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sábado, enero 14, 2017

Canciones para perros en peligro - "PRIDE OF EGYPT" - ANDRÉ ETHIER



La  mayor virtud del pop es su condición adhesiva. “Pride of Egypt”, ese temazo de André Ethier es un ejemplo (poco obvio) de ello. Podríamos apuntar -es evidente aquí- que Ethier ha escuchado con mimo a los clásicos, porque la cosa supura dylanismo. Y, para ir más al detalle, también que el tema se da un aire al trabajo de Dan Bejar como Destroyer. De hecho me pasé un rato intentando saber si era una canción compuesta a medias. Pero no, aunque han compartido escenario y es lícito suponer una polinización de ida y de vuelta. Podríamos indicar que es de maestros saber mantener el interés de un tema durante seis minutazos en una época en la que las canciones se suelen paladear unos pocos segundos y a otra cosa. Y junto a ello, declarar que como letrista Ethier es fino y capaz de mezclar con fluidez el mito y la realidad, lo universal y lo cotidiano: si en nuestra anterior entrega Julian Cope nos ofrecía un salmo en forma de fanfarria sobre una huida vital al sur, aquí el canadiense trae en bandeja una reflexión -no menos críptica, y probablemente metafórica en parte- sobre el pueblo elegido, sus cuitas en Egipto, su paso por la historia, sus fijaciones y sus culpas presentes. Podríamos, en fin, despiezar la canción, sus detalles, sus motivos, sus similitudes, sus trucos; hablar incluso del solo que se despliega pasado el minuto tres, con perezosa furia, redondeando la jugada y desembocando en esa frase cantada con una pasmosa sensibilidad que dota de contenido a palabras de por sí anónimas: “Oh, puedes sacarme, sí, puedes llevarme contigo cada vez que salgas de compras…”. Podríamos hacer todo eso, pero las autopsias no sirven para organismos vivos. No explican esa condición adhesiva de la que hablo y que hace que un tema se quede contigo durante semanas, meses o años; que lo canturrees por lo bajo mientras te aburres en sociedad, que los masculles en tus viajes diarios por los patios traseros, que lo cantes en alto cuando estás solo, como para probar como le sienta a tu voz ese prodigio.

Ethier fue grande con los ya legendarios Deadly Snakes, un grupo que empezó facturando un garaje esforzado y brillante pero que mutó hasta convertirse en una especie de The Band del siglo XXI con el tremendo “Porcella” (2005) y de inmediato se disolvió. No tengo ninguno de sus discos posteriores, aunque me los han recomendado más de una vez, y tampoco he leído mucho sobre él, después de aquellos días de gloria. Su presencia en internet es escasa y tiene pinta que es uno de esos sabios a los que el relativo anonimato agrada más que estorba.

Así pues, no hagan ruido. Guarden el secreto.

Y escuchen la canción.


(aquí otra esforzada transcripción de oído y acaso no exenta de errores)


Pride of Egypt

Well, take your time
Take all the time you need to get settled
But you’re not a child
No, you’re not
Yehova’s posessed you
to believe you ever owned the desert
Let’s celebrate
Yes, let’s celebrate
With an avalanche of stones
That you’re a rival
When I press my black lips to your Hebrew nose
I just can't help but feel for the sphinx
She was once the pride of Egypt

Oh, take your chance on me
Well the sweets call out to the swiss
Put your money where your mouth is
We’re starving over here
Yes, we’re starving for expansion
Turn the cameras on us
Lets’ patronize somebody
Yes, and let’s rewrite all the myths
that led us up here
And when the stars above on the atmosphere
And the roads lead not to Rome
But to Olympus
We can all be brought to justice
Yes we can

Put a line right through my name in your diary
I can see you
Yes I can see you
But I can’t afford the suppression of your memory
I’m a ghost to you
Yes and I’m hunting your people’s collective memory
And we can house the refugees in the pyramids
But there’s no accounting for the numbers
We can’t build a tomb around those figures

Ohhhhhh, alright

Oh now
Oh you can take me out
Yes, you can take me with you every time you go shopping
But let’s victimize somebody, right now
Well, you know what it takes to stone a martyr
I’m a fool for you
Yes I’m a fool to think that you’ll ever let me have you
But if there was ever a better friend
Let me be you, I would like to meet him
I was once the pride of Egypt

Yes I Was

miércoles, enero 11, 2017

Canciones para perros en peligro - "DISASTER" - JULIAN COPE




A veces pienso en Julian Cope y me lo imagino fumándose unos pitillos con Varg Vikernes en el porche, mientras cae la tarde. Han descubierto, como todos sabíamos, que tienen más cosas en común que diferencias y ahora, ya viejos, esperan a que el mundo acabe de una puta vez con una larga, larga conversación. Otras veces, en cambio, me lo imagino con André Ethier. Es el ocaso, y ambos cantan a duo ese temazo que es “Pride of Egypt”. Cope se inventa alguna línea sobre los megalitos y la revolución armada. André le deja, porque es canadiense y muy educado. Luego se hace la oscuridad y el valle queda en silencio. Ya no están ni Ethier ni Vikernes. Sólo está Cope, en la oscuridad, sentado en su mecedora, recordando quizá las épocas en las que estuvo a punto de ser una estrella del pop, las épocas en las que tocaba con los dedos la fugaz gloria que se llevaron en el saco Ian MacCulloch y otros talentos medianitos.

En la exigua lista de artistas que han sabido cambiar su discurso acorde con el cambio de su vida y sin que su obra se resintiese, Cope ocupa un lugar mayor. Buen ejemplo de tal cambio son, para quien quiera visualizarlo con rapidez, los dos directos que incluyo aquí. Separados por apenas cinco años, retratan una marciana evolución que va desde el enfant terrible mefistofélico enfundado en cuero -y poseído a medias por Bowie y por Morrison- hasta el visionario triposo y viajero del tiempo; del revisionista pop al deconstructor kraut  (siempre manteniendo el gancho melódico). En el primero hay una furia controlada que roza el disloque pero no termina de liberarse nunca. En el segundo el mundo ha estallado y ha comenzado el proceso de recomponer el puzzle de un modo nuevo e imaginativo. Pero es que esos cinco años son, precisamente, los que usó Cope para convertirse en otro; para abandonar finalmente la persecución de las portadas, retirarse del foco, planear su imprescindible libro “The Modern Antiquarian” (que publicaría en el 98 tras al menos ocho años de trabajo) y publicar dos discos prodigiosos como son “Peggy Suicide”(91) y “Jehovakill” (92).

Después de aquello su carrera siguió siendo interesante, su pensamiento certero y su activismo estajanovista, pero allí estaban los hallazgos mayores. Sin embargo, volvamos al primer directo. Ya en él, pese a que pertenece a la época del muy pop y cromado “Saint Julian” (87), flotaba algo más que el simple brillo del pop oscuro; algo distinto al nihilismo decadente y romantizado de compañeros de época como los excelentes Jesus o los sobrevalorados Bunnymen. Ya había algo que funcionaba por encima y por debajo de los parámetros mainstream.

En el 97, quizá como tardío eslabón, como confirmación de que, en efecto, en aquellos años pop había existido una marea de fondo que conducía hasta el abismo chamánico, el sello Island publica “The Followers of Saint Julian”. Es un recopilatorio de rarezas y caras B que cubre tan sólo el lapso 86-87, y el típico disco que a primera escucha parece lo que promete: un cajón de sastre para completistas. Sin embargo, a largo plazo se ha convertido en uno de los discos de Cope que más escucho. Hay algo en él de locura, ensayo y contra ensayo; de mente incómoda con su situación que no ha encontrado todavía el agujero por donde escabullirse hacia otra dimensión, encerrada en su propio placio de hielo. Contiene, además, dos versiones excelentes (“Levitation” de los Elevators y “Non-Alignment Pact” de Pere Ubu)  y un tema extraño, entre clásico y visionario, excelentemente cantado y que define, quizá, ese ansia de cambio de la que hablo. Me lleva dando vueltas en la cabeza un puto mes: “Disaster”.

He sacado la letra aproximada, no sin algún problema y con la inestimable ayuda de The MPress:

Confident at last we have set our sails for Egypt
Penury and Newgate left behind
We are all alone, oh but we have new horizons
Saviours of the feeble and the blind

Oh we have fled from disaster
Oh we have fled from our her sign
Oh we have sailed all these passing days
Shallow in friendship and grace

Taking men aboard we began to have misgivings
Victims of an opulent parade
But smiling now we leave the golden island of our fathers
Sharing off the errors of our ways

Oh we have fled from disaster
Oh we have fled from her sign
Oh we have failed all these passing days
Shallow in friendship and grace

I’m praising the day when the cold sea mist was lifting
Cold that drives a wet dream to our eyes
I’m smiling, smiling, idle restlessness  I’ve known
Looking for an oath that is my own

But now I leave the shanty towns for castles in the south
Should I trip and stumble full into the lion’s mouth
We are drifting needlessly
Won’t you come and marry me?
We are drifting needlessly
Won’t you come and marry me?
We are drifting needlessly
Won’t you come and marry me
Before our ship could reach dry land?

Sería, ¿no es cierto?, un excelente himno para cualquiera que tenga que dejar su mundo atrás. Y eso la gente lo hace todo el tiempo.

A veces imagino a Julian Cope murmurándolo, con la última luz.

Y yo lo canturreo también.

viernes, diciembre 19, 2014

CANCIONES PARA PERROS EN PELIGRO - "Living in the kingdom of death" (Daniel Higgs)






Daniel Higgs. Por unas o por otras nunca he tenido el tiempo o el ánimo de entrarle en profundidad, aunque sabía que valía la pena. A los Lungfish los conocí tarde, y ante una obra amplia y compleja que va de la poesía al ruido y a menudo los mezcla, me he tomado mi tiempo. Valga eso para definir mi estúpida pereza, pero algún día hay que empezar. Hagámoslo con esta aproximativa traducción de “Living in the Kingdom of Death”, esa estremecedora, extática joya que abre su disco “Ancestral Songs” (2006). Después, seguiremos buceando.



Viviendo en el reino de la muerte

Viviendo en el reino de la muerte
Viviendo en el reino de la muerte
Muerto para el reino de la vida
Viviendo en el reino de la muerte

Despertando en el reino de los sueños
Despertando en el reino de los sueños
Soñando en el reino de los despiertos
Despertando en el reino de los sueños

Viviendo en el reino de la muerte
Viviendo en el reino de la muerte
Muerto para el reino de la vida
Viviendo en el reino de la muerte

Amor mío, visto estos harapos
Amor mío, visto estos harapos
Mi amada, hermana del mar y el aire
El mar que se refleja bajo el aire invisible
La conjunción de todas las cosas con todos los lugares

Viviendo en el reino de la muerte
Viviendo en el reino de la muerte
Muerto para el reino de la vida
Viviendo en el reino de la muerte

Lucifer, el brillante hijo del Cristo
Lucifer, el brillante hijo del Cristo
Señor Cristo, ilumina el vientre del que cosecha
para Lucifer, el brillante hijo del cristo

Viviendo en el reino de la muerte
Viviendo en el reino de la muerte
Muerto para el reino de la vida
Viviendo en el reino de la muerte

Ve al Diablo en el Cristo, si ese es el verdadero premio que buscas
Permanece en ti y permanence en mí
Permanecemos en nosotros y después volamos
Ve al Diablo en el Cristo, si ese es el verdadero premio que buscas

Viviendo en el reino de la muerte
Viviendo en el reino de la muerte
Muerto para el reino de la vida
Viviendo en el reino de la muerte

En la pradera profunda, en la pradera verde
Sobre un trono de sonido bajo la sombra del sauce
La Sangre como latido, el germen del embrión
nunca explicará o describirá lo que nunca sabrá

Viviendo en el reino de la muerte
Viviendo en el reino de la muerte
Muerto para el reino de la vida
Viviendo en el reino de la muerte

Un espejo tan ancho como larga es tu vida.
Un espejo tan ancho como larga es tu vida
Tu reflejo el eco de una canción antigua
En un espejo tan ancho como larga es tu vida

Viviendo en el reino de la muerte
Viviendo en el reino de la muerte
Muerto para el reino de la vida
Viviendo en el reino de la muerte


...............................................


Living in the Kingdom of Death

Living in the Kingdom of Death
Living in the Kingdom of Death
Dead to the Kingdom of Life
Living in the Kingdom of Death

Waking in the Kingdom of dreams
Waking in the Kingdom of dreams
Dreaming the Kingdom of the awake
Waking in the Kingdom of Dreams

Living in the Kingdom of Death
Living in the Kingdom of Death
Dead to the kingdom of life
Living in the Kingdom of Death

My love these living rags i wear
My love these living rags i wear
My beloved, the daughter of the sea and the air
The reflecting sea beneath the invisible air
The conjunction of everything with everywhere

Living in the kingdom of death
Living in the kingdom of death
Dead to the kingdom of life
Living in the kingdom of death

Lucifer, the child bright of the Christ
Lucifer the child bright of the Christ
Lord christ, illuminate the reaper's womb
For Lucifer, the child bright of the Christ

Living in the kingdom of death
Living in the kingdom of death
Dead to the kingdom of life
Living in the kingdom of death

See the devil in the Christ, if this is the true prize that you seek
It abides in you and it abides in me
We abide in us and then we flee
See the devil in the Christ, if this is the true prize that you seek

Living in the kingdom of death
Living in the kingdom of death
Dead to the kingdom of life
Living in the kingdom of death

In a meadow deep in a meadow green
Upon a throne of sound beneath the willow shade
Blood like beating, the germ of the embryo
It will never explain or describe what it will never know

Living in the Kingdom of Death
Living in the Kingdom of Death
Dead to the kingdom of life
Living in the kingdom of death

A mirror as broad as your life is long
A mirror as broad as your life is long
Your reflection an echo of an ancient song
in a mirror as broad as your life is long

Living in the kingdom of death
Living in the kingdom of death
Dead to the kingdom of life
Living in the kingdom of death



martes, junio 18, 2013

CANCIONES PARA PERROS EN PELIGRO - GOG Y LAS HIENAS TELEPÁTICAS - "Hope's Hero"



El curioso proyecto "En efectivo... En Directo" en el que estaban implicadas varias de las fuerzas vivas de Pontevedra (El estudio Litio, gente de la sala Karma, Producciones Mutantes y el consistorio pontevedrés) permitió que de regreso del ruido y la furia de su primera gira española, GOG y sus pequeños amigos mentalistas registrasen esta curiosa toma de su famosa balada nihilista HOPE'S HERO. Indudablemente lejos de la destructiva fiereza sónica de la mayor parte de su material, pero igualmente sentida y visceral, la canción es, por derecho, el himno oficioso de la ANGLOGALICIAN CUP así como de un número no determinado de vetustos dipsómanos y adorables amas de casa. Adecuada para estados de decaimiento u horror vacui, la Hiena Chambelán recomienda su escucha a volumen generoso y tras la ingesta de unos cuantos whiskies de calidad media/alta. GOG IS LOVE!


HOPE'S HERO

He lives by the North Sea in the city of Hope
where everything´s shiny and made up of gold
but one night all went black and now everything´s gone
people are hassled, frightened and torn

They run and they hide but there´s nowhere to go
as they´ve reached the boundaries of the Kingdom of Loss
Staring at nothing is all he can get,
darkness surrounds him, there´s nobody left.

Riddles, critters and creatures
coming into his eye
Reign of Victory is distant,
maybe he will not get far...

Then he knows he can fail, but will strike back again
Never surrender, he sings all the way:
"I will end with this pest with a sword from my chest.
At least, I will try to do all my best"

martes, febrero 07, 2012

CANCIONES PARA PERROS EN PELIGRO- “These Things I Know” (Julian Cope)




Hay canciones para dormir y canciones para despertar. Hace años que Julian Cope parece haberse centrado en las segundas. Aun cuando estén envueltas a menudo en una lentitud primitiva y opiácea, todas ellas hablan de la necesidad de amanecer a una nueva conciencia. Quizá “nueva” sea un término equívoco, porque esa conciencia lleva ahí esperando durante siglos, acaso desde siempre, y porque en cierto modo la tuvimos y la conocemos perfectamente, como se conoce a ese trabajo personal, planeado y del que hemos hecho ya mil mapas mentales, pero que sigue sobre la mesa esperando mientras nos dedicamos a dormir, ver la televisión y fingir que hay cosas más urgentes. Sin embargo, no deja de ser “nueva”, precisamente por eso. Desde que Cope renació, por decirlo de forma simplista, y el rockero joven y mefistofélico de sus primeros y vacilantes discos en solitario post Teardrop Explodes se convirtió en “druida”, en antropólogo pop y en pensador antisistema, su visión ha ido progresando –con altibajos creativos pero indudable pulso- hacia un poderosa y ecléctica posición de gurú que se aprecia en todo su esplendor en discos recientes como “Yougottaproblemwithme” o “Black Sheep”, espléndido doble LP que contiene el tema de hoy. Se trata, claro, de un gurú que es al tiempo un clown, un “trickster”, un cachondo mental y un bardo del linaje original de Gales -según lo hubiera entendido Robert Graves y como sabrán quienes lo conocen-, pero no por eso pierde un punto de razón en todo lo que plantea. Acarrea con él una característica esencial que los anglosajones poseen: la capacidad de usar su música pop, sin que pierda su poder melódico y hedonista, para tareas que aquí ni siquiera se le permiten al (adocenado) folk (de los archiveros): hablar de los problemas reales de la gente. Del hombre, si se prefiere. “A veces tienes que dejar la ciudad”, dice aquí, y es bien cierto. Esas necesidades, sin embargo, no son fáciles de satisfacer. A mí dejar la ciudad me cobra siempre una tasa de abulia terminal, modorra y depresión que puede durar fácilmente una semana. Desconectado de los cables invisibles que me alimentan con ruido y emociones acaso ficticias, separado de las sondas que me administran el tan querido soma ciudadano, las tareas se me antojan de pronto demasiado grandes y eso me bloquea. Perdido en el campo, pues, en soledad, ha sido esta canción, “These things I Know”, la que me ha sacado del sopor y me ha reintegrado al mundo, si mundo se puede considerar la extraña planicie del pensamiento en soledad. Supongo que sí. Es un mundo poco frecuentado y con trampas para elefantes, pero hemos vivido en él tanto tiempo (intermitente) que uno percibe en la lejanía de sus páramos el oculto e incensado aroma del hogar. Tiene “These Things I Know” esa claridad de alguno de los números de The Drude, esa nitidez socarrona pero seria que atraviesa con facilidad nuestra guardia francesa; una aparente sencillez de exposición que se permite, casi, trazar un diagrama de las obsesiones que animan al creador (o al excavador, al “digger” que todo artista es, cada uno a su modo). Nosotros, sin embargo, necesitaríamos un texto más amplio para explicar por qué a día de hoy, con casi 55 años, es Cope una figura clave de la disidencia creativa de nuestra época, para resumir ese coherente amasijo de posturas antiautoritarias, levantadas frontalmente contra el monoteísmo cerril y el terror/control estatal, ultra-críticas con nuestra propia época y con las demás, iluminadoras de los viejos ritos y su sentido mental en nuestro propio cráneo, reivindicadoras del papel del matriarcado a través de la historia y de su constante expolio y masacre. Prometo indagar en todo eso al comentar el disco en su totalidad. Baste por ahora el texto y la canción. Baste el dulce abrirse de la mañana que llega después de la noche. La vida del día tras la muerte del día, primera y única razón de que todos creamos aún en algún tipo de resurrección.// LUIS BOULLOSA

PD.- La transcripción es mía, ya que no encontraba la letra por ahí, así que hay un par de palabras dudosas al final...

PD2.- LO QUE HEMOS DICHO del Archidruida en KAPUT


These Things I Know

Tale man tell me the tale of your life
For I´m sure it is a good one
(X4)

These things I Know
The father only loves his own
These things I Know
But the mother is a sweet thing
These things I Know
A granmother shows accommodation
These things I Know
But the God can only speaks to his own

Tale man tell me the tale of your life
For I´m sure it is a good one
(X4)

These things I Know
Sometimes we must leave the city
These things I Know
Your verse may lie if your chorus is pretty
These things I know
Everyone believes the Wiki
These things I Know
The city smells but so does
The countryside

Words can be tricky
Some say peace but they mean submission
Truth can be sticky
It’s your truth, you’re stuck with it
Wrongs cannot be righted
Without changing anothers’ traditions
They’ll change their ways
But only if you resist their insistence

Tale man tell me the tale of your life
For I´m sure it is a good one
(X4)

These things I know
A jealous God means a jealous priesthood
These things I know
When the visionaries’ lie assert(¿???) itself
These things I know
A jealous priest is a deadly enemy
These things I know
A deadly enemy serves you better dead

Tale man tell me what’s wrong with my life
Am I only here to question?
No, sir, you are undoubtedly here to cajole and make suggestion
With the weird light shining in your eye
Even hell would never see trough your disguise.

sábado, octubre 08, 2011

CANCIONES PARA PERROS EN PELIGRO (VII)

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Artista - BELLY
Canción – “Feed The Tree”
Disco - “Star” (93)

Mi caso fue curioso. Apenas seguí a las Throwing Muses ("Las Musas Desperdigadas", gran nombre) en su primeras encarnaciones. Las conocía, pero como alma en crecimiento estaba demasiado preopcupado con Pixies, Dead kennedys o Hüsker Dü. Luego las he consumido muy moderadamente. Sin embargo sí me enganché, sin excesos, a las carreras en solitario de las dos cabezas femeninas de la banda. Siendo más de Kristin Hersh que de Tanya Donelly, corazón de Belly, reconozco evidentes paralelismos en su evolución y sus talentos: ambas poseen sensibilidades exacerbadas y punzantes, voces personalísimas y primeros discos deslumbrantes que con el paso del tiempo, no fueron capaces de igualar. Del glorioso “Hips and Makers” de la Hersh nos ocuparemos en breve, pero hoy he desempolvado “Star” de Belly, la banda de Donelly, con la ilusión de quien devuelve un regalo, porque, al cabo, es un regalo: una secuencia alterna de temazos de pop y nanas oscuras envueltas en caramelo ácido (o ambas cosas a la vez) cuyas reflexiones, más oscuras de lo que la cobertura parece indicar, pasean por ese universo común a tantas mujeres que escriben y sólo algunas son capaces de moderar con tanto genio: traumas de infancia, inseguridades superadas a base de cicatrices, muñecas quemadas, la sombra siempre ambigua de la familia... la sucia llaga del pasado, en fin, que ha terminado por ser la hermosa y amenazante corola del presente. Y, de paso, al menos cinco hits que en justicia deberían haberle granjeado una fama que, acariciada (colaboración con las Breeders, un número dos en UK, fotos en la Rolling Stone... era el post nirvanazo, al cabo), jamás logró: “Gepetto”, “Low red Moon”, “Slow Dog” o "Untogether", escuchadas al mediodía de Madrid, mientras mi nuevo compañero de piso y su novia pintan su habitación de azul Xauen, no sólo aguantan el barrido del tiempo, sino que emergen de su ola intactas y mejoradas, extraños animales/vegetales sónicos de casero pero perfecto acabado, reminiscentes de una época, quizá, pero con la suficiente dosis de atemporal energía pop para dejarla atrás con gracia y con caracter y ser de hoy mismo; gloriosos revolvones de pensamiento, melodía y luz. Ejemplo mayestático de todo ello, ganando por un par de cabezas al resto del lote, es la ENORME "Feed The Tree", reflexión sobre, como no, la muerte; colosal tema melódico donde la impagable voz de la Donelly alcanza su cima (exhibicionista, emocional, ortodoxamente pop pero con una cierta vibración interna, un algo lejano de alteración que la hace única). “Así que quítate el sombrero, chaval, mientras hables conmigo/Y permanece allí mientras alimento al árbol”, dice, con un chorro que de puro luminoso es oscuro y que impera a capricho sobre la base de bajo, convirtiendo en intrascendente el anclaje temporal. Por lo que a uno respecta, no se puede hacer pop mucho mejor que este. Más o menos en esa época, la Hersh había sacado “Your Ghost” con Michael Stipe de invitado, y se estaba llevando el pastel, aunque no por mucho tiempo. Pero esa es otra historia. Recuperen este disco, o búsquenlo, bájenselo, lo que prefieran. Es música para cumpleaños embrujados. Y probablemente ustedes tengan niños, ¿verdad?//LUIS BOULLOSA

PD.- Por cierto, he escrito todo esto sin un atisbo de nostalgia por aquella época, pero quienes la sientan (a mí a veces me pasa) pueden alimentarla AQUÍ.

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martes, agosto 09, 2011

CANCIONES PARA PERROS EN PELIGRO (VI) - "The Fear" (PULP)

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"Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, era la edad de la sabiduría, era la edad de la locura, era la época de la creencia, era la época de la incredulidad, era la estación de la luz, era la estación de la oscuridad, era la primavera de la esperanza, era el invierno de la desesperación, lo teníamos todo ante nosotros, no teníamos nada ante nosotros, estábamos yendo todos directos al paraiso, estábamos yendo todos en la dirección contraria. En resumen, el periodo era hasta tal punto como el presente que algunas de sus más ruidosas autoridades insistieron en que fuese recibido, para bien o para mal, únicamente con el grado superlativo de la comparación".

Así empieza "Historia de dos ciudades", de Dickens (aproximativa traducción de un servidor). Si te recuerda a tu propia vida es probable que tengas treinta y tantos, la edad de Jarvis Cocker cuando parió "This is hardcore" ... Así debía ser el 98 para él, y así lo era para mí, en parte (el 2011 no le queda muy lejos). Por entonces escuchaba habitualmente a Pulp -bendita influencia de Miss. Tuk-, y desde que salió, éste fue mi álbum favorito. Claramente conceptual, centrado en la crisis de la inicial mediana edad, producido en "noir" asfixiante y ralentizado kistch, gloriosamente arrastrado y lleno de esa sorna confesional y doméstica con la que Jarvis Cocker respondía a su propio hype y trataba de enterrarlo para siempre, o más bien, digamos, de reconducirlo por un camino distinto.

En un principio pensé en traducir "Dishes", otra canción magnífica con la que me síento identificado, pero "The Fear" tiene más sentido por varias razones: Dishes es aún un rescoldo de los discos anteriores, un intento de canción pop perfecta vestida con ropajes prestados, que es aquello en lo que Pulp, al cabo, eran maestros; "The Fear", en cambio, responde al talante del álbum, atmnosférica, sin prisas, exudando ese siniestro cool de baratillo que emparenta a la banda lejanamente con el Barry Adamson de "As Above, So Below". Es, en definitiva, la introducción perfecta que dicta tono y enfoque, magnífica puerta de apertura para una obra que es la esquela de un rollete -aquel brit-pop de Blur y compañía- del cual los Pulp son una de las pocas bandas rescatables, con la perspectiva que da el tiempo. Ahora me encantaría poder escuchar el álbum completo, pero en mi retiro espiritual en la montaña apenas me he traído tres o cuatro discos. El silencio es una gran banda sonora, ocasionalmente, para la crisis que sea. Siempre hay una, al fin y al cabo, y ninguna es demasiado distinta, por el momento, a la de esta canción.


EL MIEDO

Este es nuestro “Músic from a Bachelors Den”,
el sonido de la soledad subido hasta el diez,
una banda sonora de terror para una cama de agua estancada.
Y suena exactamente así.

Este es el sonido de alguien perdiendo la cabeza,
fingiendo que está bien cuando no lo está.
Te va a gustar,
pero no demasiado.
Y el estribillo va así…

Oh, baby,
aquí llega el miedo otra vez,
el fin está cerca otra vez.
Un mono ha construido una casa en tu espalda,
no eres capaz de llevarte a nadie al catre,
y aquí llega otro ataque de pánico...
Oh, allá vamos de Nuevo…

Así que ya conoceis la letra de nuestra canción
Pronto estareis todos cantandola a coro
Cuando esteis tristes, cuando os sintais solos
Cuando todo salga mal
Cuando sintáis el miedo
y ya no estéis buscando más
la belleza o el amor,
sino sólo algún tipo de vida
con los filos limados.
Cuando ni siquiera podais definir qué es lo que os asusta
Esta canción estará aquí.

O, baby,
aquí llega el miedo otra vez,
el fin está aquí otra vez.
Si alguna vez te arrancas a ese chimpancé de la espalda…
Si alguna vez encuentras aquello que te falta…
Pero ahora sólo te estás echando unas risas…
Y allá vamos de nuevo.
Hasta el final.



THE FEAR

This is our Music from A Bachelors Den
- the sound of loneliness turned up to ten.
A horror soundtrack from a stagnant water-bed
& it sounds just like this.

This is the sound of someone losing the plot -
making out that they're okay when they're not.
You're gonna like it,
but not a lot
& the chorus goes like this:

Oh Baby, here comes the fear again.
The end is near again.
A monkey's built a house on your back.
You can't get anyone to come in the sack
& here comes another panic attack.
Oh here we go again.

So now you know the words to our song,
pretty soon you'll all be singing along.
When you're sad, when you're lonely & it all turns out wrong.
When you've got the fear.
& when you're no longer searching for beauty or love -
just some kind of life with the edges taken off.
When you can't even define what it
is that you are frightened of
this song will be here.

Oh Baby, here comes the fear again.
The end is near again.
If you ever get that chimp off your back.
If you ever find the thing that you lack
but you know you're only having a laugh
& here we go again.
Until the end
Until the end








miércoles, mayo 25, 2011

CANCIONES PARA PERROS EN PELIGRO (V)

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Banda- "The Magnetic Fields"
Canción- "The Book of Love"
Disco- "69 Love Songs"


“69 Love Songs”, la criatura exagerada del corazoncito de Stephin Merrit, es el “Sexo en Nueva York” del pop independiente. Igual de frívolo y de ridículo, de conservador y de vacuo. Una especie de pantagruélico pero deshidratado manual gay en tres tomos sobre como conjurar el dolor de la pérdida mientras uno pasea por Central Park tomando un capuchino. Y sin embargo, tiene al menos una canción y media que aguantará el paso del tiempo. La media es “I think I Need A New Heart”, uno de esos chupa-chups pegadizos, redondos y emocionantes que te devuelven la confianza en que dos minutos de POP valen realmente la pena, a veces. La grave voz de Merrit le da ese toque trágico que a veces es capaz de conceder, atándola a suelo, concediéndole realidad. La escuché por primera vez en una de esos CDs que trae el Rockdelux. Pensé en “The Last Night” de Bob Mould, y en que quizá ambos debieran unirse para hacer el disco definitivo de desamor homosexual. Por desgracia, Mould se ha ido arruinando el gusto por el camino y ahora factura cosas que parecen ser a su herencia lo que Meg Ryan a Liz Taylor. O sea, basura.

Años después de todo esto, me reencontré con una buena amiga a la que le había ido bien. Es una de esas personas que escucha música vagamente pero con buen criterio (la gente de éxito lo hace así: No sabe, pero sabe lo que debe elegir para que otros que no saben piensen que sabe. Se llama sociedad). Me puso “The Book of Love”. Y esa sí es una canción soberbia. Iba a escribir algo más sobre ella, pero creo que la letra y la música se explican bien solas. Contienen casi tantas verdades (incluido lo de los anillos de boda) como tonadillas rematadamente malas y amputadas hay en el total del disco que las contiene. De postre, "It´s to late" y Stop Your Crying", de Mould, que encontré tratando de localizar "The Last Night". Gay And Fucking Loud. Disfrútenlo.

EL LIBRO DEL AMOR

El libro del Amor es largo y aburrido,
nadie puede sostener esa maldita cosa.
Está lleno de gráficos, hechos y cifras
y de instrucciones para bailar.

Oh, pero me encanta cuando me lo lees.
Y tú... tú puedes leerme cualquier cosa.

El libro del amor tiene música dentro.
De hecho , es de donde procede la música.
Una parte de él es trascendente,
otra parte es realmente estúpida.

Oh, pero me encanta cuando me lo cantas.
Y tú... tú puedes cantarme cualquier cosa.

El libro del amor es largo y aburrido
y escrito hace mucho, mucho tiempo.
Está lleno de flores y cajas
en forma de corazón
y cosas que todos somos demasiado jóvenes
para saber.

Oh, pero me encanta cuando me das cosas.
Tu... tú deberías darme anillos de boda.



jueves, marzo 31, 2011

CANCIONES PARA PERROS EN PELIGRO (IV)

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Banda - BEACHWOOD SPARKS
Canción - “Desert Skies”
Disco - Beachwood Sparks (Sub Pop, 2000)


“Either I´m too sensitive or else i´m getting soft”, ya lo dijo Dylan. Viaje por mi lado más pop (todo sea por los canidos amenazados y su graciosa guardesa Miss. Anne Marie Sutherland), esta recopilación/selección se va convirtiendo según avanza y sin quererlo, en reflexión sobre el hecho musical mismo, en labor de arqueología cercana y exhumación de joyas menores sólo en apariencia, y en retrato -era inevitable- de una de las caras de quien selecciona, que, lo crean o no, no vive siempre cubierto por muros de ruido blanco y envuelto en intoxicantes vahos de fuzz. Nada como intentar descubrirle cosas a los demás para acabar descubriéndose un poco a uno, esa tarea casi siempre ingrata a la que tendemos de modo enfermizo algunos y que es adecuado disfrazar y endulzar así, hablando de discos o de otras cosas bellas, igual que a los niños se les administra un jarabe diluido o una pastilla médica envuelta en chocolate.

Buena imagen esa, medicación con una capa de azúcar, para el disco de debut de los Sparks. Debe ser este (aparte de la ENORME caja de descartes de The Pogues, que cualquiera en su juicio debería haber escuchado para poder perderlo feliz) el disco que más veces en mi vida he extraviado y vuelto a comprar. Desaparecido sabe el diablo dónde el primero, olvidado el segundo en una mudanza, regalado el tercero a una novia que probablemente jamás lo escuchó, me despierto hoy notando su falta y me lo agencio por cuarta vez en mi tienda favorita, Radio City, por cuyo pequeño local paso fugazmente, esquivando a tipos más bien mayores que prefieren el pop añejo a merodear por los colegios. Después me lo llevo a casa envuelto en el gabán, como quien esconde una bolsa de caramelos. Así de chiquillos somos, aferrados a nuestras pequeñas delicias, a esas evanescentes pompas de jabón de tres minutos que crean la insólita apariencia de que la vida es de pronto mejor.



Atrás, muy atrás, quedaron las épocas en las que el ruido atronaba en mi casa a todas horas; ahora suelo preferir el silencio, donde todo se oye mejor. Escuchar a los Beachwood Sparks así, después de una tarde de calma, cuando ya una noche que huele a verano ha cubierto Malasaña, transporta dulcemente a otro lugar; uno que quizá -quien sabe- existió físicamente, y que ahora permanece, etéreo, mientras el disco dura. Y luego un ratito más. Banda fugaz -otro disco y un Ep, creo, antes de que se disolvieran y algunos de ellos formasen The Tide- los Sparks chisporrotearon sobre su propia hoguera campestre con maravilloso y delicado fulgor antes de quedar atrás, apenas otra nota al pie en la historia del rock y el pop. Pero es una nota escrita con prístina caligrafía de country rock ácido y optimista, travieso pop ejecutado según los parámetros de la costa oeste setentera. Una nota que se lee con placer y aún sin un atisbo de nostalgia pese a que evoca un pasado que -dicen los santones- fue mejor.

Difícil una vez más aquí, como en casi todos los discos que revisamos en esta serie, elegir claramente una canción. Son bandas, todas ellas, al fin y al cabo, más entregadas a la orfebrería musical que al hit inmediato. Y sin embargo, de entre los cuatro o cinco temas deslumbrantes con los que arranca el viaje, acabo decidiéndome por la inicial “Desert Skies”, que quizá condensa todo lo mejor que el disco tiene, exponiéndolo con reconcentrada brillantez. Alegre como un día de verano en el recuerdo -aquel en el que todo salió bien- vivaz sin alterarse, juguetona e íntima a la vez, en ella parecen reflejarse las claves que ofrece la imagen interior del libreto: lo cálidamente cósmico de esa luna enorme, lo terreno y enraizado de los árboles, lo sutil e imaginativo de la mariposa suspendida en primer plano; lo poderoso y callado del volcán. No le van a la zaga, para ser sinceros, esa “Silver Morning After”, reminiscente de Love y algo más oscura, la vivaz frivolité country pop de “Sister Rose”, la lejanamente dylaniana “The Calming Seas” o la redondez sentimental que envuelve “Canyon Ride”.

No se nos ocurrirá decir que sus trapecismos en los árboles o sus noches estrelladas o sus coros de plastilina y sus guitarras de papier maché superen en ningún momento a sus propios modelos -A Love, A Spirit, a Big Star, o Beatles o a tantos más que otros conocerán mejor que yo-. Ni siquiera que la segunda mitad del trabajo, remansada tras el chispazo inicial en calmados meandros de narcótica, pastoril felicidad, vaya a sobrevivir al tacaño escrutinio del tiempo. Pero la verdad es que tampoco importa. Son como un recortable coloreado que los niños ven mágico. Nosotros somos los niños, claro. Al menos un rato. Al menos hoy.

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Y una entrevista que encontré.

viernes, marzo 18, 2011

CANCIONES PARA PERROS EN PELIGRO (III)

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(Una selección semanal de canciones especialmente dedicada a Miss. Anne Marie Sutherland, displicente guía de los chuchos en riesgo grave de castración)

BANDA - THE DEADLY SNAKES
CANCIÓN - "So Young & So Cruel"
DISCO -"Porcella" (In The Red, 2005)


“Oh, sí, soy de verdad así de sutil/tan dandi y tan perfecto,/tan joven y tan cruel...”Apuesto a que cuando Nick Cave escucho por primera vez el estribillo de “So young & So cruel” se sintió viejo. Acababa de entrar en el pueblo un pistolero más joven, un gigoló más potente, un hermano más hermoso, un poeta más macarra y más sintético. ¡Demonios! Después, probablemente, se retiró unos días a la montaña para hablar en silencio con el espíritu de Leonard Cohen que flotaba entre la nevisca temprana y con el cuerpo de Dylan, que andaba por allí cual fauno priápico, persiguiendo entre los chopos a una negra de Nueva Orleans que se había echado de novia. Cuando Nick regresó, ya no quedaba nada de los Deadly Snakes, en cuyo glorioso tercer disco, “Porcella”, se incluía la canción, y pudo respirar tranquilo otra vez. Y caminó hasta el cementerio del pueblo. Y allí entonó un salmo de gratitud.



Reescucho ahora el portentoso disco que las serpientes mortales firmaron como incomprensible epitafio (menos de un año después ya no existían) y reconozco -además del extraño regusto que dejan los cadaveres demasiado jóvenes y hermosos- que ni siquiera los que le hicimos caso le hicimos todo el que merecía. Grabado en días robados en una casa de campo/estudio que aparece retratada en el interior de la carpeta, es un trabajo que pertenece a un apartado peculiar, o mejor dicho a varios: Es un disco de retiro físico, uno de esos en los que el grupo se aparta del mundo, literalmente, para relajarse y exprimirse a un tiempo (he ahí el fantasma de Big Pink, siempre presente y nutritivo). Es un disco, también, de cambio absoluto, porque poco queda en “Porcella” (si acaso el tenso brío de “High Prices Going Down”) de la encallecida y preclara banda que poco antes bordara el energético fogonazo de garaje dylaniano/estoniano que fuera “Ode to Joy”. Han crecido desmesuradamente y aparecen aquí vadeando profundidades distintas. Lo que hay es un retrato caudal de nuevas intenciones y sabiduría precoz, promesas cumplidas a cargo de un grupo de compositores (cuatro de seis, al menos) que acaba de madurar -como cuando en los documentales, a camara lenta, la flor se abre, un poco acartonada- y de aprender como inundar de luz cada resquicio de la habitación. Cachorro (no dejo de pensar a donde hubiesen podido ir) pero cuajado, “Porcella” es ambicioso y atemporal Rock&Roll en la misma longitud de onda en la que funcionaban The Band cuando, haciendo honor a su nombre, fueron la banda definitiva. Es personal, pese a rumiar una serie amplia de influencias reconocidas y perfectamente reconocibles. Y es completísimo, un río abarcante y rico en sedimentos por el que fluyen al unísono la percusiva psicodelia de poso Waits de “Work”, la finta soul de “O, Lord, My Heart”, el intenso primitivismo narrativo de “Debt Collection” (por ahí han transitado Two Gallants, Frank Black o Las Malas Lenguas), el folk extático y pastoral, circular, mutante, de “I Heard...” (algo parecido a lo que han cultivado, por ejemplo, Vetiver), dylanadas estrictas como “By Morning, Its Gone” y cohenadas no tan estrictas, salpicadas de humor continental, como “A Bird in the Hand...”. Y todo ello lejanamente bañado por un hippismo costa oeste que explota en la que para muchos es la canción bandera del disco, esa “Gore Veil” donde el fantasma de Love se hace corpóreo durante unos pocos minutos de alterante delicia pop.



Que fueran capaces de una maduración tan completa en un lapspo de tiempo tan corto es uno de esos milagros que quienes tocamos en bandas podemos entender pero que no por ello dejan de ser milagros. “Es un disco saturado por el agrio, dulce, amargo, salado sabor de lo que fue consumido en esos días y noches”, dice la nota al pie. Entiéndase eso culinaria o vitalmente. Era quizá demasiado prometedor, sí, demasiado intenso, demasiado vivo para durar, nos decimos por buscar una excusa, aunque sea débil.

En cuanto a la disolución, los restos, la vida, André Ethier ha seguido componiendo cosas apreciables bastante por debajo del radar comercial, Age of Danger, alias Max McCabe-Lokos, el compositor del tema que nos ocupa, ha terminado siendo actor y si no me equivoco ha colaborado ocasionalmente con Mark Sultan. Al resto les he perdido la pista.

Vuelvo a escuchar “So Young & So Free” en la casa en silencio. Aspiro su precoz poso de cansancio, mastico su ariscas palabras como grava, su innegable poso Dylan/Cave/Morrison. Disfruto, como quien lo hace con un chiste privado, de ese cambio final absolutamente Basement Tapes. Cosmic american music con los pies en la tierra y una sobredosis de chulería siniestra. Que durmais bien en el reino de la música olvidada, mis príncipes, sobresaltados apenas por el rasgar de la aguja en apartamentos lejanos y fiestas que no conocereis.//LUIS BOULLOSA.




TAN JOVEN Y TAN CRUEL

¿Has visto mis botas negras, de cuero?
La punta de su dedo gordo podría atravesar tu carne.

Oh, sí, soy de verdad así de joven y así de cruel.
Realmente así de joven...
tan joven y tan cruel.

¿Has visto esta chupa negra que llevo?
Estos botones son de latón, estos botones son de oro.

Oh, sí, soy de verdad así de sutil*
tan dandi y tan perfecto,
tan joven y tan cruel.

Si, cogeré tu corazón
y lo romperé en dos.

Oh, sí, soy de verdad así de sutil
tan dandi y tan perfecto,
tan joven y tan cruel.

El señor es mi testigo,
oh, es un negocio tan sucio
separar mis dientes de tu garganta
y dejarte deseando más.

Y tomaré tu corazón
Si, tomaré tu corazón
y lo romperé en dos...

* La palabra “Fine” puede ser traducida, dependiendo del contexto, como “magnifico”, “excelente”, “perfecto”, “valiente”, “sutil” o “delicado”, entre otros significados.

martes, marzo 15, 2011

CANCIONES PARA PERROS EN PELIGRO (II)




BANDA - LAMBCHOP
CANCIÓN - "The Scary Caroler"
DISCO -"How I Quit Smoking" (Merge Records)


Durante mucho tiempo mi tema favorito fue “All Smiles and Mariachi”. Me encantaba la subida final que parecía, falsamente, dirigirse hacia algún lugar. A través de los años quise hacerla con casi todas las bandas que tuve, pero nunca sucedió. “Life's Little Tragedy”, por otro lado, es quizá el mejor tema, objetivamente (aunque no es un disco de singles, sino de sensación), un ejemplo perfecto de ese fatalismo doméstico y expeditivo que Kurt Wagner borda con su impagable voz cicatrizada: “Uno por uno morimos/y nuestros secretos mueren con nosotros/no hay nadie más a quien echarle la culpa//(...)Yaces en tu cama, rezando por el sueño, pero nunca viene/nunca funciona así//Todo el resto está hecho/todo lo que puedes hacer es sentarte/y empezar un nuevo día”. Y sin embargo, cosas de la inmadurez, últimamente me ha dado por este “The Scary Caroler” que parece dos canciones en una, o tres. Un ejemplo vivo de que la influencia indie dio bastantes más frutos de los que se le reconocen, al contacto con cierto tipo de tradición. Lejos del country, cerca de Europa y de una concepción retorcida del ser que es más punk que folklore.



Y es que si Lamchop hubiesen aparecido ahora, alguien los hubiese etiquetado como “country noir” (juro que lo he visto en una cubeta, por ahí), probablemente con cierto atisbo de razón. Quizá haya más en lo que hace Wagner -o e lo que hizo- de Sisters of Mercy que de Hank Williams. Es una impresión, al menos, que me ha quedado de entonces, de cuando escuché “How I Quit Smoking” por primera vez, sin apenas darme cuenta de que tenía uno de los mejores títulos de la historia ni tampoco de su oscura, reposada, nocturnal grandeza. Con el tiempo, arreglos como los que ellos despachaban con tino llegarían a convertirse en una plaga nefasta, pero entonces el mundo era joven y nosotros también: los Tindersticks aún andaban despegando, yo ocupaba el tiempo que el hardcore me dejaba libre en razonar con mi novia de entonces por qué Oasis ni de coña, Blur tampoco y sin embargo Pulp sí, desde luego que sí, y escuchaba a Arab strap a todas horas, tumbado en el apestoso colchón sobre el que dormía, en un piso compartido con otros tres freaks (ahora vivo solo, pero el colchón sigue apestando).



Mierda, era el 96, y luego el 97. El 98 quizá. Hace una década y media, y la vida era distinta. Distinta para nosotros y distinta para Kurt Wagner, con toda probabilidad. El esfuerzo comunal de aquel segundo disco (un montón de gente y un montón de talento) no ocultaba que la mente detrás del proyecto era la de nuestro querido instalador de tarimas flotantes, un talento mayor en ese mundo de deliciosos talentos menores en el que cualquiera que aprecie la música pop está condenado a vivir. Era, el disco, un enigma personal nocturno y cálido, consignado en catorce escupitajos tabaquistas y cotidianos; poemas de lo real susurrados a la oreja de la noche americana que extendía de costa a costa su miseria y su luz. Era el día revisado con ojo agudo en excelentes letras, modestamente poéticas. El sonido -con los bajos mandando- y la orquestación -en estado de sitio- ayudaban a convertir en grávida la nostalgia y en poesía la ralentizada resignación con la que el chuletón en jefe musitaba, perfectamente audible, como quien palmea en el hombro de un amigo cuando ya el día se marcha. El pueblo. El curro. El dentista. Otra vez la voz. Y también el ruido y la furia contenidos en el puño en la segunda encarnación de “The Militant” o la violenta “Garf”. El feismo sosegado contra un almohadón de plumas. Tómate un café. Fúmate el último. En el tranquilo porche de Nashville donde Wagner (este, no el otro), charla con el despistado espíritu de Ian Curtis. “Y el cambio va así...”. “¿Así?”. “No, no... Así... ¿Ves?”.//LUIS BOULLOSA

jueves, marzo 10, 2011

CANCIONES PARA PERROS EN PELIGRO (I)

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(Una selección semanal de canciones dedicada especialmente a Birdie, Santa Patrona de los Canes Fugitivos)

Grupo - GIANT SAND
Tema - “Shiver”
Disco - Chore of Enchantment (Everlasting, 2000)


Quizá hice una reseña de “Chore of Enchantment” en otra vida y para algún fanzine que he olvidado ya. A buen seguro estaría llena de entusiasmo y de metáforas. Menos metáforas ahora, espero. El entusiasmo persiste, sin embargo, disfrazado de otras cosas para más planas no ser detectado por las fuerzas de seguridad del Dogo. Personaje misterioso, Howe Gelb, el alma de Giant Sand, que aquí funcionaba aún con la segunda (?) y más exitosa encarnación de la banda (Burns y Convertino eran un muy versatil, casi perfecto background para sus iridiscentes cuelgues y sus picados noise, antes de abandonar e inmolarse en el altar del dólar con los intrascendentes Calexico). Aún lo es. Misterioso incluso ahora que apaña chapuzas aflamencadas con Raimundo Amador (?!), revisa en directo directos de Johnny Cash (difícilmente se me ocurriría alguien menos adecuado para la labor, más opuesto al viejo oso) y permite que Raquel Winchester se pasee de refilón al fondo de sus videos (???!). Misterioso, sí, pese a que, en la línea de otros americanos muy americanos incomprendidos por los americanos, se haya retirado a vivir en la Europa civilizada (norte), colocando una pica artística en España, donde comprar restos de serie a precio de Picasso es ya hace mucho una consolidada tradición.

Hubo otros tiempos. Durante muchos años los Giant Sand fueron el epicentro de un culto casi secreto, dejando por el camino trabajos tan fracturados como magistrales. Yo, particularmente, no podré olvidar jamás el impacto del poliédrico y visceral Long Stem Rant (89), el pico creativo, quizá, de aquella época en que el angelito se encerraba en estudio sin tener las canciones terminadas (a veces, supongo, ni siquiera empezadas) y jugaba a permitir que EL ERROR fuera un componente más de la banda. Traqueteantes ramalazos de genio autista, canciones que parecían más la doma de un potro salvaje en medio de la noche, arrebatos ruidistas, poemas aleatorios, reflexiones de carretera, polución mental y tormenta de lejano sustrato Neil Young y temas tan aplastantes y dañinos como una insolación. Atípicos, radicales y únicos. Atípico, radical y único, él, capaz de mezclar una bagatela tradicional con un harapiento acceso de furia rock y obtener una tortilla emocional del carajo.

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En justicia, pese a que aquello es pasado, hay que reconocer que su producción de los últimos años sigue siendo más que digna (el disco de recogido gospel 'Sno Angel Like You (Thrill Jockey, 2006), por ejemplo, merece su altarcito, sobresaliente en su íncolume belleza de cristal helado que lentamente se derrite en voces negras). De muerto no tiene nada, Gelb, aunque sí de zorro viejo, acosado y algo confuso con la vida, quizá (son opiniones...). Hoy me fijo, sin embargo, en el raro momento de ecuanimidad -todo sea por los perros-, de “Chore of Enchantment”, ese exacto punto medio en el que la vieja bestia del desierto de Tucson consigue de pronto, quizá por primera vez en su carrera, un destilado sereno cuya presencia se puede paladear en la boca sin necesidad de que nos abrase la garganta después. Tan sereno como peligroso, se podría decir, en su equilibrio entre la la fisura y el clasicismo: un paso más en esa dirección lo puede convertir a uno en carne standard, tan blanca, fofa y digerible como cualquiera y, al contrario, uno hacia atrás renegaría de unos picos de belleza inusitados que aquí se obtienen y sería, al cabo, una abdicación.

Hacer un álbum casi perfecto, muchos deben saberlo, tiene un precio demasiado alto. Y es que así es el que nos ocupa, casi perfecto: uno de esos momentos de absoluta gracia que preceden a la nevada, suave ladera de la decadencia. Un disco poroso, con grietas en la roca por donde se cuela a puñados la luz del atardecer; casi un guiño a las viejas escolleras de ruido trazadas a barreno limpio. Un trabajo con un “cante” impagable -casi susurrado pero mandando en la mezcla, bien arriba, con el resultado de que parece que el bueno de Howe nos susurrara al oído en vez de cantar- y unas guitarras quizá no tan americanas y que valen su peso en oro español. Difícil, en su fertilísimo sustrato, quedarse con un tema; doloroso elegir entre la queda intensidad pseudogospel de “Astonished” (¡qué hermosa canción de amor!), la percusiva insolación de “Punishing Sun”, el acercamiento crepuscular y embarrado de “Dirty From the Rain” (quizá mi favorita, hoy) o la contenida violencia personal de “No Reply”, sin tener en cuenta a un puñado de piezas que con el tiempo se revelan no tan menores. Sin embargo, para hacer justicia al sentido del álbum, a esa labor de visagra y punto de equilibrio en toda una carrera, me decido por la más obvia en su redondez, “Shiver”, un hit inmediato que ejemplifica ese punto medio entre la vieja cicatriz y el duramente ganado clasicismo del que hablábamos. Mi corazón sigue con el viejo perro de la pradera que se atrincheraba en el desierto para grabar discos con guitarras de saldo y la mente en pekín, pero, al cesar lo que es del cesar, “Shiver” -todo el disco, en realidad- posee esa rarísima capacidad de provocar un chispazo agridulce, un escalofrío extrañamente cálido, el restallar de un nervio de madurez tensado por el tiempo, en resumen LA EMOCIÓN, que pocos, muy pocos -ninguno así- son capaces de conseguir.//LUIS BOULLOSA.

(Adjunto "Paved Road to Berlin", del citado Long Stem Rant, para posibles comparaciones, y otra foto más para demostrar que Gelb, además, es uno de los tipos más guapos de la historia del Rock&Roll -sí, ya lo se, siempre tuve un gusto raro para los hombres)



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