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sábado, junio 16, 2012

HOMENAJE A MULE (sala EL SOL)




El próximo sábado 30 en la sala EL SOL de Madrid, tendrá lugar un homenaje a nuestro amigo MULE, baterista excelente, punk de alma y de música, y una de las mejores personas que hemos conocido y que, como sabéis, falleció recientemente. Allí estarán los muchos que apreciaron su presencia y los muchos (como yo) para los que fue una inspiración y un apoyo en las buenas y las malas épocas. Homiño y yo, que tocamos con él en LA CAMADA y la MASTER DISASTER GANG, vendremos desde Galicia para hacer unos temas. Tocarán también los GROOVIN' FLAMINGOS, la MULESAÑA BAND (con intervenciones de gente diversa que alguna vez tocó con él) y, al parecer, los magníficos WIPE OUT SKATERS, que tanto le gustaban a Mule y que se han reunido para la ocasión. Lo merece. Espero veros a todos por allí. Rock&Roll.

martes, mayo 29, 2012

MULE IN MEMORIAM


Molestones, en ruta hacia Valencia

A menudo la justicia poética es lo único que nos queda. Y los mejores de entre nosotros que caen merecen esa justicia aunque la historia no se vaya a ocupar de ellos jamás o precisamente por eso. Sin embargo es difícil ajustar cuentas con el propio pasado y los propios afectos y temores. El otro día (ya prefiero ni acordarme de qué día) murió EL MULE. Para los que no lo conocieron da igual. Para los que lo conocimos la pérdida es tan irreparable que escribir sobre ello se hace complejo sin caer en los tópicos de siempre que, en todo caso, sirven también. Sirve decir “cuanto lo siento” y “siempre se van los mejores” y “la vida no es justa”, porque, aunque tópicos, son perfectamente ciertos en este caso. Rara vez en mi vida me encontré con alguien tan vital como el Muletas, tan claro en sus opiniones y sus conductas y tan amigo de los que consideraba sus amigos. Sus defectos existirían, yo no lo dudo, pero tuve –tuvimos- la suerte de vivir mucho más sus virtudes, sus aciertos, su afecto y ese arranque puramente vitalista que hacía que estar con él fuera casi siempre un momento de alegría y de celebración de lo divertido que era estar aquí, sobre la tierra.
La muerte es triste e incomprensible, siempre, pero deberíamos festejar todo lo que aprendimos de él en vida. En mi caso su capacidad de remontar, de luchar y de verlo todo con una sana guasa –muy madrileña, muy de barrio, muy punk en el sentido más acogedor del término-. Lo conocí por primera vez cuando mi banda de entonces se había aquedado sin batería. El Punko, mi guitarrista, era viejo amigo suyo, me lo presentó e hicimos algunos ensayos sin demasiado fruto, pero la amistad ya estaba allí. Nos caímos bien, creo, aunque nuestros rollos, aparentemente, eran dispares. Quizá fue el amor por la música y la caña, quizá que ambos éramos temperamentos poco intervencionistas, que vivíamos y dejábamos vivir. Poco después, con el añadido de mi amigo Homiño a la Guitarra, montamos LA CAMADA, que luego pasaría a llamarse MASTER DISASTER GANG, un trío de amigos que repartió cera, trabajó al ralentí, más por el disfrute que por otra cosa, celebró un buen puñado de conciertos –algunos gloriosos en su caos, otros simplemente caóticos, todos divertidos- y llegó a grabar un disco del que aún estoy orgulloso.

Master Disaster Gang, road to ruin
Fueron buenas épocas. Fueron unas buenas risas, muchas copas y todo lo demás. Mule era un poco el maestro en la sombra, porque, al cabo, el llevaba en esto del Rock&Roll desde siempre (Cavernícolas, Tabernícolas, Bronquios, Milicianos, etc...), y nosotros aún éramos cachorros. Nos fuimos a Suecia una vez, y lo recuerdo sosteniendo una conversación perfectamente fluida con un noruego, a las tantas, aunque ninguno de los dos hablaba inglés. Su presencia, al cabo, terminó por ser una de esas cosas buenas que das por hechas y, por tanto, no percibes en toda su benéfica magnitud. Luego, volví a coincidir con él en LOS MOLESTONES, otra banda barrial, tabernaria y sincera como él mismo. Mule estuvo en mi casa en Galicia en una ocasión, hace ya años. La última vez que charlé con él, en el Malpaso, le hablaba de posible viaje allí y me dijo: “Yo ya no sé si lo volveré a ver”. Yo le dije que por supuesto que volvería. Me equivoqué.
Mule de perfil, fiestas de antaño
La muerte, por lo general me deja frío; una frialdad que se parece a la estupefacción, una especie de asombro congelado: no acierto a sentir gran cosa más que el hueco. Eso es, supongo, lo que siento ahora, el hueco donde estaban todas esas cosas buenas que eran él y que ahora se han ido. Tengo una lista larga de gente que no me hubiese hecho sentir eso, pero yo no decido el orden de partida. Echaremos –ya lo hacemos- de menos sus chistes, sus risas, sus cojones para enfrentar las cosas, su sinceridad, enorme, y su gran hacer a la batería. Yo siempre decía que Mule además de bataca era un tipo con un gran ojo para la composición: “Si Mule para y te dice ‘aquí podríamos hacer esto’ escúchale siempre. No falla”. Su concepto de la canción era esencialmente pop y redondo. Sabía dónde y como tenía que ir un estribillo, dónde y cómo había que subir y que bajar y qué ritmo era el perfecto para cada una de esas cosas. Como músico, quizá fue el tipo con el que más aprendí. Como persona aprendí otras tantas lecciones, más importantes.

En el Siroco, con miss. C. Strummer
No se si la vida tiene algún sentido. Mientras dura supongo que sí. Los buenos que se van dejan el ejemplo de cómo soportarla y como convertirla en terreno fértil mientras permanecemos en ella. Mule era un maestro en eso, también.
Parece que se planea un homenaje para el día 30 de  junio en el que estarán muchos de los que le conocieron y tocaron con él o frecuentaron su impagable presencia. Será en la sala El Sol. Espero que sea una fiesta, no un velatorio. Espero que sea algo que a él le hubiese gustado ver.
Rock&Roll, amigo, donde quiera que estés.