jueves, abril 18, 2013

miércoles, marzo 20, 2013

HETERODOXOS ESPAÑOLES (I) - PABLO COBOLLO



Heterodoxos españoles: Esa gente simpática y genial que nos permite soportar que Nacho Vegas sea "famoso" y que hace el hecho más doloroso a un tiempo... Se admiten sugerencias para el II.

domingo, marzo 10, 2013

ARS LONGA (Y TAL)


Decía Vargas Llosa, creo, una de esas obviedades que es necesario tener en cuenta, sin embargo: que un libro nunca se termina, sólo se abandona. Bueno, yo he abandonado uno hoy. Lo he dejado en el riachuelo para que flote hasta mi editor y sea después publicado. En realidad lo que he abandonado hoy es una corrección que podría haber seguido hasta el infinito y algo más allá. Ahora prefiero no volver a ver lo que he escrito hasta que esté publicado y no pueda ya hacer nada al respecto, más que arrepentirme o mirarlo con esa sonrisa escéptica que uno se pasa la vida preparando. Volver sobre él con algo de frialdad haría, probablemente, que intentase arreglarlo, y, como decía el otro “no hay que intentar arreglar algo que no está estropeado”. Que uno no escriba todo lo bien que desearía, que uno no sea todo lo brillante que él mismo esperaba, que a uno sus trabajos le parezcan sistemáticamente débiles e incompletos según un estándar inventado de excelencia, no quiere decir, al final, que haya nada estropeado, que haya nada que reparar. Cuesta llegar a esa conclusión, al “lo hice lo mejor que pude, lo mejor que mi cerebro, mi salud y mi voluntad me permitieron, así que ahí lo tenéis”. Pero se llega.
Ha sido ese libro, entre otras cosas, el que me ha impedido pasarme por aquí con la frecuencia de otras épocas. Intentaremos retomar la actividad, ahora, porque, si bien en parte apacigua, de un libro ajusticiado también vuelve uno con preguntas nuevas y neuras renovadas.
Pasa otra cosa también. Le preguntaba yo a un amigo hace tiempo (o él a mí): “¿Qué hace un músico underground cuando finalmente se desprende de sus bandas fallidas, harto de una profesión (de fé) que no le ha traído más que sinsabores, excesos y falta de dinero?”. Y me respondía él (o era yo), leyéndome la mente: “Montar una banda nueva”. Por esa misma mecánica que combina masoquismo y adicción, lo primero que piensa un escritor después del parto es en cuál será el tema de su próximo libro. Un escritor no es una madre. El cuerpo que ha expulsado no está vivo para él: sólo lo está para los demás. No se lo puede pasear en un carrito, ni hacerle cucamonas, ni educarlo, ni verlo crecer. Como mucho, se puede presumir de él por ahí, pero sería bastante forzado. Habrá que presentarlo en sociedad, eso sí, soltar palabras, sostener acaso alguna teoría epatante (para tres) que el texto ampare y tomarse unos whiskies. Es decir, nada que no hiciésemos antes sin excusa.
No quiere decir eso que uno no esté orgulloso. Uno está orgulloso, pero sospecho que está más orgulloso de haber llegado al final con vida que del Golem mismo. Más orgulloso de haber sido capaz de hacer el viaje que del diario de ese viaje que al cabo es el libro. ¿Y la ciudad a la que se ha llegado? ¿Es una ciudad distinta? ¿Nos hemos transformado en el trayecto? Un poco, quizá. No deshecho del todo esa postura. Sin embargo, creo que si nos ha transformado en alguna manera positiva, quizá sea más por el lastre que nos ha permitido arrojar por la borda que por el material nutritivo que ha añadido al equipaje. Cosas mías. Hay quien considera el progreso por acumulación y quien lo entiende como despojamiento.
Decía Vargas Llosa otra cosa, también. Que la mayoría de los novelistas no hablan en sus novelas del tema que tratan, sino “en torno” a ese tema. Esa idea, menos obvia que la primera, esa concepción de la obsesión delimitada en molde hueco, me parece enormemente llamativa, pero de eso hablaremos otro día. Al fin y al cabo, lo mío no es una novela, sino un simple libro sobre la música y el arte de otros.
En todo caso, hecho está, mis queridos, fugaces, pocos lectores. Cuando esté en la calle os hablaré de él de manera concreta, no antes.
Goodnight and Joy be with you all!

viernes, marzo 01, 2013

RIPPERS - "FIRE TRACTAÄT" (BCore)


Entre Unsane y Rudimentari Peni, pero con personalidad única.
Era por reducir a una frase el asunto, lo cual es imposible, así que regresemos a la cueva y empecemos otra vez. Los Rippers son uno de esos grupos de fulgor oscuro, una de esas bellísimas monstruosidades de la cloaca de occidente. Una de esas bandas de Amphetamine Reptile que Amphetamine Reptile nunca pudo tener porque les dio por surgir más tarde y en Cataluña. Uno de esos furiosos coágulos de ruido que te hacen estallar el tarro. Una de esas honestidades contracorriente que te dan que pensar, porque te recuerdan a la tuya propia y te provocan una cierta euforia y algo de tristeza a la vez. Un tiro en la boca de nuestra cultura decadente. Un tiro sordo. 
No sé si “Fire Tractaät” es su mejor disco o no, ni me importa, porque todos los que han facturado son buenos. Es, sin embargo, de lejos, el que más he disfrutado, por alguna razón que no conozco del todo, superando a aquel “Invertebrät”, que era una burrada, y a “Nomelec’s Revenge”, que no le iba a la zaga en furia. Turbios, malsanos, implosivos, dominados por unas líneas de bajo que parecen un cable de alta tensión submarino, punteados por una guitarra que corta hasta la vena con sencillez de bisturí. Así son y así lo cuentan en puñetazos justos como “Lover’s Whirlwind”, “Justice”, la masacrante “Unsheltered” o esa “Again and Again” que me ha recordado a los Impaled Nazarene ralentizados de “Blood is Thicker ThanWater”. Así lo cuentan, sí, con el pulso enfadado y sintético, singular.
Una de las mejores bandas de la música agresiva española de todos los tiempos, sin duda, en su afán bronco, contrapelado, inmisericorde; plato de gusto para aquellos entendidos que aún no se hayan acostumbrado a dejarse las vísceras en la mesilla de noche; arma arrojadiza para habitantes del suburbio de la noche, ese secreto de altas horas que ya puede uno vocear (fueron disco del mes en el Ruta hace poco, creo recordar) porque igualmente está condenado a ser lo que es: secreto. Jevis sólo en lo que el jevi tiene de libérrimo, punks justamente en la misma medida, los destripadores son inclasificables aunque sus referencias sean claras, y han construido un disco minimal como una rata rociada de gasolina que corriese ardiendo, enloquecida. Un disco, uno más, de guerra y de humo. Un disco de pillaje y de verdad. Un disco de punk románico por el esplendor de su materia terrenal y por la catedralicia y esencial alzada de su espíritu. Ya no se hacen muchos así.// GATO PALUG

viernes, febrero 22, 2013

INTENTOS DE REGISTRO - APROXIMACIONES A RAFAEL BERRIO (I)

Durante un tiempo me harté de Rafa Berrio. No de su persona, que me es muy querida, ni de su música, que es incontestable. Me harté de escribir sobre él. La gente sobre la que sólo se puede hablar bien es aburrida para la pluma. Cuando has manchado tu boca cinco veces con la expresión “obra maestra” algo pierde fuelle dentro de ti, quizá porque –bien lo sabes- el otro, aquel, tenía razón y es “forzoso considerar que la discordia es cosa ordinaria, que discordia es justicia, que todo nace de la discordia y la necesidad". O sea: que a la perfección le falta acción. En estos tratos, pues, a veces Berrio resultaba una planicie de genio tan apabullante que la discordia desaparecía. Era error mío, claro. Era pérdida de perspectiva, porque llevaba tiempo sin catarlo en vivo, creo, y donde Berrio es al final definitivo es allí.
Se me opondrá que sus recientes discos, esos con los que se ha embelesado la crítica, incluido un servidor, son la rehostia –por no usar términos literarios-. Yo estaré de acuerdo. Sin embargo, no están completos sin la experiencia de un directo que como me comentó el otro día a media voz, a mitad de segundo pase, un amigo: “es casi terapia”. Quítale el casi. Todo arte es terapia para el artista. En los casos excelentes lo es también para su público. Pero lo cierto, insisto, es que la obra de Berrio se entiende mejor después del cara a cara. Dice él de su nuevo trabajo, por ejemplo: “Considero este disco como una ópera bufa, una comedia, pero una comedia solemne, o al contrario, una cosa solemne, pero al borde de la carcajada”. Quien no lo haya visto sobre las tablas tendrá más difícil la comprensión de esa verdad. Y ahí ¡aleluya! Hay un resquicio por el que se puede criticar al autor de los dos mejores LPs españoles de los últimos tiempos (“1971” y “Diarios”, dos siameses malignos unidos por sabe Dios donde),  y así poder regresar a la discordia, amada discordia.
“Diarios” –quizá más que su antecesor, que tenía esa chanza genial y helada de “Mís amigos”- resuena tan ambicioso y tan solemne, ciertamente, que ese carácter de ópera bufa invertida queda difuminado para quien no conozca a su autor. Hace falta la distancia corta del Berrio Clown, el Berrio sardónico y suelto, algo porteño por alusiones, algo gamberro, algo navajero, algo turbio, muy punk –el del segundo pase del otro día, ya trasegado bastante oporto- para dar la talla real de ese trabajo, su alzada al tiempo majestuosa y alirrota. La mueca tras el vaso, la desolación que se confunde con una carcajada. La vida, en suma.
Y entonces se puede entender su enorme estilo y su mineral esencia. Y todo vuelve a ser perfecto.
Y yo me vuelvo a aburrir –con mi vida, me refiero-, hasta la próxima vez.

lunes, enero 28, 2013

QUE SEA LEVE - QUE SEA NADA


El inefable Rafa Berrio, príncipe de los gansos filosóficos, jerarca de los trovadores silenciosos, se acerca a Madrid mañana martes 29 para presentar su nuevo y DEMOLEDOR disco "Diarios", legítima continuación de aquel "1971" que ya es por derecho historia musical de España. Será en la librería LA BUENA VIDA sobre las doce de la mañana, y aunque al parecer estaba previsto como un simple encuentro con prensa, nos dicen por ahí que alguna canción caerá. No se lo pierdan. Pronto, un análisis a fondo del reciente trabajo. No es tan fácil escribir de obras maestras.

domingo, enero 27, 2013

LONG JOHN SUDDEN VOLVE ÁS ILLAS

Nuestro amigo Iscariot alarga un tentáculo de tinta hasta Pontevedra para saciar sus neuras en compañía de los Porcos Bravos de la Anglogalician Cup. Podéis leerlo AQUÍ.

miércoles, enero 23, 2013

RATIONAL ANIMALS/CODE ORANGE KIDS





Como habréis percibido por lo intermitente del blog, últimamente tengo suficiente trabajo como para que me cueste seguir en ninguna brecha informativa, si es que lo de KAPUT fue información alguna vez: el otro día intenté pensar en mis discos favoritos de 2012 porque alguien me pedía una lista y me di cuenta de que el último cojonudo que había escuchado era de 2011. Bueno, eso fue antes del de WOODS, que no sé de cuando es. Tiene cosas buenas, sin embargo, estar en otras trincheras y lejos de la actualidad musical (además, ¿alguien cree realmente que puede abarcar una mera fracción de la buena música que circula por ahí?): La primera cosa buena es que el blog se va convirtiendo poco a poco en un basurero instintivo, el trastero donde uno vuelca sus parafilias de madrugada y sus reflexiones filosóficas enganchadas por los pelos a una pinza musical. Y eso es terapéutico. La segunda, que todo se transforma suavemente en una placentera deriva con sorpresas inesperadas: no se busca ya, pero se sigue encontrando. En las últimas semanas me he topado -en ambos casos por pura casualidad- con dos bandas notables y jóvenes. Los primeros son los RATIONAL ANIMALS, unos chavalitos reminiscentes del buen hardcore de principios de los ochenta, es decir, sin códigos preestablecidos, sin dogmas, agresivos y libres. Los segundos son los CODE ORANGE KIDS, cortantes, espásticos, brutales. Unos y otros tienen muy poco que ver excepto en que reparten cera con sentido y que han facturado discos que son una buena hostia en la cara. Para que despiertes. Prometo hablar de ellos con calma cuando la marea ceda y la arena se vuelva a ver.//GATO PALUG



lunes, enero 21, 2013

TODO ESTO ME RECUERDA...



El disco salió en el 92. “Hermanos Carnales”, se llamaba. Yo por entonces tenía diecisiete y era un pringao, pero ya tenía buen gusto, quizá se nace con él. No recuerdo si el single fue “Mi Hermano Carnal” o “Fuerte”, pero sí que por entonces sonaban de vez en cuando en las emisoras de radio comercial. No consiguieron, por supuesto, dar el salto a la división donde estaba el dinero: ese campo no estuvo nunca –ni estará- preparado para cargas de profundidad desoladora como “En Otoño”, cuentos de incesto poco cubiertos como las dos citadas antes, vuelos rasantes sobre la biblia violenta y minimal de Fernando Alfaro (“Hey Lázaro”, “San José Experience”) y demás brutalidades excelsas de pop con el corazón al raso y bombeando. ¡Ah, aquella música reminiscente, clásica y brutal! La echo de menos. “La estación de las lluvias” era un aperitivo de cierre, una coda evanescente y contagiosamente quebradiza como el disco mismo, una flor seca demasiado parecida a la propia entraña. Como varias más de esa colección –que no es, pese a todo, mi favorita de los Surfin’-, ésta me sigue provocando un escalofrío similar al de la primera vez. ¿Por qué? Qué más da. Pasa a menudo con las canciones aparentemente menores que por uno u otro motivo han conseguido tocar un acorde secreto, que diría el otro. Es también, en su casi musitada sencillez, un curioso ejercicio de nostalgia anticipada: en aquella época que se va volviendo desvaída ya, los “varios años” de los que habla la letra podían ser considerados en sí mismos una era. Todo ha cambiado. Nada ha cambiado. En Galicia, donde vivía entonces y he vuelto a vivir, es estación de lluvias de nuevo, y ésta me recuerda a otras. Bendito Fernando, capaz de trabajar con tal claridad con el material doloroso y frágil de la pérdida y la fugacidad.

lunes, enero 14, 2013

BACKSEAT OF MY CAR (DWARVES)

Gog y las hienas telepáticas. from La Playa de Madrid on Vimeo.

Gog y las Hienas Telepáticas ejecutando sumariamente una de las mejores canciones de todos los tiempos: "Backseat of my Car" de los inefables DWARVES... Entre el público, los amigos de siempre, esos sin los cuales la vida sería menos divertida. El bajo no se oye, pero tampoco se pierde mucho.

miércoles, diciembre 26, 2012

WOODS - "Bend Beyond" (Woodsist)

Cada cierto tiempo hay una banda así. Lo fueron en su momento los Beachwood Sparks en su saltarín y agreste álbum homónimo, y lo fueron los Vetiver  del pastoral road trip que era “To Find me Gone”. Fuego, Madera, vistas del mar a través de los pinos y todas las demás convenciones que a uno le pueden convencer un día sí y otro en absoluto pero que, bien formuladas, coagulan en una sensibilidad al tiempo recia y delicada que parece apuntar a algún punto de la psique colectiva. Por eso convence y cautiva a veces, supongo. Ahora les ha tocado el turno a WOODS con su “Bend Beyond”. Jóvenes y reconocidos, reflejados en las listas de mejores discos que la alta y baja music press del nuevo milenio factura como churros, lo cierto es que se han ganado a pulso su presencia en ellas con un disco notable que sin abandonar una cierta pulsión casera -un residuo de lo-fi que la modernidad parece exigir como sello sonoro de una supuesta independencia- arranca alto con las remarcables “Bend Beyond” y “Cali in a Cup” y se desliza luego grácilmente en un vuelo a media altura que es acompañante perfecto para tardes de esperanza. Quien tenga de esas para gastar, lo agradecerá sin duda.

Curiosamente, trabajan desde Nueva York (y afueras), por mucho que su artesanía traslade a la línea marina y al cielo irisado de una California hipotética. Son magias -blancas o negras- de la música misma que un sonido tramado entre la lluvia transporte a uno a ese momento en el que ésta escampa y la luz se cuela, gloriosa, entre el nubarrón: que la costa este lo lleve a uno intacto hasta la oeste cuando, en todo caso, no se conoce ni la una ni la otra. Situables musicalmente, por ascendencia, en el mismo viejo cajón donde cría polvo el sueño hippy, el fantasma ahogado de Randy California, el Young de “Zuma”, Love, los Byrds y otros tantos espectros de navidades pasadas que se nos antojan, inevitablemente, más felices (salvas las distancias que procedan), una escucha atenta permitirá percibir, sin embargo, que el evocado por WOODS es un paraíso (perdido) por el que transitan de segunda mano, un poco como el niño que, en cama después de la sesión televisiva de la tarde, sueña con la arena y el mar aunque fuera caiga una nevada de pánico.
Si se deja correr unas cuantas veces, el disco se carga más aún de razón, sin desvanecerse, permitiéndole a uno viajes laterales e iluminando madrigueras inéditas; mostrando que hay más enjundia en sus desarrollos de guitarra –algo desmañados, como de cristal roto- de la esperada y que incluso en su fase media, la más obvia y deslucida (del tema cinco al ocho, incluidos) hay un trabajo más que serio.

Me gusta, lo reconozco, esta psicodelia modesta de raigambre rock (no folk o country, por mucho que algo haya), esa capa de pintura suavemente ácida, de caramelo raro, ese matiz gelatinoso de crisálida por el que se cuela hasta nosotros una luz alterada, a veces superficial, otras subacuática. Todo en ellos tiene que ver con eso, con la luz, ya que su narrativa escrita no es especialmente notable y dado el hecho incontrovertible de que, comparados con sus referentes, lo de WOODS (y lo de los Sparks o los Vetiver o tantos otros de la excelente manada de revisión sesentera) es música encubiertamente conservadora. El hijo del viejo guerrero: mimético en las formas pero incapaz de pelear. “No es difícil decir que no es fácil/Buscar modos diferentes de hacer que las cosas sigan igual”, dicen en "It Aint Easy", como leyéndome la mente. Pero eso es un problema del que hablaremos cuando pase el invierno. Para el transito de horas oscuras son útiles, y así lo hacemos saber.// LUIS BOULLOSA 

lunes, diciembre 24, 2012

HAPPY CHRISTMAS MY (OR YOUR) ARSE




It seems like a freeze out
It seems like a freize
Stumbling I fell down
And prayed on my knees
The ice wagon's coming
To pick up the stiffs
Had a chat with an old one
He was gone in a jiff
And Santa and his reindeer
Jumped over the moon
So hush little child
Santa's coming here soon

Tura lura luray
Tura lura lie
Tura lura luray
It's a Christmas lullaby
Tura lura luray
Tura lura lie
Tura lura luray
It's a Christmas lullaby

I hope you grow up angry
Just like your dear old dad
I hope you grow up brave and strong
Not like me - all weak and sad
You said "Daddy, daddy,
You're stinking of booze"
I kissed him and said, "Kid,
I was born to lose.
But you have a future
And a big one to say
And I hope you'll remember
All the love that I gave."

Tura lura luray
Tura lura lie
Tura lura luray
It's a Christmas lullaby
Tura lura luray
Tura lura lie
Tura lura luray
It's a Christmas lullaby

Heres to all the little kids
Who haven't got no clothes
Heres to all the little kids
Who haven't got no homes
It's Christmas time in Palastine
It's Christmas in Beirut
They're scrapping 'round for rice
Not for tutti fruits
And the Christmas lights, they blew up
Now the 'lecky's all gone dead
I look like a coal miner
And I've a pain inside my head

Tura lura luray
Tura lura lie
Tura lura luray
It's a Christmas lullaby
Tura lura luray
Tura lura lie
Tura lura luray
It's a Christmas lullaby

Tura lura luray
Tura lura lie
Tura lura luray
It's a Christmas lullaby
Tura lura luray
Tura lura lie
Tura lura luray
It's a Christmas lullaby

martes, diciembre 18, 2012

CHE S’INTRAVEDE L’INFINITO



Mis intenciones para hoy eran levantarme temprano y trabajar, pero una vez más fueron inútiles. Me mantuvieron despierto los pensamientos y la propia nocturnidad, una cosa mía no sé si física o vocacional, y aquí me quedé, escuchando una y otra vez a Franco Battiato mientras recorre el futuro en moto junto a Carmen Consoli, dos halcones callejeros sufís de gélida sexualidad new age. Lloraría si supiese llorar -que decía alguien- escuchando al viejo Franco, un tipo que me hizo mejor la infancia con esa música sensible, cachonda y cósmica que fue una de las pocas que pude compartir con mi padre.

Cuando por fin me fui a la cama el sueño, además, se negó a llegar, y cuando conseguí dormirme al fin tuve un largo, largo sueño convulso cortesía quizá, de las acelgas con patatas (deliciosas) con las que me había atracado un par de horas antes o de la visión de “Pi” (darren Aronofsky, 1998, la ponían en la tele), o vaya usted a saber de qué o de quién. Imaginaba seguir despierto: Soñé que el diablo estaba en la habitación y era el que me impedía dormir  tuve que expulsarlo (de mi costado) rezando como un loco oraciones que ya recordaba mal. Soñé que era un asesino que protegía a una mujer y que viajaba de las autopistas de occidente hasta el oriente lejano, a través de cañones fantásticos. Soñé que sobrevolaba una Europa que era esta y otra al tiempo, un mapa a escala del Mediterráneo desde el que veía arder, lejano, Sudán y, cercana, Tierra Santa, mientras, bajo un discurso de Bin Laden (voz en off), huía de vuelta a casa con varias piedras sagradas en la mano que resultaron ser, al cabo, rebanadas de pan bimbo. Soñé que hablaba con el mismo Battiato, paseando por el campo reconstruido de una Sicilia que se parecía demasiado a Galicia y que después regresaba finalmente a mi propia isla atlántica. Un sueño de regreso, establecimiento y circularidad, bellísimo y que escribo ahora mal y a toda prisa porque ya se me borra. Ya alguien lo va borrando tras de mí.
¿Es el medio el mensaje? A veces, probablemente lo es. Vuelvo, recién despertado, a la misma canción de la noche. Escuchen esa voz grave, tabaquista, recién levantada ella también de un sueño brusco y compartido, pastosa por la noche que esperaba al día, visionaria, con la que la Consoli dice “Che s’intravede l’infinito”. En ella se entrevé, en efecto, algo que no es de este mundo, ni de mis indigestiones, siquiera, ni de mis sueños afiebrados, ni del diario tráfago que nos espera, al otro lado del cristal.// LUIS BOULLOSA

viernes, diciembre 07, 2012

SWANS - La práctica espiritual más violenta del mundo

Un texto sobre los SWANS que Luis Boullosa publica hoy en El Confidencial y en el que ha conseguido no citar ni una vez a la adorable Jarboe (en la imagen, a la izda.)...

Cuando vi a Michael Gira en directo por primera vez, en Bruselas, a principios de siglo, quedé más impresionado por su telonero que por él. El duendecillo ácido Devendra Banhart era, al cabo, una presencia asombrosa y fresca entonces, luz nueva girando sobre sí misma como un torbellino. Gira era, en cambio –pensaba uno- tan sólo un viejo brujo más: Imponía respeto, sin duda, y era notable su capacidad para hipnotizar con la monocorde grisedumbre de sus temas y un dominio apenas aproximativo de su instrumento (una guitarra acústica), pero probablemente todo lo que me quedó de él tras esa noche que pasé fascinado por la exhibición de su pupilo fue una sensación extraña de amenaza y el estúpido orgullo de poder decir “Yo he visto al tipo que creó a los Swans, la banda más violenta de la historia”. Sí, ese era el tópico, para quienes no habíamos llegado a conocerlos en vida. Y sí, aquel era el hombre que había tallado en ruido puro obras maestras del sótano y la cloaca existencial en forma de LPs, como “Filth” (podredumbre) o “Cop” (‘madero’) y restallantes declaraciones de filo metafísico como “The Great Anihilator” (el gran aniquilador). El ogro cruel y ambiguo que se había definido en brutalidades como “Rapìng a slave” (violar a un esclavo):

¿Por qué estar avergonzado del odio?
No hay nada malo en arder
Trabajo duro por cada cosa que poseo
Todo lo que poseo me asfixia mientras duermo


O en “Money is flesh” (El dinero es carne), en plena obsesión por las dinámicas del poder, la obediencia y el control:

El dinero es carne en tu mano
El dinero es carne en tu mano
Cuando pagas eres un sirviente.
Te lo mereces
Te lo mereces
Es fácil sacar dinero de tu carne
La carne es fácil de conseguir cuando trabajas por dinero


En todo caso, pensaba yo en Bruselas, en 2003, Gira había ardido. Su pasado era convulso, oscuro y fulgurante, pero su presente parecía tan sólo el de una respetable leyenda underground. Una más.


Justicia poética

Casi una década después de aquello he de reconocer mis variados errores: los discos actuales del (ya no) tan joven Banhart han dejado de importarme por completo (aunque sigo atesorando sus primeras maravillas) y, mientras tanto, Gira (59 años, aparenta diez menos, los pactos, ya se sabe) ha vuelto a reagrupar a esos Swans a los que se cansó de negar porque, ha declarado, “deseaba tener de nuevo la experiencia de las cascadas irresistibles de sonido que te destruye el cuerpo”. Y, no sólo eso: parece haber logrado convertirlos en lo que nunca fueron: el llameante hype de la temporada independiente. Absurdo y genial. Tiene sentido porque lo merecen su leyenda sus conciertos y su reciente y brutal disco “The Seer”, y porque funciona como extraña, dilatada revancha para toda una generación de habitantes de las sombras. La rata de biblioteca underground -ese animal más común de lo que parece- puede hoy explayarse, decir, “oh, yeah”, repachingarse en su sofá, ponerse un whisky y brindar, apoyado en su colección de discos de noise neoyorquino por ese momento de justicia poética extrema que está a punto de suceder en su ciudad: crítica y público a los pies del demonio de dos caras, garitos llenos a merced del inclemente martillear de una banda perfecta en su exceso, genuflexos ante una ola de sonido sobre la que el brujo oscuro riza el rizo, dispuesto a poner la guinda final en forma de bonita carcajada en la cara de la nada.

O al menos eso es lo que intentan los Swans, encaramados sobre unas ‘tendencias’ “independientes” que –imprevisibles ellas- llevan unos años decantándose por la música densa, la psicodelia circular de raíz kraut y otras cosas raras que deberían venir con diccionario. Bandas, todas ellas (en España podríamos citar, sin rompernos mucho la cabeza, a los excelentes Lüger) que se apuntalan siempre en directos sólidos y epatantes. Y epatantes, cierto, eran los cisnes cuando los vi en vivo en Oporto hace dos años, recién reunificados y presentando su irregular “My Father Will Guide Me Up A Rope In the Sky”. “Sólo puede hacer usted fotos en la primera canción”, me dijo una azafata del exquisita Casa de la Música de la ciudad portuguesa, “pero no se preocupe: dura 17 minutos”. Y así fue. Excesivo e impresionante. Un compendio muy bien graduado –y ejecutado con pericia de perros viejos- de lo aprendido en el camino: de sus épocas asesinas, sus momentos de contemplación y su inherente circularidad. Quedaba, sin embargo, ese resto inconcreto, esa impresión de que el éxtasis no siempre se conseguía del todo. De que todo el mundo tiraba hacia él con demasiada intención: Gira, atípico, iletrado director de orquesta, espástico pelele de sí mismo, parecía rozar todo el rato un trance colectivo que se quedó en los labios, como un recuerdo del que se duda.

Una amiga los vio hace tres semanas en Glasgow, y parece ser que dos años de rodaje les han permitido viajar de lo sólido a lo transportador. Y no es la primera persona que me lo jura: “No sabría decirte qué canciones tocaron antes o después, yo sólo cerré los ojos y viajé. Fue intenso. La gente que estuvo, decía que era el concierto con el sonido más alto en el que había estado, y yo me tuve que ir de la primera fila porque pensaba que me iban a estallar los oídos… guitarrazos, intensidad, trance… Hay parones, luego guitarrazo que te destroza el oído, luego melodía, silencio, destrucción de sonido… Duró una hora y media más o menos, pero yo perdí la noción del tiempo. No sé cuántas canciones tocaron porque se enlazaban unas con otras, era un viaje Un conocido que trabaja en conciertos le dijo que después de ése ninguno le iba a parecer bueno. La sensación fue alucinante. A mí me colocó, literalmente, durante unos días y cuando salí de la sala, todavía retumbaba…”


Etapa Oscura, Ángeles de Luz

En esta irónica instantánea, impensable hace cinco años, en la que los Swans avanzan triunfales hacia su ciudad de usted, poca gente parece recordar el trabajo desarrollado por Gira en los anteriores tres lustros de semi-oscuridad. Labor notabilísima al mando de Young God Records, descubriendo y fogueando a algunos talentos mayores (el citado Banhart, el grupo Akron/Family, a los que usó como banda), protegiendo a algún veterano (Lisa Germano) y proponiendo siempre alternativas curiosas (Wooden Wand, Mi And Lau). En lo artístico, fue entonces cuando Gira se convirtió en un verdadero contador de historias en el sentido clásico del término. Ya no un mero invocador de fuerzas internas o demonios comunes, un onomatopéyico orfebre, un titán del ruido: No. Un narrador de verdad, un artesano de malsanos retablos que recuerdan, sí, a los de su admirado Jeronimous Bosch, y de helados esperpentos que le acercan a su no menos admirado Francis Bacon. Pictórico él, su ambigüedad y su esencial violencia están más presentes que nunca, pero, paradojas de la vida, suenan aquí acrisoladas: una cristalina y unificadora gracia atraviesa a los ángeles de la luz haciéndolos un todo. Y si bien es cierto que las canciones de Gira son siempre una o dos, permutadas con distintos nombre y significados, esa gracia basta para sanarlas.

Fue antes del citado concierto de Oporto cuando pude conversar con el hombre que da miedo. Gente educada, demasiado quizá, dotado para una simpatía gélida que guía con unos ojos de azul cristal que no ríen nunca, aunque él suelte una carcajada. Daba algo de miedo, sí, pero estuvo bien. No ha matado a nadie, que yo sepa.

“Lo primero es sentarte ahí, tú solo”, me decía hablando del proceso de escritura de las canciones”, e ir poniendo las palabras una detrás de otra, pero a veces, de pronto, hay algo se abre en la parte trasera de tu mente… algo que no sabrías definir. Es lo que siempre estoy esperando, pero sólo sucede en ocasiones. En el escenario, con la música, establecemos una situación que potencialmente tiene un final muy abierto, y la idea es la de perder tu cuerpo y perder tu mente en el sonido y que en un momento el sonido posea por la fuerza, tome el control y nos conduzca, más que al revés…”.

Luego me habló de Joseph, que es quien toma el mando cuando el trance creativo se produce: “La parte trasera de mi cabeza se abre y… es como un vómito…Yo le llamo a este individuo Joseph. Se sienta en mis hombros y mete sus manos dentro de mi cabeza. Es como un… hermano demónico”. Así lo explica, también, en “Joseph Song”, integrada en el soberbio “We Are Him”, quizá el punto culminante, incluso en lo iconográfico, de su cancionero angélico:

El escribe esas palabras sobre tu piel
Tú apartas la cara de él
Siempre hay cosas que no se pueden decir
Pero Joseph tiene la llave que las abre.


Él deja esas canciones en tu lengua
pero es hora de pagar por lo que has hecho
tus dispersos agujeros en deudas pendientes
todas catalogadas
en la cabeza de Joseph.


Tu hermano está borracho aquí, a tu lado
esperando tu aliento de vida
pero ¿cómo puedes cantar aquello que sabes falso?
Nunca borrarás la boca de Joseph de tu cara

Un primer arañazo se interna en este polvoriento escenario de madera
Una historia de nuestros mejores años desperdiciados
No hay donde escapar de la verdad de Joseph
Sus manos están en torno a tu cuello, pero te alimentan
¡Así el río ate una soga a tus pies
Y se lleve tu cuerpo y tu mente a alta mar!
Y entonces, agradece al cielo con sus colores, desde abajo, bajo
el fango universal donde Joseph crece.


No es despreciable esa idea del fango universal para saber qué es lo que intentan los Swans. Un retorno al magma, una comunión que implique de verdad, lo físico. Quizá por eso el volumen excesivo, cruel. Quizá por eso el mantra pseudo religioso.

“Mi música es mi práctica espiritual”, ha dicho Gira. “Y creo que es lo mismo que meditar… cuando va bien eres capaz de llegar a un estado en el que puedes expresarte y simultáneamente perderte dentro de otra cosa distinta, y ambos os disolvéis dentro de algo que está al tiempo dentro y fuera de ti. Eso es lo que intentan las religiones, y lo que la gente quiere, por eso quieren religión”. Interesante, viniendo de alguien a quien uno imagina perfectamente atravesando la vida al son de aquella inolvidable apertura de Miller en trópico de Capricornio: “Tenía tan poca necesidad de Dios como él de mí, y con frecuencia me decía que, si Dios existiera, iría a su encuentro tranquilamente y le escupiría en la cara”.

En todo caso, no se lo pierdan. Swans tocan hoy en Madrid en El Matadero (¿dónde sino? y mañana el nueve de diciembre en el Teatro Central de Sevilla. Quizá el año que viene toque adorar a Antony And The Johnsons, o algo peor.

Y si prefieren empezar por el principio, con los LPs, recuerden esto: los discos de 45 revoluciones de Black Flag pueden ser escuchados a 33 y funcionan. A los Swans les pasa al revés, sus discos de 33 se pueden poner a 45 sin que la cosa se desmande. Durante un tiempo, yo lo hice de ese modo.

Luego decidí que ya estaba preparado, ralenticé el giro y me zambullí.

sábado, diciembre 01, 2012

THE NOTHING BUTTS

Asoma la pata la Navidad: nuestro líder espiritual, Cowboy Iscariot, se ha retirado al ala oeste del Rancho Kaput, cual tímida, introspectiva réplica de David Koresh; Gato Palug fue visto por última vez en Pattaya beach, ciudad de vacaciones, en dura negociación con una dulce señorita, y varios colaboradores más han montado un fumadero de opio en el sótano. La música brilla por su ausencia, el ruido ha desaparecido y tenemos el silencio necesario para observar el rodar glorioso del otoño (excepto cuando las Hienas Telepáticas ensayan en el granero). Sin embargo, hay noticias de las que hay que hacerse eco inevitablemente: THE NOTHING BUTTS pasan a integrar desde ya nuestra lista esencial de supergrupos oscuros. Bajo el liderazgo del viejo lobo Spencer P. Jones (Beasts of Bourbon) están David Baker (Scientists, Beasts of Bourbon, Hodoo Gurus), Gareth Lidiard (The Drones) y su Fioona Kistchin (The Drones), y la cosa suena más que prometedora en los dos temas que hemos podido escuchar AQUÍ y ALLÁ. Los supergrupos, en general, no molan mucho: han sido una castaña desde los putos CREAM. Sin embargo, cuando están compuestos por gente que lo merecería todo y ha conseguido menos de la mitad, estrellas opacas, dioses disfrazados de mendigo, todo cambia. Aquí, como sugerencia, otros dos ejemplos de la misma exuberancia oculta: ENABLERS y FORASTERO.