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sábado, diciembre 06, 2014

NICK TALBOT - INGLATERRA SUMERGIDA



Ha muerto Nick Talbot, a unos siempre demasiado tempranos 37 años. Fue el cerebro y la médula de Gravenhurst, un proyecto con el que publicó varios discos muy notables y al menos -en nuestra opinión- una obra maestra, ese "Fires in Distant Buildings" que tuvo menos repercusión de la que merecía y que escucho ahora mismo. Un disco con algunos momentos, no pocos, de los que erizan el cerebro si uno tiene cierta querencia por el misterio metafísico y el sufrimiento humano. Recuperamos la reseña del disco y la entrevista con Talbot que KAPUT publicó en papel justo en aquella época (2006, él debía tener unos 29 entonces) y que nunca llegó a la web. Sirva de recuerdo, para quien desee recordar.


EL LIBRE ALBEDRÍO Y OTRAS ILUSIONES - Una entrevista con NICK TALBOT (GRAVENHURST) 

Terror gótico, alienación urbana, viajes escapistas hacia el pasado que yace bajo nuestros pies, descarnado retrato social y ocasionales destellos sentimentales con el poso ajado y polvoriento de lo que no pudo ser. Nick Talbot nos cuenta cómo enterró vivo a Nick Drake y se reinventó como cronista de la Inglaterra oscura.


Estoy interesado en tus influencias no musicales. Citas algunos libros en las entrevistas... 

- “Último verano en Klingsor” (Hermann Hesse) es sobre un pintor auto destructivo que se mata trabajando. “Happy like murderers”  (Gordon Burn, Faber&Faber, 1998) es un libro sobre Fred y Rose West que asesinaron a muchas adolescentes en Gloucester. A diferencia de la mayoría de libros del género de “crímenes reales”, parte de la prosa are escrita como si la historia fuese ficticia. Eso lo hace más perturbador e iluminador. “From Hell”, de Alan Moore, es una “novela gráfica” (una forma pija de llamar a un libro de comics). Es un acercamiento de ficción a la leyenda de Jack el Destripador, lleno de especulación metafísica y del habitual genio de Moore.

¿Crees que el artista que como ciudadano está políticamente implicado debería reflejarlo en su trabajo? ¿Cómo es la situación político-social en Inglaterra? 

-A menudo, cuando los escritores de canciones intentan ocuparse de acontecimientos actuales las canciones caducan rápidamente; las canciones no son una plataforma demasiado útil para discutir lo intrincado de problemas políticos y sociales complejos. Las respuestas nunca son simples. No me veo a mi mismo encajando en el eje derecha/izquierda. Es demasiado simplificador. 

Respecto a problemas sociales como el uso de drogas, la prostitución, los derechos de los gays, etc, soy muy libertario; Creo en la elección individual y no creo que sea asunto del gobierno interferir en la vida personal de la gente. Creo que la función del gobierno es protegernos de los demás, no de nosotros mismos. Definitivamente, no soy un conservador. 

En el campo de la economía, sin embargo, soy cauteloso con la izquierda; no estoy convencido de que un gran control gubernamental sobre la economía funcione bien. Así que no soy un socialista. Un gobierno grande a menudo termina siendo tiránico. Igualmente, no estoy convencido de que los mercados libres siempre solucionen los problemas. Creo que cada problema económico debe ser evaluado de manera independiente; no soy el adecuado para los dogmas teóricos, así que supongo que soy más bien un centrista a ese respecto. Por encima de todo, tengo instintos libertarios.

“Los muertos ven a través de los ojos de los vivos/los muertos conocen todos vuestros nombres/sin el poder de evitar que repitamos los mismos/descuidados errores que ellos cometieron...”. Parece un castigo bastante duro. ¿De dónde salió esa idea?

- Estaba subiendo por una colina en la Toscana cuando pensé en ello. La ultratumba siempre me ha parecido una noción absurda y cruel. Si los muertos están en el paraíso observándonos, viendo como lo jodemos todo, debe ser bastante infernal para ellos. Si existe un paraíso, no quiero ingresar en él.

Estas muy metido en las historias de fantasmas y las películas de terror. ¿Cuáles son tus artistas favoritos en ese campo y cómo han influido sobre ti?

- M.R. James (Montague Rhodes James, 1862-1936) es la mayor influencia literaria sobre mis letras. Escribió historias clásicas de fantasmas; leerlo a él me introdujo en el arte de hacer que la gente se sienta de una manera determinada sin darle, en realidad, ninguna información. En sus historias, lo inexplicado permanece inexplicado. No hay soluciones, solo pistas y vagas sugerencias. Espero hacer lo mismo con mis letras.

Tienes una capacidad asombrosa para crear atmósferas misteriosas y amenazantes con sonido y unas pocas palabras bien escogidas... ¿escribes poesía, cuentos o novelas?


- Escribo algo de poesía, pero la mayor parte es muy tonta; escribo pastiches y parodias de horror “pulp” para mi propio solaz. En todo caso, si escribo algo bueno en forma poética normalmente termino usándolo en una canción. También escribo algunos artículos y reseñas para revistas. Intento no tomarme a mí mismo demasiado en serio.

¿Dónde comenzó el interés por lo oscuro? 


- En el vientre materno.

Alistair Fitchett te comparó con los Kinks porque “ambos exploran temas de un tipo de mítica 'inglesidad perdida’. ¿Cuáles son esos temas y que significa exactamente el término? 


- No se lo que significa realmente, es una mezcolanza de cosas. Podría significar, sencillamente, la decadencia de las cabinas de teléfonos rojas y la amabilidad, el aumento de la violencia. Pero esas no son las cosas que me interesen. Para mí es más la idea de la prehistoria de cualquier país, la idea de sistemas de creencias perdidos, civilizaciones perdidas, ciudades bajo el mar. Como soy inglés, de modo natural me centro en las islas británicas. 

Estoy interesado en todas las tradiciones paganas pre-romanas y específicamente pre-cristianas de las islas británicas. Los restos de las tradiciones precristianas se extienden por toda Inglaterra, especialmente en el oeste del país, donde yo vivo. Muchos pubs que se llaman “Green Man” (un símbolo mitológico pagano recurrente en Inglaterra y, de paso, en muchas otras partes. N del A), pueblos con “maypoles” (otro símbolo arcaico que permanece. N del A), círculos de piedras... Debo añadir, en todo caso, que no soy un hippy. Me gustó mucho “The Wicker Man” (Christopher Lee, Brit Eckland, 1973, Película de serie B que ha ido ganando prestigio con los años y trata, bajo la apariencia de un thriller policiaco, temas como la vuelta a los antiguos ritos paganos. N del A).

¿Cómo decidiste el tratamiento sónico de tu versión de los Kinks? 


- Es una canción pop a medio tiempo que coquetea con la psicodelia, así que lo que hice fue ralentizarla y hacerla sonar más narcotizada.

¿Es “Fires...” un intento de huir de las constantes comparaciones con Nick Drake? El disco tiene una enorme variedad, con partes duras incluso... ¿te interesa la música violenta? 

-Algunas de las canciones de “Fires...” fueron escritas en 1998, mucho antes de que hiciese mis discos acústicos. Fugazi y My Bloody valentine son mis bandas preferidas. También me gusta el trash-metal. La gente debería ser cautelosa cuando escucha un disc: podrían acabar escuchando lo que quieren escuchar. A menudo su análisis dice más sobre ellos mismos que sobre el álbum. La gente escucha a Nick Drake en mis discos porque es una referencia que está de moda para hablar de una guitarra acústica y una voz inglesa. Mi colección de discos es muy grande.

Inglaterra tiene una larga tradición de estrellas pop que han sido, al tiempo, agudos comentaristas de la realidad del país. Mis favoritos son gente como Ian Curtis, Julian Cope, Aidan Moffat, Jarvis Cocker, Morrisey o Ray Davies. ¿Qué opinas de ellos? ¿Añadirías a alguien?

Todos ellos son grandes artistas. Me gustaría añadir a Billy Bragg, Richard Thompson, Kate Bush, y The Pet Shop Boys.

Tienes tu propio sello, Silent Age. ¿Qué música intentas promocionar?

- Silent Age nunca ha sido un sello propiamente dicho. Comenzó como un vehículo para mi primer álbum, pero quise que otros artistas saliesen a la luz; había demasiada música estupenda que terminaba en la pila de maquetas de los ojeadores de las discográficas. Decidimos enviar pequeñas tiradas de CDs a las rasdios y los fanzines en lugar de a otros sellos. Silent Age actuó como una especie de paraguas colectivo. Tuvimos cierto éxito así: War Against Sleep, Bronnt Industries Kapital, S.J. Esau, Ivory Springer y Geisha han sacado discos con sellos propiamente dichos después de que atrajésemos cierto interés sobre ellos con Silent Age. El sello, sin embargo, ha permanecido “dormido” durante un tiempo. Estoy a punto de reeditar el debut de Gravenhurst, “Internal Travels”, y saldrá en Silent Age.

¿Te interesa la historia?

- Estoy obsesionado con ella.

La idea de la violencia en sus diversas formas (reprimida, explícita, infligida a uno mismo) parece rodear tu último disco. ¿Por qué te interesa tanto? ¿alguna conclusión?

No sé porqué estoy interesado en ella, pero mi conclusión general es que el libre albedrío es probablemente una ilusión.

¿Qué importancia tiene la música en tu vida?

- No lo se. No siento que tenga demasiado control sobre mi vida. Siento que es algo que, sencillamente, me sucede.

¿Qué hay después de la muerte? 

- Nada, espero. Como he dicho, lo del paraíso suena infernal.



CITAS

“Para comprender al asesino/debes convertirte en el asesino/y ya no necesito esta violencia/pero ahora que he probado el odio, quiero más” (The Velvet Cell)

“Descienden sobre la ciudad como moscas/rociando sus huevos dentro de los ojos de un perro muerto:/es Inglaterra, un sábado noche” (Animals)

“Llévame hasta el río/quiero sentir el agua/acercándose e inevitable mientras tú empujas mi cabeza hacia el fondo” (Animals)

“Vivo en ambos lados del espejo/siento el dolor que la destrucción trae/Quiero ayudar a ponerlo todo en su lugar/quiero destruirlo todo//Hay ciudades bajo ciudades/ciudades bajo el mar/En los pueblos desiertos y los túmulos funerarios/ hay belleza – que nadie verá” (Cities Beneath The Sea)

“Justo tras la medianoche me doy cuenta de lo que he hecho. Justo tras la media noche me doy cuenta de lo que he hecho. Yo levanté la mano que lanzó la piedra que mató al pájaro que despertó a la ciudad” (Black Holes In The Sand)


 


Gravenhurst – "Fires in distant Buildings" (Warp)

Era la de Gravenhurst una discografía aceptable, de sereno siniestrismo vagamente folk (en la vertiente inglesa, claro), hasta que llegó este disco para despejar la mesa y colocarlos de inmediato en otra dimensión. Tirando al lado joydivisiano del asunto (ese baño de electrónica ocasional y amenazante, el fibroso sonido de brillante oscuridad) pero con personalidad, sonido y letras -¡qué letras!- para afianzarse lejos del plagio, el cerebrín de Nick Talbot ha parido un engendro que aúna el pop torturado y sentimentalmente puntiagudo con la violencia extática y contenida que en su momento postulaban Mogway o My Bloody Valentine y ocasionales reflejos de refilón en el palaciego espejo de Smiths y Pet Shop Boys. Anglófilo hasta la médula y con un ojo innato para las imágenes y atmósferas que hielan el tuétano, Talbot retrata la violencia común en sus múltiples formas con mano maestra. Sin miedo a los desarrollos largos, pero preclaro en el cierre melódico de los temas. Asequible pero con profundidad, nunca obvio, y con el broche de "See my friends" de los Kinks narcotizado y virado a Spacemen 3 en sepia. Un disco imprescindible desde ya, si no eres de los que tienen accesos de urticaria por un poco de engolamiento British...


lunes, noviembre 04, 2013

CLUB DE AMIGOS DEL ELECTROSHOCK

 
 
 
“I love you when you are good
I love you when you are ba-a-ad”
 
Lou Reed – “I love you Suzanne”
 
 
 
Soñé que una antigua novia me llamaba por teléfono. Creo que no lo cogí, porque no recuerdo ninguna conversación. Soñé que un revisor de la RENFE del futuro trataba de estafarme. Yo llevaba un billete en el bolsillo, tan usado que parecía tener cien años. Conseguí escurrirme con esa chulería que no tengo en la vigilia. Soñé un sueño aburridísimo, también, pero eso fue hace tiempo, enredado en una duermevela pegajosa. Terminó y todos los protagonistas pasaron por pantalla con pequeños carteles que juntos decían: “sentimos que el sueño haya sido tan malo, no es culpa nuestra”. Ahora es media tarde, y fuera llueve, pero el día sigue teniendo esa cualidad atonal del otro reino. En la tele no ponen ese video que vi ayer, supongo, o quizá sí, porque ya no la enciendo nunca: diez maderos catalanes apalizan a un tipo que yace encogido e indefenso en el suelo. El tipo muere. Ninguno irá a la cárcel. En las escuelas en las que todavía se enseñe algo, un profesor que acaba de cumplir los cuarenta y aún luce una recortada barba contracultural está hablando en ese mismo momento de Rodney King, más por nostalgia que por otra cosa; en aquellos tiempos él era joven y escuchaba Gasgsta Rap. Cuando esas cosas pasaban a lo grande.
 
Los hijos de puta extranjeros tienen siempre su momento de gloria, a los de aquí no se los valora igual, en cambio. No como deberíamos. Y les debemos tanto.
 
Fuera llueve, sí, y en algún sitio, mucho más allá de la lluvia, los padres educan a sus hijos.
 
Memory Lane no. 1:  Estoy en el coche de mi padre, con mi padre, volviendo del instituto. Tengo quince años. Pongo una cinta de varios que grabé la noche anterior. Suena “Heroin”. Mi padre dice “¿Qué es esto?”. Yo digo .“Ésta es mi canción favorita”. Aún puedo ver su cara, a través del tiempo, viniendo de la tumba. Tanto para el hijo rebelde. Más problemas para el padre consciente. Gracias papá, por haberme querido tanto y haberme jodido lo suficiente, lo preciso, sin necesidad de freírme el cerebro a descargas eléctricas. Hiciste un trabajo fino, sin dañar circuitos esenciales, limitándote a enervar los focos de reacción. Y tu biblioteca sigue siendo impecable ahora que no estás.
 
Otros tuvieron menos y más suerte.
 
-¿Sabemos el nombre del médico?
 
-No. ¿Importa?
 
-No sé. Podría ser.
 
Memory Lane no. 2. Estoy en la plaza de España en Lugo, tengo unos tres años y medio. Mis padres me han regalado mi primer álbum de cromos. Uno variado donde hay animales salvajes, coches de carreras, banderas del mundo. Mi madre se está tomando un vermouth con las amigas y me da cinco pesetas, yo voy al kiosko y compro mi primer sobre de cromos. Lo abro, junto a mi amigo Ramón, un año mayor que yo. Un zorro viejo. El primer cromo que surge del sobre es la bandera de los Estados Unidos de América. Mi amigo Ramón pone cara de desprecio y me dice: “Que feo. Mira, este es mucho más bonito, te lo cambio”. El cromo con el signo de Leo es en efecto, mucho más hermoso. Yo ni siquiera sé lo que es cambiar cromos. Digo que sí. En cuanto tiene el mío entre las zarpas, el tono de Ramón cambia. Dice: “Eres tonto, porque ese que te acabo de dar sale todo el tiempo y este otro no sale nunca”. Y se va. Termino toda la colección de cromos menos uno. La bandera de los Estados Unidos.
 
Se me explicó temprano cómo funcionaba la vida. He sido yo el que, en los siguientes 34 años he seguido negándome a verlo del todo o a reproducirlo del todo. He sido yo el que ha considerado insoportable el intercambio y la norma. Eso es el arte. Si no hay contra quien ejercerlo, carece de sentido.
 
-¿Cómo se llamaba el médico?
 
-¿Importa?
 
-Sí y no.
 
-¿No se lo hacían a todos o qué?
 
-No sé. Puede ser. Era por agradecer.
 
Gracias, señor doctor, por convertírnoslo en una loca heroinómana y tarada, supurando cool, sudor frío, sexo de neón, mal rollo quirúrgico, odio a la autoridad. Gracias, señor doctor, por el Rock&Roll alterado, sibarita, callejero, snob, de tripa hipodérmica, de luz reveladora. Gracias por el flash en blanco y negro y la locura del suburbio mental. Gracias por los pisos vacíos, el mobiliario vendido, las vocecitas locas, las cabalgadas claustrales y deshidratadas de malsano feedback, las curas y las recaidas, la observación social, los amigos equivocados, la soberbia supina, el orden desaparecido, tragado por una noche eterna de copas y salones desolados de amanecer. Por parte de su vida y parte de la nuestra. Gracias por el hombre rescatado de sí mismo que aún es capaz de pensar y de decir palabras que cortan como una hoja de afeitar aplicada a un ojo.
 
Sí. Hay que darle las gracias a todos los hijos de puta por enseñarnos la lección y por sacarnos definitivamente de la vereda. Por Lou y por todo lo otro. Hay que darles las gracias a todos por obligarnos a patadas a caminar campo a través, en la dirección contraria a la indicada. Quizá también a los equivocados y a los miedosos, que con más esfuerzo y detalle, con más sutileza y menos salvajismo, hicieron el mismo trabajo. Con el tiempo a estos últimos hay que perdonarlos, en uno de esos actos de olvido magnánimo y final indiferencia a los que llamamos madurar. Somos hombres, y también nosotros estamos siendo perdonados por nuestras villanías pasadas, probablemente, en este mismo momento, en alguna parte de este pobre universo que nos dedicamos a enriquecer con amor, gestos y palabras. A los hijos de puta no, a esos no hace falta perdonarlos, lejos como estamos de la santidad y de la idiocia. Pero agradecérselo es de ley.
 
Nunca leí una biografía de Lou. No me hizo falta. No hace falta si lo escuchas. Aunque me habré tragado doscientos artículos y trescientas ‘liner notes’, probablemente. En todo caso, no, no sé como se llamaba el médico, pero sé el nombre de las canciones y los discos, conozco el reguero de genio salpicado, he usado la libertad regalada con largueza, así que, gracias, doctor, otra vez.
 
Gracias por Lou cantando Sister Ray por primera vez, en mi habitación del colegio mayor, con vistas a un Madrid invernal, mientras yo escuchaba, quizá, desde la fría ducha donde solía masturbarme.
 
Por Lou afiebrado y al cuello, con una Velvet de saldo, escupiendo verdades a dos metros de la mesa donde Brigid Polk sujeta un micro y Jim Carroll se pide Pernods dobles.
 
Por Lou bailando enloquecido en un escenario de París en el 74, subido sobre su propio mono con una chupa de chispas diseñada para matar a tu amante con un picahielos.
 
Por Lou, haciendo discos opacos cuyo fulgor nadie parece recordar, en alguna cabina pringosa e impersonal, en el pasillo estrecho y demasiado largo que lleva del pensamiento a la expresión.
 
Por Lou con un ‘Mullet’ imposible, edificando elegías con la frialdad de un maestro zen puesto de anestésicos.
 
Por Lou, dando conciertos mediocres e innecesarios en la apertura de este siglo, con una banda gélida donde Fernando Saunders navegaba, elegante y demasiado perfecto.
 
Y también por Lou que –dice ella- saludó a la muerte haciendo Tai Chi con sus manitas artríticas. A ese travelo pintarrajeado de los viejos tiempos. A esa reina delicada y rota que avanzaba grácilmente hacia él con una flor en la mano.
 
Y me viene nosequién en un periódico a contar que colaboró en la glorificación de la droga, como si la droga no hubiese sido sagrada desde siempre. Las fuerzas del orden saturando los barrios obreros de jaco no aparecen en la foto de nuestra historia, en cambio.
 
Y me viene nosecuál a decir, y tiene razón, que su último gran disco fue firmado hace tiempo. Sí. Para mí fue aquel Magic & Loss de principios de los noventa, que finiquitaba el drama superándose a sí mismo y dejaba la médula congelada y un extraño “¿Ahora qué?” flotando en el salón. Mi banda de entonces se llamaba “Goodby Mass”.
 
Y hay quien comenta, al fondo, también, que nunca debió aliarse con Metallica, y vale: los putos jevis esos arruinaron un disco que podría haber sido una perla negra y densa, un asfixiante caramelo de turbia despedida.
 
Qué importa.
 
Ironías del destino, hablábamos el otro día de lo duro que era el viejo, de cómo seguía aún ahí al pie del cañón. ¿Qué edad tiene? Yo dije 69 (me gusta el número), y tu dijiste “algo más”, y discutimos y lo buscamos. Eran 71. Joven. Y yo tenía el “Transformer” allí, en CD, y lo pusimos. Y sonó, glorioso. Y al día siguiente tú buscaste el documental sobre cómo se había grabado. Y era bonito, sí. Y esa noche escuchamos el Live at Max’s, que abre él con esa congénita ironía que se me ha pegado a la piel a través del tiempo. “Esto se llama Waiting for the Man, una tierna canción folk de los primeros cincuenta que habla del amor entre hombres en el metro…”.
 
Lo acompañamos sin saberlo, a la otra orilla, tu y yo. Lo acompañamos follando y riendo y viviendo, lejos de todos los hijos de puta que ya hicieron su trabajo y ahora no son necesarios nunca más. Gracias y que os jodan.
 
Así que este obituario es un nacimiento. Y ese nacimiento es para ti.

 

martes, mayo 29, 2012

MULE IN MEMORIAM


Molestones, en ruta hacia Valencia

A menudo la justicia poética es lo único que nos queda. Y los mejores de entre nosotros que caen merecen esa justicia aunque la historia no se vaya a ocupar de ellos jamás o precisamente por eso. Sin embargo es difícil ajustar cuentas con el propio pasado y los propios afectos y temores. El otro día (ya prefiero ni acordarme de qué día) murió EL MULE. Para los que no lo conocieron da igual. Para los que lo conocimos la pérdida es tan irreparable que escribir sobre ello se hace complejo sin caer en los tópicos de siempre que, en todo caso, sirven también. Sirve decir “cuanto lo siento” y “siempre se van los mejores” y “la vida no es justa”, porque, aunque tópicos, son perfectamente ciertos en este caso. Rara vez en mi vida me encontré con alguien tan vital como el Muletas, tan claro en sus opiniones y sus conductas y tan amigo de los que consideraba sus amigos. Sus defectos existirían, yo no lo dudo, pero tuve –tuvimos- la suerte de vivir mucho más sus virtudes, sus aciertos, su afecto y ese arranque puramente vitalista que hacía que estar con él fuera casi siempre un momento de alegría y de celebración de lo divertido que era estar aquí, sobre la tierra.
La muerte es triste e incomprensible, siempre, pero deberíamos festejar todo lo que aprendimos de él en vida. En mi caso su capacidad de remontar, de luchar y de verlo todo con una sana guasa –muy madrileña, muy de barrio, muy punk en el sentido más acogedor del término-. Lo conocí por primera vez cuando mi banda de entonces se había aquedado sin batería. El Punko, mi guitarrista, era viejo amigo suyo, me lo presentó e hicimos algunos ensayos sin demasiado fruto, pero la amistad ya estaba allí. Nos caímos bien, creo, aunque nuestros rollos, aparentemente, eran dispares. Quizá fue el amor por la música y la caña, quizá que ambos éramos temperamentos poco intervencionistas, que vivíamos y dejábamos vivir. Poco después, con el añadido de mi amigo Homiño a la Guitarra, montamos LA CAMADA, que luego pasaría a llamarse MASTER DISASTER GANG, un trío de amigos que repartió cera, trabajó al ralentí, más por el disfrute que por otra cosa, celebró un buen puñado de conciertos –algunos gloriosos en su caos, otros simplemente caóticos, todos divertidos- y llegó a grabar un disco del que aún estoy orgulloso.

Master Disaster Gang, road to ruin
Fueron buenas épocas. Fueron unas buenas risas, muchas copas y todo lo demás. Mule era un poco el maestro en la sombra, porque, al cabo, el llevaba en esto del Rock&Roll desde siempre (Cavernícolas, Tabernícolas, Bronquios, Milicianos, etc...), y nosotros aún éramos cachorros. Nos fuimos a Suecia una vez, y lo recuerdo sosteniendo una conversación perfectamente fluida con un noruego, a las tantas, aunque ninguno de los dos hablaba inglés. Su presencia, al cabo, terminó por ser una de esas cosas buenas que das por hechas y, por tanto, no percibes en toda su benéfica magnitud. Luego, volví a coincidir con él en LOS MOLESTONES, otra banda barrial, tabernaria y sincera como él mismo. Mule estuvo en mi casa en Galicia en una ocasión, hace ya años. La última vez que charlé con él, en el Malpaso, le hablaba de posible viaje allí y me dijo: “Yo ya no sé si lo volveré a ver”. Yo le dije que por supuesto que volvería. Me equivoqué.
Mule de perfil, fiestas de antaño
La muerte, por lo general me deja frío; una frialdad que se parece a la estupefacción, una especie de asombro congelado: no acierto a sentir gran cosa más que el hueco. Eso es, supongo, lo que siento ahora, el hueco donde estaban todas esas cosas buenas que eran él y que ahora se han ido. Tengo una lista larga de gente que no me hubiese hecho sentir eso, pero yo no decido el orden de partida. Echaremos –ya lo hacemos- de menos sus chistes, sus risas, sus cojones para enfrentar las cosas, su sinceridad, enorme, y su gran hacer a la batería. Yo siempre decía que Mule además de bataca era un tipo con un gran ojo para la composición: “Si Mule para y te dice ‘aquí podríamos hacer esto’ escúchale siempre. No falla”. Su concepto de la canción era esencialmente pop y redondo. Sabía dónde y como tenía que ir un estribillo, dónde y cómo había que subir y que bajar y qué ritmo era el perfecto para cada una de esas cosas. Como músico, quizá fue el tipo con el que más aprendí. Como persona aprendí otras tantas lecciones, más importantes.

En el Siroco, con miss. C. Strummer
No se si la vida tiene algún sentido. Mientras dura supongo que sí. Los buenos que se van dejan el ejemplo de cómo soportarla y como convertirla en terreno fértil mientras permanecemos en ella. Mule era un maestro en eso, también.
Parece que se planea un homenaje para el día 30 de  junio en el que estarán muchos de los que le conocieron y tocaron con él o frecuentaron su impagable presencia. Será en la sala El Sol. Espero que sea una fiesta, no un velatorio. Espero que sea algo que a él le hubiese gustado ver.
Rock&Roll, amigo, donde quiera que estés.

sábado, mayo 21, 2011

DON'T BLOCK UP THE HALL (Motherfuckers)!!!



Me largo diez minutos a Galicia y sucede la “revolución” (entiendan las comillas como prefieran, da igual). A veces los tiempos se ríen de ti concediéndote tus viejos deseos de abúlico y de distanciado observador.

Mi amigo el Arcángel, recién cumplidos los cincuenta, dice que el momento de mayor excitación sexual que recuerda sucedió cuando, a los dieciocho años, en la cárcel de Marabata (Tánger), un alemán le regaló dos galletitas saladas.

Mi amigo H., en cambio, me cuenta que su fantasía sexual recurrente ahora, a los cuarenta y tantos, es “una buena guillotina en medio de la plaza”. Y los tiempos, otra vez los tiempos, le han dado pálida y metafóricamente la razón.

Se suscita una misérrima discusión en un foro interno de críticos de Rock&Roll (una casta integrada dentro de la de los esclavos que creen ser privilegiados, subdivisión quinceañeras de derechas, apartado ratas de biblioteca). Salvo honrosas excepciones, la cosa tiende a un escapismo (“este es nuestro rincón para evadirnos de la realidad, la música”) que siempre colabora con la opresión y a una especialización que elude el hecho de que una de las pocas armas del hombre (“libre”, digamos, otra vez con comillas) es la capacidad de relación y de integración de saberes diversos y dispersos. Los críticos de Rock&Roll necesitamos urgentemente nociones básicas de antropología y de genética, al menos. Para la mayoría de ellos vale (y es además necesario) hablar del contexto social en el nacimiento del blues o del soul, por ejemplo, y de los disturbios raciales de los sesenta o setenta como sustrato de un tipo de arte, pero cualquier abordaje de la actualidad les pone de punta los pocos pelos restantes en sus doctas cabecitas. Allá ellos. Mi amigo H. y yo coincidimos en algo obvio que formulo sin darme cuenta –pero que sin su influencia nunca hubiera pensado así-: en que "hay una brecha enorme entre la realidad social CREADA y la realidad social a ras de calle". Lo cierto es que los gobernantes (no hablo sólo de los políticos, pensar que gobiernan sólo ellos es claramente estúpido) han creado un universo ficcional en el que tenernos amansados, pero –subvalorándonos hasta para eso, no sé si con razón- lo han hecho con el puto culo.

Y ahora resulta que los “idiotas” se han plantado. Me encanta ver como ante ese levantamiento inesperado (¿Inesperado? ¿Qué se esperaba, entonces?) todos los perros de su amo (especialmente la despreciable orden de los juntaletras, televisivos o no) se ponen nerviosos y se retratan, tratando de barrer para casa y creando en el intento una patética nube de polvo de mentiras. Ahí están, mordiendo al aire, separados de la realidad por su propia cortina de humo y por el miedo a perder su mísero rancho de putas del poder. En esa hipotética guillotina de H. que adopto, todos ellos van teniendo su turno después de escupir sus últimos ruegos y difamaciones. Me dan más asco aún que la Policía, que ya es decir.

Curioso constatar por otro lado, que la mayor parte de las ideas de los acampados en sol y de muchos que no están allí (no por embrionariamente articuladas menos razonables; ellos, al cabo, no son los que las tendrían que articular, sino un hipotético gobierno COHERENTE y SENSIBLE), la mayor parte de esas ideas, digo, han sido usadas en un momento u otro por esos mismos perros para atacar al gobierno, o a la oposición, según el caso; para tratar de polarizar lo poco del voto que aún no lo estuviese. Ahora les asustan. Ahora que se las escupen a la cara y las entienden como algo más que mera retórica, se mueven en círculos con el rabo entre las piernas, y yo, aprovechando hasta que vuelvan a ser los cabrones de siempre, me río a gusto. Sólo por eso, ya hubiese valido la pena.

No dudo que toda la explosión de estos días se corromperá, probablemente en un futuro cercano, para darle la razón a quienes conocen la esencia cíclica de todo. A la espera de la violencia (si no fueran elecciones la cosa se habría disuelto a palos hace tiempo; ahora es ligeramente -y digo ligeramente- más complicado) y del soborno, ante los que el movimiento se retratará también, las provincias donde paso mis días contemplan la cosa con el papanatismo que les es ya estructural. Hay de todo, pero en las conversaciones de bar, donde está gran parte de la gente que debería entender esto y a la que le puede importar, lo que predomina es el viejo “que se pongan a trabajar como yo en lugar de hacer el hippy”. En gran parte, no conviene olvidarlo, este país sigue siendo el de “vivan las cadenas”. En gran parte la gente sigue viendo a un universitario como un señorito diletante y a un joven que pretende pensar como un insulto. Me lo decía un músico, un tipo preclaro, en una entrevista el otro día. “La mayor parte de la gente es buena pero un poco estúpida. Están demasiado ocupados pagando las facturas como para convertirse en pensadores. Yo soy igual, pero lo intento”. Lo cierto es que intentarlo no es tan difícil, aunque tienes que estar dispuesto a cargar, después, con las cosas que consigas pensar.

Piensa también, mi amigo H. –yo no exactamente- que la historia es un tren en marcha del que uno no se pude bajar. Sea como sea, mientras la guillotina mental continúa funcionando a todo trapo, bien está (¡estupendamente bien!) que se canten a coro algunas verdades que muchos llevamos la vida mascullando para nosotros: Como que somos las esclavas sexuales –podemos parir, pero no decidir, eso seguro- de una pandilla de hijoputas y de mediocres (a menudo ambas cosas) que llevan años follándonos en nombre de mentiras gastadas en las que ellos no creyeron jamás. Como que en la cárcel estamos todos, pero las galletitas saladas no nos valen ya.

Una vez más, después de esta parrafada, me siento un rato frente a la televisión y (siento repetirme) me encanta ver a los sicarios de los que antes hablaba, alarmadísimos, descuadrados, iracundos. Piden programa y sujeción a los trámites democráticos. Se saltan, como siempre, la esencia. Se saltan ese slogan muy consecuente (¡por fin!) que lo encabeza todo y que dice: ¡DEMOCRACIA REAL YA! Es decir. “Nos hemos dado cuenta de que esto no es una democracia, sino una tiranía mal encubierta”. Si fuera una democracia REAL (no se si tal cosa ha existido alguna vez, pero es otra discusión), no creo que tuviesen problema alguno en atenerse a sus pautas.

Yo seguiría teniéndolo, pero es que he llegado más lejos (o quizá simplemente a un estado distinto). Vivo en lugares más solitarios y mis preocupaciones profundas –lo siento- son más metafísicas que sociales, y soy siempre indeciso en la acción por un convencimiento interior de que nada importa. Un poso. Pero, joder, la vida es algo más que ese poso, eso lo concedo aún. Y una verdad sigue siendo UNA VERDAD.

So don’t Block Up The Fucking Hall!

Fdo: GATO PALUG

miércoles, abril 14, 2010

ADIÓS, RAF!!!

raf pulido 3

Ha muerto Raf Pulido, batería de La Banda Trapera del Río, abatido por un cáncer de garganta a los 53 años de edad. Que la tierra le sea leve. Fue una de las piezas claves de La Trapera y por tanto de la historia del rock en español de todos los tiempos. Si Morfi Grey, el Tigre de Cornellá, era la fibra escénica y el desacato público, la facha y la actitud, y el recordado Tío Modes -el mayor Killer-guitar- de la historia del país, traía la música en si misma, el riff inapelable y el canallesco virtusismo a los punteos, Pulido aportó el nivel rítmico que la banda necesitaba para edificar aquel monumento al rock de alta energía trufado de mala baba punk que una vez escuchado era imposible olvidar. Muchos lo mantuvimos como estandarte vital, adhiriéndonos a sus radicales declaraciones de principios y a su chulesco, enrabietado, suburbial modo de escupir la realidad a la cara del mundo. Curiosamente, gran parte de ese mensaje era de Raf: fue él quien escribió casi todas las excelentes letras del imprescindible disco homónimo de la banda. Pónganselo hoy a volumen generoso y comprobarán que su mordiente, ajena a retóricas vacuas, hablada con la voz misma del barrio, sigue funcionando. Porque la vida es así, como el la canta, nos guste o no, y aunque a cierta edad nos empiece a resultar brutal y difícil de digerir aquello que con 19 teníamos por himno. La compleja relación de egos de La Trapera, con Raf y Morfi Grey como catalizadores, queda bastante bien descrita en el excelente libro de Jaime Gonzalo "Escupidos de la boca de Dios". Vaya nuestro homenaje póstumo en boca de su amigo/antagonista y con letra de Esther Vallés.


LA LOSA
(Esther Vallés)

Hay gente gris y cansada
Y un viento que todo lo esparce
Hay rostros amarillos de adolescente
Cielo negro marca el ambiente

Hay tardes como la de hoy
Que suben los sueños a las montañas
Para que el hombre viva del olvido
Nos suben a las cotas más altas

Nos cubre la losa
Nos cubre la losa
Nos cubre la losa
Nos cubre la losa

Hay oscuras cenizas en las calles
Nuestros deseos se están pudriendo
Enterraremos tristemente los placeres
Como en los nichos los cuerpos durmiendo
Los ojos llorosos, tristes nos molestan
Hay tiempo perdido en la memoria

Nos cubre la losa del absurdo
No encontraremos nunca más la gloria

Nos cubre la losa
Nos cubre la losa
Nos cubre la losa
Nos cubre la losa

Y yo lo miro todo
Desde la ventana cerrada
Tengo miedo del pegajoso lodo
Tengo miedo de la nada

Nos cubre la losa
Nos cubre la losa
Nos cubre la losa
Nos cubre la losa

Porque tristemente advertí
Que la losa también me cubre a mi
Que la losa también me cubre a mi


viernes, noviembre 06, 2009

Poeta pop con alma punki




(Teniendo en cuenta que la edición de nuestro querido KAPUT en papel se retrasa y no sabiendo si determinadas cosas podrán entrar en la versión final, vamos soltando lastre. Aquí un tardío obituario en honor Antonio Vega a cargo del Arraiano mayor y Partisano del Pop, Mr. Aser Álvarez. yo tendría alguna cosa que decir al respecto, pero serían casi todo balbuceos nostálgicos y cruces de cables, así que mejor me callo).

“Hagámoslo bien, aunque no vaya a ninguna parte”. Esta frase preside el altar mayor de la bodega donde fermentamos la revista subterránea que ahora te sostiene. Semejante mandamiento vale para casi todo en la vida aunque sea poco práctico y más bien suicida, sobre todo en este país, donde hay que morir para que digan que has hecho algo en la vida. Entonces te conviertes en un mito y todos hablan bien de ti; las falsas alabanzas ruedan por los medios, rebozadas en mierda, y se amontonan entre palabras paja y patatas huecas. No podemos permitirnos el lujo de morir porque todavía no hemos hecho nada realmente bien. Acaso somos inmortales, hasta que se demuestre lo contrario, como con Antonio Vega. Se han dicho tantas tonterías y babosadas sobre él estos días que no sabemos muy bien por donde empezar. Quizás sea mejor hacerlo por el principio, como en la biblia de Dylan Thomas.

Mi oficio consiste en escribir obituarios sobre tipos vivos que sólo serán noticia cuando mueran, porque vivos no pasan de muertables más o menos conocidillos. El trabajar fuera de foco me otorga una libertad que ahora añoro. La actualidad se me viene encima y me adelantan las ruedas de mi propio coche en plena curva. El miedo al vacío me atenaza. La tensión congela mis neuronas y nuevamente recurro al sagrado opio del redactor urgente. Apenas una bolita como una nuez me une cósmicamente a Antonio Vega y a Thomas de Quincey. Ambos lo hacían bien, aunque no fuese a ninguna parte. Cuando podían, claro.

Estamos tumbados en una calle de Malasaña. El tórrido verano del 79 huele a pólvora y bodicrín barato. Buscamos el calor de las piedras y descubrimos juntos el “acojonante estado de bienestar” que nos proporciona esa nueva sustancia, muy de moda entre los rockeros, que nos traslada a algún lugar lejano, adyacente al jardín de antes de haber nacido. El descubrimento de la serenidad total hace que las bulliciosas tabernas del barrio, el orujo de hierbas y la chusma hueca del Penta carezcan ya de sentido para nosotros. Manadas de muñecas peregrinan a Malasaña desde los arrabales y William Burroughs desaparece tras una pesada cortina que huele a sábana picante de Tánger. Antonio Vega asegura que la materia prima del poeta es la palabra, aunque un tipo humilde como él nunca diría algo así. Palabras e imágenes ambiguas con fogonazos perdurables y destellos permanentes, añado yo, siempre pedante, incluso en estado de pedo. De Quincey asiente en silencio, aguanta el humo plateado, tose hasta la muerte y dice que el opiófago sólo se dedica a la ingesta de opio, aunque él haya escrito textos soberbios entre trago y trago de paraíso atormentado. Sólo del caos puede emerger el orden y el rigor, aseguran las comadrejas que corretean por el barrio. Perderse totalmente para recuperarse totalmente, o nunca jamás.

Encendemos la radio. Loquillo está emocionado y algo acojonado; con la muerte en los tacones. Juan de Pablos solloza y no es capaz de articular palabra. Diego Manrique pone algo de realidad. Teddy Bautista hace vomitar hasta a las ardillas enfarlopadas. Antonio Vega ha muerto. Suena un tema suyo de fondo y la emoción viaja a través de las paredes. Antonio parece sonreir tras su flequillo y susurra un poema en la oreja de Marga, que se acurruca en posición fetal, respirando el aliento de su canción. Burroughs lanza un latigazo de cuero sobre su cuaderno de polvillo verdoso. Harto de tanto barullo, De Quincey apaga la radio sin abrir los ojos y se vuelve a tumbar en el catre destartalado de la esquina. El pelma de Calamaro sigue encanutado y dando la chapa con su retórica inconexa de cerebro centrifugadora. Entonces me levanto y coloco la radio bajo las ruedas traseras del camión de la basura, que ahora dobla la esquina del Pico. Hacemos una yam en su capilla ardiente, de cuerpo ausente, sin pagar derechos.

Babosos y hornadas juegan al futbolín en Casa Camacho mientras Gallardón llora la muerte del poeta del pop. Una “plaza” del barrio lleva ahora el nombre de Antonio Vega. Es un pequeño espacio, un meadero, en la confluencia de las calles de Corredera Alta de San Pablo, Velarde y Fuencarral, a unos metros del Penta, donde ahora suena Yes, alguna melodía new wave y rock sureño. Un susurro llega al congreso. Antonio Vega ha sido el único artista pop español capaz de movilizar al jefe de la oposición. Enfrascado en pleno debate sobre el estado de la nación, Rajoy lató pleno y sacó unos minutos para mandar un mensaje de condolencia a la familia de Antonio.

El mismo día de su entierro, los investigadores del aire descubren en la atmósfera luminosa de Madrid veinte sustancias pertenecientes a cinco clases de drogas: cocaína, anfetaminas, opiáceos, cáñamo y ácido lisérgico. Ahora entendemos el egoísmo supino de esos seres misteriosos que corren por las calles disfrazados de deportistas. Doce años después de su propio entierro, Antonio Vega vuelve a cantar La chica de ayer, con su voz más íntima y verdadera, en la plaza del Dos de Mayo. Enrique Iglesias juega en el parque infantil y el Rata se mete un tiro entre los niños. Ya no hay tabernas, ni poetas, ni futbolines en varios quilómetros a la redonda. Y es que Malasaña ya no es lo que era. Pero la música de este tipo, que un día decidió perderse para siempre en los desiertos helados en busca de inspiración, nos sigue haciendo crujir las vértebras con su poética ambigüedad melancólica. Como una colilla que se consume en el suelo, dibujando círculos de humo perfectos.// ASER ÁLVAREZ

miércoles, octubre 21, 2009

PAPA WON'T LEAVE YOU (Henry)

“And if I die don’t bother me/just dig me a six foot hall/with a candle at my head & feet/& a jar of alcohol”, cantaba el viejo Shane (cito de memoria) en “Paddy Rolling Stone”, uno de los temazos de esa joya oculta que es su segundo y último álbum en solitario, “The Crock of Gold”. Pues eso. Van diez temas y un álbum sobre la muerte elegidos por nuestro comandante en jefe Cowboy Iscariot durante su última resaca de Pernod. A escuchar como velatorio improvisado e íntimo por las almas perdidas y los que estuvieron y ya no están. Futuros comentarios en profundidad (abisal).



Papa Wont Leave You, Henry (Nick Cave)

The Old Laughing Lady (Neil Young)

Death, Dying & Channel Five
(Giant Sand)

Death is Hanging Over Me (Nikki Sudden)

Sixteen Straws (The Drones)

People who Died (Jim Carroll)

My Old Man (Ian Dury)

Paddy Rolling Stone (Shane MacGowan & The popes)

Man in the Long Black Coat (Dylan)

Death is Not the End (Dylan)

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Magic & Loss (Lou Reed)

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lunes, septiembre 14, 2009

GO GET ME A DOUBLE PERNOD (Muerte callada de Jim Carroll)

Photobucket

Era su voz la que que decía aquello de "Go get me a double Pernod" entre el estruendo de copas brindadas y acoples del Live At Max Kansas City de la Velvet Underground, uno de esos discos en el que la atmosfera de humo y mala vida casi se puede tocar y que ha acompañado a un servidor muchas más tardes de las aconsejables para conservar la salud. Su voz la que gritaba que todos sus amigos habían muerto en "People Who Died", el inevitable hit de su primer álbum, ese sardónico "Catholic Boy" (Atlantic, 80) que pese a su evidente pleitesía loureediana volaba alto, amparado por una lírica afilada marca de la casa y una banda ajustada como un guante a sus aviesas intenciones -Steve Linsley (bajo), Wayne Woods (batería), Brian Linsley (guitarras) y Terrell Winn (guitarras)-. Era también suya la mente que escribió esos archicitados "Diarios del Baloncesto" y la larga, demacrada y simbólica figura entre warholiana y quijotesca por la que habían pasado, aparentemente con igual intensidad, vicios y virtudes. Baloncestista, heroinómano, chapero suburbano, poeta maldito enrolado en esa caterva de fantasmales dobles neoyorquinos de Rimbaud y compañía. Rockero en el filo; ni siquiera el destrozo previsible que le inflingió Leo Di Caprio cuando intentó acercarse a su figura en "Diario de un rebelde" consiguio privarle de un prestigio eminentemente subterráneo. Hizo muchas cosas más, claro, pero nuestra memoria es siempre parcial, egoista y caprichosa, y hacer justicia a un artista cuando llega su turno exige hacérsela también en vida, y eso raramente sucede. Con modestia, nos conformamos hoy con recordarlo con la misma mezcla de distancia y pasión que parecía exudar cada palabra que dejó para el futuro. Ataque al corazón a los sesenta años, según fuentes imperiales.La cosecha de outlaws de este año esta siendo cruenta y sin cuartel.



People Who Died

Teddy sniffing glue he was 12 years old
Fell from the roof on East Two-nine
Cathy was 11 when she pulled the plug
On 26 reds and a bottle of wine
Bobby got leukemia, 14 years old
He looked like 65 when he died
He was a friend of mine

Those are people who died, died
Those are people who died, died
Those are people who died, died
Those are people who died, died
They were all my friends, and they died

G-berg and Georgie let their gimmicks go rotten
So they died of hepatitis in upper Manhattan
Sly in Vietnam took a bullet in the head
Bobby OD'd on Drano on the night that he was wed
They were two more friends of mine
Two more friends that died / I miss 'em--they died

Those are people who died, died
Those are people who died, died
Those are people who died, died
Those are people who died, died
They were all my friends, and they died

Mary took a dry dive from a hotel room
Bobby hung himself from a cell in the tombs
Judy jumped in front of a subway train
Eddie got slit in the jugular vein
And Eddie, I miss you more than all the others,
And I salute you brother/ This song is for you my brother

Those are people who died, died
Those are people who died, died
Those are people who died, died
Those are people who died, died
They were all my friends, and they died

Herbie pushed Tony from the Boys' Club roof
Tony thought that his rage was just some goof
But Herbie sure gave Tony some bitchen proof
"Hey," Herbie said, "Tony, can you fly?"
But Tony couldn't fly . . . Tony died

Those are people who died, died
Those are people who died, died
Those are people who died, died
Those are people who died, died
They were all my friends, and they died

Brian got busted on a narco rap
He beat the rap by rattin' on some bikers
He said, hey, I know it's dangerous,
but it sure beats Riker's
But the next day he got offed
by the very same bikers

Those are people who died, died
Those are people who died, died
Those are people who died, died
Those are people who died, died
They were all my friends, and they died