes puedan ser evidentes. Supongo que eso es lo que aportamos. No creo que haya que inventar nada, sino sonar frescos, que ya es bastante. Además, creo que manejamos muchos referentes diferentes y que no nos limitamos a ser un grupo revival o tributo del primer grunge.

Por otra parte, en estos tiempos en los que se llama garage rock y se dice que son salvajes a esos grupos de gente delgada con camisas de flores y gorras que patrocinan los de Jaggermeister y cuya música no me transmite nada (o nada bueno), creo que propuestas como la nuestra son…  ¿¿necesarias?? Nos posicionamos absolutamente en contra de la música moderada.

PD: Mas bien treinta años que veinte, ¿no?

-Sé que habéis tenido varios baterías, y de hecho las baterías son de lejos lo más flojo del disco. Es un problema clásico en los grupos, porque hay pocos, muchos menos aún que entiendan el concepto que se usa y muchos de estos ocupados en varias bandas al tiempo. Decía, creo, Joe Strummer, que una banda sólo puede ser tan grande como lo sea su batería. ¿Cuál es el estado actual de ese problema?

Cuando se fue Álex (batería original) en enero de 2015 entró Nacho, que es el chaval que grabó el disco. Nos dijo desde que le conocimos que sólo iba a estar en España unos meses y luego se iba a currar fuera, y pensamos que estaría bien tener el grupo activo con él el tiempo que se pudiera y mientras tanto estar con el radar alerta por si aparecía otro batería. Pero el plan nos salió regular porque aunque mientras estuvo Nacho fue todo muy guay, no apareció nadie y desde que se fue Nacho hasta que empezó a tocar Javi (el actual batería)estuvimos más de un año con el grupo parado. Ahora el problema está solucionado, y creemos que muy bien solucionado. Javi es colega desde hace muchos años. Toqué con él en una banda de sludge metal/crust punk llamada Dispain, en la que yo era bajista, desde 2010 a 2014.

Hay pocos baterías, y el rollo que hacemos no es algo muy popular. En cuanto metes un mínimo de “complicación” (muchos cambios, riffs algo raros, saber tocar rápido y lento, tocar con intensidad...) ya hay mucha gente que no puede tocar bien lo que hacemos. Y joder, nos venía gente a probar que no había escuchado el grupo y que decía que quería tocar post rock…. También, a la gente le cuesta muchísimo entender el compromiso que requiere un grupo, incluso un grupo tan pringado como el nuestro. Y luego hay muchos que tienen hijos y hacen grupos con otra gente que tiene hijos y de ahí no suele salir nada bueno.

No estoy para nada de acuerdo con la frase de Strummer... hay mogollón de grupos con baterías super minimalistas que son grandiosos y grandes influencias (los Gories, Spacemen 3, Flipper, Beat Happening, Pussy Galore...). Aunque para lo que hacemos y queremos hacer Rizoma sí necesitamos a alguien que toque mínimamente bien, no nos vale el rollo minimalista.

-¿Te consideras exigente y detallista a la hora de cerrar tu concepto de la música que quieres hacer? ¿Qué parte tienen en la composición y el desarrollo de los temas el resto de componentes de la banda?

Sí, el concepto del grupo está muy claro y me considero exigente y detallista en eso. No sólo en lo musical, también en las portadas y en los carteles de los conciertos (de los que organizamos nosotros, claro). Pero lo de que el concepto esté claro no quiere decir que todas las canciones tengan que sonar de una determinada manera, para nada. Ni que no vayamos a evolucionar o a arriesgar, porque eso sería un rollo. En cuanto a la segunda pregunta, yo llevo los riffs y una idea primeriza de cómo puede ser el rollo del tema o la estructura, pero el organizar y estructurar los temas, seleccionar qué mola y qué se elimina, qué partes se cambian... lo hacemos entre todos. Y desde que entró Javi damos más importancia a dar vueltas a los temas en el local, improvisar, probar cosas... lo cual está muy bien.  De los títulos y las “”letras”” sí me encargo yo solo.

-Las letras tienen ramalazos de ironía muy buenos, aún me estoy riendo con lo del “Squat”, y en todo el rollo ultrarreferencial creo detectar una cierta autocrítica a nivel de escena (quizá me equivoco). ¿Es útil la ironía? ¿Necesaria? ¿Para qué sirve?

La letra de “The Local Squat...” está inspirada en un cómic japonés que se llama Aula a la deriva, de Kazuo Umezu. Trata sobre un colegio que viaja en el tiempo a un futuro inhóspito y los niños tienen que aprender a organizarse y hacer frente a las tensiones entre ellos y a monstruos de todo tipo. Es una lectura muy recomendable. Y se me ocurrió copiar totalmente la historia pero que en vez de un colegio fuera una okupa. Se me pasó por la cabeza la chorrada y me hizo gracia, sin más, no fue para nada en plan “hagamos una canción sobre las contradicciones y las cosas que creemos mejorables de los centros sociales okupados de Madrid”, ni para creernos más listos que los punks (aunque sé que se podría interpretar así, en el hipotético caso de que alguien más a parte de ti se parase a leer el libreto).  A nivel de “escena” hay muchísima gente a la que criticar antes que a los punks de okupa.

No sé si la ironía es útil o necesaria, pero me parece que muchos grupos que van de muy serios y de supermilitantes no dicen más que obviedades que no aportan nada y muchas veces con una música aburridísima y de lo más conservadora. Pero con la ironía también hay que tener mucho cuidado, porque te puedes pasar de irónico y acabar haciendo mierdas gigantescas como Tendido Cero.
No te equivocas en absoluto con lo de la autocrítica. A Rizoma no te los puedes tomar en serio, pero tampoco en broma, como creo que dijeron nuestros amigos Pylar.

De todas formas, creo que le das más importancia a las letras de la que le damos nosotros, que es lo último que hacemos, y en este disco incluso después de haber grabado las voces (!!). Es algo secundario (o terciario) para nosotros, y creo que el 98 por ciento de lo que tenemos que expresar lo expresamos con la música y los dibujos. 

-Hablo en la reseña de la “nostalgia de una revolución”, es decir, de la sensación de que se desea una revolución y que esta se plantea según los términos de (supuestas) revoluciones que acaecieron hacia finales de los sesenta y principios de los setenta. ¿Hasta qué punto te consideras un revolucionario y hasta qué punto te gusta y te disgusta el mundo real en el que habitas? ¿Es posible esa revolución o todo esto no deja de ser una manifestación de evoluciones personales?

Tío, soy incapaz de responder a esta pregunta sin parecer (aún mas) retrasado mental. Pues sí, me disgustan muchas cosas del mundo real, claro, y a los que les guste es o porque el Tinglado ha hecho su tarea estupendamente o porque son unos hijos de puta. Entre las cosas que me disgustan, pues que vamos directos al colapso inminente con la historia del cambio climático y que ahí, por si alguien tenía alguna duda aún, se ve la naturaleza del capitalismo en todo su esplendor, que hipoteca las vidas de gran parte de los seres vivos del mundo con tal de que siga funcionando su máquina de acumular sin parar. Sí, la ideología de trabajar absurdamente y producir sin parar sin tener en cuenta para qué o a costa de qué, y que la gran mayoría de la población acepte con gusto esta lógica, y que vean como algo inútil todo lo que no encaje ahí. Que no se cuestione la idea del trabajo y del desarrollo desmedido, tampoco desde la izquierda.

Bueno, no sé si será posible una revolución como tal... yo lo veo bastante jodido, lamentablemente. Como he dicho antes el sistema hace su tarea muy bien y que cada vez más la gente es incapaz de darse cuenta de cómo funciona el mundo y de ser críticos y de organizarse. Creo que no puedo extenderme mucho más sobre un tema tan complejo en una entrevista.

-Me da la impresión de que has leído unos cuantos libros de La Felguera y que su visión sobre los procesos contraculturales te ha afectado en cierta manera. ¿Me equivoco? ¿Qué has encontrado de nutritivo y qué de contradictorio en esas fuentes?

Sí, me gustan mucho, sobre todo sus ediciones que tratan sobre procesos contraculturales, como los libros sobre la Angry Brigade, King Mob, los Motherfuckers o el de La Facción Caníbal, y me llevo muy bien con ellos. Además me gustan mucho los actos de presentación que hacen de sus libros. De nutritivo...pues no sé,  que molan, y que me parece interesantísimo conocer esos fenómenos y algunas de sus ideas son muy inspiradoras (la crítica del arte, del trabajo...). La contradicción más grande es que cuando empecé a trabajar pude comprarme más libros sobre abolir el trabajo, que antes sólo podía sacar de la biblioteca de mi barrio. Y que pueden dar una imagen de la contracultura y la revolución como lo que criticaban, como espectáculo, como una estética y como algo elitista y para enteradillos estudiantes de alguna carrera de arte completamente alejados de los conflictos reales actuales.



-El disco está parcialmente basado, o al menos toma alguna inspiración, entiendo, de la serie de animación del mismo nombre, que por desgracia aún no he visto. ¿Podrías hablarnos un poco de eso, cómo te inspiró, de qué va, etc…?

Hmmm no, no está basado en la serie, pero sí hay alguna referencia en alguna letra y en alguna de las láminas del fanzine que acompaña al disco. Bueno, había que buscar título y la serie me encantaba, se la enseñé a Mareike y le gustó mucho también, y no le dimos más vueltas... nos parecía que sonaba bien como título. Una cosa menos por hacer.

Es una miniserie de 10 capítulos de 10 minutos cada uno, así que te la ves en un ratillo. Va de dos hermanos que se pierden en el bosque, y el mayor lleva un gorro de cucurucho en la cabeza y el pequeño una tetera. Es muy tierna, los personajes son monísimos pero a la vez tiene un argumento muy oscuro y un aura de misterio, me recuerda bastante a las películas de estudio Ghibli. Me gusta que sea una cosa diferente a las series de dibujos de humor en plan Hora de Aventuras o Gumball (de las que también soy muy fan, claro). Y tiene ese aura de magia y bosques que tantísimo me flipa.

-Hablas del libro de William Morris “cómo vivimos y cómo podríamos vivir”, del que recoges una cita en portada: “Además del deseo de producir cosas hermosas, la pasión rectora de mi vida ha sido y sigue siendo el odio hacia la civilización moderna”. La discusión sobre esa frase daría (y ya ha dado) para varios libros más. ¿Suscribes al cien por cien esa idea o está ahí para abrir un debate? ¿Es hora de redescubrir la comuna neoarcaica que décadas o siglos siendo reivindicada desde las vanguardias y las retaguardias?

Esa y las otras dos frases que dicen los personajes en la portada están ahí para abrir un debate sobre temas que me inquietan mucho, y me pareció que quedaban impactantes en la portada,  pero desde luego no soy yo quién para dar lecciones sobre la tecnología, el turismo o el mundo rural, y menos en la portada de un disco. Me pareció que molaba ponerlo así y ya.

Pues no sé si la solución es la comuna neoarcaica como tal, no lo creo. Pero sí pienso que es necesario cambiar radicalmente nuestra forma de vida, abandonar la idea del crecimiento económico y apostar por una vida mucho más sencilla o nos iremos todos a la mierda en unos pocos años. Y creo que esto es incompatible con el sistema capitalista y que las posturas ecologistas no tienen ningún sentido si no van acompañadas de un rechazo total del capitalismo. Si quieres que te detalle cómo es el modelo futuro al que debemos dirigirnos y cómo será el proceso para llegar a ese modelo, pues no lo sé, tío... yo solo sé hablar de grupos de rock y de capítulos de los Simpson. No he leído lo suficiente tampoco.

Sí que quiero dejar claro que esta crítica está alejada de las ideas primitivistas de “vuelta al paleolítico” e individualistas que hay por ahí que están totalmente alejadas de la realidad y sin ningún tipo de conciencia social y que, aunque no sé mucho sobre esos movimientos, me parecen una mierda y pura estética.

-Por otro lado, yo me crié en el campo, y he vuelto a él unos años, y sé perfectamente –como tú sabrás también- que el ciudadano medio urbanita, por bienintencionado y concienciado que esté, no aguantaría ni tres meses en ese supuestamente idílico entorno revolucionario autosuficiente apartado de la sociedad con el que a menudo se le llena la boca. ¿No crees que se necesitan debates más con los pies en la tierra, más pragmáticos (aunque partan de ideas radicales)?

Claro, hay una falta enorme de contacto y conocimiento del medio rural por parte de la gran mayoría de la población. Incluído yo, claro, que no he pasado en el pueblo más que los tres meses de verano. Pero como he dicho en la pregunta anterior, no sé si la cosa va de la utopía rural autosuficiente , no lo creo, pero sí pienso que es necesaria una crítica radical al desarrollo desmedido porque si no nos vamos a la mierda en unos pocos años, y creo que la solución pasará en gran parte por la descentralización y la recuperación del contacto con el medio rural.  No creo que la crítica al crecimiento sea un debate que no tiene los pies en la tierra. Más bien, lo que es no tener los pies en la tierra es querer cambiar las cosas o proponer ideas “radicales” sin tener esto como una de las cuestiones fundamentales y directamente relacionada con todas las demás. O también puedes hacer caso a los compañeros de curro y a los familiares y votar a Ciudadanos que son el cambio sensato y son muy realistas. O preocuparte un poquito por el cambio climático y la destrucción del territorio y celebrar cumbres y tomar medidas que no son más que parchecitos pero son “realistas”, enmarcado en un modelo de capitalismo verde que es una mierda gigante.

-¿Sientes alguna afinidad con proyectos autogestionados como el que montaron algunos miembros de Crass? ¿Ha influido en todo esto tu carrera de ingeniero de montes?

Jaja no tío, mis estudios no han influido en absoluto en mi interés por la autosuficiencia. De hecho, por lo general la carrera y la profesión están bastante alejadas de posiciones políticas críticas.
Pero sí, claro que siento afinidad, me parece muy interesante lo que hicieron. Pero no, no está en los planes de Rizoma hacer una sucursal de la comuna de Crass en la sierra de Madrid o en Segovia. Y a Javi le gusta muy poco el campo.

-¿Cómo respira Madrid ahora mismo, musicalmente. Unos años fuera me han hecho perderle el pulso? ¿Qué hay de nuevo y de interesante en tu entorno? ¿Cambios significativos en el subsuelo?

Bueno, te voy a hablar de lo interesante, aunque no todo sea nuevo. Mi favorito es Atomizador, es un genio... canciones preciosísimas, muy cortas y marcianas con guitarra acústica, ukelele y voz con delay a tope. Y su banda Extinción de los Insectos (antes Campamento Ñec Ñec y antes aún Ensaladilla Rusa) es mi banda favorita del mundo de esta década... es algo así como grindcore psicodélico lleno de color, hardcore del siglo XXVII... como Brian Wilson al frente de Naked City. 

Hasta hace unos meses estaban Rollercoaster Kills, que hacían un rollo Hüsker Dü, Rites Of Spring... y tenían algunas canciones muy buenas. Ahora lo han dejado, pero el batería y el guitarra han hecho una nueva banda llamada Kugo, debutaron hace unos meses y me gustaron muchísimo... aunque es difícil juzgar por un sólo concierto, creo que me gustaron incluso más que Rollercoaster Kills.

Doble Capa es un dúo de batería y guitarra-caja de cigarros que tocan superdenso y pesado y muy alto, un rollo entre blues del delta y Melvins.

Oikos, el proyecto de mi amigo Rafael Femiano, a veces solo y a veces acompañado , que es drone/ambient con guitarras limpias de paisajes infinitos, muy rollo Earth. Su último disco “The Great Upheaval” es tremendo.

Wild Animals, que es en plan Superchunk pero con guitarreos a lo Dinosaur Jr. son un tanto moñas y adolescentes pero me flipan porque tienen temazos maravillosos, y al resto de Rizoma no les gustan nada.

Aunque llevan muchos años ya, me siguen gustando mucho y siguen siendo gran inspiración Desguace Beni y su punk instrumental tan personal. Su alter ego, Hermanos Peláez, también mola un huevo. Son los mismos pero tocando dos sintetizadores a un volumen muy alto.

Melange, aunque no es muy subsuelo, supongo que están ya a otro nivel. Rock progresivo y psicodelia con mucha clase, todo muy pro... lo que no me gusta de ellos es que casi nunca tocan en sitios que no sean festivales... demasiado pro. Pero la música, que es lo que importa, me gusta mucho, aunque me gustaban mucho más y eran más originales RIP KC, el grupo anterior del batería y uno de los guitarristas.

Casa Dragón es un grupo nuevo formado por gente de Fabuloso Combo Espectro, suenan mucho a Cosmic Psychos y Mudhoney y se lo hacen muy bien.

Raw Paw es un grupo de Toledo afincado en Madrid que hacen punk y molan un huevo.
Nuestro actual batería tiene muchos grupos y que molan mucho, Misty Grey, que es doom metal tradicional en plan Black Sabbath y Pentagram, y es imposible tocar ese estilo con más clase que ellos; Simón del Desierto que es doom algo más sludge, y Nagant, que es grindcore muy punk con temática sobre la Guerra Civil.

Y, si se me permite la promoción, yo tengo otra banda que se llama Emboscada, bastante inclasificable... rock ruidoso mágico y marciano, dos guitarras y batería. Creo que por lo menos personalidad tenemos.

A parte de eso, hay mogollón de grupos en la ciudad que son una mierda enorme, que hacen música aburridísima y que no aporta nada.

-¿Consideras que de algún modo este disco es un disco conceptual? ¿No son todos los discos discos conceptuales, de algún modo?

Hmmm no, en todo caso sería el grupo lo que es conceptual. Porque la imaginería de los dibujos, los títulos y las letras ya estaba presente desde el primer ep (y desde el cartel del primer concierto). No creo que todos los discos ni los grupos sean conceptuales...

-Dime cinco bandas que hayan sido esenciales para ti en tu crecimiento musical/personal y explícame por qué ha sido así.

Los primeros Pink Floyd (The Piper At The Gates Of Dawn y los singles de esa época). Es mi disco favorito del mundo. Conecto a tope con ese aire tan infantil y de cuento de hadas y bosques y gnomos, tan inglés... Y junto con Hawkwind fue mi puerta de entrada a la psicodelia.  Es una pasada, esa mezcla de canciones pop tan bonitas y locuras instrumentales de exploración cósmica mental, no me cansaré nunca de escucharlo.

Soul Bisontes. Es el grupo que ha habido en la península que más me gusta. Era un grupo de la periferia madrileña de los años 90, liderados por un tipo de nombre Pablo Cobollo, que tocaban un rock psicodélico sesentero, con órgano farfisa (¡cómo me gusta ese instrumento!), y cantado en castellano. Y ahí es donde estaba (gran parte de) la gracia. Las letras eran poesía surrealista de extrarradio, absolutamente geniales... me obsesionan. Actualmente, Pablo Cobollo sigue haciendo discos y tocando en solitario y editando libros de poemas, todo maravilloso.

Nirvana. Podría haber puesto Mudhoney, los Melvins o Sonic Youth, que me gustan más, escucho mucho más a menudo y son referentes clarísimos para Rizoma, pero voy a poner a Kurt y compañía porque para mí fue una revelación enorme de adolescente pasar de escuchar sobre todo metal a escuchar Nirvana y a partir de ahí descubrir los que he dicho antes, y Screaming Trees, Hüsker Dü, Black Flag, Dinosaur jr, Green River, My Bloody Valentine...

Reznik. Aunque en cuanto a discos de esa escena stoner/doom/sludge peninsular de la década pasada me quedaría con los discos de Rip Kc, Moho, Orthodox o Viaje a 800, ver a Reznik en directo me impactó mucho, el concepto del grupo de hacer algo tan minimalista y tan marciano y tan pesado fue una gran influencia para mí.

Extinción de los Insectos y Atomizador. Ya he hablado de ellos dos preguntas más arriba. Es la música que más me inspira actualmente, aunque no sea evidente en mis grupos. Su actitud, el hacer una propuesta tan radical y tan clara y originalísima, a la contra de todo, la estética de las portadas y de los fanzines que hace Jose tan flipante y personal...

Y podría seguir la lista con los Stooges, Black Sabbath, Comets On Fire, todos los grupos de los que hablo en el apartado de Nirvana, Slowdive, Bardo Pond, High Rise, Loop, Earth, Sleep, Ride, 13th Floor Elevators, MC5, The Velvet Underground, Six Organs Of Admittance, Om, Swans, Hawkwind...

-Hagamos lo mismo con cinco elementos no musicales...

Ahh, los Simpson en primer lugar sin duda, porque han estado presentes en mi vida desde que era un niño pequeño, han influído en mi educación tanto como mis padres y aprendí mogollón de cosas sobre la cultura del siglo XX, desde luego muchas más que en el colegio y el instituto y más útiles, como por ejemplo saber que existe un grupo que se llama The Who.

Los dibujos de mi gran amiga Elena Serrato, porque esos bichos mezcla de mitología japonesa y rituales ancestrales de muchas partes del mundo son una pasada, y me enseñó muchísimas referencias y me animó a ponerme a dibujar yo también mis monigotes de retrasado mental.

Los cómics de Calvin y Hobbes, porque es sabiduría, frases lapidarias y ternura por todas partes.

La serie Mas Allá del Jardín (que así se llama en castellano Over The Garden Wall), que ya he hablado bastante sobre ella ahí arriba.

La película de The Wicker Man, porque me flipa esa imaginería de paganismo. Y la banda sonora es una pasada.

-¿Para que sirve una banda de rock&roll?

Ahhh...para gastar mogollón de tiempo que podría estar invirtiendo en buscar curro, estudiar oposiciones  que no iba a aprobar en la vida, hacer un master, haberme ido de erasmus en vez de haberme quedado preparando el disco que luego fue “Amasijos...”, aprender programación o alemán, o chino (que es el futuro), viajar a lugares exóticos y tener una mochila en la que pusiera las banderitas de los países que he ido coleccionando...

-¿Qué hay después de la muerte?

Nada. Y si resulta que sí que hay algo, seguro que vamos a un sitio donde no ocurre nunca nada.



Entrevista por F.G.L.

miércoles, enero 24, 2018

ANSIA PURA – Una entrevista con SOMBRA DE LOBO



No es necesario, realmente, reseñar un disco como es el excelente "Adelante en Espiral" cuando el lector puede escucharlo en bandcamp y cuando el responsable del artefacto se presta amablemente a discutir los detalles y pormenores del mismo en una entrevista larga. He prometido sin embargo hacerlo, y en breve caerá esa reseña. Mientras, aquí queda la entrevista con Nuño, responsable único del proyecto Sombra de Lobo. Gracias a él por un muy interesante disco, en el que bajo un prisma personalísimo se escuchan ecos de clásicos como Bauhaus, Misfits, Sisters of Mercy, Décima Víctima o Parálisis Permanente. Y gracias también por la sinceridad y la claridad en la respuesta. Pronto, más.


-¿Cuál es tu historia musical anterior a Sombra de Lobo y por qué decides abordar este proyecto en solitario?

Pues mi historia musical es la de cualquier chaval apasionado por la música desde su nacimiento. ¡Y cuando descubrí el punk y los sonidos más agresivos ya me obsesioné por completo! Desde preadolescente he estado queriendo tocar o tocando. Lo hago desde 1996 en diferentes proyectos, pero básicamente con los que más cosas hice, toqué, grabé y edité fue con DISYOUTH, AGONIZANTE REALIDAD, UNAUTHORIZED, DERROTA, DESGUACE, ENAMORADOS y, ahora, con SOMBRA DE LOBO.

Decidí hacer esto desde niño ya que desde que aprendí a tocar la guitarra me he grabado cintas en casa, pero eran una mierda. Hacia finales del año 2015 escuché una maqueta de un grupo de Barcelona que se llama RES y se encendió una luz en mi cabeza. Me dije “mira, con una guitarra acústica marcando el ritmo y otra eléctrica punteando, junto a un bajo con líneas sugerentes y una percusión primitiva, podría hacer algo guay, vamos a ver si puedo hacerlo”. El problema era la batería, que yo no sé tocarla, pero la percusión sí. El ritmo lo llevo bien, pero como soy zurdo y tengo el cerebro del revés la batería siempre me ha costado muchísimo aunque se pueda cambiar la caja, el timbal y demás…  La cosa fue más que nada ver si podría llegar a tocarlo, a hacer algo yo solo. En cuestión de un mes me puse a sacar canciones y a ensayarlas en casa y en el local de ensayo (la percusión y algo el bajo). Mi amigo Huevo me ayudó a grabarlas, casi a escupirlas porque todo el proceso fue súper rápido (componer, ensayar, grabar). No sabía ni siquiera si iba a quedar bien, si cuadraría todo. No sabía cómo hacer la voz. En fin, todo muy improvisado, pero el resultado moló. Muy oscuro, porque psicológicamente y emocionalmente estaba bastante mal, pero me ilusionó mucho el tema y sobre todo flipé un poco con haber sido capaz de hacer algo así, no porque la música fuese genial sino por el hecho de haberlo conseguido y que hubiese quedado más o menos guay. Ten en cuenta que yo componía y ensayaba de la manera más precaria que puedas imaginar. En mi casa me grababa la guitarra acústica con el móvil, luego lo reproducía y sacaba los punteados… Me iba al local y con el móvil también, tocaba la percusión y el bajo. Todo desmembrado, eran piezas sueltas, era un caos que funcionó.  

-Me gustaría que me trazases el recorrido o recorridos que van desde esas ideas hasta la canción final. ¿Dónde las apuntas/grabas? ¿Cómo y dónde las desarrollas? ¿Necesitas un medioambiente determinado para ello o cualquier lugar vale?

Cómo he dicho, al principio la cosa era así, un móvil donde grababa ideas, las reproducía e iba mejorando y completando, todo sobre la marcha. Cuando estaban más o menos terminadas, me iba al local con unos cascos, me ponía el volumen al máximo y tocaba la batería. Fatal, muy incómodo y eso, pero es que no tenía nada más… Después de grabar la demo, en vez de cascos, conectaba el móvil al equipo de voces y al menos tocaba más cómodo, pero en esencia, componía igual, siempre en casa y luego en el local se me ocurrían cosas con los punteados o el bajo. La percusión la iba sacando al ensayarlo. Me quedaba después de los ensayos con Derrota y me tiraba ahí toda la tarde. Era muy rápido porque a uno solo las cosas le cuestan menos ya que no dialogas con nadie. Eso tiene cosas buenas y cosas malas, lógicamente. La movida es que yo lo tenía todo en la cabeza, básicamente. No escuchaba la música completa o toda junta hasta que finalmente lo grababa en su versión definitiva. Era un poco locura ya que imagínate la expectación por escucharlo completo: ansia pura. Pero no sólo eso: la demo y el primer LP están grabados de una forma extraña: empezaba por la guitarra acústica e iba añadiendo cosas. Lo lógico es empezar por la sección rítmica, pero claro, no busques un comportamiento lógico aquí… Más tarde empecé a hacer las cosas mejor. Cuando me mudé a las proximidades de Barcelona perdí toda la estructura que me permitía ensayar: las baterías, el ampli de bajo… No tenía ni idea de si iba a seguir haciendo cosas o no con Sombra… Empecé a ensayar con una peña y a componer para ellos, igual que siempre, con el puto móvil para grabar los esbozos.

Un día Laura, mi pareja, me enseñó un programita muy básico pero efectivo que es de Mac, que se llama Garage Band con el que puedes grabar por pistas y eso, de modo que vas añadiendo instrumentos o lo que sea y así podía escuchar las canciones terminadas antes de grabarlas bien. Todo un adelanto para un ser del pleistoceno como yo. Puede que te parezca increíble que no moviese el culo antes para conseguir algo tan simple, pero, claro, es que quitando lo de las cintas cutres que grababa de chaval (con sólo guitarra y voz)  yo tenía grupo, sacaba canciones y luego las ensayábamos todos en el local… No tenía necesidad de algo así porque no tocaba solo. Cuando empecé a hacerlo ni lo pensé, fue todo muy rápido y en esencia era divertido como hacía las cosas. Ahora lo hago todo distinto. Con la cinta de “Fiebre Subterránea”, grabada de forma muy precaria pero resultona, fui haciendo acopio de material (ampli de bajo, un bajo, una batería electrónica… cosas) y grabando sin parar, muchas demos de diferentes canciones, hasta lograr la versión definitiva. Un método más o menos normal. El disco de “Adelante En Espiral” lo he ido componiendo mientras lo grababa. Grabar era como ensayar antes.

Respecto al desarrollo de una idea, primero está todo en la cabeza… puedo empezar con un riff al que le añado una melodía y desde ahí, hasta el final de la canción. No creo que este método sea nada especial, es muy típico. Cuanto más solo estoy, mejor. Se me puede ocurrir una canción, riff o melodía de voz en cualquier parte, es un poco enfermizo. Para grabar, aprovechaba los momentos que podía, muchas mañanas, algunas tardes. Lo iba haciendo poco a poco entre Febrero y Abril del 2017.

-No me gusta a hacer listas de influencias porque suelen ser una cosa más personal del crítico que del autor. Además, este disco está un poco en tierra de nadie, y creo que esa es una de sus virtudes. En todo caso, hay algunos nombres que se me han venido a la cabeza en momentos concretos (no en canciones completas): Décima Víctima, Sisters of Mercy, Bauhaus, Misfits/Danzig, Parálisis Permanente. Probablemente no sean bandas que te interesen, pero a  mí me ha recordado a eso en algunos arranques. ¿Hay alguna banda, idea general, estilo o microestilo que puedas considerar una influencia declarable?

Todas esas bandas me gustan e interesan mucho, tengo sus discos y eso. Sobre Danzig, ya he dicho, hay un par de temas en los que directamente quise imitar su estilo. Hace siglos que escucho a Danzig, Misfits, Samhain… Me encanta. Cuando terminé la grabación de Fiebre Subterránea (donde yo creo que sí había más rollo post punk que en Adelante En Espiral) volví a escuchar compulsivamente los discos de Danzig y me propuse conscientemente sacar temas de ese rollo. Fue porque siempre había querido hacerlo pero en los grupos donde tocaba, no funcionaba. Empecé por ahí (tenía alguna idea previa,  esbozos de canciones, pero la primera que hice entera, fue a partir de ahí). Reconozco que he intentado seguir ciertos microestilos y me alegra mucho que te hayas dado cuenta, no me supone ningún problema porque no voy de músico creativo por la vida, en plan “buff, yo soy súper especial y original, intento hacer la música que nace de mis entrañas y nada más”. Tío, yo a veces cuando escucho o leo eso en una entrevista me parto. Una cosa es no escuchar música ajena cuando haces música porque estás ahí metido en la cueva (cosa que a mí me pasa) y otra es suponer que la música que uno crea nace de la nada, que la música que te gusta no te influye o afecta en algo, por poco que sea. Es muy pedante eso.

Yo lo reconozco y me siento a gusto con mis referentes. En este disco, mi estilo es el punk, mi subestilo es el indie rock de los 80-90 bañado con ruiditos psicóticos y oscuretes, mis referentes son Glenn Danzig y Hurula mezclado todo con mis manías y maneras. Poco más que decir ya que es todo muy evidente, con todo, creo que no hay mucha gente en este país que lo haga así aunque, repito, sea muy poco elegante que lo diga uno, pero mira, me envalentono. En la grabación anterior no había tanto Danzig, pero había Parálisis, incluso ramalazos de Eskorbuto; había Dinosaur JR y heavypunk… No sé, yo lo veo normal, es la música que me gusta, es parte de lo que escucho habitualmente. No llego a su altura, estoy a la mía.

-Sonoramente el disco es cohesionado. ¿Ves también algún tipo de unidad temática en las canciones? Mi teoría es que en la mayor parte de los discos, incluso en aquellos que pretenden ser simples colecciones de “singles” y huir de lo conceptual, hay siempre algún tipo de hilo conductor, al menos si han sido compuestos en un mismo tiempo y bajo unas mismas influencias. Sin embargo, ese hilo a veces sólo se percibe tiempo después de haber registrado el disco, cuando se mira de modo retrospectivo.

Estoy de acuerdo. Esto no sé si lo he dicho alguna vez, pero todos los discos de Derrota, por ejemplo, son así. Creo que no lo saben ni mis compañeros de grupo, porque creo que esto nunca lo hablamos,  pero como yo componía y escribía las letras, yo tengo razón y ellos no ¡jajaja! Eran discos de los tres, todos participábamos, pero las letras eran cosa mía y las letras dirigen el tema, ¿no? Respecto a Sombra De Lobo, bueno, lo que puedo decir es que hay temáticas recurrentes; tanto, que en este disco me propuse mezclar lo personal con la ficción y no hablar tanto de política como sí hice en el primer LP y en la cinta de “Fiebre…”. Tengo que decir que estoy muy contento con las letras, las antiguas y las nuevas, especialmente porque en lo que vino a ser un año tuve que escribir mogollón de letras para Sombra (más de veinte)  y para el grupo con el que tocaba en Barna, que se llama Enamorados (lo dejé por diversos motivos, pero llegué a grabar un LP que ellos irán presentando con otro cantante). Lo que quiero decir es que uno no es un genio y tiende a repetirse, pero creo que el resultado está bien. Por lo general, las letras de Sombra me gustan bastante. Las de este disco… sólo diré que hay algunas sobre gente conocida, gente real, otras sobre mí, otras sobre temas políticos (aunque no lo parece y eso me gusta), otras sobre cosas imaginadas. Lo que yo ahora mismo no veo es ese hilo conductor que mencionas. Quizás es eso, que tengo que esperar un tiempo, pero si existe ese hilo y tú lo ves, me alegro, porque me gusta que exista y me gusta eso de que cada disco sea un reflejo conceptual de un momento determinado.

-¿Recibes influencias de otras personas mientras compones? ¿Aceptas sugerencias? ¿O es un proceso más bien hermético y aislado?

Si te refieres a influencias musicales, recibo todo tipo de influencias y me empapo a tope con la música que escucho, y a veces intento imitarla descaradamente-que no plagiar o copiar-. Tomo la música que me gusta como referencia, claro que sí. No creo que haya actualmente mucho espacio inexplorado en el rock’n’roll y su infinidad de derivados, así que es lógico que la gente se imiten unos a otros, al fin y al cabo creo que así es como se ha logrado que surjan cosas nuevas y diferentes en la música. Si te refieres a si acepto o no sugerencias para añadir o quitar cosas de la música ya compuesta, te diré que depende. En un grupo siempre, porque aunque uno u otro saque una canción, los arreglos molan y no hay que cerrarse. Se aprende mucho de las aportaciones de otras personas, aunque cueste adaptarse. Lo que pasa es que la cosa tiene que ser ágil, ¿eh?, tiene que haber compenetración. Pero suele quedar mejor. Mi problema con Sombra es que lo hago todo yo y soy yo mismo quien arregla las canciones porque o bien no las comparto con nadie o bien cuando lo hago ya las considero terminadas. Pero sí es cierto que a veces Laura u otras personas me han hecho saber su opinión y a veces les he hecho caso.





-Si intentases pasar estas canciones al directo ¿necesitarías una versión fiel o supondrías que la cosa variará con el añadido de músicos diversos? He comprobado que a veces nos volvemos algo rígidos cuando pensamos mucho en solitario sobre una cosa.

Sólo con poder llevar estas canciones a un escenario ya me pondría tan contento que me importaría poco que no fuesen exactamente iguales. No me preocuparía porque lo que sí creo es que se respetaría siempre la esencia de las canciones. Tuve la suerte este verano de ensayar algunas veces con dos amigos de aquí y sacamos temas antiguos… Bua, la cosa era muy cañera, muy diferente a como están grabados. No cuajó por problemas de tiempo (la vida en Barcelona es ajetreada y cara, el tiempo es limitado y la gente que conozco está en mil cosas, en varios grupos o pasando ya de ensayar con bandas). Lo que quiero decir es que las canciones se adaptarían a los intérpretes y a su voluntad. Sonaría parecido y reconocible, supongo, pero igual… creo que eso es imposible. Y no me importa, me gusta la idea. Ojalá suceda alguna vez.

-Robert Crumb tiene un grupo que se llama “Los primitivos del futuro”, una idea que he usado para definir a alguna banda y que creo que define también a una gran parte del rock&roll que más me gusta. Hay cosas que son muy antiguas pero suenan futuristas, o que son futuristas pero están construidas con mimbres clásicos, como si fueran naves espaciales hechas de madera y clavos. En tu trabajo hay una cierta tecnificación pero también un sabor arcaico, terrenal. Suenas moderno pero al tiempo ancestral, por decirlo así. ¿Cómo se vive esa contradicción si existe?

Esto que dices es un halago para mí, la verdad. Reconozco que me flipan muchos discos antiguos y cómo suenan, incluso los que para muchos estándares, suenan mal, pero para mi no. ¡Para mi suenan muy bien! También me gustan mucho los sonidos de época, por decirlo así; el modo en que sonaban los discos en los 70 u 80, en los 90… las décadas que más me han influido en esto que he hecho ahora, especialmente 80’s y 90’s. Lo que pasa es que yo no tengo ni idea de grabar, estoy aprendiendo, y cuando no sé hacer una cosa, pues experimento e intento que no se note que lo estoy haciendo mal ¡jajaja! Así se dan casualidades… Creo que el sonido está conseguido para haberlo grabado en casa una única persona y sobre la marcha. Ahora mismo siento que no sería capaz de repetirlo y me da vértigo ponerme a grabar de nuevo, pero supongo que si le vuelvo a echar horas, surgiría algo diferente pero guay (para mi al menos, ya que yo soy mi fan número uno, lo reconozco). Lo de la contradicción que dices… yo no la siento.

No llegaré al punto de decirte que es todo el sonido es premeditado, porque hay mucho de accidental aquí, pero sí es cierto que antes de empezar a grabar, escuchaba música de hace ya 20 o 30 años y me propuse imitar cosas, como los primeros discos de Danzig (algo que creo que es descarado en al menos un par de canciones) y cosas del indie/punk americano de los 80 que me molan… todo eso a mi manera, que no sé cuál es, pero vamos, intentando que sonase ruidoso pero melódico, cañero y agresivo… ¡pero sensible y con flow! Bueno, yo he intentado cosas, los resultados los juzgarán otros. También me interesa mucho crear un grupo de psicodelia punk, desde hace muchos años, y he intentado hacer algunas cosas así. No he llegado al nivel de grupos actuales de ese rollo como Destruction Unit , pero el rollo de crear una atmósfera única para el disco creo que más o menos está conseguido, aunque todo sea mejorable. Sobre esas pulsiones en la música moderna, es muy interesante lo que dices. Muchas veces pienso que el rock actual tiene ya poco que decir, que hay poco que innovar en el estilo, por eso se le da tanta importancia al sonido: que si suena a viejo, que si suena a grabado en el váter… Hay gente haciendo música muy loca, especialmente en el black metal, el heavy y cosas muy técnicas. En cada estilo hay representantes increíbles. El punk yo lo veo un poco perdido, sinceramente, pero aún hay grupos flipantes y siempre los habrá, estoy seguro.

Respecto al sonido, hay también una pequeña corriente en el punk que suena premeditadamente mal, y cuanto peor suenas, más cool eres. No diré nada, pero es así. A mí me mola ver un grupazo en directo, que suene que te cagas y luego el disco sea fiel a eso. Yo puedo encontrar el encanto en cualquier parte menos en una bandera de España, ¿me explico? No soy un cazurro ni el hooligan de ningún estilo, no tengo una mente cerrada pero tampoco soy un incondicional porque sí del hype de turno sólo porque la Vice o el Máximun Rocknroll digan que mola. Ya sé que esto es muy manido, pero es que a veces la gente es gilipollas, no puedo ser más claro. Tampoco quiero criticar los gustos de nadie, aunque lo acabo de hacer, pero me refiero a que esto es música que, aunque se ofrezca como independiente o DIY, sigue teniendo un componente de superficialidad, de espíritu consumista, afectado por modas seculares que incluso pueden ser contradictorias. Quizás ese rollo de moderno pero ancestral tiene que ver un poco con todo eso, con estos tiempos paradójicos de confusión total en los que vivimos los humanos de hoy, conectados al aislamiento, confundidos ante novedades de hace un siglo, viviendo rodeados de antigüedades brillantes, tan imposibles de superar que nos dedicamos a pulirlas, a darles brillo. Y se las ofrecemos a los incautos como novedades listas para consumir, previo pago desmesurado. Todo es posible.

-Grabaste esto en “una habitación de Vilanova y la Geltrú” y te defines como DIY. ¿Cuáles son los límites de ese DIY? ¿Se trata simplemente de funcionar por cuenta propia sin el apoyo de organizaciones o aparatos o implica también grabarlo tu todo en casa y por ti mismo sin ningún tipo de injerencia exterior? Mi idea particular del DIY consiste en mantener el control creativo absoluto (yo y quienes colaboren,) pero intento grabar en las mejores condiciones. Es decir, si ahorro dinero y me puedo permitir un buen estudio, no creo que eso afecte a mi DIY. ¿Qué opinas?

Los límites del DIY son económicos y los de la capacidad de uno o de la gente afín que te rodea que esté dispuesta a ayudarte o a hacer las cosas contigo, con tu sello, tu grupo, lo que sea. No creo que haya más límites, sinceramente. Yo hago las cosas de forma DIY no porque no pueda hacerlas de otra, sino porque es lo que me gusta y como sé hacerlas, como lo he hecho siempre y con lo que más a gusto me siento. Si las cosas fueran diferentes, las haría partiendo de axiomas iguales y observaría cómo evolucionan. Si pudiera permitírmelo, iría a un estudio a grabar, me tiraría allí el tiempo necesario para terminar un disco, pero no puedo. Por eso he intentado reproducir eso de la manera que he podido, en casa, para grabar con paciencia, sin estrés, repitiendo lo que hiciese falta. No hubiese podido pagar las horas de estudio invertidas, no por falta de voluntad o fanatismo DIY, sino por pobreza.

Cuando he tocado en grupos, he ido a estudios a grabar, claro que sí, los mejores que hemos podido permitirnos porque queremos el mejor resultado posible y dejar un buen testimonio. No siempre nos lo hemos grabado todo nosotros, pero hemos participado al máximo. Y cuando lo hemos hecho nosotros, lo hemos hecho buscando el mejor resultado, también en la medida de nuestras posibilidades. Para mí todo eso es DIY. Tú has conseguido tu pasta y te la gastas como te da la gana en función de lo que quieres y puedes. Yo creo que una cosa DIY puede llegar a ser grande y seguir funcionando con la misma ética. Es de lo que se trata, del espíritu, de construir algo propio, que no te puedan tocar ni manipular. Lo que pasa es que mucha gente confunde el DIY con precariedad o con algo cutre, pero para mí no tiene nada que ver.

DIY es lo que tú comentas, es independencia y control sobre tu actividad, sea la que sea. Es un método de aprendizaje y de diálogo creativo. Es un estilo de trabajo que no tiene por qué estar reñido con la alta productividad o calidad en su resultado pero que depende por completo de los medios y recursos que se tengan, de la imaginación, del esfuerzo, de las ganas, de la suerte… por eso varían tanto los resultados en los proyectos DIY.        

-Grabar en casa hace que el sonido sea relativamente “lo fi”. Las guitarras suenan muy bien, pero el conjunto tiene, forzosamente , el encanto de lo artesano y lo no del todo pulido. En el mundo underground eso es visto a menudo como una virtud, lo roto, lo inacabado, lo que está en bruto es considerado a menudo superior a lo que tiene un acabado prístino. ¿Qué opinas?

Opino que hay opiniones como culos en el mundo. Todo el mundo tiene su culo y su opinión. Muchas gracias por lo que dices de las guitarras y lo del encanto del artesano, pero te repito, yo he hecho lo que he podido y soy consciente de que muchas cosas están mal. ¿Que hay una vertiente de opinión que dice que el underground mola más si parece inacabado…? joder, pues es lo mismo que decir que el DIY es cutre. A veces si parece inacabado puede molar pero otras será una basura, igual que hay cosas que son cutres premeditadamente y molan y otras lo son y no hay manera de disfrutarlas porque son insoportables. Pero a otro loco puede que le parezca una puta obra de arte. Yo qué sé. Eso en el punk pasa muchísimo, desde siempre. Yo he intentado hacerlo lo mejor posible con mis medios, conocimientos y capacidades. Soy consciente de las carencias y me joden esas carencias porque yo quería lo mejor. Me la suda el encanto de lo artesano, quiero lo mejor. Y no lo mejor que diga otro, sino lo que en ese momento me parece que es lo mejor, como si es grabar con cinta y no en digital porque soy un fanático de los sonidos antiguos... Te llegará otro y te dirá que es muy caro, que es incómodo, que es lo que sea, pero tú odias el sonido digital, sólo usas amplis de los 70, los pedales descatalogados  que usaban tus abuelos y todo tipo de cacharros analógicos… ¿Es eso más o menos underground? Podríamos hablar de esos miles de grupos que se dejan dinerales imitando sonidos antiguos, grabando con aparatos que no tienen piezas de repuesto... Joder, porque se lo pueden permitir y les gusta, es normal. Otra cosa es el quiero y no puedo…  Quizás tu pasas horas ahí perfeccionando el sonido que ya ha sido grabado de una forma precaria e igual la estás cagando, te equivocas al intentar mejorarlo y con un rollo más amateur hubiese molado más… Más simple, más al grano. Puede ser.

Lo que te digo es que yo he intentado hacerlo lo mejor posible porque para mi era también una manera de aprender, de experimentar ya que todo lo que hago es amateur. No tengo casi medios, así que, como dices, aun intentándolo todo bien, siempre será lo fi, jajaja… Es una rayada. Así que lo mejor es lo que antes hablábamos, hacerlo a tu manera dentro de tus posibilidades y según tus gustos, siempre será todo opinable, faltaría más. Mi intención es hacer las cosas del mejor modo posible e intentar imitar los sonidos y los estilos que me gustan y te aseguro que no lo consigo ni de coña. Me quedo satisfecho, pero sé que con más medios y manos más expertas todo hubiese quedado diferente. No digo mejor, porque lo que he hecho me gusta mucho, pero diferente seguro, así que...

-¿Cómo programas las baterías, cómo decides los ritmos que cuadran con cada canción?

En primer lugar, no programo baterías. Todo está tocado, en todos los discos. ¡Por eso hay errores! Lo que pasa es que tengo un estilo peculiar a la hora de tocarlo y grabarlo. Lo nuevo ya lo he ido grabando de una forma más normal, empezando con la batería, que es lo que más me cuesta de hacer. Se me ocurren muchas cosas que no soy capaz de tocar, así que, me adapto a lo que sé o puedo llegar a hacer. No hay mucho más que decir al respecto. Yo soy un inútil, tío, un completo neófito en esto de los programas de grabación y plugins. Sé que existen programas que imitan baterías muy guapas, se programan y, hala, tiras millas… pero de momento no los uso. Todo es manual, por así decirlo.

-Noto una especie de evolución dentro del trabajo: Las voces van ajustando hacia el tercer tema, donde todo empieza a cuajar con más claridad. ¿Está todo grabado en una misma sesión o a lo largo de un tiempo? ¿Cómo lo ves ahora, pasado el momento?

Sobre la voz me han dicho diferentes cosas. Básicamente que no se entiende (en el sentido de que no se escucha nítida) o que está baja… Bueno, voy aprendiendo aunque tengo que decir que sí me gusta así, pero hay cosas que quiero cambiar si vuelvo a grabar algo nuevo (si es que soy capaz de cambiar algo). Supongo que cada uno tiene su opinión y sus gustos, es lo suyo.

Respecto a la evolución dentro del disco, la hay, claramente, pero no sé si la que dices porque el orden definitivo no es el orden de grabación. Hay una diferencia porque a mitad de grabación conseguí un programa nuevo y mejor (un Cubase). Empecé a grabar de nuevo y al final opté por grabar las otras canciones ya grabadas con el programa anterior, aunque usando algunas partes… Lo que quiero decir es que iba aprendiendo y probando cosas nuevas sobre la marcha, así que hay esa evolución obvia, aparte de las que tú u otra persona pueda ver.   

-¿Cuáles crees que son los puntos fuertes y débiles del disco? Te diré lo que opino yo. Me gustan mucho las guitarras y la mayor parte de las voces, y creo que las canciones, en esencia, son buenas y sólidas y las letras tienen algo que decir. También me gusta el hecho de que el disco está en una especie de tierra de nadie, entre el punk, el rock oscuro, el pop, gotitas de metal… En el debe, algunas baterías están un poco fuera de sitio, o demasiado recargadas, como si perteneciesen a otra canción. Me pasa, por ejemplo, en “Que arda el camino”, que me parece de las mejores del lote pero al tiempo de las peor cerradas…

Los puntos fuertes del disco son las canciones; los débiles, puede ser que el simple hecho de haberlo grabado en casa, aunque esto también te digo que puede ser un punto fuerte para mucha gente al escuchar el resultado, no sé. Me lo han dicho. Para mí lo peor o lo que es más mejorable también son las baterías. Pero tengo que decir que si vieses como las he hecho y con qué igual flipas y les das el valor que yo les doy, jajaja. Es decir, he conseguido algo guay con medios precarios, así que les doy un valor. Que estén así de recargadas es por cómo las grabo, mi estilo al tocarlas: tienen mucho bombo, sí. Por eso puede parecer que son programadas, no sé, pero así consigo más caña. Son electrónicas, lo que ayuda a que el disco suene ochentero, pero a la vez algo así como una especie de Ministry punk (aunque no ha sido una referencia para mí en este disco, pero ahora mismo me viene a la cabeza por el tema de batería electrónica y caña). Digo que es lo que menos me gusta pero no que no me gusten las baterías en absoluto; hay movidas que me gustan bastante: los ritmos, ciertos cambios, sonidos de timbal… Los platos son también mejorables, pero tenía lo que tenía y grabar un plato en una casa no es fácil, ni una batería, ni nada en realidad: ¡ molestas a los vecinos!!! Hay que ingeniárselas, trampear. Por eso estoy muy contento con el resultado, porque sé lo que he hecho para conseguirlo y la currada que me he pegado, aunque no sea muy elegante reconocerlo.

Sobre la de “Que Arda el Camino”  diré que es una de las que regrabé y usé cosas ya grabadas que aparecían en la versión antigua pero quería conservar. La cosa es que tiene un error bastante garrafal, un error de ejecución importante que seguramente me debería haber hecho regrabarla por completo. Estuve un tiempo dándole vueltas: “¿La dejo así, con el error o la regrabo? Joder, se nota mucho el error, pero… me da una pereza increíble regrabarla… Tampoco se nota mucho; hostia, ¡sí se nota! Bueno, es como que no se pilla bien… voy a ver si lo apaño con esto o lo otro… Se nota igual, pero me la suda, así se queda”. Vaya, parece que sí hice eso del rollo underground poco pulido y roto ¿no? He sacado un disco con una canción que tiene un error jevi y lo he hecho conscientemente. Soy un snob o un vago, no lo tengo claro. Pero sí, las baterías podrán o no gustar independientemente de todo esto que te cuento… Con todo, las reivindico.   

-¿Hay planes de tocar en directo o estamos ante un proyecto estrictamente de grabación? ¿Cuáles son tus ideas para el futuro?

Tengo una multitud de ideas demenciales que me llenan de falsa pero necesaria ilusión ya que la realidad suele ser frustrante y repetitiva. Planes de directo a corto plazo: nulos e inexistentes. Pero tengo la opción de empezar un grupo nuevo, al menos de acoplarme a algo que ya existe y que tiene buena pinta, así que, puede ser que toquemos algún tema, no sé. Quiero intentar dejar de confundir mis deseos con la realidad, pero tiendo a la fantasía y la ilusión, como dije, por lo que jamás pierdo la esperanza por estúpida que sea.

Sombra De Lobo surgió como un experimento y creció hasta ser una necesidad que las circunstancias de mi vida aislaron de aquello que habría hecho posible el llevar el proyecto al directo de una forma más o menos fácil. Ahora ya no me obsesiona tanto el tocar con Sombra como el tocar, así en general. Me lo estoy tomando con más calma porque espero que este disco abra alguna puerta nueva y me conecte con gente que aun no conozco. Lo que me preocupa de verdad es no vender los discos, por lo que mis esfuerzos y mi dedicación van a ir enfocados al tema de venderlos. La tirada del LP es pequeña, 200 copias y las voy a vender lo más barato que pueda, a 10 euros. No voy a ganar nada de dinero ni lo espero; quiero recuperarlo para reinvertirlo. Me contento con vender 150-170 copias (quien quiera puede contactar conmigo aquí: sombradelobo@hotmail.com; también soy fácil de encontrar por el bandcamp o el facebook). ¡Estoy vendiendo una pequeña joya a precio de saldo! Portadas serigrafiadas, pocas unidades, musicón… No soy objetivo, lo sé, pero es un disco que yo me compraría. Eso es importante para mí.

Sobre el futuro… desde que terminé la grabación he compuesto muy pocas canciones y me he centrado en poder editar este disco, en todos los procesos que hay que hacer, empezando por ganar (trabajando) el dinero necesario. Lo edito yo, mediante mi sello, Producciones Sombra, que ha editado todo lo de Sombra de Lobo menos la primera demo. Además he participado en el segundo LP de Auxilio, “Tormenta”, un grupo de hardcore estilo sueco de Valencia. Este proyecto es muy personal, literalmente. Si no vendo los discos, no sé qué pasará pero no creo que deje de componer y grabar, me sale solo. Tengo ideas descabelladas. Algunas prefiero no decirlas pero otras sí, porque a saber… Por ejemplo, sacar un doble LP. Me parece un gran reto, algo genial, aunque económicamente totalmente inviable.

-¿Para qué sirve la música? ¿Por qué cantamos?

Los demás no sé pero yo lo hago porque me gusta, me realizo a través de la música, me emociono y me evado realizando una actividad creativa. La música sirve para disfrutar y gozar, para expresarse y definirse, para comunicarse y exorcizar emociones de toda clase, ideas, alegatos, historias, secretos. Sirve para vivir.



Entrevista realizada por FGL para Kaput Enterprises 2018