miércoles, marzo 15, 2017

NI MIEDO NI ESPERANZA - Una entrevista con DAVIDIANS





Nos ocupamos hace poco de “City Trends”, el explosivo debut en Sorry State Records de Davidians, banda de Raleigh (Carolina del Norte). Sin dejar de ser personalísimo, nos abrasó el paladar con un retrogusto a óxido que remitía a algunas viejas bestias de AmRep. A medias quirúrgico y montaraz, aquel ejercicio mayúsculo de punk atemporal y noise igualitario, despachado en apenas 18 minutos, pasó pronto a ser un favorito de la casa, así que decidimos indagar un poco más. Topamos con Brian Walsby, batería y el más veterano de los cuatro energúmenos. Y como buen batería y buen veterano, su discurso fue tan amable como seco, pragmático y exento de teoría accesoria. Leyendo entre líneas, es interesante observar la concisa lucidez del que -como muchos de nosotros debiésemos entender- sabe que no hay más cera que la que arde y que si no quiere uno volverse loco la guerra de guerrillas exige un particular estado mental (ver respuesta 12). De propina, el disco completo en youtube y un bolo revientacráneos, firmado y filmado en alguna zona espectral del imperio. Ni miedo ni esperanza, decían los estoicos. Sea, pues.


1- ¿Cómo es vivir en Raleigh y la escena musical allí? ¿Crees que la ciudad y el entorno influyen en lo que hacéis?

He vivido en Raleigh casi treinta años y siempre ha habido mucha música saliendo de aquí, de todo tipo. Ahora hay aún más material, como en cualquier otra parte. Tocar música cuando yo era un crío se veía como algo estrambótico, y ahora es algo mucho más aceptado. Hay toneladas de bandas y artistas por aquí, pero estoy bastante fuera de todo eso hoy en día, si te soy sincero. No creo que el lugar en que vivimos ni el entorno tengan nada que ver con la música que hacemos; simplemente sucede que vivimos en el sur, pero no estoy metido en ningún rollo de “sonido regional”. Aunque quizá el resto de la banda piense de otro modo.

2- Algo que me encanta de City Trends es que los diferentes elementos (bajo, guitarra, batería y voz) parecen tener la misma importancia en el resultado final. Eso da una sensación de esfuerzo colectivo muy saludable. Tampoco está sobreproducido, y se agradece…

Gran parte de lo que hacemos empieza con Justin y el bajo. Es un rollo guiado por el bajo. Después yo y Colin añadimos cosas, con las partes de batería y guitarra, y después Cameron añade las voces. Colin tiene otra banda que es su ojito derecho y lo que escribe para ella es totalmente distinto de lo que hace para Davidians. Aunque no creo que al resto de la banda les gusten cosas como Minutemen, en gran parte el modo en que hacemos las cosas me recuerda a ellos: sin líderes, todos iguales. Los instrumentos entran y salen, entretejiéndose de manera igualitaria. El disco lo grabó Greg Elkins. Es un Viejo amigo y sabe lo que hace. Simplemente le dejamos que hiciese lo que pensase que era mejor, e hizo un gran trabajo.

3- Hay un directo vuestro en youtube bastante brutal. ¿Os gusta que lo que hacéis en los discos pueda ser reproducido en directo o queréis ir más allá?

Hay unos cuantos interludios en el disco que fueron añadidos, pero podemos tocar en directo todo lo que está en él.

4- Con la edad, montar bandas y mantenerlas se va pareciendo a un milagro. Vosotros ya no sois chavales…  ¿Cómo os apañáis?

Es algún tipo de estúpida singularidad genética. Yo soy el más viejo, tengo cincuenta y uno. Justin está a mitad de los cuarenta. Colin y Cameron deben tener como treinta o por ahí. Simplemente, me gusta tocar la batería, me gusta lo que hacemos y me gustan estos tipos. Es un milagro, a decir verdad. Mi vida es muy distinta de la del resto, porque tengo una hija de seis años con necesidades especiales y además soy padre soltero. Sabemos que no podemos hacer demasiadas cosas, así que lo hacemos cuando podemos. Además tengo un trabajo de temporada vendiendo merchan para Melvins, así que conjugar todo eso es bastante extraño. Pero parece que podremos seguir haciendo esto por un tiempo, así que eso será probablemente lo que hagamos.

5- Hay mil modos de entender una banda: como una pandilla callejera, como una familia, como un entretenimiento… ¿Qué significa para ti?

Soy demasiado Viejo para estar en una pandilla (risas), aunque hay un poco de eso, sobre todo cuando te vas de gira, como acabamos de hacer. Esta es la tercera banda en la que he estado con Justin en un periodo de treinta años. Parece que tocamos bien juntos y tenemos una excelente relación de trabajo, pero no nos vemos mucho fuera de la banda. Colin y Cameron son muy buenos amigos entre sí. En general, nos entendemos bien.

6- Pese a las influencias que puedo ver en vosotros (sobre todo de algunas bandas oscuras del sello Amphetamine Reptile) vuestro sonido es personal. ¿Pensáis en ello, en sonar “distintos”, o sale así de modo natural?

Tenemos un montón de influencias y robamos cosas de mucha otra gente (risas). Creo que sólo queremos encontrar cosas que nos interese tocar y no estar pensando demasiado si “tiene que ser así” o si “tiene que sonar asá”. Hay muy poco pensado o planeado de antemano sobre como tienen que acabar sonando los temas, lo cual es bueno. No quiero andar mareando la perdiz con el asunto. Creo que ninguno queremos.

7- Tuviste una banda anterior, Double Negative, donde también estaban otros miembros de Davidians, ¿qué diferencias hay entre ambas?

Muchas. Yo era miembro original de Double Negative. Cameron sustituyó a Kevin, el cantante original, pero para entonces yo ya no estaba en el grupo. Justin estuvo en DN durante toda la existencia de la banda. Pero la diferencia esencial en cuanto a sonido es que tenemos a Colin, que toca digamos, como tocaría Rowland S. Howard en The Birthday Party, pero sin tener mucha conciencia de ello ni de ese rollo… fue como un accidente afortunado. Y trabajamos un espectro musical mucho más abierto que Double Negative, que eran más estrictamente hardcore y punk veloz, aunque con algunas partes raras.

8- ¿Qué significa para ti la palabra “punk” hoy en día?

Nada

9- ¿Qué importancia crees que tiene el sentido humor en la música?

Hmmm… Me gusta cuando las cosas son accidentalmente graciosas. La mayor parte de la música que se supone que es graciosa a propósito no lo es para mí. Me gusta cuando es accidental.

10- ¿Sacáis dinero con la banda? ¿Podéis vivir de ella? ¿Os gustaría?

Bueno… no. Y no querría, para serte sincero. Es algo que está prácticamente abocado al fracaso. Acabamos de volver de dos semanas de gira con 200 dólares en el bolsillo, pero sin gastar nada de nuestro propio dinero. Considero eso como un éxito.

11- Recuerdo entrevistar a Federation X hace unos años. Me dijeron que una de las cosas que les gustaba de la música era que, al revés que en los deportes, nadie tenía que perder para que alguien ganase. No había perdedores. ¿Qué opinas?

Supongo que depende de cómo lo veas. Si lo hubiésemos abandonado todo para hacer esto y nos encontrásemos metidos en un enorme agujero financiero; si hubiésemos intentado llegar a alguna parte y fracasado totalmente, entonces podría considerar que estamos “perdiendo”. Pero como no hemos hecho nada de eso y hemos sido realistas, nos considero ganadores (risas)… ¿Qué te parece esa respuesta? (Risas)

12- La vida para las bandas underground en España es jodida (aunque acaso divertida): nada de dinero, un montón de garitos de mierda y poco público. Aunque desde aquí se piensa a veces en EEUU como un paraíso musical, supongo que no lo es…

Tienes que ser realista al afrontar lo que estás haciendo y tener pocas expectativas, así, cuando las cosas funcionen, podrás estar gratamente sorprendido. Honestamente, no sé cómo se hace popular alguien hoy en día. Hay muchísima música y miles de bandas ahí fuera, y las cosas se han devaluado. Hoy a la gente no le importa tanto la música… hay tantas otras cosas que la gente puede hacer… Creo que somos una banda bastante buena en lo que hacemos, pero, como cualquiera sabe, eso ni es suficiente ni significa nada en realidad. No es el paraíso, desde luego. Necesitas algo de suerte, o que los “creadores del gusto” decidan que eres “bueno”. Cuando se formó Double Negative hubo un verdadero explosión de gente joven motivada, que se enganchaban a la banda y que nos ayudaron mucho. Con Davidians no pasó eso cuando empezamos, y ha sido un proceso más lento darse a conocer. Pero está bien así.

13- ¿Sois, de algún modo, una banda política. ¿Cómo explicarías la actual situación política en EEUU si alguien de fuera te preguntase?

No somos una banda política en absoluto. Tengo problemas y preocupaciones vitales, pero ninguno de ellos está causado por quién sea nuestro presidente en este momento.

14- ¿Qué hay después de la muerte?

Vaya, tío… bueno… espero que haya algo.


lunes, febrero 13, 2017

DORIAN VIAN – “Magic Mountain” (Dubaduba Records)




Hablé del madrileño Dorian Vian en mi reciente libro “Santos y francotiradores”, donde él era uno de los elementos más jóvenes entre la caterva de mentes pensantes subterráneas. Tenía ya entonces un par de discos notables al timón de las bandas Ruda y Jefferson 30, construidos a golpe de  canciones emocionantes en castellano, ejemplos ambiciosos de una sentimentalidad de línea clara llevada al incendio emocional. A algunos de mis cercanos no les convencía, a otros sí. Había polémica, lo cual siempre está bien. A mí se me antojaba que había algo allí luminoso, a despecho de cierto exceso. Y en todo caso a veces el exceso es necesario, porque hablamos de música pop, de magia de síntesis, que a veces puede nacer en el cubil donde uno piensa, pero que más a menudo proviene del chispazo engendrado por la vida, por la acción, por el desastre, por todas esas cosas que suceden cuando uno vuelve a cometer el error de poner el pie en la calle. Bendito error.

En un cambio más de timón, y ya bajo su propio nombre de Guerra, Vian fabrica esta montaña mágica -o estos nueve pasos iniciales hacia una posible montaña mágica- circulando en cambio por los territorios de una “americana” pausada que lo mismo remite a Vetiver y otros ejemplos moderados del weird folk que a unos Black Crowes a los que se hubiese suministrado narcóticos con la leche del desayuno, o (salvas las distancias) a un Tom Petty menos cromado al que le hubiesen amputado los estribillos efectivos (y efectistas). Dudo que Vian, que hace poco aún insistía en que hacía “grunge” conociese a todos los citados cuando compuso el artefacto (a los Crowes y a Petty seguro que sí, claro). Analizar los reflejos nos llevaría, pues, a una interesante reflexión sobre cómo opera la influencia, encapsulada a veces a través de “mediadores”, no diré “médiums”, pero la dejo para otro día más lúcido.

En todo caso el resultado es notable. Me intriga, para empezar, cómo alguien que parecía tendente al exceso por naturaleza, a la canción que explota y que después se extiende en espirales crecientes hacia el hiperespacio, es capaz de pronto de remitir y mostrarse en planicies serenas y semiacústicas de poco más de tres minutos. Funciona, eso sí, superando incluso las similitudes entre temas. Por ejemplo, “Chasing rabbits” y “Revelry”, las dos que abren el trabajo, parecen por un momento el mismo tema; se nos exige un extra de calma y de atención para descubrir que esto no es mera americana de ascensor, sino musica emocionante, suspendida en el tiempo, que se abstiene voluntariamente de derivar hacia el estribillo que subyace.

Así, carburando en ese medio tiempo aparentemente estático, el disco comienza a desperezarse hacia su centro, y en el camino va mutando en un oleaje calmado pero intenso: no por usar mimbres conocidos, por ejemplo, son menos paladeables la agridulce calidez crepuscular de “Considerations” o el desgarro sin efectismos de “Spellbound”. Quizá la miniatura que es “Out of Control” necesitase algo más de definición en lo vocal, pero la redime su cautivador deje arrastrado, que roza levemente (aquí salvando las distancias más) ese deje decadentista que hizo inigualables a los últimos Big Star. Después, “Watching the Sun” y “Things Have Change” (sic) son temas indudablemente bellos y sólidos, quizá los picos de un álbum que cierra desembocando en un cover de la archifamosa “Fade Into You” de Mazzy Star, que si bien no altera un punto los postulados del original consigue al menos conservar gran parte de su belleza, lo que, bien mirado, es mucho.

Comentario aparte para “Resucitar y morir”, único tema en castellano del lote, con un arranque lejanamente reminiscente de “I’ll be your mirror” y una influencia notable de Antonio Vega sostenida con solvencia. A quien le interese ese tema en concreto le recomendaremos que viaje hasta el otro grupo de canciones que Vian ha colgado en su soundcloud bajo el título de Tiempo de Silencio, donde muestra otra de sus muchas caras. Hagan la prueba y comprueben esa otra posibilidad, articulada íntegramente en nuestro idioma. Se encontrarán con un puñado de canciones vibrantes que podrían haber aparecido a finales de los ochenta, y en las que se puede percibir una de las mayores virtudes del autor (quizá también una de las que divide a la parroquia): su poética desprovista de metáfora y artificio, no por ello menos intensa, no por ello menos fértil, acaso más.

Ambos son discos que podrían sonar en la radio y que podrías regalar a cualquiera, entendido o profano, y esa es otra virtud. Conservan sin embargo, pese a ese elemento común, un filo escondido que los coloca un paso más allá. Volveré en otro momento sobre ese Tiempo de Silencio de suspendida ceniza pop y acaso superior en algunos aspectos a su hermano. Cierro, mientras, mi reflexión sobre Magic Mountain comprobando, en fin, que me sigue atrayendo lo que crea Vian, y que (alejándonos de lo artístico, centrándonos en lo práctico) con una producción algo más dinámica y un poco de ajuste en la pronunciación, su planteamiento podría competir con ventaja contra cualquiera de sus compañeros de visión de por aquí. No es un mundo fácil, sin embargo, el sobresaturado redil del folk-rock confesional de raigambre americana.

Esperemos que persista en ambas vertientes y las ajuste hasta la excelencia que él mismo sabe que puede alcanzar. Está a un paso de distancia. //FGL.


martes, enero 17, 2017

DAVIDIANS – “City Trends” (Sorry State records, 2016)




Siempre que puedo hablo de una banda brutal y algo olvidada que publicó su cacharrería noise’n’roll en Amphetamine Reptile: Halo of Flies. Resulta que eran la banda del capo del sello, Tom Hazlmeyer, un personaje a estudiar. Y resulta que pese a ese leve autonepotismo, eran de lo mejor que salió de una cuadra de por sí asombrosa (porque allí estaban Unsane, Cows, Hammerhead, Today is the Day y otros cuantos de lo mejor de aquel punk bastardo, violento e imposible de definir de finales de los ochenta y principios de los noventa).

Pues bien, escuchando a Davidians he tenido la misma sensación de angustia liberadora que los Halo me proporcionaron en su momento. En menos de veinte minutos, los de Raleigh -al parecer veteranos de otras bandas que habrá que investigar- escupen sus ocho exabruptos y se meriendan a todos sus congéneres actuales: “City Trends” (Sorry State) es un festín de punk encabronado y con querencia por el ruido pero que permite el aire pasar a través de la agresión. Me explico: acostumbrado a amalgamas de metalcore y otras lindezas; habituado a producciones detallistas pero abigarradas en extremo (porque la influencia del metal en el punk ha sido definitiva y no siempre buena, en este siglo), es un momento de gracia encontrarse con una banda que sabe que a veces hay que dejar que las reptantes líneas de guitarra se oigan sin guarnición, que la voz llegue al cerebro en crudo, que la víscera se exprese sin mayores adornos, en toda su luminosa furia.

Pelados, expresionistas, al hueso mismo del cabreo -igual que en los mejores momentos de las bandas citadas- Davidians van montados en su ola autopropulsada de chatarra y te estallan en las narices sin necesitar más que los mimbres de siempre. Porque desde luego una bomba nuclear puede destruirte, pero también puede destruirte un alambre de espino si se utiliza bien. O un martillo de carpintero en el cráneo. O un destornillador clavado en el ojo. Y así son ellos: un KO al viejo estilo, si consideramos que esa amalgama de punk/core encabritado, rock&roll venenoso, rítmica dominante y guitarras dañinas e inteligentes es ya un viejo estilo.

¿Qué los diferencia de otras bandas? En un entorno donde los punks hace siglos que tocan muy, muy bien, y aparte de lo citado, diría que su baza ganadora es una naturalidad que rara vez se encuentra en un mundo empeñado en epatarse a sí mismo una y otra vez; un mundo (o mundillo) empeñado en un “citius, altius, fortius” que a veces no lleva a parte alguna. Después de decepciones como por ejemplo la del segundo disco de Code Orange Kids, perfecto ejemplo de supersonido para nada, Davidians son un baño de sangre refrescante y necesario para el que firma.

Al 11 desde la salida hasta el final, los temas son potentes por sí mismos pero el artefacto funciona a la perfección como ente en sí, cohesionado, articulado, maligno: una especie de comadreja mecánica dispuesta a comerse tus entrañas. Y a compartir los restos con los amiguitos. Un disco necesario para los partidarios de la Orden de la Coz que queden en la sala, a estas alturas. //F.G.L.


sábado, enero 14, 2017

Canciones para perros en peligro - "PRIDE OF EGYPT" - ANDRÉ ETHIER



La  mayor virtud del pop es su condición adhesiva. “Pride of Egypt”, ese temazo de André Ethier es un ejemplo (poco obvio) de ello. Podríamos apuntar -es evidente aquí- que Ethier ha escuchado con mimo a los clásicos, porque la cosa supura dylanismo. Y, para ir más al detalle, también que el tema se da un aire al trabajo de Dan Bejar como Destroyer. De hecho me pasé un rato intentando saber si era una canción compuesta a medias. Pero no, aunque han compartido escenario y es lícito suponer una polinización de ida y de vuelta. Podríamos indicar que es de maestros saber mantener el interés de un tema durante seis minutazos en una época en la que las canciones se suelen paladear unos pocos segundos y a otra cosa. Y junto a ello, declarar que como letrista Ethier es fino y capaz de mezclar con fluidez el mito y la realidad, lo universal y lo cotidiano: si en nuestra anterior entrega Julian Cope nos ofrecía un salmo en forma de fanfarria sobre una huida vital al sur, aquí el canadiense trae en bandeja una reflexión -no menos críptica, y probablemente metafórica en parte- sobre el pueblo elegido, sus cuitas en Egipto, su paso por la historia, sus fijaciones y sus culpas presentes. Podríamos, en fin, despiezar la canción, sus detalles, sus motivos, sus similitudes, sus trucos; hablar incluso del solo que se despliega pasado el minuto tres, con perezosa furia, redondeando la jugada y desembocando en esa frase cantada con una pasmosa sensibilidad que dota de contenido a palabras de por sí anónimas: “Oh, puedes sacarme, sí, puedes llevarme contigo cada vez que salgas de compras…”. Podríamos hacer todo eso, pero las autopsias no sirven para organismos vivos. No explican esa condición adhesiva de la que hablo y que hace que un tema se quede contigo durante semanas, meses o años; que lo canturrees por lo bajo mientras te aburres en sociedad, que los masculles en tus viajes diarios por los patios traseros, que lo cantes en alto cuando estás solo, como para probar como le sienta a tu voz ese prodigio.

Ethier fue grande con los ya legendarios Deadly Snakes, un grupo que empezó facturando un garaje esforzado y brillante pero que mutó hasta convertirse en una especie de The Band del siglo XXI con el tremendo “Porcella” (2005) y de inmediato se disolvió. No tengo ninguno de sus discos posteriores, aunque me los han recomendado más de una vez, y tampoco he leído mucho sobre él, después de aquellos días de gloria. Su presencia en internet es escasa y tiene pinta que es uno de esos sabios a los que el relativo anonimato agrada más que estorba.

Así pues, no hagan ruido. Guarden el secreto.

Y escuchen la canción.


(aquí otra esforzada transcripción de oído y acaso no exenta de errores)


Pride of Egypt

Well, take your time
Take all the time you need to get settled
But you’re not a child
No, you’re not
Yehova’s posessed you
to believe you ever owned the desert
Let’s celebrate
Yes, let’s celebrate
With an avalanche of stones
That you’re a rival
When I press my black lips to your Hebrew nose
I just can't help but feel for the sphinx
She was once the pride of Egypt

Oh, take your chance on me
Well the sweets call out to the swiss
Put your money where your mouth is
We’re starving over here
Yes, we’re starving for expansion
Turn the cameras on us
Lets’ patronize somebody
Yes, and let’s rewrite all the myths
that led us up here
And when the stars above on the atmosphere
And the roads lead not to Rome
But to Olympus
We can all be brought to justice
Yes we can

Put a line right through my name in your diary
I can see you
Yes I can see you
But I can’t afford the suppression of your memory
I’m a ghost to you
Yes and I’m hunting your people’s collective memory
And we can house the refugees in the pyramids
But there’s no accounting for the numbers
We can’t build a tomb around those figures

Ohhhhhh, alright

Oh now
Oh you can take me out
Yes, you can take me with you every time you go shopping
But let’s victimize somebody, right now
Well, you know what it takes to stone a martyr
I’m a fool for you
Yes I’m a fool to think that you’ll ever let me have you
But if there was ever a better friend
Let me be you, I would like to meet him
I was once the pride of Egypt

Yes I Was

miércoles, enero 11, 2017

Canciones para perros en peligro - "DISASTER" - JULIAN COPE




A veces pienso en Julian Cope y me lo imagino fumándose unos pitillos con Varg Vikernes en el porche, mientras cae la tarde. Han descubierto, como todos sabíamos, que tienen más cosas en común que diferencias y ahora, ya viejos, esperan a que el mundo acabe de una puta vez con una larga, larga conversación. Otras veces, en cambio, me lo imagino con André Ethier. Es el ocaso, y ambos cantan a duo ese temazo que es “Pride of Egypt”. Cope se inventa alguna línea sobre los megalitos y la revolución armada. André le deja, porque es canadiense y muy educado. Luego se hace la oscuridad y el valle queda en silencio. Ya no están ni Ethier ni Vikernes. Sólo está Cope, en la oscuridad, sentado en su mecedora, recordando quizá las épocas en las que estuvo a punto de ser una estrella del pop, las épocas en las que tocaba con los dedos la fugaz gloria que se llevaron en el saco Ian MacCulloch y otros talentos medianitos.

En la exigua lista de artistas que han sabido cambiar su discurso acorde con el cambio de su vida y sin que su obra se resintiese, Cope ocupa un lugar mayor. Buen ejemplo de tal cambio son, para quien quiera visualizarlo con rapidez, los dos directos que incluyo aquí. Separados por apenas cinco años, retratan una marciana evolución que va desde el enfant terrible mefistofélico enfundado en cuero -y poseído a medias por Bowie y por Morrison- hasta el visionario triposo y viajero del tiempo; del revisionista pop al deconstructor kraut  (siempre manteniendo el gancho melódico). En el primero hay una furia controlada que roza el disloque pero no termina de liberarse nunca. En el segundo el mundo ha estallado y ha comenzado el proceso de recomponer el puzzle de un modo nuevo e imaginativo. Pero es que esos cinco años son, precisamente, los que usó Cope para convertirse en otro; para abandonar finalmente la persecución de las portadas, retirarse del foco, planear su imprescindible libro “The Modern Antiquarian” (que publicaría en el 98 tras al menos ocho años de trabajo) y publicar dos discos prodigiosos como son “Peggy Suicide”(91) y “Jehovakill” (92).

Después de aquello su carrera siguió siendo interesante, su pensamiento certero y su activismo estajanovista, pero allí estaban los hallazgos mayores. Sin embargo, volvamos al primer directo. Ya en él, pese a que pertenece a la época del muy pop y cromado “Saint Julian” (87), flotaba algo más que el simple brillo del pop oscuro; algo distinto al nihilismo decadente y romantizado de compañeros de época como los excelentes Jesus o los sobrevalorados Bunnymen. Ya había algo que funcionaba por encima y por debajo de los parámetros mainstream.

En el 97, quizá como tardío eslabón, como confirmación de que, en efecto, en aquellos años pop había existido una marea de fondo que conducía hasta el abismo chamánico, el sello Island publica “The Followers of Saint Julian”. Es un recopilatorio de rarezas y caras B que cubre tan sólo el lapso 86-87, y el típico disco que a primera escucha parece lo que promete: un cajón de sastre para completistas. Sin embargo, a largo plazo se ha convertido en uno de los discos de Cope que más escucho. Hay algo en él de locura, ensayo y contra ensayo; de mente incómoda con su situación que no ha encontrado todavía el agujero por donde escabullirse hacia otra dimensión, encerrada en su propio placio de hielo. Contiene, además, dos versiones excelentes (“Levitation” de los Elevators y “Non-Alignment Pact” de Pere Ubu)  y un tema extraño, entre clásico y visionario, excelentemente cantado y que define, quizá, ese ansia de cambio de la que hablo. Me lleva dando vueltas en la cabeza un puto mes: “Disaster”.

He sacado la letra aproximada, no sin algún problema y con la inestimable ayuda de The MPress:

Confident at last we have set our sails for Egypt
Penury and Newgate left behind
We are all alone, oh but we have new horizons
Saviours of the feeble and the blind

Oh we have fled from disaster
Oh we have fled from our her sign
Oh we have sailed all these passing days
Shallow in friendship and grace

Taking men aboard we began to have misgivings
Victims of an opulent parade
But smiling now we leave the golden island of our fathers
Sharing off the errors of our ways

Oh we have fled from disaster
Oh we have fled from her sign
Oh we have failed all these passing days
Shallow in friendship and grace

I’m praising the day when the cold sea mist was lifting
Cold that drives a wet dream to our eyes
I’m smiling, smiling, idle restlessness  I’ve known
Looking for an oath that is my own

But now I leave the shanty towns for castles in the south
Should I trip and stumble full into the lion’s mouth
We are drifting needlessly
Won’t you come and marry me?
We are drifting needlessly
Won’t you come and marry me?
We are drifting needlessly
Won’t you come and marry me
Before our ship could reach dry land?

Sería, ¿no es cierto?, un excelente himno para cualquiera que tenga que dejar su mundo atrás. Y eso la gente lo hace todo el tiempo.

A veces imagino a Julian Cope murmurándolo, con la última luz.

Y yo lo canturreo también.