sábado, enero 14, 2017

Canciones para perros en peligro - "PRIDE OF EGYPT" - ANDRÉ ETHIER



La  mayor virtud del pop es su condición adhesiva. “Pride of Egypt”, ese temazo de André Ethier es un ejemplo (poco obvio) de ello. Podríamos apuntar -es evidente aquí- que Ethier ha escuchado con mimo a los clásicos, porque la cosa supura dylanismo. Y, para ir más al detalle, también que el tema se da un aire al trabajo de Dan Bejar como Destroyer. De hecho me pasé un rato intentando saber si era una canción compuesta a medias. Pero no, aunque han compartido escenario y es lícito suponer una polinización de ida y de vuelta. Podríamos indicar que es de maestros saber mantener el interés de un tema durante seis minutazos en una época en la que las canciones se suelen paladear unos pocos segundos y a otra cosa. Y junto a ello, declarar que como letrista Ethier es fino y capaz de mezclar con fluidez el mito y la realidad, lo universal y lo cotidiano: si en nuestra anterior entrega Julian Cope nos ofrecía un salmo en forma de fanfarria sobre una huida vital al sur, aquí el canadiense trae en bandeja una reflexión -no menos críptica, y probablemente metafórica en parte- sobre el pueblo elegido, sus cuitas en Egipto, su paso por la historia, sus fijaciones y sus culpas presentes. Podríamos, en fin, despiezar la canción, sus detalles, sus motivos, sus similitudes, sus trucos; hablar incluso del solo que se despliega pasado el minuto tres, con perezosa furia, redondeando la jugada y desembocando en esa frase cantada con una pasmosa sensibilidad que dota de contenido a palabras de por sí anónimas: “Oh, puedes sacarme, sí, puedes llevarme contigo cada vez que salgas de compras…”. Podríamos hacer todo eso, pero las autopsias no sirven para organismos vivos. No explican esa condición adhesiva de la que hablo y que hace que un tema se quede contigo durante semanas, meses o años; que lo canturrees por lo bajo mientras te aburres en sociedad, que los masculles en tus viajes diarios por los patios traseros, que lo cantes en alto cuando estás solo, como para probar como le sienta a tu voz ese prodigio.

Ethier fue grande con los ya legendarios Deadly Snakes, un grupo que empezó facturando un garaje esforzado y brillante pero que mutó hasta convertirse en una especie de The Band del siglo XXI con el tremendo “Porcella” (2005) y de inmediato se disolvió. No tengo ninguno de sus discos posteriores, aunque me los han recomendado más de una vez, y tampoco he leído mucho sobre él, después de aquellos días de gloria. Su presencia en internet es escasa y tiene pinta que es uno de esos sabios a los que el relativo anonimato agrada más que estorba.

Así pues, no hagan ruido. Guarden el secreto.

Y escuchen la canción.


(aquí otra esforzada transcripción de oído y acaso no exenta de errores)


Pride of Egypt

Well, take your time
Take all the time you need to get settled
But you’re not a child
No, you’re not
Yehova’s posessed you
to believe you ever owned the desert
Let’s celebrate
Yes, let’s celebrate
With an avalanche of stones
That you’re a rival
When I press my black lips to your Hebrew nose
I just can't help but feel for the sphinx
She was once the pride of Egypt

Oh, take your chance on me
Well the sweets call out to the swiss
Put your money where your mouth is
We’re starving over here
Yes, we’re starving for expansion
Turn the cameras on us
Lets’ patronize somebody
Yes, and let’s rewrite all the myths
that led us up here
And when the stars above on the atmosphere
And the roads lead not to Rome
But to Olympus
We can all be brought to justice
Yes we can

Put a line right through my name in your diary
I can see you
Yes I can see you
But I can’t afford the suppression of your memory
I’m a ghost to you
Yes and I’m hunting your people’s collective memory
And we can house the refugees in the pyramids
But there’s no accounting for the numbers
We can’t build a tomb around those figures

Ohhhhhh, alright

Oh now
Oh you can take me out
Yes, you can take me with you every time you go shopping
But let’s victimize somebody, right now
Well, you know what it takes to stone a martyr
I’m a fool for you
Yes I’m a fool to think that you’ll ever let me have you
But if there was ever a better friend
Let me be you, I would like to meet him
I was once the pride of Egypt

Yes I Was

miércoles, enero 11, 2017

Canciones para perros en peligro - "DISASTER" - JULIAN COPE




A veces pienso en Julian Cope y me lo imagino fumándose unos pitillos con Varg Vikernes en el porche, mientras cae la tarde. Han descubierto, como todos sabíamos, que tienen más cosas en común que diferencias y ahora, ya viejos, esperan a que el mundo acabe de una puta vez con una larga, larga conversación. Otras veces, en cambio, me lo imagino con André Ethier. Es el ocaso, y ambos cantan a duo ese temazo que es “Pride of Egypt”. Cope se inventa alguna línea sobre los megalitos y la revolución armada. André le deja, porque es canadiense y muy educado. Luego se hace la oscuridad y el valle queda en silencio. Ya no están ni Ethier ni Vikernes. Sólo está Cope, en la oscuridad, sentado en su mecedora, recordando quizá las épocas en las que estuvo a punto de ser una estrella del pop, las épocas en las que tocaba con los dedos la fugaz gloria que se llevaron en el saco Ian MacCulloch y otros talentos medianitos.

En la exigua lista de artistas que han sabido cambiar su discurso acorde con el cambio de su vida y sin que su obra se resintiese, Cope ocupa un lugar mayor. Buen ejemplo de tal cambio son, para quien quiera visualizarlo con rapidez, los dos directos que incluyo aquí. Separados por apenas cinco años, retratan una marciana evolución que va desde el enfant terrible mefistofélico enfundado en cuero -y poseído a medias por Bowie y por Morrison- hasta el visionario triposo y viajero del tiempo; del revisionista pop al deconstructor kraut  (siempre manteniendo el gancho melódico). En el primero hay una furia controlada que roza el disloque pero no termina de liberarse nunca. En el segundo el mundo ha estallado y ha comenzado el proceso de recomponer el puzzle de un modo nuevo e imaginativo. Pero es que esos cinco años son, precisamente, los que usó Cope para convertirse en otro; para abandonar finalmente la persecución de las portadas, retirarse del foco, planear su imprescindible libro “The Modern Antiquarian” (que publicaría en el 98 tras al menos ocho años de trabajo) y publicar dos discos prodigiosos como son “Peggy Suicide”(91) y “Jehovakill” (92).

Después de aquello su carrera siguió siendo interesante, su pensamiento certero y su activismo estajanovista, pero allí estaban los hallazgos mayores. Sin embargo, volvamos al primer directo. Ya en él, pese a que pertenece a la época del muy pop y cromado “Saint Julian” (87), flotaba algo más que el simple brillo del pop oscuro; algo distinto al nihilismo decadente y romantizado de compañeros de época como los excelentes Jesus o los sobrevalorados Bunnymen. Ya había algo que funcionaba por encima y por debajo de los parámetros mainstream.

En el 97, quizá como tardío eslabón, como confirmación de que, en efecto, en aquellos años pop había existido una marea de fondo que conducía hasta el abismo chamánico, el sello Island publica “The Followers of Saint Julian”. Es un recopilatorio de rarezas y caras B que cubre tan sólo el lapso 86-87, y el típico disco que a primera escucha parece lo que promete: un cajón de sastre para completistas. Sin embargo, a largo plazo se ha convertido en uno de los discos de Cope que más escucho. Hay algo en él de locura, ensayo y contra ensayo; de mente incómoda con su situación que no ha encontrado todavía el agujero por donde escabullirse hacia otra dimensión, encerrada en su propio placio de hielo. Contiene, además, dos versiones excelentes (“Levitation” de los Elevators y “Non-Alignment Pact” de Pere Ubu)  y un tema extraño, entre clásico y visionario, excelentemente cantado y que define, quizá, ese ansia de cambio de la que hablo. Me lleva dando vueltas en la cabeza un puto mes: “Disaster”.

He sacado la letra aproximada, no sin algún problema y con la inestimable ayuda de The MPress:

Confident at last we have set our sails for Egypt
Penury and Newgate left behind
We are all alone, oh but we have new horizons
Saviours of the feeble and the blind

Oh we have fled from disaster
Oh we have fled from our her sign
Oh we have sailed all these passing days
Shallow in friendship and grace

Taking men aboard we began to have misgivings
Victims of an opulent parade
But smiling now we leave the golden island of our fathers
Sharing off the errors of our ways

Oh we have fled from disaster
Oh we have fled from her sign
Oh we have failed all these passing days
Shallow in friendship and grace

I’m praising the day when the cold sea mist was lifting
Cold that drives a wet dream to our eyes
I’m smiling, smiling, idle restlessness  I’ve known
Looking for an oath that is my own

But now I leave the shanty towns for castles in the south
Should I trip and stumble full into the lion’s mouth
We are drifting needlessly
Won’t you come and marry me?
We are drifting needlessly
Won’t you come and marry me?
We are drifting needlessly
Won’t you come and marry me
Before our ship could reach dry land?

Sería, ¿no es cierto?, un excelente himno para cualquiera que tenga que dejar su mundo atrás. Y eso la gente lo hace todo el tiempo.

A veces imagino a Julian Cope murmurándolo, con la última luz.

Y yo lo canturreo también.

lunes, diciembre 19, 2016

POISON IDEA – “Company Party” (Voodoo Doughnut Recordings)



Respetados, pero un poco olvidados, a lo suyo siempre, Poison Idea nos dieron un toque de atención (a los que nos enteramos) con la publicación en 2015 del excelente “Confuse and Conquer” que los mostraba remozados pero con el instinto asesino intacto. Acierto parecía, allí, la reincorporación de Eric “vegetable” Olson a la guitarra, y Jerry A. conducía al equipo con firmeza un paso más allá de lo esperado, cuando la mayor parte los considerábamos ya, más o menos, una digna reliquia de tiempos pasados más broncos y verdaderos.

Ahora, en 2016, nos llega la segunda hostia (por si la primera no nos había despertado) con la forma del mejor disco de punk&roll en directo que vayas a escuchar en mucho, mucho tiempo. La clase magistral fue grabada en directo en la fiesta del sello Voodo Doughnut. Los de Jerry la empiezan algo fríos con la simpática y gutural “Triple Chocolate Penetration” (premio al mejor título de la década), se van calentando con un inesperado “We Will Rock You” (Queen, sí) y a partir de ahí la cosa te explota en las manos y te las arranca de cuajo.

La mitad son temas propios en estado de puta gracia; su eterno e inimitable punk de alto tonelaje e incendiada médula rock&roll. La selección de temas es brutal, claro, porque sí, ellos fueron los que firmaron Record Collectors are Pretentious Assholes, Blank, Blackout, Vacant, Feel the darkness y otras obras maestras de la brutalidad con cerebro, y de tal cosecha se pueden sacar pepinazos blindados hasta hartarse. Pero lo llamativo a estas alturas no es eso. Lo llamativo es que los pongan sobre la mesa como si los acabaran de hacer hoy, con el brutal empaque y el grasiento swing que los hizo enormes hace ya décadas.

La otra mitad del pastel (intercalando versión cada dos temas propios más o menos) la compone un picnic pantagruélico en el que proceden a merendarse hits tan diversos como “Born to Lose” (Heartbreakers), “Shot by Both Sides” (Magazine), “Motorhead”, “Death to the Sickoids” (Subhumans) o “I don’t Care About You” (Fear) igual que quien ataca un bocata de panceta después de una semana sin comer.

El resultado de tal fiesta en forma de hamburguesa de 14 pisos es, y no exagero, uno de los mejores directos que he escuchado jamás. Uno de esos a los que va a haber que ir en peregrinación cada cierto tiempo para no olvidar de qué iba la cosa. Lo digo ahora, recién escuchado un par de veces, y prometo mantenerlo en el futuro, si es que tal cosa existe. El cerdo campeón debe estar reventando de orgullo al otro lado del río. //F.G. Lovecraft


sábado, diciembre 10, 2016

POR DEBAJO DEL BIEN Y DEL MAL (10 años de KAPUT)



Hace diez años empecé este blog (con esta misma imágen). Diez años. Tenía por tanto entonces 31, y si no me falla la memoria había empezado a trabajar en un periódico del ala diestra y había entrado en una de las etapas más tristemente mágicas de mi vida. Mi día a día era caótico, bebía demasiado, quería ser cosas que aún no era y llevaba tres o cuatro años escribiendo en Ruta 66 y un par editando con un amigo nuestro viejo fanzine Kaput, el Kaput en papel, del que salieron cinco números. Las razones por las que empecé con esto me resultan ahora indescifrables, aunque supongo que algo habría de exhibicionismo y algo de un pragmatismo al hilo de los tiempos bastante raro en mí. Lo que me ha aportado es, sin embargo, más claro.

Rara vez un blog dura una década. La red está saturada desde hace tiempo de chatarra interestelar que fue prometedora y quedó en casi nada. Dice mi amigo Juan Terranova que la parte más móvil, maleable y participativa de los blogs, el “comment”, el comentario, no tardó en independizarse y que de ahí surgió Twitter. Es cierto, y es también síntoma de nuestra época, o al menos de la época que acaba de pasar. Queremos comentar, a toda costa, y el elemento sobre el que se comenta es para ello un estorbo cuando es demasiado articulado: el elemento sobre el que se comenta debe ser reducido a su mínima expresión y, a ser posible, ser implícito a un mundo. ¿Qué mundo? El nuestro, por supuesto, es decir, la carcelaria burbuja mental a la que hayamos decidido llamar el mundo.  ¿Leer un texto medio o largo y comentar a partir de él? No, por favor.

No sé si tal situación es buena o mala, pero es. O ha sido. Sé, sin embargo, que yo abrí este KAPUT cuando la explosión del formato ya había pasado, que fui tardío, hasta cierto punto, y que no mucho después llegó la época en la que el feedback empezó a caminar por esos otros senderos. Yo seguí con la tarea, pese a la ausencia de ese feedback, no por fanatismo, sino como el que lleva consigo siempre cuadernos de trabajo (yo los llevo). Nadie espera que bajo su entrada manuscrita del día broten de repente debates y firmas, insultos o halagos. No hace falta. No es esa la misión. Del mismo modo que me sirven los cuadernos, el blog me sirvió, aún en la aparente ausencia de lectores. Me sirvió para reafirmarme en mis motivos cuando el recorrido del periodismo diario me obligaba a tratar materias muy distintas. Me sirvió para hacer una modestísima publicidad de lo que iba publicando en otros medios. Me sirvió para dar rienda suelta a mis manías y acabar sacando de ellas objetos más cuajados. Me sirvió para llegar hasta gente a la que jamás hubiese descubierto de otro modo. Me sirvió, sobre todo, para ir soltando la mano, para ir orbitando con libertad sobre motivos recurrentes hasta pulirlos; para ir pasando de un estilo más o menos cerrado (reseña, crónica) a un estado mental cercano al ensayo. Para relacionar. Para caminar lentamente hacia lo que sería el embrión de una nueva forma mía que, a trancas y barrancas, coaguló finalmente en dos libros y en una nueva revista en papel. Los libros fueron “El puño y la letra” (66rpm, 2013) y el reciente “Santos y francotiradores” (66rpm, 2016). La revista fue nuestra querida Karate Press (KP también, como el Kaput original, y que igual que aquel subsistiría durante cinco números, pero mostrando una profesionalidad, una apertura  y una profundidad mucho mayores).

¿Hubiesen existido esos libros y esa revista sin este modesto blog? No. Lo observo hoy y me doy cuenta de que -además de revelar un empecinamiento y un cierto método que rara vez se me suponen- es la columna vertebral, tenue pero cierta, que me ha servido para sujetar mis obsesiones y encaminarlas a todas como un rebaño en la misma dirección; el hilo de tender donde las he ido colgando a secar.

Ha sido en los blogs, y no está mal recordarlo, en donde se ha desarrollado gran parte de la mejor crítica musical de esa década que contemplamos. La prensa establecida (incluida la que se las daba de medio underground) nunca supo seguirle el paso a esos nuevos modos, más libres, menos sectarios, y se limitó a argumentar una y otra vez que en un blog podía escribir “cualquiera” como si ellos tuviesen, por el contrario, algún baremo de excelencia férreo. No pocas veces les he devuelto con cierta sorna el comentario. Pese a que en esa prensa sobreviven (ninguneadas, a veces) varias plumas de valía, lo cierto es que es en ella donde, parece, puede escribir “cualquiera”.

Así, cuando hace un año y pico coordiné la salida a la luz de Karate Press comprobé que una de mis intuiciones de partida era cierta: había excelentes escritores y críticos que estaban infrautilizados en sus respectivos medios o que directamente carecían de medio. Un nutrido grupo de gente lúcida que, concedida la libertad suficiente para encarar los temas que querían tratar del modo que deseasen, eran capaces de ofrecer material de primerísima magnitud. Los artículos aportados a tan ignota publicación por gente como Mikel Primigenio, David Bizarro, Carlos Lapeña, Héctor G. Barnés, Coronel Mortimer, Félix Frog y otro buen número de individuos están, eso no lo dudo, entre lo mejor que se ha escrito en España sobre músicas arriesgadas y aledaños. Es decir: la materia prima existe. Luego, la necrosis aguda de nuestra prensa musical generalista proviene de errores estructurales, no de falta de talento personal.

Algunos de esos excelentes periodistas habían tenido blogs o similares, o los tienen aún. No debemos menospreciar pues, el papel que ha jugado tal formato, por olvidado u obsoleto que nos parezca a veces, como elemento de maduración y transmisión en un entorno que no siempre le permite a uno escribir donde quiere y, menos aún, escribir sobre aquello que considera imprescindible contar. Yo, a este respecto, tuve la enorme suerte, de encontrarme en 2002 con la persona de Jaime Gonzalo, que sin conocerme de nada y vía mail me permitió arrancar mi “carrera” en el Ruta. A él le debo pues, parte del desastre posterior. La otra parte del mérito es mía y de la vida que he llevado, y de la gente que he conocido y de los días, las copas, los trenes, las ciudades y las miradas.

La solidez se construye. Pero raramente se construye siguiendo los parámetros dados y las doctrinas establecidas. Los campos de juego son necesarios, los patios traseros y los espacios desolados son necesarios. El otro lado de las vías del tren es necesario. La experiencia directa de “lo otro” es necesaria para no acabar siendo una oveja. O, como dijo una vez mi querido Javier Colis, “la experiencia es siempre más montaraz”. La historia de la verdadera prensa cultural de este tiempo no será la de los grupos y los conglomerados, ni la de unos periódicos tan patéticos como rancios. Habrá sido la nuestra. La cuente alguien o no. La resuma alguien o no. La cante alguien o no.

Es una cierta satisfacción, para que negarlo, haber puesto mi grano de arena durante una década francamente turbulenta y divertida.

No diré que lo hice por vosotros, lo hice por mí. Pero espero que a vosotros os haya servido de algo también.

Salud. 

Por vuestro viaje.

jueves, noviembre 17, 2016

LITTLE COBRAS - "Fire Monkey" (Clifford Records, 2016)



Como bien sabe el primo de Charles Manson (en la foto), hacer discos de Rock&Roll navajero casi perfectos está al alcance de muy pocos. Igual que sobrevivir vocacionalmente en la basura o divertirse en la guerra, es un grado de psicopatía aplicada difícil de alcanzar. Los gaditanos Little Cobras impactan de lleno en ese nivel con Fire Monkey que, cual hot-rod cargado de gasolina, se pasa de frenada, vuelca y estalla en una bola de fuego que arrasa tu garito. Concisos, enervados, incinerantes, pueden usar ya el chascarrillo de Lemmy con todo el derecho y la chulería: “Somos Little Cobras y tocamos Rock&Roll”. Aunque ellos estén bastante más cerca de Oblivians, por poner un ejemplo de perfección en el desguace.

Por mucho que su anterior Songs for Dogs and Planets les mostrase ya fibrosos y eficaces, aquí la progresión es meteórica. Con menos rodeos, directísimo al grano (sólo un tema por encima de los tres minutos) el Mono de Fuego los retrata en estado de gracia, en el centro mismo del Rock&Roll de raíz blues y visceral urgencia punk, sintéticos, brutales y capaces de hacerte un siete con la única ayuda de un hierro oxidado. 

Tienen a los Cramps en una mano y a Gun Club en la otra, lo que implica que a la espalda va todo el blues cabrón que uno quiera, como se puede comprobar muy claramente, por ejemplo, en un “Barstool Boogie Spree” que abreva en el pantano tóxico. Pero también son capaces de beberse ese veneno embotellado en cristal, como en “Bubble”, adornada por coros de chicle usado. O de entregarse a un paroxismo animal, cual Trashmen blindados, con el tema que da título. O de bajar a la chatarrería, con “Carajillo” y rematar el paseo en el ejercicio de casquería fina y flores ensangrentadas que es “The Butcher” (Leonard Cohen, sí), mirando a Hank Williams por el rabillo del ojo en inyectando melodía oscura. Eso, por no hablar de “Too Much Paranoia”, que sería una perfecta canción de psicodelia ácida, de esas que hacían en el sótano los Screaming Trees del principio, si no hubiesen decidirlo ejecutarla en seco con un disparo de minuto y medio.

Mención añadida para una preciosa portada, original, lejos del tópico, que redondea la jugada. Y a la gente de Clifford Records que lo ha sacado a la calle porque era necesario. Francamente, te diría que ya no se hacen discos así si no fuera porque éste es de ahora mismo. Pájaros y monos ardiendo, con el inconfundible aullido de la diversión ciega y la insatisfacción congénita. Sexo y muerte en el diner de El puerto de Santa María. Un diez.

(Esta reseña, con ligeras diferencias, fue publicada originalmente en la revista KARATE PRESS #4)

martes, octubre 11, 2016

SANTOS Y FRANCOTIRADORES (la cabalgata)


El otro día me senté y escribí un libro. Luego 66RPM tuvo el acierto de publicarlo. Se llama "Santos y francotiradores", lo pueden encontrar en esos sitios raros llamados librerías y estos son algunos de los responsables de que exista, en bonito desfile auditivo/visual... Disfruten...

Naja Naja

 

Rafael Berrio

 

Fernando Alfaro

  

Josele Santiago

 


Javier Colis

 

Mursego

 

Alberto Acinas

 

Cuchillo de Fuego

 

Marco Serrato

 


Orthodox
 


Dorian Vian




Pablo Cobollo

 


Sonia Barba

 

Blooming Látigo

 


Fabuloso Combo Espectro




viernes, septiembre 30, 2016

KARATE PRESS #4 - ZENEMIGO A LAS PUERTAS


Pese a los rumores de desintegración interna, lucha entre facciones e implosión feroz, lo cierto es que KARATE PRESS #4 verá la luz este mes de octubre llenito hasta los topes de la habitual chatarra orbital. El gabinete de crisis está cerrando algunas presentaciones con dos de nuestras bandas favoritas. Por el momento, confirmamos que los imponentes NAJA NAJA estarán con nosotros en el Liceo Mutante el 22 de octubre (y que sea lo que Cthulhu quiera). Han facturado uno de los mejores discos de lo que va de año en las galaxias conocidas y además son bien simpáticos. No se los pierdan. 

sábado, septiembre 17, 2016

GG ALLIN - "My first ten years"

Esto para los que sepáis inglés y penséis que tuvisteis una infancia difícil, "Mis primeros diez años", por GG ALLIN:



The rst 5 years of my life were infested with sickness & violence. It consisted of living in a log cabin in the northern woods of New Hampshire with father, mother & brother. It was an extremely real, primitive, anti-social existence with no running water, little heat, and unbearably claustrophobic. We boiled water, laundered, and bathed in a very tiny, chipped sink. I was immensely sick with asthma, always ghting to breathe amidst emotionally uncomfortable conditions within a cabin where the wall colours were that of the ever-peeling paint strips. We lived in darkness. Father hated light. He also didn't care much for the company of other people. The surrounding air was suffocated in eerie tensions, lled with violence, despair and endless destruction. We were more like prisoners than a family. We were prisoners to father, and father was a prisoner of himself.

He always had planned to kill my brother and I, then commit suicide with mother. This was brought to our attention on many a blistering occasion. Father despised pleasures around the cabin and would consciously not allow any enjoyable items to enter into our home. If he found anything in our possessions that we enjoyed, he would take it out in the woods behind the cabin and bury it. We were allowed very little contact with others, we had no phone, and activities were limited. If someone came by to visit, we would all be made to hide or pay severe consequences. So we would hide. But it developed into our world. It's all we knew at the time. If mother ever refused him sex, he would furiously drag the bed out onto the grounds and burn it, setting it on re as if all our souls werealive in the ames.

Towards the end of a long, barbaric 5 years, mother was plotting to engage in our escape. She had previously tried but I was kidnapped in the failed attempt. But nally one day when father was at work in the papermill, mother packed us up swiftly leaving behind everything that could not be carried and we then escaped. Leaving behind the first 5 years of my life. A 5 years that would be scratched into my soul for eternity. The rst things she did soon after were to divorce father and change my name from Jesus Christ Allin to Kevin Michael Allin. But more violent confrontations followed throughout the years. Mother started dating men with a flair for guns and mayhem. We were again held at gunpoint on occasions and threatened by death. But mother was getting tougher. She dragged brother and I through all of these hardships & chaos and raised us despite all of the many complications and sacrices in her life.

I began hating, not trusting, ghting, and feeling very distant to everyone and everything. At a very early age. I observed the world around me as amere movie. A movie full of culprits and phonies. I was the leading man outside of the screen with a hammer just waiting for my chance to smash it all to oblivion. I became introverted, keeping things locked up inside the inner fractions of my ever-expanding brain map. I hung out and did what I had to do to survive in any situation.

Brother and I became partners in drug dealing and theft. I never felt like I belonged around anyone, I was never intimidated. I felt superior. I hated school and all the other students. In the very early days of schooling I would purposely piss my pants so the teachers would send me home. In later days I would just say fuck it, and never go, choosing to break into houses or cars in parking lots to amuse myself and my ances. My principal once told me that I was a penny waiting for change. But I suspect that I irritated him probably because I was making more money than he was. 

I also had predetermined very early in life that I obtained a special, very powerful soul that nobody could or would conceive or be able to stop me from achieving whatever I wanted. An irritating re was building up inside of me from a seed that was planted at my birth. It was now starting to blossom. Evil res and powerful conclusions were alive and spreading like wildre within my burning, dark soul. Nothing around me would ever compete again. Bizarre personalities were awakening within. Personalities that later in life would have me visiting a psychiatrist. I was encouraged to go by the people around me. But I refused to let it penetrate, for I knew who Iwas even if nobody else did. I would prevail and accelerate over their unimportant, boring, stagnating lives. I realize now that these personalities were the demons living inside of me. I welcomed them as my friends. Later in life I would have intercourse with the devil himself.

I learned how to manipulate people very early in life, I had to. I could always make anyone believe what I had to make them believe. But the bottom line was, when you turn your back, I'll stab you in it. I also enjoyed wearing mother's clothes as well. Men's clothes were boring and unimaginative. I was a wild child who wanted to look outrageous and bright, even if I was lled with inner darkness and machine gun thoughts. Sexual abnormalities were awakening. I liked to play under the table when mother had company, while the folks were playing cards, etc. I would crawl beneath the table to check out the tightly tted panties and fantasize. Soon fantasy became reality. I got off sucking the crusty cunt scrapings of mother's panties and later, on my aunt's, for that matter, anywhere I would go. I would raid hampers, garbage cans, and toilets for panties, snot rags, piss, shit, bloody rags, etc. If female company came over I would always fix the toilet so it wouldn't flush. That way Icould go in afterwards and feast on body fluids while jerking off. Later in life I would hang out at sleazy bars and bus stations collecting jars of piss and defecation for my sexual habits. I was always masturbating. All throughout my school years I had a constant erection. The rst sex I had with another human was with brother. But later in life sexual confrontations with the smelliest of prostitutes, living and dead animals would prevail. I always felt like my parents must have found me on the ground somewhere and that the darkness of night came from an alien storm, leaving me from another galaxy on the back grounds of that broken down cabin...

CONCLUSION: My demons, inner strengths and physical battles have guided me through life. My demons and I are not compatible. We never have been and never will be. We invite you to danger, and possibly, DEATH. We want your blood, then we want you to vanish... I guess after all I must be my father's son, I am the second coming of Jesus Christ through aim and constant re…


miércoles, septiembre 14, 2016

SANTOS Y FRANCOTIRADORES


Un día de estos os contaré el agónico proceso que llevó hasta aquí, pero hoy voy a limitarme a regodearme en el triunfo (mientras Alfaro me observa). Salud, hermanos.


miércoles, agosto 10, 2016

33 propuestas para un paraíso encontrado


(Foto cortesía de Daniel Turrado Álvarez)

Facebook (tan útil para algunas cosas pero tan pérdida de tiempo, a menudo), sirve muy bien para aislar ese tumor gigante de la nostalgia. Todos los días decenas de personas postean vídeos o temas de alguna banda del pasado junto a la consabida afirmación: “los buenos tiempos”; o “ya no quedan bandas así”. El mensaje es simple: “echo de menos la época en la que aún se me levantaba, cuando podía descerebrarme a gusto con mis colegas en primera fila de un bolo de los Hellacopters y drogarme sin que me echaran la bulla. Ahora que no estoy en esas, todos los que seguís haciendo cosas así sois unos idiotas porque, en realidad, cuando yo dejé de pisar la calle, todo acabó”. La industria del disco (lo que queda de ella) vive exactamente de esa fuente de cretinismo donde se reúnen a abrevar entes antaño despiertos. Las reediciones de lujo, las reuniones de viejas glorias y otros patéticos apaños a costa de tus erecciones pasadas, las cajitas deluxe con cuatro monadas maqueteras añadidas, el americana soporífero adaptable a la siesta del niño y a tu propio sentido blandamente “crepuscular” de la vida... Hay alpiste para todos. Mientras, las mejores bandas de rock (y aledaños) del país pasan, haciendo música estratosférica y sin comerse un rosco. El paraíso perdido de la música española jamás existió. El paraíso es hoy, y sucede en la sombra, mientras los presuntos sociólogos de nuevo cuño se empachan de “Movida” (aún) y Nacho Vegas reprende a Ada Colau acertando de milagro con la realidad: todo es un patio de colegio. Aquí quedan 33 recomendaciones, pues (que hemos tratado en Karate Press o trataremos en breve), contra ese abuelario lleno de gente de treinta, cuarenta y cincuenta que entendió que de la juventud se pasaba directamente a la vejez. Hubieran podido ser otras 33 distintas, porque la cosa está que arde, amigos. Por suerte vosotros tenéis aire acondicionado y ni os enteráis. 


1. Blooming Látigo – “Disciplina noxa” (Knockturne, 2015): Oscuros y encabritados, milimétricos pero al tiempo liberadores para quien los escucha sin prejuicios, la banda empezó chupando de la raíz más libre del post hardcore americano de los 90 y ha terminado por labrarse un espacio propio tan original como rico en matices. Una apisonadora en directo, su soberbio segundo largo es por derecho uno de los mejores discos de caña inteligente de nuestra historia musical.

2. Little Cobras – “Fire Monkey” (2016): Subiendo de categoría desde la humildad y el oficio, siempre a la sombra de los Cramps (cada vez más lejana) y cada vez más bajo el paraguas de bandas heterodoxas como Gun Club. Su nuevo disco (que se publicará pronto) es un paso de gigante: “Songs for Dogs and Planets”, su anterior esfuerzo, estaba francamente bien, pero le faltaba algo de sutura exacta en las costuras. Aquí, en cambio, el golem corre detrás de ti con envidiable soltura, al ritmo espasmódico de unas guitarras gloriosamente imperfectas.

3. Naja Naja – “Naja Naja” (Knocturne, 2016): Válidos igual para amantes enfermos de suicide, para adoradores de New Order y para simples buscadores de joyas pop en estado de histeria, el dúo sevillano abre su carrera con un discazo redondo. Sueños maquinales de liberación formulados con una distancia intelectual tan fría que quema. Imprescindibles.

4. Viva Bazooka – “Beso Mata Banda Bang” (Politburo Recording Fiasco/Cosmic tentacles, 2014): Inclasificables desde su nacimiento y una de las mejores bandas de directo que he tenido la suerte de ver, los Bazooka son una de esas ententes que surgen completas desde una dimensión paralela y desaparecerán sin dejar hijos, aparte de un puñado de discos impagables como este. Únicos.

5. Killerkume – “Industrial Sunbath” (2016): En racha creativa y en crecimiento acelerado, el presente contempla a los vascos abriéndose al jazz desde unos inicios que se anclaban en el riff pétreo y dominante. Si su anterior trabajo, “Trautzer Blaster”, ejemplificaba aquel imperio mastodóntico aunque inteligente, el nuevo da fe de esa evolución rapidísima hacia terrenos propios, por suerte para todos difíciles de clasificar.

6. Gentemayor – “Gentemayor” (2016): Desde Cádiz, sorpresón. Feistas, a medias cartílago noise y descerebre sintético, su primer disco homónimo debería ser tenido en cuenta como uno de los sopapos a mano abierta mejor dados de los últimos años. Como Devo perdidos en la catacumba donde ensayaban Cop Shoot Cop. Si vas a dedicarte a las drogas porque has concluido –inteligentemente- que es lo único que tiene sentido, empieza por aquí.

7. Alberto Acinas – “Cada cual con su mal” (2015): luminoso y poético, cotidiano y asilvestrado. Haciendo las cosas como le salen y saliéndole las cosas bien, Acinas es un genio cuando menos se lo propone. Por ejemplo en este excelente EP de folk vitalista y letras perfectas. Para cualquiera abierto de miras.

8. Mursego – “Hiru” (2013): Maite se ha labrado un prestigio más que merecido con tres discos consecutivos  divertidísimos y en progresión, donde amalgama tradición y modernidad creando folk del presente. Puede hacer una canción con cualquier cosa y nunca le sale mal, y en “Hiru” llega a un envidiable estado de madurez. Sobresaliente.

9. Rafael Berrio – “Paradoja” (Warner, 2016): No debería hacer falta decir nada a estas alturas sobre el mejor escritor de canciones poéticas y narrativas de este país, pero parece que sí, que hay que decirlo: sencillamente descomunal. Más info, AQUÍ.

10. Cabalgata Cósmica – “Obscenus EP” (2015): trío de psicodelia pesada de Valencia con poco que envidiar a los nombres sacrosantos del género. Para amantes de las cabalgadas tóxicas de guitarra opiácea o ácida, según se tercie, y del sentido del humor encabronado (títulos como “Me cago en tu aura” son casi un comentario sobre una escena completa).

11. Kaiten – “VL-Tone” (2016): Pioneros de un post rock reforzado, de rítmica poliédrica y guitarras de amianto, Kaiten tienen un disco soberbio de hace unos años que cualquier fan de Shellac, Jesus Lizard y demás bestias pardas noventeras debería tener en un altarcito. Regresan, más recogidos pero igual de punzantes, con este EP de cuatro canciones donde se meriendan a Waits (Red Shoes) y a Suicide (Rocket USA) y añaden dos postales desde la cueva muy a tener en cuenta. Demuestran, de nuevo, que son capaces de procesar decenas de influencias sin dejar de sonar propios y excepcionales. Queremos más.

12. Marrones burócratas – “Mundo Libre” (2016): En algún lugar equidistante entre Magnetic Fields, el Sr. Chinarro de principios de siglo y los Felice Brothers de "Tonight at the Arizona". Capaces de hacer crítica sociopolítica con elegancia y moderación y de ejercer la bisutería pop sin ser ñoños, como dignos orfebres de una tradición variadísima y disfrutable. Nuestra reseña, AQUÍ.

13. Melange – “Melange” (Discos Tere, 2016): De musicazos como los que integran Melange se podía esperar lo que han dado: un disco redondo. Derivativos y mirando al pasado del folklore hispano, saben actualizarlo con tino, y, paradójicamente, acaban teniendo la formulación espléndida, gomosa y opiácea de los clásicos atemporales. Psicodelia de raíz.

14. Muerte Mortal – “Muerte Mortal” (2015): “Vainica Division”, decía una amiga, acertadamente. “Tan paladeable y contradictorio como un helado envuelto en tempura”, añadía The MPress, también acertadamente. Letras  lúcidas en su alterada cotidianeidad, el bajo mandando y las guitarras experimentando en segundo plano para un disco perfecto en su modestia.

15. El Legado – “El Legado” (El Beasto, 2016): Al cuello y sin misericordia, El Legado regresan haciendo lo que siempre hicieron bien. Una apisonadora de Rock&Roll de acero forjado, con un ojo puesto en Dictators y otro en MC5. Bendita bizquera. La verdad y las guitarras por delante.

16. Thee Boas – “Word 1” (El Beasto, Mag Pie Norhtwest Records, 2015): A caballo del ramalazo aural de los stooges, recogiendo la bajona de Asheton y convirtiéndola en gasolina de hot rod espacial, Thee Boas firman su primer y esperado trabajo desde el local de ensayo de unos años atrás. Es arisco y venenoso, y flotante, y necesitamos más.
  
17. Ded Routines: Mascando a Rowland S. Howard, Scientists, Swell Maps y Dead Moon en el mismo chicle, y pendientes todavía de publicar un LP en condiciones, los de A Guarda son el secreto mejor guardado de una Galicia de bandas tan brillantes como, a veces, fugaces. Si no autocombustionan antes de conseguirlo, sabrás de ellos.

18. Fiera – “Déjese llevar” (El Rancho, 2010): recomendamos la larga entrevista publicada en Karate Press #3 por Emilio Cascajosa para adentrarse en el strange & frightening world de Fiera, un paseo de raíz postpunk y ácidamente incisivo por la Sevilla oculta. Patios traseros, activismo interdisciplinar y sarcasmo de supervivencia.

19. Juventud Infinita – “Juventud Infinita (2015): Un discazo de hardcore libre y arisco. Algo más inusual de lo que uno podría pensar. Nuestra reseña AQUÍ.

20. Robots – “Fuego derretido” (2015): Ese disco de punk crudo pero elegante que todos quisimos hacer alguna vez mientras escuchábamos a los Pistols y a Wire en nuestros escondrijos. Ellos lo han hecho. Buen principio para seguir los distintos proyectos dela mente inquieta de Holy.

21. Miraflores – “Miraflores” (Happy Place Records, 2014): Favoritos de esta casa por muy diversas razones. Por el momento tiran de un disco que ya tiene un par de años pero que aguanta estupendamente porque vive en ese vórtice donde Scientists, Beasts of Bourbon y The Fall se toman unos tragos de lejía mientras el mundo arde. La cosa es el pantano.

22. Niño de Elche - “Voces del Extremo” (2015): Pocos comentarios hacen falta sobre él, a estas alturas, ahora que un raro consenso de prensas “independientes” y “mainstream” (no sé si sigue habiendo diferencia, la verdad) lo han convertido en la nueva sensación alternativa. Pero no está de más recordar que su disco “Voces del extremo” sigue siendo una obra mayor en la historia musical de España y que le queda mucho, mucho por decir. O eso esperamos.

23. La Femme Fakir – “La Femme Fakir” (Luscinia, 2015): El núcleo de aquella banda soberbia que fueron Los Cuantos contraataca pasándose al castellano y cuajando un disco libérrimo, politizado y plástico que el tiempo engrandecerá. Oscuros, rítmicos y con las guitarras en estadio de gracia, otro fruto eponzoñado del Madrid subterráneo, siempre en ebullición.

24. Javier Colis – “Nadie en el Espejo” (Luscinia, 2016): Javier, siempre sobresaliente, entrega la primera obra maestra absoluta de 2016, mejorando, aunque parezca increíble, todo un pasado de aciertos artísticos.

25. Esquelas – “Un pozo lleno de anzuelos” (Bestiarie, 2015): Hay una España de electrónica, oscura y marginal que pueden ustedes empezar a descubrir desde el disco de los coruñeses, tan opaco como elegante, casi subliminal en su amenaza.

26. El Lobo en tu puerta – “Grabaciones sumergidas” (Knockturne, 2015): De como mezclar el blues con el metal trotón, los Beastie Boys y lo que a uno se le ocurra, cantarlo todo en castellano y que sea un pelotazo incluso para el más escéptico. Expeditivos y gloriosamente altos en colesterol.

27. Buoio Mondo - “Italia Violenta” (Cosmic Tentacles, 2016): “Entre John Carpenter y Goblin”, decían de ellos en Cosmic Tentacles. Ahí es ná. Malos sueños de serie B, sangre saturada y neblinas sexualmente inciertas para un trabajo tan tributario como fascinante.

28. Dogbeats – “Rock&Roll Tsunami” (Rufus Recordings, 2015): Lo dice el título y ellos lo refrendan con doce pelotazos que siguen la sana tradición punk de no dejar títere con cabeza. Envenenados de tradición australiana vía Birdman y escandinava vía Hellacopters, y siempre con el pie en el acelerador. Punk&roll purasangre desde Benidorm, sin city.

29. A.L. Guillén – “La Noche” (Plus Timbre, 2016): Interesantísimo ejercicio de experimentación de vanguardia. Desprográmese usted y disfrute del sonido desenmascarado (y del silencio).

30. PYLAR – “He venydo a reclamar my trono” (Knocturne, 2016): Arcanos, paganos y otros hermanos. Quizá, con Orthodox, la banda más cuajada y original de las que trabajan sobre el mito poético (y empiezan a ser legión). Una negación del “tiempo lineal” que da sus frutos en discos-río tan difíciles como renovadores. (ver artículo en karate Press #1)

31. Orthodox - “Axis” (Alone Records, 2016): Ya lo dijimos hace poco: “Lo suyo, a día de hoy —como lo de Pasolini o como lo del Friedrich Dürrenmatt que escribiera La Muerte de la Pitia— parece ser una regresión a un mundo clásico muy distinto al que nos contaron las películas comerciales. Un mundo de piedra, agua y metales trabajados aún toscamente. Un mundo de pasiones, arrebatos y miedos esenciales". Desde el metal al folk retrovisionario, imprescindibles buceos en la psique colectiva. Nuestra reseña completa, AQUÍ.
  
32. Los Nitxos – “Carnalito” (Politburó recording Fiasco,2015): Desde Gasteiz. O desde la celda anegada donde se ahoga eternamente Ian Curtis, dándole ritmo al desastre. Grupazo del que se habla menos de lo que merecen.

33. Cuchillo de Fuego - "Triple España" (Amawisca, 2014): Hardcore reformulado y aguda observación social en uno de los mejores debuts en largo que recuerdo. Los entrevistamos extensamente AQUÍ.

domingo, marzo 13, 2016

Marrones Burócratas - "Mundo Libre"



Alguien se sorprendió el otro día cuando le comenté lo mucho que me gustaba Mundo Libre, el nuevo artefacto (seis canciones) de Marrones Burócratas. Le hubiera podido explicar que pese a mis pintas de pipa de High on Fire en horas bajas, soy capaz de entender ese pop lo-fi inteligente, frío y costumbrista, precozmente nostálgico y alimentado con retazos bien digeridos de «americana». Pero da igual.

«Diez años después / eres viejo como yo / enterrado de ocho a seis / Nos veremos otra vez / en otra sala de conciertos / empapados en sudor», cantan en la estupenda «VCY», que los sitúa en algún lugar equidistante entre Magnetic Fields y el Sr. Chinarro de principios de siglo, pero muy suyo. Es esa una canción soberbia, igual que la áspera «Cadáver» que me trajo a la mente a «Roll on Arte», aquel temazo incluido en mi disco americano favorito de los últimos diez años, Tonight at the Arizona, de Felice Brothers. Valdrían las dos para justificar el trabajo, pero apreciables son también las dos tomas de «Mundo Libre», donde hacen crítica sociopolítica con elegancia y moderación («Yo voy a quedarme en mi salón / tocando clásicos del pop / soy un blanco gordo y occidental / en el fondo nunca me irá mal»). Cierran el trabajo «Máquina» y «Misterios». La primera es un botón de bisutería pop, agridulce psicodelia reducida al hueso provocada acaso por la ingesta excesiva de clásicos ingleses antes de dormir. La segunda, cantada en gallego, me resulta la pieza más prescindible del lote, pero no logra empañar el excelente regusto general.

Así, sorprendido gratamente, procedo a revisar el resto de lo publicado por el grupo y descubro que hay otros cuatro discos, nada menos. Dormitorio (2014), El buen perder (2013), Doce meses doce causas perdidas (2010) y Salvemos a los bosques de sí mismos (2009) muestran otras caras de la banda no menos interesantes. Ya en el primero de esa lista las aproximaciones se multiplican, lo mismo cristales de hielo de sombrío rastro pop (la casi perfecta «La canción del odio») que rondallas eurocéntricas; igual momentos de extrañeza demasiado familiar como «Farla barata» que vuelos sobre los Big Star más desmayados, aquellos de la segunda mitad de Sister Lovers («Adiós).

Música casera, sensible, variadísima, directa a veces, evanescente otras, que probablemente gane -aún más- cuando se libere de su subyacente necesidad de resultar ingeniosa y crípticamente referencial. O quizá esas cosas sean una virtud. En este caso, dudo. Sea como sea, la capacidad de hacer grandes canciones sigue siendo un don escaso, y estos tres (actualmente, según la información de su bandcamp, Ruben Abad, Toño Rodríguez y Elena Vázquez) la tienen.

Otro día seguiré glosando sus virtudes, que ahora me espera Matt Pike en el jacuzzi. Vamos a pintarnos las uñas de los pies de violeta y a fumarnos unos chinos. Por si acaso.

//K. Malapraxis

POISON IDEA - "Confuse and Conquer" / LONG KNIFE - "Meditations on Self Destruction"



Sin material nuevo desde la muerte en 2006 de su guitarrista, el inefable y pantagruélico Pig Champion, daba por finiquitados a los legendarios Poison Idea. Pero hete aquí que han vuelto y que su último disco está a la altura (y anchura) de su leyenda. Confuse and Conquer -cuyo título indica ya esa preocupación política que siempre ha acompañado, pero no dominado, la saturada y explosiva receta de las bestias de Portland- es media hora de lo de siempre, es decir: punk mayúsculo de alto colesterol, explícito como una coz en la boca y con médula rock&roll, aunque sus maneras rocen a menudo el hardcore. 

Permanece el alma del cotarro, el vocalista Jerry A. (más delgado, con la misma mala baba de siempre chorreándole por la mandíbula, la voz inconfundible, el fraseo en forma), y la banda recupera a Eric «Vegetable» Olson, uno de sus primeros guitarras, e incorpora chavalería renovada para conseguir la muy, muy difícil tarea de no dejarse aplastar por la sombra de los logros del pasado. No diré que este disco sea mejor, ni siquiera igual, que los picos de la banda, aquellos definitivos y fundacionales Blank, Blackout, Vacant y Feel the Darkness, pero mantiene el tipo a su lado, lo cual ya es sorprendente.

Virtud de Poison Idea fue siempre el ser una bestia única pese a su aparente simpleza. Lo conseguían con ingredientes variados: tenían unas letras por encima de la media que aunaban política, calle y nihilismo. Tenían, también, un armazón rítmico demoledor coronado por un guitarrista prodigioso, el citado Pig Champion, más de doscientos kilos de killer guitar de las que marcan a fuego. Tenían la sorna, el humor, la violencia y el «I don’t give a fuck» tatuado en la frente. Tenían el punch y —a su manera— los estribillos. A tenor de este disco, de algún modo siguen teniendo todo eso. Los tiempos han cambiado y puede que lo que en su momento era impactante haya ido acercándose a una fórmula, pero esa fórmula es suya y sólo suya y la siguen bordando: la mala hostia permanece intacta y brillante como un cuchillo de doble hoja.




Y ya que hablamos de cuchillos, lleguemos hasta Long Knife, banda también de Portland que por momentos parece casi un calco de los Idea de la mejor cosecha. Interrogado sobre el extraordinario parecido, Jerry A. se limitó a decir que los conocía, que le molaban y que «el talento copia, el genio roba». Signifique lo que signifique, el segundo largo del cuchillo es un disco prodigioso y proteínico: carnaza sangrante trinchada por guitarras en estado de gracia y que puede mirar cara a cara a su modelo sin tener que bajar la vista. Meditations on Self Destruction, cromado, impactante y malencarado, es un ejercicio de shock punk que los hubiese consagado de inmediato si hubiese sido parido a finales de los 80 y si sus padres espirituales no hubiesen existido. Pese a todo, sigue siendo un disco mastodóntico y casi perfecto.

Sería injusto, de hecho, quedarnos sólo con los parecidos, por obvios que sean (en temas apabullantes como la inicial «Exile» o «Soul On Fire»). Primero porque la copia es probablemente la médula de cualquier arte (y, como decía aquel, todo lo que no es tradición es plagio). Segundo porque el cuchillo largo tiene incrustaciones de personalidad propia evidentes a segunda o tercera escucha. En «Dressing Up A Drunk», por ejemplo, se marca un elemento melódico particular, y en algún otro tema, como «Sharpened Bone», tanto la estructura como las guitarras comienzan a diferir, mostrando indicios de vida propia suficientes para darles el voto de confianza. Como parte de una tradición, el resultado obtenido con estas meditaciones sobre la autodestrucción es un eslabón más, pero reforzado con titanio. Como disco en sí, su equilibrio es magistral: ni un tema malo, muchos sobresalientes, trabajo de guitarras más que notable y esa variedad dentro del tono homogéneo que sólo se consigue con estructuras internas muy trabajadas, cuidadas al detalle y a su manera complejas para una banda de -supuestamente- simple punk. Un preciso y cabreado misil tierra-tierra que tumba lo que pille por medio.

Ahora que Lemmy ha muerto, no está de más recordar que una de las grandes cosas que consiguió con Motörhead fue abrir el paso a toda una generación de bandas embrutecidas y diáfanas de punk de alta cilindrada -ese que no hace ascos a la técnica pero la mantiene a salvo del kitsch del jevi metal-. Bandas como estas que, a la postre -desde finales de los 80 hasta ahora- han terminado haciendo discos mucho más interesantes que los de los mismos Mötorhead. Encuentro en YouTube un vídeo de Jerry en algún patio trasero en el que quema el cuaderno con todas las letras del disco en un acto más de indiferencia y de independencia. A él le debemos también unas cuantas cosas. Inyectar pensamiento e inteligencia política en unos modos musicales que con el viejo Lem no pasaban de albergar cerveza, serpientes y tipas con las tetas grandes es una de ellas. Larga vida, pues.

//K. Malapraxis


ORTHODOX - "Axis" (Alone Records)



Es difícil seguir toda la producción de los dos elementos que componen Orthodox a día de hoy, Marco Serrato y Borja Díaz. Sus excursiones siempre fructíferas lejos de la banda madre (Blooming Látigo, Hidden Forces Trío y otro puñado de majaradas imprescindibles) darían para llenar entera esta revista. Es satisfactorio, sin embargo, comprobar que no se han olvidado de ese origen y que su trabajo en el proyecto original sigue guiado por un ansia inusual de no repetirse.

Las etiquetas (doom de vamguardia, o lo que sea) se quedaron cortas para definirlos hace tiempo, más o menos cuando publicaron su segundo disco, el prodigioso y evocador Amanecer en puerta oscura, y de eso hace ya casi nueve años. Con Axis (y con su anterior burrada experimental Demonio del Mediodía, junto a Aquileas Po y a Xavier Castroviejo) vuelven a demostrar que el bicho es inclasificable. ¿Metal? Vale, pero mucho más. Si el jazz fuese aún digno de su fama, se podría decir que aquí hay jazz, pero prefiero la libertad de la palabra «experimento», sin más etiquetas, para describir lo que hacen en piezas tan libres como «Axis-Equinox», donde por un momento enfermizo y violento recuperan el tono procesional de su otra obra maestra Sentencia (2009). O para acercarme al poseído arranque tribal de «¡lo, Sabacio, lo, lo!» donde el contrabajo sostiene el paroxismo de un ritual desconocido. O para dejarme llevar por «…Y a ella será revelado» y su artesanía proveniente de otra era.

No es menos poderosa la parte más «reconocible» del disco: potentísimos en temas como «Crown for a mole», con el bajo achicharrado y las baterías sin bridas, o «Canícula»; profundos en «Medea», que podría haber acompañado perfectamente al paisaje terroso, mediterráneo y quemado del Edipo Rey de Pasolini; crudamente agrestes en «Portum Sirenes»... Pero incluso en esos temas más estrictamente metálicos, Orthodox juegan en otra liga, incapaces ya de adaptarse a un canon, demasiado originales, para bien o para mal.

Lo suyo, a día de hoy —como lo de Pasolini o como lo del Friedrich Dürrenmatt que escribiera La Muerte de la Pitia— parece ser una regresión a un mundo clásico muy distinto al que nos contaron las películas comerciales. Un mundo de piedra, agua y metales trabajados aún toscamente. Un mundo de pasiones, arrebatos y miedos esenciales. «Por entonces, cuando el alma era todavía inmortal», dice Lichtemberg. En ese «por entonces» parece compuesto e interpretado este disco extraordinario, aunque lo cierto es que ha nacido en la Sevilla de 2015. Suerte para nosotros, que lo podemos disfrutar.

(excelente portada, por cierto, de Gonzalo Santana)

//K. Malapraxis

miércoles, febrero 10, 2016

OPEN HOUSE



Todo empezó en el convento, echando unos pitillos, dándole vueltas a la vieja idea. Planes de fuga hacia delante. Hace un año anunciamos aquí que la actividad de Kaput se ralentizaría para volcar nuestros esfuerzos en una nueva revista en cuya creación andábamos envueltos. Y así fue: apenas se ha escrito aquí nada en ese año, pero hemos conseguido que esa nueva publicación, Karate Press, sea una realidad.

Los números cero, uno y dos nos han dejado el buen regusto de las cosas hechas con las tripas y –esperamos- también con algo de cabeza, y la satisfacción de una respuesta minoritaria pero entusiasta. Hemos conseguido, sospecho, algo poco común en su aparente normalidad: una revista en papel que se escribe desde ese territorio intermedio y poco definida en el que lo musical se cruza con otras disciplinas. Un intento de dar visibilidad a determinadas propuestas y de hacer periodismo de largo alcance, original y sin ataduras; sin exclusiones pero basado, lógicamente, en nuestra biografía y nuestro gusto: hablamos de lo que nos da la gana, ni más ni menos. Hablamos de lo que consideramos necesario. Y lo necesario, para nosotros, está a menudo, como reza nuestro lema, bajo tierra.

No es, pues, que la filosofía de Karate Press sea muy distinta a la que teníamos cuando este blog aún no existía y Kaput era sólo un fanzine hecho a cuatro manos (con mi buen amigo J.A. Pérez, que sigue en el barco). Pero hay diferencias sustanciales, y, ya metidos de lleno en la confección de la siguiente entrega, es quizá momento de parar un segundo, mirar atrás, evaluar y dar las gracias. Al público, sin duda, y a la tripulación. Y es que la primera de esas diferencias sustanciales es, sin duda, que esa “biografía” que une los contenidos y guía el camino no es ya la de dos colgados encerrados en un cuartucho drenando sus fobias y filias personales: la larga lista de gente que ha trabajado para que esta idea suicida saliese adelante, vivita y coleando, convierte a la revista en un trabajo eminentemente comunal, en un cerebro conjunto.

Algunos de los que han aportado materia gris a esa unión son plumas de sobra conocidas del periodismo musical español, como Jaime Gonzalo, Esteban Hernández o Eduardo Ranedo. Otros, como Mareike Philipp, El Ciento, Coronel Mortimer, Sebensuí A. Sánchez o Alfredo Caro eran casi novatos al llegar, pero han terminado por entregar algunos de los mejores artículos que hemos publicado. Entre ambos polos están inapelables escritores de raza que caminan hacia su plenitud como el siempre ácido y pertinente Emilio Cascajosa (con quien estaremos en deuda eterna por su apoyo en todos los frentes); o Carlos Lapeña, por cuyas clases magistrales sobre “clásica underground” ya hubiese valido la pena todo el proyecto; o Mikel Primigenio, responsable de la excelente web/sello/promotora Cosmic Tentacles, que aportó su soberbia trilogía sobre metal extremo; o de Félix Frog, nuestro experto en cómic y mugrienta chatarra musical; o David Bizarro, para mí el mejor periodista “musical” joven del país. Pongo lo de musical entre comillas, en su caso, porque lo suyo va bastante más allá de lo simplemente sonoro, como demostró en ese soberbio crossover abisal llamado “Semente de Cthulhu” con el que nos obsequió en el segundo número (y cuya secuela esperamos impacientes). No olvidemos tampoco el apoyo incondicional de Barbara Pistoia, Laura Camargo y Juan Terranova, que desde el otro lado del charco han apostado porque esto valía la pena con excelentes trabajos, y de otro puñado de mentes preclaras como Xavo Ros, Coronel Franz, Ray-Mond Fernández o Nacho Pérez que han aportado sus ajustadas visiones de manera más puntual, así como de estupendos fotógrafos que nos han cedido sus capturas, como J.A. Areta Goñi (Juxe), Salomé Sagüillo o Giulia Mazza.

En el aspecto visual, la cosa no hubiese sido la misma sin las brillantes portadas de Don Rogelio J, Elena Serrato y Leo Sousa. Don Rogelio se encarga también de cerrar cada mes la publicación con sus excelentes retratos. De abrirla se ocupa Jess García, con su aguda y embrutecida tira cómica Mardita Droja. A ellos se unió pronto el tándem formado por Javier Briz y Daniel Suberviola, que ilustra y guioniza una canción por número en nuestras páginas centrales. Leo Sousa es responsable igualmente de los impresionantes collages de una doble página donde rescatamos discos esenciales y algo olvidados del siglo XX y del que corre.

Por último, es de ley resaltar el trabajo de The MPress, nuestra gestora del pánico, pilar fundamental y paciente sobre el que, de algún modo, se asienta todo este castillo de cartas movedizo y brillante.

La pequeña repercusión del resultado de este gran lío, en todo caso, y el gran éxito que significa su mera supervivencia a través de un año completo y cuatro números, es evidencia de que algunos de nuestros planteamientos estaban más o menos bien encaminados: hace falta una renovación en el ámbito de la prensa musical/cultural, y esa renovación no llegará jamás a través de los canales generales ya establecidos, por dignos que sean, a menos que estos afronten una reconversión a la que no parecen encaminados. Esa transformación implica ocupar ese espacio algo abandonado de la buena literatura periodística, esa tierra de nadie entre el telegrama virtual y la promo generalista. Y ha de acometerse con el espíritu combativo del fanzine y un extra de rigor y de profundidad. Hay gente que aún quiere leer, y quiere leer buen material.

Los sinsabores ocasionales se digieren mejor sabiendo que esa gente existe y responde. Y anclados en esa certeza podemos mostrarnos moderadamente orgullosos de los resultados del proyecto de revista. Digo proyecto porque en el fondo creo que de eso se trata, de un embrión, de una casa abierta. También es un ejemplo simple de cosas que se pueden hacer funcionando desde el margen con seriedad. Lo que dure ya es otra historia, porque sostener una revista en papel, trimestral, de 80 páginas y que voluntariamente no incluye publicidad es un trabajo intenso y absorbente que no siempre coincide de manera óptima con la realidad de la vida personal, sus vaivenes, sus miserias y sus tasas. Por el momento, la nave continúa su transcurso. Por el momento hay cosas que decir y ganas de decirlas.

Hace unos meses, el citado Emilio Cascajosa y otros amigos propiciaron un encuentro artístico único que pudieron presenciar los asistentes a la presentación de la revista en Sevilla. Durante una hora, Niño de Elche, Marco Serrato y Ernesto Ojeda, tres gigantes en lo suyo, improvisaron conjuntamente (acompañados por el apoyo visual de Pilu Caballero) creando uno de esos cristalinos momentos de emoción irrepetible. Fue, también ese, un acto comunal. En su modestia, fue un triunfo de nuestro espíritu: de la colaboración, de la diferencia fructífera, de la igualdad que hermana a gente libre.

No otra cosa sino eso intenta hacer Karate Press.

Open house


jueves, julio 23, 2015

GROVES - "Give it some Thrape" & "Tape"



El verdadero sentido de peinar la zona abisal de nuestra cultura en busca de bandas sorprendentes y nuevas es sencillo: las encuentras. Un ejemplo perfecto son Groves, de Manchester, un demoledor trío inédito aún por aquí, con dos discos excelentes a sus espaldas (“Give it some Thrape” y “Tape”), y al que difícilmente hubiese encontrado confiando en los radares habituales. Grabados de manera espartana, huraños, oscuros, contrapelados, tienen Groves una incipiente pero ya firme personalidad cincelada en ese ruido dañino –el bajo distorsionado, la voz en un grito a punto de quebrarse, el desarrollo sinuoso pese a lo sintético- que debe mucho al hardcore/noise de los ochenta aunque ha caminado hasta otro punto; ese discurso en el que se reconoce la cara del viejo indie-rock, presente, sí, pero deformada a hostias hasta hacerla casi irreconocible.

Sus cataratas sucesivas de ruido caen hacia dentro, circulares, claustrofóbicas, apestando a sótano igual que le pasaba, digamos, al primer y magistral disco de Unsane. Sucintos hasta llegar al hueso mismo (también en las letras), empujados por guitarras libres y expresionistas y un bajo forjado en hierro, los paralelismos –salvas las distancias- son claros en los momentos más tensos y directos, pero cuando optan por un desarrollo menos destructivo, más ondulante, se detecta pronto un regusto a Dischord muy bien integrado y algún detalle que podría recordar a viejas luminarias como Sebadoh: el ya desvaído fantasma de Fugazi y “Waiting Room” está a la vuelta de la esquina, y todo el peso de una herencia poderosa se puede rastrear fácilmente en temas como “Loading Bay”, que pueden ustedes escuchar AQUÍ.

Por supuesto, nada hay de plagio en su trabajo, aunque uno recurra al viejo recurso de la comparación: Groves son hijos de una generación de información gaseosa, como diría Alan Moore; una generación que maneja una cantidad ingente de referentes con fluidez y sin encallar a la primera de cambio; que los ha masticado, triturado y consumido hasta que han pasado a formar parte de su sistema sanguíneo, hasta que han pasado a constituir la propia médula y la propia savia vital, iluminando la música de manera natural e integrada, desde dentro, haciendo de las bandas entes autoluminiscentes, hipervitaminados y -pese a todo- personales. Y es esa naturalidad la que los delata como grupo con futuro más allá del sótano. Y es esa visceralidad la que los constituye como una de esas excepciones (hay muchas, sí) a las que hay que cuidar para que florezcan en todo su esplendor (imaginese usted incubando un alien, quizá).

Yo deseo, por el momento, que tengan la oportunidad de grabar su material de manera algo menos casera, lo que permitirá, principalmente, que las baterías alcancen un punto más de claridad y contundencia necesario y que su punzante expresividad luzca de manera completa. También poder catarles en directo, donde lo suyo promete estar en esa cuerda tensa e inestable que une catacumba y epifanía. Ellos se lo merecen y nosotros también.

(Pronto, más)




sábado, junio 27, 2015

Series of Dreams (I)





Caía la noche y yo bajaba apresurando el paso por una calle desierta que ya había soñado antes. Podría haber sido Madrid, podría haber sido Tánger. Sabía que más abajo encontraría una frutería y una farmacia, pero que ya estarían cerradas.

Un niño de tez oscura en una bicicleta se ponía a rodar a mi lado y me pedía unas monedas para cenar. Yo le contestaba sin mirarle, mientras rebuscaba en el bolsillo.

-¿Quién te ha muerto?- me preguntaba, en un español rudimentario.

-¿Eh?- contestaba yo sin mirar.

-¿Quién te ha muerto?

-Eso fue hace tiempo- respondía yo, pensando en mi padre, y le ponía en la mano dos monedas. Una de ellas debía ser de cincuenta céntimos de euro, pero relucía como una onza de oro.

Él no parecía muy convencido con mi respuesta, pero seguía su camino calle abajo.

Al final la calle desembocaba en un gran descampado. Junto a un murete unas cuantas personas hablaban bulliciosamente. El ambiente era festivo. Allí estaba Dylan, con Sara, silenciosa, casi en sombra, y con una amante de pelo corto y negro que hablaba por los codos. Él vestía de blanco, y todos cantaban una canción que hablaba de fases lunares y de estrellas. Y en efecto, el cielo era espléndido, oscuro, poblado y brillante. Yo reconocí la melodía de “Idiot wind” pero la letra era otra. En un momento la luna apareció, amarilla, turbia, y todos se volvieron locos de contento y avanzaron hacia los matorrales del descampado: la canción, al parecer, había predicho con exactitud la conjunción estelar de aquella noche.

Avancé con ellos, la vegetación se hizo más densa. Había cuerpos follando entre las hierbas, como si se hundiesen en un magma más profundo que la simple tierra.

Estuve tentado de decirles que tuviesen cuidado, que el suelo podría estar lleno de cristales o de chutas, que aquello no era el verano del amor, que era otra cosa.

Pero la verdad, ni siquiera estaba seguro de ello.

Y entonces desperté.


(Soñado el 27-6-15)