viernes, febrero 07, 2014

UNA HISTORIA A RAS DE POLVO (LA ESPAÑA NEGRA EN 20 CANCIONES)


(Este texto fue publicado originalmente en la excelente revista FIAT LUX, en enero de 2014, aunque reducido a diez temas. He aquí el original con unos cuantos vídeos explicativos...)

 
UNA HISTORIA A RAS DE POLVO
 
Conclusiones: los punkis, los navajeros, los yonquis y los poetas tenían razón. Los colgados, los traficantes, los hombres perdidos en el bar y en los parques tenían razón. Los delincuentes comunes, las putas baratas y los chinorris de barrio bajo tenían razón. Ellos han firmado en Rock&Roll la crónica negra de un país que nació enterrado hasta las rodillas y con un garrote en la mano. Una historia a ras de polvo, que no se estudia en los colegios pero que  acaso sea la única válida. Aquí en veinte temas. Podrían ser otros mil.

1 - CORCOBADO Y LOS CHATARREROS DE SANGRE Y CIELO – LADRADA DEL AFILADOR (“Tormenta de tormento”, Triquinoise, 91)
La ladrada de Miguel Ángel, el afilador, es todo lo que el pop español hubiese podido ser y no fue. También parte de lo que España fue y no quiere recordar. Balada de crimen por antonomasia en un país que siempre ha abundado en matarifes, Corcobado recoge en ella todo el escalofrío de varios siglos de brutalidad con un fogonazo de luz negra, casi sagrada en su pagana invocación. Bienvenido al cuarto donde aúlla el hermano subormal, al brumoso país de las niñas perdidas y las cuevas en el centro de la tierra, donde habitan los monstruos, en el margen que bordea esos pueblos en los que “la gente imita(ba), amargada, ademanes de ciudad”. A la España oculta, vamos. Cuando te hablen de Nick Cave, ríete.


 
 2 - JAVIER COLIS Y LAS MALAS LENGUAS- EL EJIDO BLUES (“El futuro ya no es lo que era”, La ecléctica madrileña, 2006)
“Me vas a dar chabola y palo/ Vas a matar a mis hermanos”. No sé si es un blues o no, pero en él están la gloria y la tristeza de una época. La gloria musical. La tristeza social. La epopeya tan cercana de los plásticos, la fruta y la humillación. Levantó algunas ampollas entre la parroquia por su descarnada muestra de lo que todos sabían que estaba sucediendo aquí: la explotación sistemática del emigrante ante la indiferencia y colaboración de la autoridad; la trata de seres humanos a escala nacional mientras tomábamos el té con leche de las vacas gordas, mirando hacia otra parte. Una demostración más de que ya no estamos acostumbrados a que nos canten las verdades tan bien. La España de la antecrisis retratada sucintamente en toda su consentida aberración.
 

 
3- LA BANDA TRAPERA DEL RÍO – VENID A LAS CLOACAS (“La banda trapera del río”, Belter, 79)

Fotografiada con precisión en el magnífico documental de Jaime Gonzalo “Venid a las cloacas”, la leyenda de Cornellá era un grano de pus antisocial que estallaba en forma de Rock&Roll navajero y termonuclear. La Trapera lo tenía todo, incluida la drogadicta capacidad para autodestruirse en tiempo record. Hijos del pánico nocturno de la ciudad satélite charnega y delincuencial, contaban lo suyo en viñetas beligerantes como la expeditiva “Curriqui de barrio” o este “Venid a las cloacas” que se abstenían de lírica alguna, escupiéndote a la cara un grumo aceitoso de voz de barrio: “Vivís entre cuatro paredes agobiados de mal olor/De aceite de comida barata que se adhiere al narizón/ Soportáis las cuatro paredes, soportáis el mal olor/Soportáis pagar impuestos soportáis la humillación… ”. Añádase la ‘killer guitar’ ultraterrena de Modesto Agriarte, “Tío Modes” y el berreo purasangre de Morfi Grey, el Tigre de Cornellá, y ahí queda el retrato más ajustado de la infravida proletaria y su destino.



4- BURNING – JIM DINAMITA (“Madrid”, Perfil, 78)
Ahora que la historia de la quincalla patria se estudia en las universidades y que los burgueses suspiran por un Lute o un Vaquilla que les anime la tarde, sorprende la pobre reivindicación de la banda que mejor definió aquella época legendaria de palos, heroína, jolgorio y no future pre-punk, los Burning. Menos conocida que su hermana Siamesa “Esto es un atraco”, “Jim Dinamita” habita en la época en la que lo políticamente incorrecto chanaba (“A una guiri violé/al salir del talego/y me llenó de plata/por todo ello”), es una clase de jerga quinqui en toda regla y se desliza garganta abajo con toda esa stoniana chulería que viene a decir: “No siendo nadie, soy un rey. Tengo mi propia ley, ¿pasa algo?”. Difícil ser más verdad y más leyenda a un tiempo.




5- EXTREMODURO - PEPE BOTIKA (“¿Dónde están mis amigos?”, DRO, 93)
“¿Donde están mis amigos? Los que no están presos los están buscando”. Así la presentaba Robe Iniesta, el rey de Extremadura, en las épocas “desconocidas” de principios de los 90, cuando ya llenaba Canciller II dos días seguidos para gloriosos aquelarres de toxicomanía y libertad. “Pepe Botika” no es su mejor canción, pero define esa época en la que el país se desperezaba de la epidemia de caballo sin saber bien que era lo que venía después, y posee el fulgor de lo cierto cantado a la cara: La corrupción legal, los jueces comprados, la tortura en comisarías y otros mitos no comprobados son contados en un vuelo rasante y encrespado. La lista de los penales que ya no existen pero siguen ahí, en la memoria, es histórica y necesaria. Y está esa línea definitiva: “hachís, caballo y cocaína pal que compre/ pues ya lo dijo Dios no solo de pan vive el hombre”. Toda la soledad compartida de los presos comunes en los tejados de un día de sol. Canciones de amor y guerra.

 

6- ILEGALES – YO SOY QUIEN ESPÍA LOS JUEGOS DE LOS NIÑOS (“Ilegales”, Hi-Fi, 82)
“Madame Claude se abanica/con sus acciones/devaluadas al cuarenta por cien/10.000 obreros en paro/esperan en la plataforma/de suicidio colectivo”. Se llama anticipación, visión preclara o, quizá, comprensión de lo circular de la historia. La España de entonces era así. La de ahora parece que también. Europa ha muerto. Jorge Ilegal, letrista inteligente, ácido y nunca bien reconocido, plantea el escenario de la rebelión con la misma precisión que lo hiciera en “El Norte está lleno de frío” (en la calle hay coches ardiendo/los parados se están divirtiendo”) y un extra de poesía, dejando algunas de esas líneas que construyen historia: “Los estudiantes se suicidan/disparando contra la policía”. Cara al peligro.


 
7- RAFAEL BERRIO – “Santos mártires yonquis” (“Diarios”, Warner, 2012)

“Santos mártires yonquis/del jaco de los años buenos/de los años inmisericordes/en los albores de los tiempos…”. Hay canciones que son ajustes de cuentas largamente pedidos por la historia misma; elementos de justicia y social. Canciones que alguien tiene que hacer y nadie osa. Y entonces está Rafa Berrio. Si normalmente sus ejecuciones sumarias están confinadas a las sutilezas del interior, en este caso el Donostiarra baja a las calles de la juventud para dictar una visión estremecedora sobre la epidemia de heroína de los años ochenta que afronta el vacío de cara pero vadea con inaudito estilo el peligro del miserabilismo, la piedad y otras lacras. El más atípico himno que uno pueda imaginar. Y el más necesario. Santos…

8- ESKORBUTO – LOS DEMENCIALES CHICOS ACELERADOS (“Los demenciales chicos acelerados”, Discos Suicidas, 87)
Lo decían ellos: Anti-todo. Grupo trágico y marginal por excelencia, hay que sacarse el sombrero ante una banda que desde el convulso Bilbao de los ochenta, margen izquierda, era capaz de dedicar un escupitajo a España (“Maldito país”), otro a Euskadi (“A la mierda el País Vasco”), un tercero a HB (“Haciendo Bobadas”) y unos cuantos más a quien se pusiera por delante. Fueron los más libres y los más sobrados de cojones y así acabaron, muertos. En medio, contaron la vida tal como era. “Joven asqueado/ de dudosa procedencia/ muchos aseguran que es hijo de una rata”, dicen aquí. Una crónica general del desarraigo industrial y la miseria afrontada con la escalofriante  nobleza de los perdedores.


 
9 - LOS CALIS – LIBERTAD PARA TÍ (“…De la alegría”, Fonomusic, 86)

La gente prefiere a los Chichos o los Chunguitos, más efectistas, mejores, más glorificados por el cine quinqui canónico. Y además el subgénero de rumba taleguera daría para unos cuantos libros. Sin embargo, el cul de sac de la España negra son Los Calis. Demasiado obtusos para la crítica social, lo suyo es un puro quejío de estupor aflamencado a base de sintes y de verdades del barquero. “Libertad para tí” y “Heroína”, su otro gran hit del inframundo, son dos himnos sin mensaje, aparte de la foto fija de lo que hay: el enganche, el talego, la desgracia porque sí, porque es así. Y el hecho incontrovertible, sin culpables, de que desearíamos que fuera de otro modo. Héroes de la gasolinera, de los paseos por el patio, del bis a bis y de la espera.



10- ALBERT PLA – ENTERRADOR DE CEMENTERIOS (“No sólo de rumba vive el hombre”, BMG Ariola, 92)
Curioso que fuera Pla el que firmase uno de los discos más negramente españoles de todos los tiempos. “Enterrador de cementerios”, epopeya lumpen de un chatarrero en busca de esposa, es una de sus cimas indiscutibles. Amor y muerte en los márgenes sociales. Si se quieren las cosas más claras y menos costumbristas, úsese “Carta al rey Melchor”, donde pasa a irónico cuchillo a la entonces intocable realeza y se queda tan tranquilo. Vistos los posteriores chanchullos, facturas, priapismos y desmanes a cuenta del ciudadano de a pie, Melchor debería haber aceptado la proposición de Albert, un tipo, al cabo, tan cachondo como íntegro, aquí y en Gijón.


 
11- NEGU GORRIAK – USTELKERIA (“Gure Jarrera”, Esan ozenki, 91)

Música mestiza y poderosa y letra en forma de conversación telefónica para una de las canciones más polémicas de la historia de España. En “Ustelkeria” (podredumbre) se comenta el conocido como ““Informe Navajas”, elaborado por el fiscal de la Audiencia provincial de Guipuzcoa, Luis Navajas, y en el que se denunciaba la posible corrupción de miembros de la Guardia Civil y su participación en redes de narcotráfico (en concreto, miembros de la 513 comandancia con base en el cuartel de Intxaurrondo, al mando del coronel Enrique Rodríguez Galindo). El coronel demandó a la banda y al sello Ezan ozenki, aunque todos fueron finalmente absueltos. La historia repartió cartas más tarde: Galindo acabó en la trena, aunque por asuntos aún peores (secuestro y asesinato, condenado a 71 años, excarcelado en 2004); los Negu no.
 



12 - HERTZAINAK – PAKEAN UTZI ARTE (“Hertzainak”, Soñua, 84)
Hertzainak fueron de lejos la mejor banda del rock radical vasco. Y además sabían cantar en euskera. Una de sus mejores composiciones es ésta, dedicada a Javier Sanmartín Goikoetxea, “Piti”, y José Ignacio Segurola Maioz, dos miembros de los Comandos Autónomos Anticapitalistas que murieron al explotarles en las manos una bomba que trataban de colocar. Melódicamente impecable, plena de potencia y clase, la canción no deja lugar a dudas sobre la posición de la banda: “¿Quién no ama la libertad/aunque le reviente entre las manos?/No puedo ni mirarte, es demasiado/El cadáver gritando sin parar/Guerra al estado, guerra siempre/¡Hasta que nos dejen en paz!”.




13- LEÑO - SODOMA Y CHABOLA (“Leño”, Chapa, 1979)
Era la época que Rosendo era un guitarrista mayúsculo y los Leño construían su leyenda a golpe de Thin Lizzy, Rory Gallagher, calle y verdades. Un cuadro sucinto y explicativo de lo que era el Madrid de la miseria barrial que el señor Mercado traza con preclara capacidad de síntesis y lorquiana inocencia: “Los mares fueron creciendo derribando las barreras/ la sal fabricó dos alas forradas de sangre seca”. La voz de los sin nombre cantada con nitidez, sentido y aliento poético.




14- LOS ENEMIGOS – OCCIDENTE (“La cuenta atrás”, Gasa, 91)
Siempre entre el vacile, la metafísica y la furia, los Enemigos de la trilogía absoluta (“La Vida Mata”, “La cuenta atrás”, “Tras el último no va nadie”) fueron la banda generacional más incomprendida de este país. Tenían un deje social evanescente pero cierto y “Occidente”, una de sus canciones más injustamente olvidadas, pone el dedo en la llaga permitiéndose un ejercicio de poesía terrena pero incendiada. “Sintió vergüenza el funcionario al cobrar/y también rompió a llorar”, escupe Josele en un intento de futuro improbable. Una ajustada previsión del estado ladrón y funcionarial (si ambas cosas no son lo mismo) que ha acabado siéndolo todo y quizá siempre lo fue, concedida por una banda en estado de gracia.




15- SURFIN’ BICHOS - GENTE ABOLLADA (“La luz en tus entrañas”,La fábrica magnética, 89)
Nada sería de este país sin los bares oscuros, donde se cuecen prodigios y crímenes. Fernando Alfaro, cuando era un niño maldito todo diente y ojos, fue capaz de contarlos como nadie: “Pedro vive oscuro y solo en el fondo del bar/un suspiro de alcohol se escapa de su sangre”… “Gente abollada” fue uno de sus primeros singles de unos Surfin’ destinados a la leyenda, pura radiografía de bajo fondo propulsada por atípicos saxos que estalla en algún lugar de la memoria común como un disparo de vicio: “Yo seré tus ojos nena/miraré por ti/le prometió el Juanma a su chica/ahora el tampoco para de soñar/con gramos de polvo y chutas de insulina”. La épica de los que se estrellan. Por suerte, Alfaro sigue vivo y coleando, cronista imprescindible de lo atípico y lo visceral.
 



16- PABLO COBOLLO – “Demasiada clase para el vecindario”
Si no encuentran los discos del inefable, casi patafísico Cobollo, antiguo líder de aquella anomalía llamada Soul Bisontes, simplemente búsquenlo en youtube. He aquí la realidad grasienta, aceitosa, doliente y burlona. He aquí a los dandis de la chatarra y la fritanga. Viviendo con mamá, deseando cosas que jamás se tendrán, paseando a través de la heroinómana soledad de los parques, alienándose con estilo, viajando de la greguería a la puta realidad con una risa a medias. “Demasiada clase…” es la crónica de un anuncio por palabras, es también de la necesidad de amor, del humor encallado en la rutina ciudadana, de la única libertad que queda cuando hay apenas perspectivas y, sobre todo, de ese difícil sentimiento –a veces hecho, también- de ser diferente. Pocos han contado el suelo con tanta altura y tanta benéfica sorna como él lo hace aquí.


 
17- EL ÁNGEL – MAÑANA NADIE (“Polvo de Ángel”, Nuevos Medios, 94)

A la luz de la experiencia y el fracaso. A su luz blanca y su blanco calor. Así se creó el testamento de Él Ángel, un disco doble cargado con toda una vida caminada al filo. Cualquier tema de este disco valdría, porque todos ellos están inyectados de esa tristeza oceánica y fría del que contempla por última vez una vida a la que amó y maltrató a partes iguales. Si hubo un Wild Side aquí, y lo hubo, él lo pateó de lado a lado, y se nota. En todo caso, quizá la más estremecedora sea "Mañana Nadie", de la que ya hablamos extensamente AQUÍ. Es difícil vivir tan abajo, o arriba, e irse al infierno con más estilo.


 

18- CICATRIZ – APRIETA EL GATILLO (“Inadaptados”, Oihuka, 86)
Aquí podrían estar los Barricada o, con mayor sentido aún, La Polla Records que también narraron, cada uno a su modo, como el hombre común acaba en la violencia. Los Cica, sin embargo, lo hacen con más crudeza y encanto. Si es que una pedrada en la boca puede tener encanto. Ejemplo de un punk urbano pero agreste, poderoso de puro burro que floreció en alguna época en el ‘basque country’, carne de comisaría y disturbio, lo suyo es tan sencillo como brutal: “Enemigo público número uno/porque no aguantas que te joda ninguno/sin encontrar un puto oficio/porque eres carne de presidio”. Y la pregunta, claro, es “¿Qué hacer?”. Y la respuesta ya la conocéis.




19- EL ÚLTIMO DE LA FILA – QUERIDA MILAGROS (“Cuando la pobreza entra por la puerta, el amor salta por la ventana”, PDI, 85)
Sintética y plana, no es ni de lejos la mejor canción del dúo García/Portet -esa especie de termómetro de la España común de los ochenta y, quizá, noventa-. Aborda sin embargo un tema más peliagudo en su momento de lo que nos pudiera parecer ahora que es historia: la mili. La carta a su novia de un recluta que se suicida es la excusa para un canción de antimilitarismo sentimental y algo naif, alejado de los tópicos que se solían usar para abordar el tema e impregnado, pese a todo, de esa poesía doméstica que El Último manejaban tan bien.




20- KORTATU – JIMMY JAZZ (“Kortatu”, Oihuka, 85)
“Puso 20 kilos de goma tres/mandó a tomar por culo todo el cuartel/la pasma busca a Jimmy Jazz”. Adaptación pobretona pero libre del tema de los Clash, canonización del terrorista como héroe del pueblo (al igual que “Sarri”, otro de sus hits, dedicado al etarra fugado de la prisión de Martutene en julio del 85), esta versión es producto de una época paradójica en la que una banda claramente posicionada del lado de la lucha armada nacionalista podía tener éxito en todo el “estado” y define –en perfecto castellano pero sin lugar a más equívocos- la fractura en el núcleo mismo de una sociedad. Obviando los juicios morales, que son de cada uno, su ska simplón no pasará a la historia de la música, pero su peso sociológico está ahí.

martes, enero 28, 2014

JAZZ Y ABRIGOS DE VISÓN




“El jazz es como las perlas o los abrigos de visón: debería estar prohibido a los menores de cincuenta años” (anónimo contemporáneo)
 
Si todo depende de la enumeración, cualquier cosa es posible y nada es verdad. Y por tanto, todo es mentira. Por eso un coleccionista de discos y un crítico musical son cosas distintas. El primero tiene la ventaja de poder vivir en opiáceos mundos perfectos. El segundo la condena de tener que cantar medias verdades, porque sabe que ninguna es redonda. Verdades investigadas, dudosas, luminosas a veces, en el mejor de los casos, porque alumbran parcialmente caminos que están por recorrer y desvelan preguntas quizá obvias pero aun poco enunciadas. El primero, por supuesto, odia al segundo casi tanto como el segundo desprecia al primero, aunque, curiosamente, a ojos del neófito, ambas figuras pueden confundirse con cierta facilidad. Distingámoslas, pues. El coleccionista de discos que escribe raramente habla mal de nada: su misión es el panegírico de aquello que, una de dos, o le fascina, o le permite una coartada vital/intelectual (a veces ambas cosas). El segundo, en cambio, si es exigente con su trabajo, tiene a menudo que ajustar las tuercas y apuntar que el rey está desnudo o que al oyente se le está haciendo comulgar con ruedas de molino. El primero recibe las palmaditas en la espalda y las sonrisas de aquellos fieles que ya estaban previamente convertidos, y es integrado socialmente sin mayor problema. El segundo recoge los ánimos de unos pocos (muy pocos) y los insultos de quienes lo ven como un mocoso indecente que, subido al pedestal de los ídolos intocables proclama lo obvio: que están hechos de simple piedra, o de plástico, y que si su factura es impecable, su alma y su vida –y por ende la de aquel que los adora- dejaron hace tiempo de estar allí.
Además, el coleccionista depende de esa enumeración de la que hablamos y es altamente susceptible a cualquier crítica certera. Si tú, por ejemplo, argumentas que el jazz fue una música viva y arriesgada como pocas y que ha devenido un bodrio soporífero para abueletes, como yo hice recientemente en ESTA ENTREVISTA para el excelente blog de David Bizarro, en seguida el individuo, indignado, saca un papel y esgrime sus credenciales en tu cara en forma de lista sacrosanta: “Escuchen a Cecil Taylor, Sun Ra, Steve Lacy, Anthony Braxton, AACM, Derek Bailey, Bill Dixon, Julius Hemphill, David Murray,Tim Berne, John Zorn, Ken Vandermark, Mathew Shipp, Marylin Crispell, Evan Parker,Peter Broztman y centenares de músicos extraordinarios y dejen de pontificar sobre lo que no saben......mucho bizarro de medio pelo". Así lo dice en los comentarios de la citada entrevista un tal Javier Díaz López. Bien. Ignoro lo que Javier sabe o no sabe, y no lo puedo deducir de una lista airada. La falta de argumentación y el insulto –por suave que sea- sí me permiten, sin embargo, discernir una parte del personaje.
Yo podría hacer una lista que demostrase que el jazz está vivo, sí. Y otra que demostrase que está muerto. Yo podría hacer una lista que demostrase que el rock es revolucionario y otra que dejase claro lo contrario, que es una fuerza reaccionaria de primer orden comprada por el sistema. Luego, queda claro que se necesitan indagaciones más profundas, reflexión y relación. Y eso es lo que falta, demasiado a menudo, en la crítica. Menos archiveros, más pensamiento.
Con más prudencia y elegancia que Javier, argumentando, yendo por esa senda de investigación –pero al hilo de lo mismo-, Yahvé M. de la Cavada, periodista, se refiere en SU BLOG –también en El País- al mismo asunto, acusando mi visión del “jazz del siglo XXI” de cortedad de miras y simplificación extrema. Entendiendo el contexto de una entrevista hecha en persona como algo frágil que requiere de la complicidad del lector para distinguir contextos y sobreentendidos, quizá Yahvé, releyendo, comprenda que, como le apunta pertinentemente el mismo David Bizarro, un periodista a prueba de bomba, por lo que a mí respecta: “a lo que se refería Boullosa en la entrevista es a cierto tipo de jazz y, sobre todo, de oyente. No pasemos por alto sus reflexiones sobre la música entendida como coartada intelectual y rango de estatus “. En efecto, es principalmente desde ese prisma desde el que mi argumento es comprensible y defendible (incluso incluyendo todos estos nombres que vomitan los ofendidos): existe una burguesía medio pija –sobre todo por su uso del gusto como elemento de distinción más que de placer o enriquecimiento personal- compuesta por elementos a los que les gusta tener el último (o el primer) nombre en la boca siempre para demostrar lo “cool” que son, lo diferentes, lo MEJORES QUE TÚ, lo deseables. Es decir, un grupo de gente de tamaño no despreciable que emplea la música (y al cabo cualquier arte) como coartada intelectual. Para levantar esa coartada las que mejor sirven son las músicas de calidad, de cierto sesgo experimental pero que no te obliguen a esfuerzos físicos, extrañas, para  no ser consumo común, pero que no molesten demasiado si estás echando un polvo en el sofá con la mujer fatal de turno a la que crees haber encandilado con tu gloria de beatnick del futuro. A veces, y ese es el problema real, toda esa frivolidad termina afectando a la música misma. Quien te consume es, en parte, quien tú eres... Y desde ese punto de vista, lo que es entendido hoy de manera “general y popular” como jazz, es en una enorme parte carne de snob. También Tom Waits, por poner un ejemplo. O Nick Cave, por poner otro. Con la diferencia de que Tom Waits o Nick Cave también valen para poner patas arriba una casa, una cama o un bar (doy fe), y de que eso, si aplicamos ese punto de vista “desde el oyente” los redime y los protege de ser definitivamente carne muerta. Poner patas arriba las cosas es importante.
Por otro lado, y aplicando un criterio puramente empírico y personal, apenas ninguno de los conciertos de jazz en los que he estado en mis últimos veinte años en Madrid me movieron un pelo, internamente. Parte de la culpa será mía, supongo; otra parte, me imagino, de los músicos, que demasiado a menudo confunden la diversión propia con la calidad de la obra. Hay que conseguir la diversión mutua, y la comunicación. Sólo después podremos empezar a pensar si algo es bueno o no, lo cual nos meterá en esa discusión complicadísima en la que los críticos chapotean desde siempre. Porque hay dos preguntas casi irresolubles. La del crítico que se inquiere “¿Qué es bueno?”  y la del escritor que se dice a sí mismo “¿Para quién escribo?” Ambas se suelen solucionar, cuando uno ya no puede más, de la misma manera infantil. “Es bueno lo que digo yo”. “Escribo para mí”. Infantil, aunque no del todo incierta.
Pero me desvío.
Podría parecer que en toda esta argumentación echo en parte la culpa al público. Y es verdad, se la echo. ¿Puede ser el público culpable? Creo que la respuesta es “sí, aunque nunca en exclusiva”. Hasta el iracundo hombre sesudo que me agita en la cara sus listas de próceres y me escupe insultos es sólo culpable con atenuantes. Y sin embargo, pienso que el tema no es inocuo. Los mitos existen, y algunos están más que bien cimentados, y algunos están hasta vivos y tienen su razón de ser; en parte porque nos nutren y nos permiten caminar y construir nuestro propio armazón, definir nuestra personalidad, ser hombres. Sin embargo el mito inamovible, sobre el que no se puede discutir, es la rémora que acaba con modos creativos que de otro modo estarían perfectamente activos. El Rock&Roll, por salirnos del jazz un momento, es un buen ejemplo. Que la gente salte cabreadísima cuando uno dice obviedades como que Bruce Springsteen no ha grabado un gran disco desde hace más de treinta años, dios me perdone, demuestra que lo que quiere esa gente no son grandes discos, vida, experiencia, emoción, riesgo o autoanálisis. Ni siquiera diversión. Sólo quieren que se les venda una y otra vez un soma, un sucedáneo de aquello con lo que fueron felices cuando eran jóvenes y gloriosos y aún se les levantaba. Es decir, antes de adocenarse y ser unos señorones, que es lo que cualquier coleccionista y cualquier mitómano ciego es por definición.
Me gusta el Rock&Roll (el que no está anclado a tales servidumbres) por su carácter inevitable de cruce de caminos (el jazz lo fue, ¿lo sigue siendo?), aunque ahora para encontrar ese cruce haya que bajar hasta las catacumbas y no todos tengan el temple, el tiempo o las ganas de hacerlo. Y me gusta porque en sus mejores casos invalida al snob, y por tanto a la parte snob del coleccionista. Como apunta un lector en el texto de Yahvé (M. de la Cavada, no el otro), “el primer error es identificar como jazz toda música improvisada, o peor aun, creer que el jazz es el inventor de la misma”. La improvisación existió antes y existe después, supongo yo, y no es ajena en absoluto al Rock&Roll en sus vertientes más experimentales. Cita Bizarro, dándole una vuelta en círculo al listo de las listas a los Lightning Bolt, que son un buen ejemplo de banda a contrapelo,  proveniente del rock, cercana a lo “free” y que guarda intactas las virtudes de ambos mundos viviendo gloriosamente en tierra de nadie. No me extenderé sobre ellos, porque creo que lo correcto es que los busquen ustedes, pero sí diré que, como MUCHOS otros, demuestran que la vida bulle en los subterráneos y que sólo es cuestión de ir a por ella, si se desea.
El oficio de cantar alabanzas es fácil, y apenas oficio; más bien un ejercicio de esbirro (de otros o de uno mismo). El oficio de guiar, reflexionar y plantear preguntas, en cambio, es digno. Eso es lo que hace Yahvé, creo, por mucho que me duela que hable de mi “adecuado grado de desconocimiento sobre el género”.  Y eso es lo que hace David Bizarro. Y eso es lo que hago yo. Cualquier belicosidad injustificada contra ello define a quien la ejerce, no a nosotros. Ladran, luego cabalgamos.
Entendida “socialmente”, querido Yahvé, y desde la visión común, como yo lo hacía en la entrevista, el jazz es en efecto, una música muerta, geriátrica y conformista. Claro que, entendido “socialmente”, el Rock&Roll va camino de ello también, y el pop, y casi todo. Hora pues de dejar la visión coleccionista. Hora de abandonar la coartada intelectual de clase media de ‘mezzopelo’. Hora de reivindicar lo que esté vivo. Yo no dudo de que haya cosas vivísimas en el jazz –que no las haya encontrado puede ser perfectamente culpa mía-, y por ello estoy abierto a que usted me las enseñe, y lo digo sin un asomo de ironía. Aunque le agradecería que, al contrario que algunos generadores de comentarios, aquí y allá, y demasiados periodistas, lo hiciese con explicaciones y cariño, absteniéndose de esas listas de nombres de relumbrón oscuro que aspiran sólo a decir: yo sé, tú no.
Explicar al que no sabe. Comunicar. Eso es lo único que hay.
Lo demás son abrigos de visón.

martes, enero 21, 2014

MAESTROS DE LA CANCIÓN EN PAPEL


Esteban Hernández habla de "El puño y la letra" en el blog de Fernando navarro en El País, LA RUTA NORTEAMERICANA. Mejor libro de 2013 en los subterráneos de Xpaña. Ideal para jóvenes pervertidos con interés por lo que aúllan los señores de los cacharros que hacen ruido. Están a tiempo de hacerse con un ejemplar y cambiar de vida.

lunes, enero 20, 2014

STEADY DIET


Ordenando algunos CDs desperdigados por la habitación me quedo con unos cuantos en la mesa que procede volver a escuchar. Es mi dieta para los siguientes días, no exenta de obras maestras más y menos obvias. Son estos:

Joy Division – Substance

The Original Sins – Self destruct

Thalia Zedek Band – Liars and prayers

Silverfish – Fan

The Mekons – Fear and whiskey

Nova Mob – Nova Mob

Scratch Acid – The greatest gift

Black Flag – Damaged

Corcobado y los chatarreros de sangre y cielo – Tormenta de tormento

Lemonheads – Lovey

Beat Happening – Dreammy

Scout Niblett – I am

Epic Soundtracks – Change my life

Howling Hex – All night fun

Jacobites – Jacobites

Los Nitxos -10/10/12

Pigs – Gaffe

Atahualpa Yupanqui – Don Ata

Lee Scratch Perry – Repentance

Joy Division – Preston 28 february 1980

Bob Dylan – Love and theft

Derribos Arias – CD

Moho – Chotacabra

The Chargers Street Gang – Trough the windshield

Gallon Drunk – In the long still night

The Sisters of Mercy – Some girls wander by mistake

Mike Watt – Hyphenated-man

Swell maps – A trip to Marienville

 

miércoles, enero 01, 2014

I AM EUROPE



Ya dijo Jorge Ilegales hace mucho que Europa había muerto. Ahora CHILLY GONZALES nos canta como apesta su cadáver en plena descomposición. Disfrútenlo, es un puto genio, y además, es canadiense.



Soy un cenicero con forma de perro

Soy un mostacho que se encoge de hombros vestido con un esmoquin fardahuevos

Soy una película sin argumento, escrita en el asiento trasero de un taxi alimentado con pis

Soy un sobaco imperial, sudando Chianti

Soy un retrete sin asiento, evacuando tradición

Soy la lencería socialista

Soy el techno diplomático

Soy la pasta gay y el cappuccino racista

Soy un ejército de vacaciones en un museo de la guillotina

Soy un cuadro pintado con pelo, en una playa nudista, comiendo en MacDonalds

Soy una novela demasiado larga

Soy una canción sentimental

Soy un diente amarillo bailando un vals con las gafas de sol de mosca puestas

¿Quién soy?

Soy Europa


………………………………………………………………


I’m a dog shaped ashtray

I’m a shrugging moustache wearing a speedo tuxedo

I’m a movie with no plot, written in the back seat of a piss powered taxi

I’m an imperial armpit, sweating Chianti

I’m a toilet with no seat, flushing tradition down

I'm socialist lingerie

I'm diplomatic techno

I'm gay pastry and racist cappuccino

I’m an army on holiday in a guillotine museum

I’m a painting made of hair, on a nudist beach, eating McDonald's

I’m a novel far too long

I’m a sentimental song

I’m a yellow tooth waltzing with wrap around shades on

Who am I?

I am Europe


Un paseo por los maizales de la ANGLOGALICIAN CUP


Cowboy iscariot pasea por los maizales de la Anglogalician Cup con Bill y Marat haciéndole los coros. Cuando el pensamiento y el pillaje dejan de distinguirse... Pueden leer el texto AQUÍ.

miércoles, diciembre 25, 2013

UNA HISTORIA MUSICAL A RAS DE POLVO (FIAT LUX)


Hay un artículo de LUIS BOULLOSA en la página treinta del nuevo y muy recomendable número de FIAT LUX, ya en la calle. Poniéndole banda sonora subterránea a la España negra con Javier Colis, Ilegales, Corcobado, Eskorbuto, Los Calis, la Trapera y otros héroes de nuestro tiempo. Píllenla en su kiosko más próximo...

lunes, diciembre 16, 2013

CTHULHU recomienda... "EL PUÑO Y LA LETRA"

Campaña para la destrucción definitiva de la Navidad: Si le ha gustado "El puño y la letra", el primer libro publicado por nuestro dipsómano gurú el pensamiento libre, LUIS BOULLOSA, este es el momento de regalárselo al elemento más reaccionario que pueda encontrar en el seno familiar. Si la pelea por tan preciado lugar en el panteón es dura, puede concederse como premio "ex aequo", partirse en dos mitades con un cuchillo de cortar pan o, simplemente, entregarse dos veces o las que sea menester. Si no lo ha leído aun, es el momento de joderse la cabeza para siempre en un par de tardes. Contribuyan a la cultura subterránea, la única que existe. Y recuerden, no abandonen la bonita tradición de los Reyes Magos ni la del gordinflas patético de Papá Noel, son dos indicios imprescindibles para que sus hijos comprendan lo esencial: que todo lo que les están enseñando es mentira.

Dejo aquí las diversas reseñas del artefacto aparecidas en prensa hispánica por si alguien duda aún de que es una creación nefasta, proveniente del abismo y muy, muy poco recomendable para el ciudadano medio español.

EL DIARIO

http://www.eldiario.es/cultura/Nacidos-perder-cantarlo_0_178832270.html

MONDOSONORO

http://www.mondosonoro.com/Critica-DVD/El-puno-y-la-letra/Autor-Luis-Boullosa/8375.aspx

IPUNKROCK

http://www.ipunkrock.com/index.php/site/comments/luis_boullosa/

VALENCIA PLAZA

http://www.valenciaplaza.com/ver/103336/el-pu

RUTA 66

http://www.ruta66.es/2013/10/encuentros/luis-boullosa-de-punos-letras-y-otros-menesteres/

LAREIRA POP

http://lareirapop.weebly.com/7/post/2013/11/el-puo-y-la-letra-antropologa-y-requiem.html

LA RAZÓN

http://www.larazon.es/detalle_normal/noticias/4341942/cultura+libros/santoral-underground

EFE EME

http://www.efeeme.com/libros-el-puno-y-la-letra-creacion-literaria-y-rock-roll-underground-de-luis-boullosa/

CRAZY MINDS

http://www.crazyminds.es/el-puno-y-la-letra-de-luis-boullosa-literatura-rock-sobrenatural/

RIODENOMEN

http://riodenomen.blogspot.com.es/2013/10/no-me-matareis-con-balas-un-rio-sobre.HTML



http://riodenomen.blogspot.com.es/2013/11/no-me-matareis-con-balas-un-rio-sobre_5.html

STAFF MAGAZINE

http://stafmagazine.com/collection/el-puno-y-la-letra/
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domingo, diciembre 15, 2013

Purasangres en el callejón – VIVA BAZOOKA + GOG Y LAS HIENAS TELEPÁTICAS (Skate Park, Bergara)


Entre las grandes mentiras de la humanidad está la de que quien no conoce su historia está condenado a repetirla. Llevamos toda la historia, de hecho, conociéndola perfectamente y repitiéndola, y amparándonos después en cualquier excusa para decir que no sabíamos. Somos así de hijos de puta y de paletos, sí. Y se está caliente en casa, sí. Por otro lado, en casa, no pasa nada jamás. Con la música más o menos exigente para con quien escucha sucede lo mismo. Veo en una librería la versión traducida del libro “Our band could be your life” de Michael Azerrad que habla de toda aquella camada gloriosa de bandas punk mutantes de mediados de los ochenta en Amérika (Hüsker Dü, Replacements, Sonic Youth, Minutemen, etc, etc) y, por más curiosidad que me siga causando ese pasado que los entendidos soban y resoban, no puedo dejar de pensar que ya nada en mi sangre hace años, y que quizá con eso sobre, y que cada minuto que gastamos glorificando lo que fue en lugar de, simplemente, usarlo como gasolina es uno que perdemos para vivir el presente. Y el presente nunca es menos prodigioso que el pasado, simplemente no va vestido con la engañosa ropa de la nostalgia y de la juventud absoluta.
El 13 de diciembre de 2013 toqué con mi banda en el bar del skate park de Bergara. El sitio mola y suena bien, la crew era amistosa, y parece que a los diez (por lo alto) que prestaron atención les gustó nuestro ruido. Abríamos para los prodigiosos VIVA BAZOOKA, un dúo instrumental de guitarra y batería al que pocos conocen y que es como un purasangre de carrera corta o un boxeador ligero de piernas y con mano de plomo: en media hora pelada te hacen besar la lona unas cuantas veces, y entran en la meta con más o menos veintisiete cuerpos de distancia sobre cualquiera. A cuerpo por minuto.
Telonear a una banda así es al tiempo una putada, una maravilla y un reto. Explicar a qué suenan sería intentar lo imposible, porque –y aquí el tópico funciona con exactitud- sólo suenan a ellos mismos, con una personalidad marcadísima, turbopropulsada, muy técnica pero al tiempo expresiva a más no poder (Hasier y Rafa son apabullantes con sus respectivos instrumentos y el rodaje de unos cincuenta conciertos les ha dado una compenetración casi alienígena). Bordean la disciplina gimnástica en algún momento, pero sin caer nunca al vacío gracias a que la música en sí misma comunica poderosamente, energética, maníaca, libre de culpa.
No quiere decir eso que no manejen una cantidad respetable de influencias, pero son tantas, tan bien digeridas (el aluvión que forma la perfección de un río) y usadas con tal naturalidad que el viejo truco con el que reseñistas novatos o cansados solucionan la papeleta se va al carajo. Como mucho, puedo decir que por momentos me hicieron recordar a los Minutemen y a las diversas encarnaciones de Mike Watt en solitario, no porque sonaran igual, ni mucho menos (aquí no hay bajo, allá es preponderante), sino gracias a esa cualidad mutante, ajena a las reglas supuestamente escritas del Rock&Roll, con querencia por las miniaturas y la urgencia, siempre en fuga y en busca de lo inesperado, que hará que algunos vean en ellos un punto jazzy.
Yo lo que veo es punk. Veo punk inteligente y de hoy mismo a raudales, en su música y en su actitud, y en los cojones que tienen para –como tantas otras bandas remarcables y suicidas que pululan por ahí- seguir con lo suyo heroicamente, sin desalentarse por el inevitable muro de la realidad que nos envuelve.  Esa realidad que hace, por ejemplo, que de los presentes en un local donde dos buenas bandas tocan gratis un tercio se dedique a zampar sin prestar atención alguna y otro a fumarse unos ciguis en la puerta, como si la cosa no fuera con ellos. Nada que no pase en casi cualquier parte.
Quizá es que todo el asunto ha muerto y nosotros simplemente paseamos un cadáver que a nadie causa ya curiosidad alguna, pero después de los Bazooka, lo dudo mucho, la verdad. Prefiero pensar, aunque sea igual de triste, que hemos tenido tal empacho de cultura de todo tipo en las últimas décadas que, sencillamente, hemos terminado por pensar que caviar todo los días por la cara es una dieta que merecemos y que, por tanto, podemos permitirnos despreciar. Acaso es por ello que, al final, comemos tanta mierda y seguimos diciendo amén.

domingo, diciembre 01, 2013

Elegancia y R&R (VIII) - EL ÁNGEL - MAÑANA NADIE


Sería fácil decir que cada tierra tiene su Lou Reed y que el nuestro fue El Ángel, aunque apenas nadie lo recuerde ya. A él no le molestaría la comparación, imaginamos. O se podría decir que cada pueblo grande tiene su Jim Carroll y que él fue el de Madrid, esa urbe de paletos y prodigios; aunque habría que discutir si esa es realmente la ciudad, o si la ciudad donde suceda el drama importa al cabo. Es sabido que cualquiera es buena para mandarlo todo al carajo. Podría decirse que -como Reed y como Carroll- El Ángel fue refractario a la luz y apreciable poeta, rockero de cuero riguroso también, profeta de una vida sin bocado, a pecho descubierto. Suicida si se quiere. Al revés que la de ellos, su muerte fue temprana.
Podrían decirse todas esas cosas, en fin, sin faltar a la verdad, pero mintiendo a la vez, porque siempre hay más, al fondo de una vida, y eso es lo difícil de calibrar. Para ello queda sólo el arte, que es al mismo tiempo el todo y un simple, débil rastro del hombre. Cuando El Ángel murió de sida en 1994, además de un buen puñado de poemas febriles, violentados y arrogantes, tiernos, consignados en el libro “Los planos de la demolición”, dejó un disco doble con el que le pasaba por la banda a su generación y condensaba una época, un disco final de rock and roll puro y enorme aliento metafísico. Hay puertas de atrás principescas, y “Polvo de Ángel” (Nuevos Medios, 94) es una de las más guapas y más oscuras que conozco. Nadie pareció enterarse, entonces. Yo, desde luego, no me enteré, aunque recuerdo algún artículo al respecto. Yo llegué tarde.
Todo eso sucedía en unos primeros noventa cuyo color se me va volviendo poco a poco desvaído: la época en la que algunos consignaron la agonía de los ochenta con precisión terrible; la que saqueó sus templos, derribó sus ídolos patéticos y, ya sin nada que perder,  formuló lo aprendido en ráfagas tan crudas y urgentes como ésta. Ya venía la ola nueva, la de una música de raigambre yanqui que con sus aciertos y miserias se impondría, al principio amateur y briosa, progresivamente -al igual que en América- sepultada por su inane versión melódica y burguesa. Feroces, emparedados en esa rompiente, algunos como Él Ángel permitieron que los  mejores aciertos de la década anterior y sus pavores más negros coagularan finalmente, a la fría luz de los hechos.
Y de hechos, entre otras cosas, de hechos difíciles de comprender, va “Polvo de Ángel”, el disco del dios animal de las calles frente a la muerte, el disco del chico cegado y lúcido que escupe, con la voz ya enreciada por el exceso: “Nada que hacer, nada que decir/nada se esconde bajo vuestro cielo/jamás podremos remontar el vuelo/no sabríamos a donde ir”. Mezcla de punk de entraña, rock urbano y afilado rock&roll neoyorquino, grabado en Sevilla con Los Volcánicos (su pareja, Ana Curra, y miembros de Dogo y los Mercenarios y de su antigua banda, Los Escaparates), el disco es  una síntesis cristalizada en azul lou reed y bañada en guitarras de quirófano, severamente afiladas, desinfectadas con una pálida llama de estupor y de entrega. Crónica de la cloaca y el éxtasis, cueva en el fondo de la tierra, en el centro de nuestra propia historia, donde se han congelado los sueños, “Polvo de Ángel” reluce como una herida de neón y de carne.
¿Por qué fue el ángel capaz de hacer ese recuento, esa suma heladora de la vida y del amor terminal? Quizá porque la presencia de la muerte espolea a quienes son capaces de mirarla a la cara, y él ya sabía que se moría. ¿Es eso lo que afila la pluma? ¿Es la desolada certeza de la última bala lo que lo baña todo con ese impávido fulgor de chulesca gloria? Yo no lo sé, pero creo que el disco lo cuenta por sí mismo, caminando sin remordimientos entre la primera neblina de otra existencia en canciones como “El mar” (“Tuve lo que quería, tuve mi pasión/lo que he perdido me da igual/soy un sueño entre la realidad”), con la insatisfacción, del que le ha pedido demasiado a la vida (“estoy buscando algo /que nadie me puede dar”), recorriendo sin cortarse un pelo la calle más chunga,  las parejas perdidas, la costra de las habitaciones sucias, contando lo que hay cuando apenas queda nada desde el mismo blancuzco corazón de la epidemia.
No es un disco perfecto, tiene algo de tanteo y de búsqueda, algunas instrumentaciones erradas, algunas canciones que son la misma, no importa. Es un disco violento, luminosamente marginal, ejecutado más que cantado, con la clase de lo inevitable. Es un disco sobre la aceptación. Y es un disco de amor. Cualquiera de sus temas valdría, en realidad, por el todo, porque todos ellos están inyectados de esa tristeza oceánica y fría del que contempla por última vez una vida a la que amó y maltrató a partes iguales, incluso aquellas más incendiadas, como “La ley de la calle”, donde retrata el ciego empuje de quien no tiene nada que perder (“¡Ei mírame!, no tengo nada…/sólo soy una rata en esta jungla de ambición/pero tengo un cuchillo y tengo una bala/que me van a dar lo que el mundo me negó…”) hasta desembocar en la humillada derrota (“Mírate cuando el miedo te come/cuando te apuntan al cuello con un fusil/cuando un policía te hace oler su aliento/y nadie va a mover un dedo por ti”). Si hubo un Wild Side aquí, y lo hubo, él lo pateó de lado a lado, y se le nota en el deje, en la compañía, en las maneras y en la voz, atravesada por demasiadas calles. En la capacidad de bailar de la poesía a la carnaza acompañado de un fuego somnoliento y sincero, puramente suyo.
Sin embargo el disco es, también, una búsqueda y un encuentro. El encuentro del perfecto mensaje de despedida. Más de uno de sus temas –los que al principio parecen pecar de largos, desperezados, disolventes, circulares-, como “Me fui de noche” (“Me fui de noche/con los caballos y el metal/me fui de noche/y no te volveré a encontrar”) parecen seguir una senda que lleva a alguna parte tanteando en la oscuridad y prefiguran, al cabo, la canción con la que se cierra el disco y la vida, ese final escalofriante al que el oyente llega desarmado si ha sido capaz de cruzar el páramo eléctrico. “Mañana Nadie”, directa al panteón de las canciones más tristes y más vivas jamás escritas, ‘memento mori’ anticipado y congelado a la blanca luz del rock&roll, es una de esas con las que se llora si a uno le queda corazón. Por fuera el que sepa y pueda, por dentro el resto.
Pocas elegancias más salvajes hay que esta, me digo, mientras la oigo otra vez, en soledad; quizá ninguna: abrirle la puerta a la muerte con un disco de vida al filo tan definitivo sonando en el estéreo. Pasa, nena, y escúchalo.
Te esperábamos.

 

miércoles, noviembre 06, 2013

THE TRUE DANCE OF LIFE – An interview with MILK MUSIC (english)

  
Milk Music have been often compared to the cream of legendary label SST, probably more because of its urgent, non-regulated expressivity, than because of its sound, as far as that sound seems to have deeper roots (sucking sap from the Meat Puppets, but also wrapping the ghost of Neil Young, gently rocking the twilight lament of late Big Star) and branches of its own that grow with unusual electric lush. I tried to explain their impact over me in a RECENT REVIEW of its magnificent “Cruise your illusion”. Expansive, aching but defiant and celebratory at the same time, it was one of these glorious, unexpected records of pure Rock&Roll, opened like a vein from which initial blood, pure creative magma was flowing. Seems like they’ve already had to pay their toll for that sincerity and for that sacred childish drive. Alex Coxen tells us about it. ¿What comes after defeat? Euphoria, he says. And life itself, we guess. With its true dance of darkness and light.

(you folks can check the spanish versión of the interview HERE)
 
KAPUT- When writing about your work, critics often speak about Hüsker Dü or Dinosaur Jr. Having listened just to your last album, I can´t really see that. The bands that come to my mind are early Giant Sand and Meat Puppets… maybe also a bit of Neil Young and a bit of Johnny Thunders (in the voice in “Lacey’s secret”, particularly)… Did any of this artists play an important role in your evolution as musicians? Why and how?

MILK MUSIC- Yes. The meat puppets were true masters at blending the musical themes of punk and psychedelia in their work, along with a great sense of songwriting. All major themes we strive for in our work. and Neil Young is as close to a Jesus Christ figure in my life as anything I’ve found. Musical or otherwise. Almost beyond influence, yet he certainly guides us. I've never heard Giant Sand. 
 
K- Lyrically, one of your main matters seems to be freedom. There seems to be a feeling of spiritual hunger crossing all the album. Seems like the problem of freedom -how to get it and how to keep it and how to cope with the lack of it- is there all the time. Am I right?

M.M- You are right. 

K- “I’m not in the mirror/I’m not in the flat I rent/I’m just like the dog the wind sent/I’m on that road outside/The road outside is trough/The inside of you/So when they call you away/I hope you runaway…”. That one seems to deal with the dissolving of identity and the fact that the road to freedom is sometimes more inside than outside. Could you please tell me something about it?

M.M- Well, the real lyric is "when they call you by name, i hope you runaway". What more can I say? The great romantic Exit scene we all play in our minds. "My life's a mess, I need to split", the ‘where to’ is not important, probably doesn't exist.  Imagine the car you'll take, imagine what song is scoring this fantastic movie in your head. 

K- “Your face is an age, baby/eyes like a child/when you were young/I bet you were wild”. When you say “wild” it seems to me that it means “free”. Are you concerned about the possibility and the difficulties of keeping that “wild” feeling trough an entire life?

M.M- Wild means wild. Dancing the true dance of life. Light and dark, both sides of the blade, the angel and the serpent, locked in a trance dance. I'm getting to know this "wild" feeling more every day and I look forward to a long life of madness.

K- Do you think that the classical images of freedom still work, the ones used in Rock&Roll so often, open roads, etc… Should it be redefined somehow? Most of the open roads people take nowadays are either metaphorical or digital…

M.M- Open roads are representative of movement, change, the unknown, etc. Those are timeless human themes. Besides, only an artist's personality and choice of phrasing can determine how tired something sounds.   

K- How did you make your record this time? Alex said in an interview he is a perfectionist, but the record sounds so natural it seems like it’s been done in some state of grace, and fast…

M.M- Recording is mostly guess and check, guided and edited by our musical instincts.  

K- He also said: “There’s a big lack of sincerity in music now and we’re fighting that”. There is many people that consider music and rock&roll particularly, like a way of entertaining themselves and nothing more. They even refuse the possibility of that music trying to answer complex questions or dealing with serious matters. What do you think about that?

M.M- I think we have a little problem here. 

K- “The final scene” reminds me of late Big Star work. It conveys this feeling of defeat and despair mixed with classical music forms that were somehow meant to invoke a happier feeling . Was that contrast intentional?

M.M- I wouldn't say the contrast was intentional. Certainly the feelings of defeat and despair were. What you might call the "happier feeling" I call euphoria, a feeling which follows defeat. 

K- I love that sound, and the images are powerful, like entering the afterlife dressed in a white tuxedo. Zodiac signs and death, kind of spiritual, somehow, but fun also. Also in other songs you put up some images that seem somehow religious (“Dancing naked in a state of bliss/With a cobra in your fist”) or speak directly about that (“but I prefer the church that I’ve made mine”). Is death a main theme in your work? Do you believe there is an afterlife?

M.M- I’m not quite sure what I believe, honestly.  I believe negativity stems from fear, and that the root of fear in this world as we know it, so far, ends with death.  It's an ever present theme by default.  

K- How does your composing method works? What’s the importance of each member of the band in that process?

M.M- secret recipe

K- Can you live out of your music now? Here in Spain that’s almost impossible, even for really good bands.

M.M- No, we recently tried and failed. Im struggling to find any job right now. I feel like Milk Music has fucked us over. The amount of touring and compramising and, for lack of a better term, whoring you have to do as a pop group to survive today is far more than we as creative persons are willing to accept. Its a dark time. maybe it always has been for people like us and were just learning it. 

K-What can we expect from Milk Music live? Is it really different from the record?

M.M- Don’t expect too much since we have no plans for future live performances. As stated in the previous question, live performance got in the way of our full creative potential. Instead we've been experimenting with video and visual art to promote our records and we're all very tickled to follow in the Beatles footsteps. That being said, a classic Milk Music show could be a religious experience. In the early days, the emphasis was on high volume, and sonic blanketing. By our last  performances we were exploring the deepest depths of jamming. We were really riding the edges there for a beautiful moment. Tempos and arrangement thrown out the window to pursue the belief that if we all concentrated on our current emotion and each others, to the absolute fullest, then it would be impossible to play any wrong notes. This concept that nothing is good or bad musically.  It was quite a ride.  Stream of conscience guitar play, vocals, rythms. In the end I prefer recording. 

K- How would you define what you do in three words?

M.M- get back, jo-jo

lunes, noviembre 04, 2013

CLUB DE AMIGOS DEL ELECTROSHOCK

 
 
 
“I love you when you are good
I love you when you are ba-a-ad”
 
Lou Reed – “I love you Suzanne”
 
 
 
Soñé que una antigua novia me llamaba por teléfono. Creo que no lo cogí, porque no recuerdo ninguna conversación. Soñé que un revisor de la RENFE del futuro trataba de estafarme. Yo llevaba un billete en el bolsillo, tan usado que parecía tener cien años. Conseguí escurrirme con esa chulería que no tengo en la vigilia. Soñé un sueño aburridísimo, también, pero eso fue hace tiempo, enredado en una duermevela pegajosa. Terminó y todos los protagonistas pasaron por pantalla con pequeños carteles que juntos decían: “sentimos que el sueño haya sido tan malo, no es culpa nuestra”. Ahora es media tarde, y fuera llueve, pero el día sigue teniendo esa cualidad atonal del otro reino. En la tele no ponen ese video que vi ayer, supongo, o quizá sí, porque ya no la enciendo nunca: diez maderos catalanes apalizan a un tipo que yace encogido e indefenso en el suelo. El tipo muere. Ninguno irá a la cárcel. En las escuelas en las que todavía se enseñe algo, un profesor que acaba de cumplir los cuarenta y aún luce una recortada barba contracultural está hablando en ese mismo momento de Rodney King, más por nostalgia que por otra cosa; en aquellos tiempos él era joven y escuchaba Gasgsta Rap. Cuando esas cosas pasaban a lo grande.
 
Los hijos de puta extranjeros tienen siempre su momento de gloria, a los de aquí no se los valora igual, en cambio. No como deberíamos. Y les debemos tanto.
 
Fuera llueve, sí, y en algún sitio, mucho más allá de la lluvia, los padres educan a sus hijos.
 
Memory Lane no. 1:  Estoy en el coche de mi padre, con mi padre, volviendo del instituto. Tengo quince años. Pongo una cinta de varios que grabé la noche anterior. Suena “Heroin”. Mi padre dice “¿Qué es esto?”. Yo digo .“Ésta es mi canción favorita”. Aún puedo ver su cara, a través del tiempo, viniendo de la tumba. Tanto para el hijo rebelde. Más problemas para el padre consciente. Gracias papá, por haberme querido tanto y haberme jodido lo suficiente, lo preciso, sin necesidad de freírme el cerebro a descargas eléctricas. Hiciste un trabajo fino, sin dañar circuitos esenciales, limitándote a enervar los focos de reacción. Y tu biblioteca sigue siendo impecable ahora que no estás.
 
Otros tuvieron menos y más suerte.
 
-¿Sabemos el nombre del médico?
 
-No. ¿Importa?
 
-No sé. Podría ser.
 
Memory Lane no. 2. Estoy en la plaza de España en Lugo, tengo unos tres años y medio. Mis padres me han regalado mi primer álbum de cromos. Uno variado donde hay animales salvajes, coches de carreras, banderas del mundo. Mi madre se está tomando un vermouth con las amigas y me da cinco pesetas, yo voy al kiosko y compro mi primer sobre de cromos. Lo abro, junto a mi amigo Ramón, un año mayor que yo. Un zorro viejo. El primer cromo que surge del sobre es la bandera de los Estados Unidos de América. Mi amigo Ramón pone cara de desprecio y me dice: “Que feo. Mira, este es mucho más bonito, te lo cambio”. El cromo con el signo de Leo es en efecto, mucho más hermoso. Yo ni siquiera sé lo que es cambiar cromos. Digo que sí. En cuanto tiene el mío entre las zarpas, el tono de Ramón cambia. Dice: “Eres tonto, porque ese que te acabo de dar sale todo el tiempo y este otro no sale nunca”. Y se va. Termino toda la colección de cromos menos uno. La bandera de los Estados Unidos.
 
Se me explicó temprano cómo funcionaba la vida. He sido yo el que, en los siguientes 34 años he seguido negándome a verlo del todo o a reproducirlo del todo. He sido yo el que ha considerado insoportable el intercambio y la norma. Eso es el arte. Si no hay contra quien ejercerlo, carece de sentido.
 
-¿Cómo se llamaba el médico?
 
-¿Importa?
 
-Sí y no.
 
-¿No se lo hacían a todos o qué?
 
-No sé. Puede ser. Era por agradecer.
 
Gracias, señor doctor, por convertírnoslo en una loca heroinómana y tarada, supurando cool, sudor frío, sexo de neón, mal rollo quirúrgico, odio a la autoridad. Gracias, señor doctor, por el Rock&Roll alterado, sibarita, callejero, snob, de tripa hipodérmica, de luz reveladora. Gracias por el flash en blanco y negro y la locura del suburbio mental. Gracias por los pisos vacíos, el mobiliario vendido, las vocecitas locas, las cabalgadas claustrales y deshidratadas de malsano feedback, las curas y las recaidas, la observación social, los amigos equivocados, la soberbia supina, el orden desaparecido, tragado por una noche eterna de copas y salones desolados de amanecer. Por parte de su vida y parte de la nuestra. Gracias por el hombre rescatado de sí mismo que aún es capaz de pensar y de decir palabras que cortan como una hoja de afeitar aplicada a un ojo.
 
Sí. Hay que darle las gracias a todos los hijos de puta por enseñarnos la lección y por sacarnos definitivamente de la vereda. Por Lou y por todo lo otro. Hay que darles las gracias a todos por obligarnos a patadas a caminar campo a través, en la dirección contraria a la indicada. Quizá también a los equivocados y a los miedosos, que con más esfuerzo y detalle, con más sutileza y menos salvajismo, hicieron el mismo trabajo. Con el tiempo a estos últimos hay que perdonarlos, en uno de esos actos de olvido magnánimo y final indiferencia a los que llamamos madurar. Somos hombres, y también nosotros estamos siendo perdonados por nuestras villanías pasadas, probablemente, en este mismo momento, en alguna parte de este pobre universo que nos dedicamos a enriquecer con amor, gestos y palabras. A los hijos de puta no, a esos no hace falta perdonarlos, lejos como estamos de la santidad y de la idiocia. Pero agradecérselo es de ley.
 
Nunca leí una biografía de Lou. No me hizo falta. No hace falta si lo escuchas. Aunque me habré tragado doscientos artículos y trescientas ‘liner notes’, probablemente. En todo caso, no, no sé como se llamaba el médico, pero sé el nombre de las canciones y los discos, conozco el reguero de genio salpicado, he usado la libertad regalada con largueza, así que, gracias, doctor, otra vez.
 
Gracias por Lou cantando Sister Ray por primera vez, en mi habitación del colegio mayor, con vistas a un Madrid invernal, mientras yo escuchaba, quizá, desde la fría ducha donde solía masturbarme.
 
Por Lou afiebrado y al cuello, con una Velvet de saldo, escupiendo verdades a dos metros de la mesa donde Brigid Polk sujeta un micro y Jim Carroll se pide Pernods dobles.
 
Por Lou bailando enloquecido en un escenario de París en el 74, subido sobre su propio mono con una chupa de chispas diseñada para matar a tu amante con un picahielos.
 
Por Lou, haciendo discos opacos cuyo fulgor nadie parece recordar, en alguna cabina pringosa e impersonal, en el pasillo estrecho y demasiado largo que lleva del pensamiento a la expresión.
 
Por Lou con un ‘Mullet’ imposible, edificando elegías con la frialdad de un maestro zen puesto de anestésicos.
 
Por Lou, dando conciertos mediocres e innecesarios en la apertura de este siglo, con una banda gélida donde Fernando Saunders navegaba, elegante y demasiado perfecto.
 
Y también por Lou que –dice ella- saludó a la muerte haciendo Tai Chi con sus manitas artríticas. A ese travelo pintarrajeado de los viejos tiempos. A esa reina delicada y rota que avanzaba grácilmente hacia él con una flor en la mano.
 
Y me viene nosequién en un periódico a contar que colaboró en la glorificación de la droga, como si la droga no hubiese sido sagrada desde siempre. Las fuerzas del orden saturando los barrios obreros de jaco no aparecen en la foto de nuestra historia, en cambio.
 
Y me viene nosecuál a decir, y tiene razón, que su último gran disco fue firmado hace tiempo. Sí. Para mí fue aquel Magic & Loss de principios de los noventa, que finiquitaba el drama superándose a sí mismo y dejaba la médula congelada y un extraño “¿Ahora qué?” flotando en el salón. Mi banda de entonces se llamaba “Goodby Mass”.
 
Y hay quien comenta, al fondo, también, que nunca debió aliarse con Metallica, y vale: los putos jevis esos arruinaron un disco que podría haber sido una perla negra y densa, un asfixiante caramelo de turbia despedida.
 
Qué importa.
 
Ironías del destino, hablábamos el otro día de lo duro que era el viejo, de cómo seguía aún ahí al pie del cañón. ¿Qué edad tiene? Yo dije 69 (me gusta el número), y tu dijiste “algo más”, y discutimos y lo buscamos. Eran 71. Joven. Y yo tenía el “Transformer” allí, en CD, y lo pusimos. Y sonó, glorioso. Y al día siguiente tú buscaste el documental sobre cómo se había grabado. Y era bonito, sí. Y esa noche escuchamos el Live at Max’s, que abre él con esa congénita ironía que se me ha pegado a la piel a través del tiempo. “Esto se llama Waiting for the Man, una tierna canción folk de los primeros cincuenta que habla del amor entre hombres en el metro…”.
 
Lo acompañamos sin saberlo, a la otra orilla, tu y yo. Lo acompañamos follando y riendo y viviendo, lejos de todos los hijos de puta que ya hicieron su trabajo y ahora no son necesarios nunca más. Gracias y que os jodan.
 
Así que este obituario es un nacimiento. Y ese nacimiento es para ti.

 

ARTE Y BELLEZA EN GALICIA


Imprescindible encuentro con el blues añejo el ruido primigenio y la independencia radical. ART & BEAUTY visitan Meiro y Pontevedra de la mano de GOG ARTIFACTS. Nuestra recomendación del puto mes.

miércoles, octubre 23, 2013

LA VERDADERA DANZA DE LA VIDA - Una entrevista con MILK MUSIC


KAPUT vuelve a colaborar con los TENTÁCULOS CÓSMICOS con una agridulce inmersión en el mundo de la canción independiente y la guerrilla Rock&Roll de la mano de MILK MUSIC. Imprescindible(s)...

domingo, octubre 13, 2013

El Puño y la letra en Pontevedra

Nuestro Gran Maestre en la sombra, Luis Boullosa, presenta un libro de recetas para aprender a pensar en la Libraría Paz de Pontevedra...

martes, octubre 01, 2013

El Puño y la Letra en Santiago



Pese a ciertos problemas de última hora (¿cuándo no los hay?), LUIS BOULLOSA estará hoy martes a las 19.30 h. presentando su libro en Santiago de Compostela. El evento tendrá lugar en la librería COUCEIRO, en pleno centro (Plaza de Cervantes, 6) y acompañarán al autor, su gran amigo e insigne periodista todoterreno ASER ÁLVAREZ y el músico australiano BEN SALTER, paladín de la emoción acústica, que se tocará un par de temas que animen el cotarro. SALTER ofrecerá después un recital en el pub A REIXA, así que los amantes de la música excelsa y la palabra exacta están de enhorabuena en la ciudad de Prisciliano. Qué corra la voz...