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viernes, febrero 22, 2013

INTENTOS DE REGISTRO - APROXIMACIONES A RAFAEL BERRIO (I)

Durante un tiempo me harté de Rafa Berrio. No de su persona, que me es muy querida, ni de su música, que es incontestable. Me harté de escribir sobre él. La gente sobre la que sólo se puede hablar bien es aburrida para la pluma. Cuando has manchado tu boca cinco veces con la expresión “obra maestra” algo pierde fuelle dentro de ti, quizá porque –bien lo sabes- el otro, aquel, tenía razón y es “forzoso considerar que la discordia es cosa ordinaria, que discordia es justicia, que todo nace de la discordia y la necesidad". O sea: que a la perfección le falta acción. En estos tratos, pues, a veces Berrio resultaba una planicie de genio tan apabullante que la discordia desaparecía. Era error mío, claro. Era pérdida de perspectiva, porque llevaba tiempo sin catarlo en vivo, creo, y donde Berrio es al final definitivo es allí.
Se me opondrá que sus recientes discos, esos con los que se ha embelesado la crítica, incluido un servidor, son la rehostia –por no usar términos literarios-. Yo estaré de acuerdo. Sin embargo, no están completos sin la experiencia de un directo que como me comentó el otro día a media voz, a mitad de segundo pase, un amigo: “es casi terapia”. Quítale el casi. Todo arte es terapia para el artista. En los casos excelentes lo es también para su público. Pero lo cierto, insisto, es que la obra de Berrio se entiende mejor después del cara a cara. Dice él de su nuevo trabajo, por ejemplo: “Considero este disco como una ópera bufa, una comedia, pero una comedia solemne, o al contrario, una cosa solemne, pero al borde de la carcajada”. Quien no lo haya visto sobre las tablas tendrá más difícil la comprensión de esa verdad. Y ahí ¡aleluya! Hay un resquicio por el que se puede criticar al autor de los dos mejores LPs españoles de los últimos tiempos (“1971” y “Diarios”, dos siameses malignos unidos por sabe Dios donde),  y así poder regresar a la discordia, amada discordia.
“Diarios” –quizá más que su antecesor, que tenía esa chanza genial y helada de “Mís amigos”- resuena tan ambicioso y tan solemne, ciertamente, que ese carácter de ópera bufa invertida queda difuminado para quien no conozca a su autor. Hace falta la distancia corta del Berrio Clown, el Berrio sardónico y suelto, algo porteño por alusiones, algo gamberro, algo navajero, algo turbio, muy punk –el del segundo pase del otro día, ya trasegado bastante oporto- para dar la talla real de ese trabajo, su alzada al tiempo majestuosa y alirrota. La mueca tras el vaso, la desolación que se confunde con una carcajada. La vida, en suma.
Y entonces se puede entender su enorme estilo y su mineral esencia. Y todo vuelve a ser perfecto.
Y yo me vuelvo a aburrir –con mi vida, me refiero-, hasta la próxima vez.

lunes, enero 28, 2013

QUE SEA LEVE - QUE SEA NADA


El inefable Rafa Berrio, príncipe de los gansos filosóficos, jerarca de los trovadores silenciosos, se acerca a Madrid mañana martes 29 para presentar su nuevo y DEMOLEDOR disco "Diarios", legítima continuación de aquel "1971" que ya es por derecho historia musical de España. Será en la librería LA BUENA VIDA sobre las doce de la mañana, y aunque al parecer estaba previsto como un simple encuentro con prensa, nos dicen por ahí que alguna canción caerá. No se lo pierdan. Pronto, un análisis a fondo del reciente trabajo. No es tan fácil escribir de obras maestras.

martes, mayo 03, 2011

MAESTROS OCULTOS EN LA CIUDAD

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Rafael Berrio - Simulacro (banda) from thomas canet on Vimeo.



A los que seguís el blog os serán ya de sobra conocidos la estampa y el talento de Rafa Berrio. Los que no lo conozcan aún pueden echar un vistazo a nuestras persistentes alabanzas para uno de los genios vivos de la canción en castellano. Está este jueves en solitario en el Libertad 8 y pronto en Galileo, acompañado por su banda en un concierto a medias con Diego Vasallo. Imprescindible.

lunes, marzo 21, 2011

¿Qué le trae por la remota capital, maese Berrio?



Misantropía celeste, levitaciones terrenas, abulia de alto riesgo y corazones al revés. Todo cortesía de Rafael Berrio los días señalados a continuación.

5 de Mayo en Libertad 8 (Concierto en solitario)

18 de Mayo en Galileo Galilei (Concierto doble mano a mano con Diego Vasallo)

jueves, noviembre 04, 2010

RAFAEL BERRIO – 1971 (Warner)



Mi heterónimo favorito de Pessoa vive en la playa de Gros, en San Sebastián. A veces hace discos excelentes de rock o de pop, como si apenas tuviese importancia. Otras, se despereza y llega aún mucho más lejos, concediendo obras maestras con la parsimonia de quien nada tuviese ya que ganar o perder, la diestra en el lugar del corazón y el farias en la boca, a medio consumir. Colecciones de canciones que, como esta, atraviesan las llamas con el paso sereno aunque doloroso de lo cierto. Es 1971 un viaje solemne hasta la entraña desde el primer tema, ese estremecedor “Como iba yo a saber” en el que la distancia empedernida del escéptico se entrega, maniatada, a la aplastante realidad del amor. No es el único que toca la fibra y arranca sus invisibles tendones para exponerlos a la luz. Para eso está además “Simulacro”, crepuscular reflexión de jinete herido cuya sobria potencia metafísica hiela el aliento. Para eso está “Este álbum”, familiar y por ello universal tempus fugit (¿o era ubi sunt?), quizá el más escalofriante que recuerdo en esta mañana de octubre, y desde hoy una de las canciones definitivas en lengua española. Para eso están otras siete incursiones donde se confunde con macerada inteligencia lo orgánico y lo espiritual: del polvo enamorado de “Las mujeres que amamos” a la cariñosa y descarnada sátira de “Mis amigos” , del conceptismo pop trufado de ironía tabernaria de “El amor es una cosa rara” a la emocionante sencillez de “Tu tienes a tu lado a un ángel”.

Muy adecuadamente, están envueltas las visiones de Berrio en músicas alejadas del standard rock (la guitarra, sólo cuando se precisa), ritmos sin adscripción definida que rasean el tango o el fado sin que la voz, preclara, ni el templado piano de Joserra Semperena, en estado de gracia, les permitan caer en la vulgaridad de un género; arreglos de cámara y de camarote, de catedral y de burdel, inspirados, frenados en su punto exacto de barroquismo, con la capacidad evocadora suficiente para transformar un frío apartamento de Madrid en una tasca de Corinto, Lisboa o Buenos aires. O en una tumba. O en cualquiera de esas camas olvidadas donde nacieron los sueños que nos sostienen aún.

Tiene Rafael Berrio -siempre la tuvo y los años la han ido templando hasta una precisión difícilmente humana- esa rarísima capacidad para que lo callejero suene noble y lo profundo sea común. Para que Omar Khayam, Pessoa y Baroja se paseen por sus palabras sin estorbar, porque están en realidad en el tuétano, no en la hermosa superficie. Para reproducir la complejidad de la vida levitando un paso por encima del mar de confusión. Es así como guía este barco donde uno reaprende más cosas de las que esperaba, como que la rima es prescindible a veces, cuando es necesario hacer notar su ausencia; donde uno recibe consejos sobre como morir y como no morir, y dudas sobre como vivir, y frágiles “salmos rescatados de la infancia”; donde uno escucha, sólo muy al fondo, los ecos de aquel poeta joven que liderara -aún en deuda con Dylan y Lou Reed- a los magníficos Amor a Traición, y comprende que un hombre son muchos hombres y que el truco está en no guardar a los peores para el final.

Sabemos que el arte raramente inventa y que a menudo consiste en contar lo que todos conocemos de sobra pero con la hondura y la nitidez que nos falta. Aún sabiéndolo, es hermoso asistir al momento, ver como el milagro se encarna en un disco aparentemente simple que vale por la carrera de muchos novelistas. Rafael lo ha vuelto a hacer; lo ha vuelto a hacer, el cabrón, mejor que nunca. Suena “1971” con ese tono quedo con el que los amigos viejos nos apoyan en la caída y con ese énfasis necesario con el que nos ayudan a renacer.

Y yo hacía muchos años que no lloraba con un álbum (de canciones).

Que sea para bien.


LUIS BOULLOSA

domingo, febrero 21, 2010

DIRECTO A TRAICIÓN

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Si quiere usted, querido lector, echar un pequeño vistazo a lo que se perdió a principios de los noventa mientras se distraía fascinado por bandadas de imitadores de los Pixies y de Sonic Youth cuyo nombre ahora no recuerda, basta con que se pase por el Bukowski de San Sebastián y lo compruebe en vivo. El inimitable Rafa Berrio y compañía resucitan por dos días a AMOR A TRAICIÓN, que fuera una de las mejores bandas de su época y también una de las más injustamente olvidadas. Si lo que te gusta es el buen rock, de alma vehemente y palabra exacta, dicho queda.

Aquí, las reseñas y entrevistas anteriormente publicadas en KAPUT sobre Rafa Berrio.

jueves, febrero 26, 2009

El corazón lleno de vino

Siguiendo el rastro de nuestro querido Rafa berrio -uno de los mejores compositores de canciones de este país, si no el mejor, por lo que respecta a esta casa- nos encontramos con tres nuevos temas suyos creados para una exposición titulada "Lieder" e inaugurada el pasado 6 de febrero en la galería Arteko de Donosti. Participan en el esfuerzo colectivo, además del inefable Berrio, Diego Vasallo, Suso Sáiz, Joserra Senperena y Thomas Canet. Prometemos reflexiones más serias sobre el personaje y su arte en cuanto logremos arrancarnos del estado de perpleja meditación sobre la belleza, la desolación y el vino en que nos ha sumido la escucha.





jueves, agosto 30, 2007

Entrevista con RAFA BERRIO


(Texto íntegro original de una entrevista publicada con ligeras modificaciones en la Revista Ruta 66, número de septiembre 2007) Trovador a recuperar con urgencia para el «gran público» (!?), el donostiarra Rafa Berrio lleva desde los primeros 80 cultivando una manera de hacer y de decir que le da por derecho un puesto destacado entre los mejores orfebres del pop y el rock cantado en español. Con la raíz en Dylan, Reed o Cohen, pero también en Pessoa o el tango, es Berrio un discreto pero emocionante cronista de los mil vericuetos de la relación sentimental, la fascinación de los lugares únicos y cotidianos y un gozo de vivir siempre transido de reflexión. Su producción reciente al frente de su banda, Deriva (absolutamente recomendable su último largo, «Harresilanda»), mejora el ya notable pasado al frente de Amor a Traición y le saca varias cabezas al pelotón de adocenados cantautores que nos fustigan cada día con sus rimas inanes. He aquí las reflexiones del vadeador de palabras profundas sobre el oficio, el beneficio y otras ilusiones.

KAPUT- El primer disco de Amor A Traición era excelente, pero comparado con lo que ha venido después, me parece un poco saturado de arabescos, referencias y personajes, menos sincero. ¿Cómo lo ves ahora que ha pasado el tiempo?

Rafa Berrio- En realidad ese disco primero es una "recopilación" de los años oscuros de Amor a Traición, con canciones de la segunda mitad de los 80 y los primeros años 90. Paradójicamente se publica en el 94, muy poco antes de que el grupo se disuelva. Teníamos un pasado lleno de maquetas y temas sin grabar y tuvimos que hacer un listado muy extenso de canciones para desechar unas y grabar otras. El lío fue enorme y en último término quedaron las que se escuchan. Quizá no se acertó en el repertorio, o quizá hubieramos tenido que grabar un disco triple. Ocurre también que carece de "producción" o de dirección unitaria vista "desde fuera". La Warner nos dejó a solas y ahora voy comprendiendo que la figura del productor es más importante de lo que parece. Para bien o para mal el disco suena tal y como sonábamos nosotros en el local de ensayo, pero con una calidad infinitamente mayor.

K- La evolución desde ahí parece haber sido hacia algo más sereno y menos ornamentado, más a lo esencial, tanto en lírica como en sonido ¿cuánto hay de artificial en esa evolución? ¿Te comes mucho el tarro o simplemente la edad va volviendo la expresión más precisa y enjuta?

R- He tenido un problema de "delirio de grandeza" durante toda mi juventud. En vez de fijarme en la sencillez de la Velvet Underground, (que por otra parte era mi grupo favorito) prefería copiar los arreglos sofisticados de Roxi Music o de Bowie para complicarme la vida. No fui listo, no supe tomar conciencia de "la realidad", no comprendí que "eso" no me era posible, y que estaba fuera de mi alcance. Quizá sea necesario pasar por ahí, practicar el "ensayo y error", arriesgar y perder... Con el tiempo todo se coloca en su sitio y la euforia va claudicando, asentando cabeza. El estilo propio conseguido es una sensación agridulce de "hogar dulce hogar". Pero afuera queda la "intemperie" y a veces sospecho que con ella el riesgo de una mayor libertad.

K- El primero de Amor a Traición me suena a Dylan entre "Blood on the tracks" y "Street Legal". Es algo bastante ambicioso para alguien como tú, que declaraba hace poco que Dylan es demasiado grande y da ganas de dejar de hacer cosas.

R- Efectivamente, era un disco ambicioso, sin medida, pero nadie nos lo dijo entonces. Nadie nos aconsejó que bajáramos el registro. Amor a Traición fue una banda "completa", a imitación de las grandes bandas, formada por dos guitarras saturadas, piano y hammond auténtico, batería y bajo. Para ciertos temas añadimos una sección de viento de tres saxofones creo recordar, y el resultado es un gran sonido, pero quizá sin saberlo gestionar. Ya sabemos que la ignorancia es atrevida y nosotros por entonces estábamos llenos de joie de vivre y anfetaminas. No nos lo
tomábamos ni en serio ni en broma... Las cosas sucedían porque sí, igual que en un sueño. Yo apenas recuerdo nada de aquella época.

K- En tus otros discos, todo eso es mucho menos evidente. Los escucho y solo pienso en Rafa Berrio, no en otros músicos... Parece que cada vez cantas más libre y que hay palos que ya son exclusivamente tuyos. ¿Cómo es el proceso de encontrar una voz propia?

R- Es un proceso en el que interviene fundamentalmente el TIEMPO. Unos artistas encuentran su sitio recién cumplidos los 20 años y otros a los 40. Hubiera preferido ser de los primeros pero mi evolución es lenta y quizá torpe, aunque, eso sí, tenaz y sin desaliento. Soy de manera natural
paciente y a veces hasta yo mismo me asombro. Hay que tomárselo con grandes dosis de filosofía y escepticismo. Sonriendo a la manera de los estoicos. Disimulando la ilusión pero sin dejar de generarla.

K- Trabajas un Castellano poco habitual para el nivel medio del lenguaje del rock y el pop. Pero consigues que no suene forzado ni cultureta. ¿Tienes una preocupación consciente por usar un lenguaje rico, por no banalizarlo?

R- Comencé a componer canciones con letras y poemas de mi hermano Iñaki. Yo era incapaz de juntar dos líneas seguidas aceptables. Canibalizé sus escritos y fundí frases y estrofas suyas para adaptarlas a mis acordes. Las mejores canciones de nuestra época de maquetas, y del primer álbum Amor a Traición, están firmadas a medias con Iñaki Berrio. Más tarde me sometí a una especie de disciplina y me obligué a escribir cada semana lo que fuese. Ya estaba todo perdido porque había leído a muchos poetas y eso no ayuda nada, sino que pervierte y mata la frescura. Tuve una etapa purista de versos absolutamente medidos por sílabas y sujetos a norma, lo cual es ridículo para un tema de rock. Más tarde, como siempre, de manera lenta y un poco atontada, comencé a aflojar y a rimar en asonantes sin preocuparme demasiado, o mejor dicho, preocupándome de que pareciera "natural" y espontáneo. Me cuesta mucho "eso". Mi hermano tiene una capacidad "callejera" y directa que yo debo interponer y recordar todo el rato en mis escritos, para no pecar de blandenguería. Por otro lado, lo quiera o no, soy de la ciudad de Donosti con todo lo que eso marca y, aunque de familia de la clase obrera, la expresión de mis canciones no podría ser barriobajera sin impostura, sin artificio, sino más bien, y a la manera de los donostiarras, comedida y discreta... (aunque nunca se sabe: de Poch a la Buena Vida hay un buen trecho). Pero sí, existe un equilibrio muy difícil entre las palabras claves de la calle y las imágenes poéticas más o menos cursis o rebuscadas. Es "ahí", en ese término medio, donde me gusta a mí escribir. Y, sí, me cuesta gran esfuerzo.

K- Escribes, supongo, algo más que letras de canciones... ¿Te consideras un poeta o qué?

R- Por supuesto que no. Un hacedor de letras de canciones, de cuartetas, de coplillas, de estrofas de arte menor, quizá. He sido sin embargo poeta en la bohemia de los puticlubs, en las noches de juerga, en los excesos, con los amigos y con las mujeres, en soledad perfecta... ahí sí me he sentido poeta, aunque sea por un momento, y es una sensación bastante común por cierto.

K- Cuéntame cuál es tu relación con Diego Vasallo, alguien que si bien ha sido conocido también permanece ahora en un cierto anonimato. ¿Te relacionas con muchos otros músicos de tu ciudad?

R- Conocí a Diego Vasallo cuando quiso producir nuestro disco "Canción de mala muerte", allá por el 96. Sé que no le va a gustar que lo diga, pero él lo hizo de manera absolutamente altruista, sin nada a cambio y sabiendo que aquello íba a ser un fracaso. No contento con ello, también sacó a la luz al mismo tiempo otro disco buenísimo de los "Sanchís y Jocano", y claro, perdió para siempre todo su dinero invertido. Pero sé que lo hizo con fe, con todas las consecuencias, quizá por el placer de llevar la contraria, o por un raro sentido del honor. Diego es lo más parecido al concepto que yo tengo del "artista". Un hombre con un pasado deslumbrante, del cual no reniega pero tampoco se cuelga, un hombre que busca sin cesar y experimenta, que crece en modos de expresión, que piensa y cuestiona. Alguien sin duda admirable y que yo he tenido el orgullo de conocer con dos vinos de más, por ejemplo, en una noche donostiarra lluviosa cualquiera. Con respecto a los músicos de la ciudad, todos tenemos relaciones más o menos cercanas y nos conocemos, al menos los de la misma generación. Kike Mingo, Sanchís, Jocano, Txetxo Bengoechea, Erentxun, Jabier Sun, Adrián Pérez de Vicente, la gente de La Buena Vida, la diáspora madrileña que vuelve por navidad a Donosti... es una ciudad pequeña y las relaciones son cordiales.

K- Mucha gente termina por ser el cronista "oficial" de una ciudad, como Lou Reed de New York. Tu hablas de muchas. Sin embargo, en "Harresilanda", que habla de San Sebastián, el mesaje es un poco el de "La ciudad", de Kavafis: Todas son una y tu miseria o tu gloria la llevas contigo a donde vayas... Hablame un poco de eso.

R- La mejor canción sobre San Sebastián la hicieron los Sanchís y Jocano en su famosa "Crónica de San Sebastián". El nombre de la ciudad es poco versátil rítmicamente, a pesar de ser una palabra acentuada en agudo y resulta difícil encajarla en cualquier letra. Con respecto a las ciudades, comprendo que todas son lo mismo y la miseria o la gloria la llevamos con nosotros. Eso es un tópico. Yo soy feliz en Sevilla, que conozco bien, pero ya entiendo que me cansaría pronto del olor a azahar y "los capillitas", año tras año. Madrid es el paraíso, la gente, las tabernas, la historia, pero hay personas que duermen al raso entre cartones y no deben pensar lo mismo. Cuando he regresado Lisboa he tenido ganas de quedarme para siempre. En París está toda mi familia emigrada en los años 60 y la he paseado desde niño. Hay una libertad incomparable que uno siente fundido a la marea de los grandes bulevares, pero cae la noche y no sabemos lo que ocurre en las ventanas iluminadas de las buhardillas. Todos tenemos un ciclo natural de encantamiento y desencanto. A mí me ocurre aproximadamente cada cuatro años o cinco, y entonces sucede que me aburro mortalmente. Necesito novedad constantemente y no me doy cuenta que eso, generalmente, crea frustración y la frustración, violencia y malestar. De este círculo en cadena hablan precisamente muchas de mis canciones, empezando por la rabiosa "Planes de fuga".

K- Hay muchas voces, o al menos muchos puntos de vista en tus trabajos. ¿Tiene Rafa Berrio Heterónimos como Pessoa o es que una personalidad tiene suficientes caras de por sí?

R- Pessoa es uno de mis poetas favoritos. Si lo pienso bien... creo que es "El Más Grande". Aunque es bastante deprimente, me gustan todos sus heterónimos, todos sus libros, su aspecto, su triste historia. El demuestra que el alma humana puede desdoblarse y obrar en sentido contradictorio, que es necesrio el conflicto íntimo para sobrevivir. Sin embargo yo creo que el resto de los mortales somos más de una sóla pieza, más planos y coherentes, más inamovibles, y hasta nos enorgullecemos tontamente de ello.

K- Qué mal y qué bien ha hecho, según tu visión, la influencia anglosajona sobre el rock, a nivel literario. A veces detecto una cierta incapacidad en los rockeros para hablar de las cosas propias.

R- El gran complejo del rock español (un poco en broma) es que en este idioma no se puede decir la palabra "clave" del rock anglosajón, que es "Baby". No se puede traducir por "nena"; no se puede traducir por "nene". Cuando un rockero se da cuenta de eso "ya" ha dado un gran paso adelante. Tuvieron que venir los argentinos, siempre tan inteligentes, para hacernos comprender que el español servía tanto como el inglés y que había que utilizarlo sin complejos, tal y como era. Que Alabama bien pudiera ser Extremadura, por ejemplo. Ahora, aún hay reminiscencias yankis, muy a menudo en cierto hip-hop y en algunos temas de radio fórmula, pero son casi una pura anécdota. Creo que el complejo está superado.

K- ¿Cuál es el reconocimiento que tienes en tu tierra? ¿Cuál es la situación cultural en el País Vasco ahora por comparación con otras épocas?

R- Cuando el Donosti-Sound emergió allá por el año 80 aún nos hacían algún caso los medios de por aquí. Unos pocos años más tarde, el Rock-Radikal-Vasco arrasó con todo y nosotros quedamos como unas mariconas frívolas con el pelo teñido de colorines. Se nos apartó a un lado y
fuimos enterrados en vida. Se montaron por entonces las grandes cadenas de distribución euskaldunes y los sellos y estudios afines, apoyados por las eternas instituciones nacionalistas. El filtro selectivo fue inmisericorde: euskara-castellano; provincia-capital... Los años oscuros han durado hasta anteayer, y no por la infraestructura, sino por los propios grupos y artistas de la tierra, que han aflojado y son más eclécticos afortunadamente. Por puro interés los sellos relativizan más y los medios pueden programar algo de lo "heterodoxo" sin que les rechinen los dientes. Ahora un cantante vasco en español es como un tonto en mitad de un camino. Así me siento yo al menos.

K- ¿Cuánto hay de vocacional en tu "malditismo"? ¿Cuánto hay de querer ser invisible, como dices en tu canción? ¿Realmente quieres ser sólo "el hombre de la multitud"? ¿En ese caso, por qué escribes canciones?

R- Antes me he quejado del panorama en el País Vasco, pero en realidad no me importa nada. Me parece muy barato lamentarse de la situación, etc. Pienso que cuanto peor, mejor, y que más alimento para la leyenda personal . Yo creo sobre todo en las canciones, en la "obra". Tengo esa manía de correr contra el viento y me gustan las pruebas y los obstáculos. No me considero un músico ni me importan las charlas de los músicos, no me importan las subvenciones ni el candelero. Pero tengo secretas ambiciones, sin embargo: Quisiera escribir "una", solo "una" canción memorable y, aunque me desagradan muchas cosas de este oficio, no creo que vaya a parar hasta conseguirlo, porque cada nuevo disco es una enmienda del anterior, un nuevo intento corregido. Esta aspiración no depende de nadie, sino de mí mismo. Nadie me la puede conceder ni quitar. Está al margen de todo lo exterior y de cualquier coyuntura. Pensar lo contrario quizá alivie la frustración, pero es engañarse. Esa es la grandeza: Soledad y trabajo. Sé que suena a fanfarronería, por eso intento hacerlo lo más discretamente posible, sin ruido, sin ostentación, porque hay muchísimas posibilidades de fracaso. Y en este caso tampoco importaría nada si lo miras con distancia.

K- Si pienso en tu trabajo no me viene a la cabeza la palabra melancolía. Al menos no antes que otras como serenidad, templanza, vitalidad, lucha. El mensaje me da vida, más que restármela. ¿Qué opinas?

R- Eso que dices es una novedad muy agradable y muy valiosa para mí. No lo había pensado nunca y por eso te agradezco que te hayas tomado el trabajo de poner nombre a las sensaciones que te producen esos discos míos. Tras un concierto, la mayoría de la gente te agradece las canciones que ha escuchado, pero pocos saben expresar con un concepto abstracto lo que transmiten. Yo no te puedo dar mi impresión porque la opinión del autor es siempre la más superficial y la más descolocada de cuantas opiniones se pueden escuchar por ahí.

K- ¿Es el rockero intelectual desconocido una especie de filósofo estoico de nuestra época? ¿Sirve de algo esa especie de función de francotirador, de contrapunto ético en un mundo rapidísimo y dominado por lo prefabricado?

R- Bueno, ese es el viejo debate que discute si el arte debe ser socialmente comprometido o debe responder tan sólo ante el arte mismo. Me parece que en una democracia ultraliberal como la nuestra, en la que los mensajes caen diariamente por millares en cascada, de muy poco sirve un estribillo de canción pretendidamente subversivo, precisamente porque el sistema adopta también lo subversivo. Hay excepciones como el caso de los buenos grupos de hip-hop que tienen miles de seguidores jóvenes y permanecen en la sombra, o el caso de las sentencias contra Sociedad Alkoholica, etc. Pero bueno... el rock no debería ser intelectual, en principio. El rock es diversión y energía inconsciente. No debería hacer pensar, sino emocionar. A mí, personalmente, me gusta cantar cosas suaves, románticas, que tengan calado y profundidad, pero también me gusta "aberrar" como decía Poch. Me gusta maullar y ladrar en público. Apretar el pedal de distorsión y sentir cómo se parten las cuerdas de la guitarra. Creo que la mezcla de las dos cosas es lo ideal. Un concierto entero de Caetano Veloso puede ser agradable al principio pero nuestra cultura es rockera y algo se echa en falta. Del mismo modo, un grupo de speed-metal tocando en una catacumba puede llegar a ser la cosa más aburrida del mundo.

K- Hay muchos puntos de vista sobre el amor en tus canciones. ¿Cabe todo en la misma persona o hay estudios de otros caracteres en lo que escribes? ¿Son los tuyos álbumes conceptuales sobre el amor?

R- Vale la pena cantar a las mujeres, al erotismo, a la belleza... Rechazándolas o llorando por ellas, las mujeres son lo mejor que te puede ocurrir en este mundo, y además funciona muy bien en las canciones. Es difícil hablar del vino, por ejemplo, o de los amigos y las borracheras. Es difícil hablar de la Naturaleza o de la opresión social. Sin embargo las canciones de amor siempre se dejan escribir con facilidad, y cualquiera las entiende y se identifica, porque "le ha pasado" o imagina que le puede pasar. En cuanto a los álbumes conceptuales, algún periodista dijo que "Harresilanda" era una historia "completa" pero yo no diría eso. Es verdad que hay unidad, lo mismo ocurre con "Planes de fuga", en el que abundan canciones rabiosas de desamor, pero una colección de canciones no es cosa tan premeditada, sino que depende más de la casualidad, de la mayor o menor fortuna de las composiciones con las que cuentas a la hora de incorporarlas a un nuevo disco.

K- ¿Cuál es tu primer recuerdo relacionado con la música?

R- Mi padre tocaba en un cuarteto de boleros a imitación de Los Panchos, y sabía acompañarse y cantar tangos de Gardel. El me enseñó los rudimentos de la guitarra y en casa siempre hemos tenido dos o tres clásicas. Con mi hermano Iñaki sacábamos los acordes de Velvet Underground frente al tocadiscos y hacíamos experimentos de sonido con pastillas enchufadas al ampli hi-fi. Mi madre nunca se opuso a las reuniones musicales en casa con el volúmen al máximo. A los trece años me compré mi primera eléctrica, una Hofnner que aún hoy utilizo en los conciertos. Después de esto ya vienen las primeras escaramuzas con José Puerto e Iñaki de Lucas, amigos de la infancia, los tres vecinos de la misma calle, y con los que formé mi primer grupo, allá por el 78, con 15 o 16 años.

K- Como se ve la "profesión" a los cuarenta y pico. ¿Es la música algo que se puede dejar o algo inherente, una necesidad de expresión que permanece, se quiera o no?

R- Precisamente tuve una cena hace poco con José Puerto y me reprochó que "aún continuara" componiendo canciones y actuando. Me lo dijo en broma, pero muy seriamente, y yo le comprendí muy bien. Quizá el rock sea una cosa pasajera de juventud, algo que necesita de un ego desatado y exhibicionista, y la atención constante de los demás, reclamando cariño y honores, lo cual puede resultar muy pesado y poco pudoroso. Puerto me dio que pensar y el resultado es que "no sé" qué pensar. ¿se hace por inercia? ¿hay una necesidad de expresar algo? ¿es el rock un arte, o es un oficio como otro cualquiera? Un gesto espléndido es el del artista de talento que abandona para siempre en cuanto se siente un poco manido. Dejarlo en la plenitud, cuando aún dura la efervescencia, renunciar con desdén, como si no significara nada y quedarse oculto en la sombra. A la manera de Rimbaud. Eso me gusta mucho, me parece admirable, pero por alguna razón a mí me siguen viniendo ideas y proyectos. Me siguen viniendo pensamientos
peregrinos dictándome el primer verso, el estribillo de regalo que luego debo completar con trabajos forzados, la sucesión bonita de acordes a la guitarra... ¿debo intentar atrapar "eso" o simplemente mirarlo y dejarlo marchar? Tengo que reflexionar acerca de todo esto.

K- Suelo dividir a los músicos en los que tienen una cualidad curativa y los que no. Creo que tu la tienes. ¿Cuál es para ti la función principal del arte, suscitar preguntas, espolear la sensibilidad, producir belleza, curar?

R- Tu teoría sobre la curación me parece de mucho alcance y muy clarividente. Yo no tengo ni idea. Supongo que el arte tiene que ver con el placer de los sentidos, con la voluptuosidad, no solo con la belleza porque también me doy cuenta que hay un arte del "feísmo" y de lo monstruoso, de lo estridente si hablamos de música. ¿Pues qué otra cosa ocurre sino en un concierto punk? Pero... ¿la muchísima gente a la que le gusta, por ejemplo, George Brassens, un cantautor monocorde con su sola guitarra? Entonces quizá haya que pensar que el arte también debe ir dirigido a la inteligencia, sin que intervenga para nada la epidermis. Es muy complejo. No sabemos lo que ocurre en una tarima iluminada con focos de color ámbar, pero es evidente que "algo" sucede y nunca dejará de hacerlo.

K- ¿Cuál es el papel que le das al humor en tu arte? A mi particularmente "Jaime Gil de Biedma" me parece un chiste genial en su rareza.

R- Sí, la canción "Jaime Gil de Biedma en la cama" está claro que es una broma. En realidad yo intenté escribir dos estrofas acerca del poeta, pero todo resultaba demasiado vulgar, excepto su nombre y la coletilla "en la cama" que no tiene importancia ninguna. No diciendo nada, no acotando, no dando pautas, se pueden sugerir muchas cosas libremente y hacer un simple guiño a la inteligencia del que escucha como lo hacen los truhanes. Esa es la broma. Es solamente un juguete.

K- ¿Qué significa para ti la palabra Rock&Roll?

R- Es... una identidad profunda, un fondo insobornable, una marca indeleble, algo digno de guardar lealtad. Espero no desencaminarme nunca.

K- Llevas cuatro años sin disco. ¿Hay algo en marcha?

R- Como no tengo compañía discográfica ni presión de un público, voy sacando los discos cuando puedo y sólo gracias a la generosidad de Iñaki de Lucas y su socio Alberto Sánchez que me permiten grabar en el estudio sólo a cambio de la amistad. Además, no quiero quejarme, pero tengo que hacerme cargo yo solo de todos los aspectos, promoción, página web, contratación de directos... Cuando ocurre esto parece que la composición se queda en segundo plano. Pero bueno, tengo ya los bocetos de una nueva colección de canciones que quiero ir desarrollando a lo largo de estos meses de 2007. Si para fin de año he reunido las suficientes canciones me gustaría grabarlas hacia navidades. No me hago planes. Necesito 12 canciones excelentes y eso no tiene plazo. Una vez con el material ya veremos.

K- Influyen los escritores en tu música. Me refiero a Baroja, Gil de Biedma y compañía. ¿Cómo? ¿Hay algún libro, escritor o estilo que de algún modo se pueda comparar con tu trabajo?

R- No creo que influyan mucho. Por lo menos de manera consciente, no. Me gusta leer y releer sobre todo a Pérez Galdós y a Baroja. Ambos son adictivos y si empiezas es vertiginoso. La literatura, incluso la poesía, es un lenguaje muy diferente al de la mera canción, donde siempre funcionan mejor las coplillas de cuatro versos simples y cortos que los sonetos, por poner un ejemplo de composición más literaria. Cualquiera puede musicar poesías de grandes autores pero debería comprender que esa música debe estar como mínimo a la altura misma del poema. De lo contrario es muy poco coherente, y muy sinvergüenza, por cierto. Es mejor abstenerse si no lo tienes claro. Un grupo de pop o de rock tiene bastante con escribir una pieza que sea bonita y cuyo único mensaje sea, por ejemplo: "cariño mío, eres terrible/ eres un animal salvaje" o algo por el estilo. Eso es lo nuestro. Porque a menudo en las canciones importan únicamente los estribillos. Si estos son una unidad inteligible, autónoma, independiente de lo que digan las estrofas, entonces la canción es apenas la búsqueda de una una frase brillante y nada más. Pero aplicada a una melodía afortunada esta simpleza obra milagros misteriosamente. Y grandes dividendos.

K- ¿Quiénes son tus letristas favoritos españoles de todos los tiempos y por qué?

R- No son españoles. Lo primero que me viene sin dudarlo: las letras de los tangos viejos. En la edad de oro del tango, hasta el año 35. Y no es el famoso Discépolo el que más me gusta, que también, sino Enrique Cadícamo , autor de Ventarrón,Muñeca brava, Anclao en París, o Madame Ivonne, entre muchos. El mismo Le Pera, Enrique Cadícamo, etc. De aquellos años tampoco se quedan cortas las letras de los sainetes y vodeviles españoles que suelo escuchar en Radio Clásica. No sé los autores pero son textos muy frescos y con pellizco. Por decir alguien más cercano a nosotros, es admirable el Serrat de la primera época, sí, el Serrat de entonces, más romántico y más dramático, antes de hacerse progre. Pienso también en la poesía emocionante y sencilla de Lole y Manuel, y del flamenco en general... y en el Rock, me gustaban mucho y qué pena, las canciones de Eduardo Benavente y su "Parálisis": "Me miro en el espejo y soy feliz", "El acto".... Me gusta mucho Berlanga y Canut, con su fina ironía tan inteligente, Auserón también es indudable que escribe bien... Por decir algo más actual, me gusta mucho y me quedo admirado de cómo escriben las bandas españolas de hip-hop que escucho en radio-3. Ahí existe un mundo oculto muy muy interesante, y me río yo de los nostálgicos que entrecierran los ojos, levantan la barbilla y dicen que "ya no es lo que era".

K- Tres ciudades que hay que conocer y por qué

R- Voy a decir tres españolas: Madrid, porque las novelas que a mí me gustan transcurren allí y porque aún existe el Café Gijón, el café Barbieri y el Café Comercial de la glorieta de Bilbao, y en ellos se puede sentir aún el fantasma de la bohemia antigua. Y por el carácter maravilloso de los madrileños. Sevilla, por la alegría de vivir, la manzanilla en las tabernas y las plazas llenas de chicas guapas. Irún, en la frontera con Francia, porque allí me he sentido libre entre la gente estos últimos años, y he descubierto que aún existe el "pueblo", el pueblo con mayúsculas, paseando por las calles, a diferencia de San Sebastián, donde la burguesía de siempre y sobre todo la nueva, los "venidos a más", han arrasado con todo vestigio. Sencillamente han convertido San Sebastián en un "mall" comercial de temperatura programada.

K- ¿Qué hay después de la muerte?

R-Como decía muy aprensivamente Jorge Luis Borges, tengo la esperanza de que
no haya nada. Olvido

miércoles, febrero 14, 2007

Deriva: Arrancando el corazón de las canciones

Concierto de Deriva (Café del Arte Nuevo, Madrid)

No es que no crea en la magia. Es que no creo en esa puta palabra: “magia”. Mierda, la usan tanto en las series de televisión que ya no se qué significa. Así que me quedo con “milagro”, que es más cercano a nuestro hermoso pasado católico de monasterios, incienso, inquisiciones y reliquias. Y es que a veces ocurren cosas que andan cerca del milagro: Una serie de casualidades hizo que me enterase, a última hora, de que Rafa Berrio tocaba el otro día en la ciudad. ¿Y quién es ese Rafa Berrio del que nos hablas?, me preguntará la parroquia, mientras apura el trago. Pues Rafa Berrio es uno de los mejores letristas de rock de este país de todos los tiempos, así para ir entrando en calor. Músico vasco de peculiar sensibilidad que a principios de los 90 lideró a los nunca bien ponderados Amor a Traición a través de dos discos tan imprescindibles como difíciles de encontrar ahora mismo, y que ahora continúa su andadura a la cabeza del grupo Deriva (con dos trabajos no menos esenciales). El caso, que aquella acogedora noche de viernes de febrero, nos juntamos unos cuantos colegas en el diminuto Café del Arte Nuevo para ver que quedaba de todo aquello. Deriva venían con la batería reducida a cajón, bajo eléctrico y guitarra también eléctrica (Berrio la sigue prefiriendo a la acústica, elección que apoyo plenamente a la vista de los resultados). Abrieron fuego con “Te Quiero”, estremecedora en su sencillez, y de ahí en adelante, perla tras perla, la sala fue entrando progresivamente, con segura lentitud, en ese estado gomoso y cristalino a la vez en el que el tiempo se dilata y deviene narcótico. Ese ralentizado asombro de darse cuenta de que (¿hace cuanto no me pasaba?) algo extraordinario está sucediendo. A favor de que el concierto fuera excelente jugaban ya de entrada varias bazas: el local pequeño pero lleno de devotos, las canciones mismas, estoicas reflexiones de lenguaje noble y honda resonancia sin parangón por aquí; temas de dolorido amor de enorme recorrido, historias sobre ciudades más misteriosas quizá que las ciudades mismas... Un cancionero mayúsculo, en fin, clásico en su aparente modestia, en el que Berrio hace corpóreos los fantasmas de Dylan, Reed, Pessoa y, supongo, otros cuantos poetas clásicos (Luis Cernuda, Gil de Biedma, Galdós y Baroja son favoritos reconocidos) sin que por un instante la voz deje de ser puramente suya. Pero en directo, además, lo que en disco se aprecia con cariño, alcanza una corporeidad y una cercanía que, simplemente, puede atravesarte la carne hasta tocarte las mismas vísceras. Esa figura diminuta y austera, más bien silenciosa y amable, que una hora antes del pase se tomaba con nosotros unas cañas, pasa sobre las tablas a ser una personalidad silenciosamente magnética, acerada, irónica, con carácter; las riendas del concierto perfectamente sujetas, la medida de la emoción contenida -porque exagerar el ademán en unas letras tan demoledoras como las suyas sería convertirlo todo en melodrama-, hasta conseguir ese punto justo en el que uno asiente, escuchando las verdades del barquero envueltas en poesía, como si le estuviesen cantando exactamente lo que lleva todo el día pensando. Y eso cura. Posee, Berrio, esa rarísima capacidad sanadora que sólo algunos músicos excepcionales llevan consigo. Se extendieron generosos los bises. Cayeron la maravillosa “La misma mujer distinta” y ese único canto de amistad tabernaria que es “El principio de una buena racha”. Y hasta los fallos ocasionales, el borracho que tiraba el atril del bajista cada dos por tres, la incomodidades del lugar, parecieron ser parte de una noche cristalizada con naturalidad bajo astros propicios. Creo que más de uno y más de dos salimos de allí bendecidos por el poder transfigurador de la expresión, llámesele poesía, rock, o lo que nos venga en gana. Con más ganas de vivir, muchas más. Y eso es casi un milagro, hermanos. Os lo creáis o no.

Proximamente entrevista con el vadeador de palabras profundas, Rafa Berrio. Más información en www.rafaberrio.com.