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martes, octubre 11, 2016
SANTOS Y FRANCOTIRADORES (la cabalgata)
El otro día me senté y escribí un libro. Luego 66RPM tuvo el acierto de publicarlo. Se llama "Santos y francotiradores", lo pueden encontrar en esos sitios raros llamados librerías y estos son algunos de los responsables de que exista, en bonito desfile auditivo/visual... Disfruten...
Naja Naja
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lunes, agosto 19, 2013
78
No se si he perdido este disco, y me perturba la idea. Porque me gustaba tanto, y porque había sido un regalo de alguien a quien quería, y porque le tenía ese cariño enfermizo que se desarrolla hacia los objetos que te permiten volcar cosas dentro, como agujeros eternos. Me lo trajeron por mi 22 cumpleaños. Eso debió ser un Bloomsday de 1997, cuando el mundo era joven, y ha estado siempre conmigo, y ahora espero volver a casa y encontrármelo allí, en algún sitio, como si no se hubiera ido nunca. Por desgracia sospecho que pasará a engrosar la lista de clásicos que uno prestó en las borracheras, el ranking de reliquias que se confiaron a otros con esa idiota generosidad, tan nuestra. Podría ser un miedo pasajero -me digo-, pero algo en el fondo de la cabeza me dice que no, que llevo demasiado tiempo sin verlo. Y pienso también que si fuese "Tejido de Felicidad" no me importaría tanto, porque "Tejido de Felicidad" podría comprarlo otra vez, y nunca notaría la trampa. Este no. Este sería para siempre un sucedáneo. Casi sonrío pensando en como la primera vez no me convenció y en como me he agarrado a él después, tantas otras, al borde de los precipicios de siempre. Viaja gratis en la tormenta, pequeño.
lunes, enero 21, 2013
TODO ESTO ME RECUERDA...
El disco salió en el 92. “Hermanos Carnales”, se llamaba. Yo por entonces tenía diecisiete y era un pringao, pero ya tenía buen gusto, quizá se nace con él. No recuerdo si el single fue “Mi Hermano Carnal” o “Fuerte”, pero sí que por entonces sonaban de vez en cuando en las emisoras de radio comercial. No consiguieron, por supuesto, dar el salto a la división donde estaba el dinero: ese campo no estuvo nunca –ni estará- preparado para cargas de profundidad desoladora como “En Otoño”, cuentos de incesto poco cubiertos como las dos citadas antes, vuelos rasantes sobre la biblia violenta y minimal de Fernando Alfaro (“Hey Lázaro”, “San José Experience”) y demás brutalidades excelsas de pop con el corazón al raso y bombeando. ¡Ah, aquella música reminiscente, clásica y brutal! La echo de menos. “La estación de las lluvias” era un aperitivo de cierre, una coda evanescente y contagiosamente quebradiza como el disco mismo, una flor seca demasiado parecida a la propia entraña. Como varias más de esa colección –que no es, pese a todo, mi favorita de los Surfin’-, ésta me sigue provocando un escalofrío similar al de la primera vez. ¿Por qué? Qué más da. Pasa a menudo con las canciones aparentemente menores que por uno u otro motivo han conseguido tocar un acorde secreto, que diría el otro. Es también, en su casi musitada sencillez, un curioso ejercicio de nostalgia anticipada: en aquella época que se va volviendo desvaída ya, los “varios años” de los que habla la letra podían ser considerados en sí mismos una era. Todo ha cambiado. Nada ha cambiado. En Galicia, donde vivía entonces y he vuelto a vivir, es estación de lluvias de nuevo, y ésta me recuerda a otras. Bendito Fernando, capaz de trabajar con tal claridad con el material doloroso y frágil de la pérdida y la fugacidad.
miércoles, mayo 11, 2011
EL HOMBRE DEL TIEMPO (dice que del cielo va a llover maná)
A un par de décadas de distancia del día en que lo conocí -la misma que separa estas dos imágenes, prendidas a la página por esa mirada aún fulgurante y maníaca-, se me escurre entre las patas la posibilidad de volver a ver a Fernando Alfaro en directo. No podré estar ahí el 14 (sábado, en EL SOL) y lo siento, sobre todo porque en los últimos 4 o 5 años -a mi pesar, quizá distanciado por el flojo "Koniec"- le he ido perdiendo el rastro y echo de menos sus alienadas dosis de descarnada realidad española y de escapismo eléctrico, ese manual cósmico para "raindogs" que es a menudo su música. Por echar de menos, añoro incluso los problemas técnicos que siempre -y digo SIEMPRE- parecían empeñados en lastrar cada concierto suyo al que asistí para terminar en convertirlos en victorias pírricas a favor del hombre de la gasolina.
Recuerdo el inicio de mi rito privado, en uno de esos recurrentes flashbacks de juventud. Me compré en El Corte Inglés de la calle Princesa "Fotógrafo del cielo", de los Surfin'. Faltaban aún un par de meses para regresar a Madrid e infresar en la universidad. Lo escuché fascinado una y otra vez en el reproductor que había en la habitación del hotel donde pasaba la noche con mi sufrido padre, que en paz descanse, percibiendo, supongo, de algún modo, que nada volvería a ser igual. Y sin embargo, a despecho de nostalgias y aullidos al pasado -son demasiado fáciles de hacer y se confunden demasiado rápido con la historia-, si este sábado pudiese, estaría allí. Que se anime quien pueda, el viejo chucho -quizá el mejor escritor de canciones que ha parido este país- ha vuelto, cual Godzilla interior, para prenderle fuego a la ciudad. //LUIS BOULLOSA
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