jueves, marzo 10, 2011

CANCIONES PARA PERROS EN PELIGRO (I)

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(Una selección semanal de canciones dedicada especialmente a Birdie, Santa Patrona de los Canes Fugitivos)

Grupo - GIANT SAND
Tema - “Shiver”
Disco - Chore of Enchantment (Everlasting, 2000)


Quizá hice una reseña de “Chore of Enchantment” en otra vida y para algún fanzine que he olvidado ya. A buen seguro estaría llena de entusiasmo y de metáforas. Menos metáforas ahora, espero. El entusiasmo persiste, sin embargo, disfrazado de otras cosas para más planas no ser detectado por las fuerzas de seguridad del Dogo. Personaje misterioso, Howe Gelb, el alma de Giant Sand, que aquí funcionaba aún con la segunda (?) y más exitosa encarnación de la banda (Burns y Convertino eran un muy versatil, casi perfecto background para sus iridiscentes cuelgues y sus picados noise, antes de abandonar e inmolarse en el altar del dólar con los intrascendentes Calexico). Aún lo es. Misterioso incluso ahora que apaña chapuzas aflamencadas con Raimundo Amador (?!), revisa en directo directos de Johnny Cash (difícilmente se me ocurriría alguien menos adecuado para la labor, más opuesto al viejo oso) y permite que Raquel Winchester se pasee de refilón al fondo de sus videos (???!). Misterioso, sí, pese a que, en la línea de otros americanos muy americanos incomprendidos por los americanos, se haya retirado a vivir en la Europa civilizada (norte), colocando una pica artística en España, donde comprar restos de serie a precio de Picasso es ya hace mucho una consolidada tradición.

Hubo otros tiempos. Durante muchos años los Giant Sand fueron el epicentro de un culto casi secreto, dejando por el camino trabajos tan fracturados como magistrales. Yo, particularmente, no podré olvidar jamás el impacto del poliédrico y visceral Long Stem Rant (89), el pico creativo, quizá, de aquella época en que el angelito se encerraba en estudio sin tener las canciones terminadas (a veces, supongo, ni siquiera empezadas) y jugaba a permitir que EL ERROR fuera un componente más de la banda. Traqueteantes ramalazos de genio autista, canciones que parecían más la doma de un potro salvaje en medio de la noche, arrebatos ruidistas, poemas aleatorios, reflexiones de carretera, polución mental y tormenta de lejano sustrato Neil Young y temas tan aplastantes y dañinos como una insolación. Atípicos, radicales y únicos. Atípico, radical y único, él, capaz de mezclar una bagatela tradicional con un harapiento acceso de furia rock y obtener una tortilla emocional del carajo.

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En justicia, pese a que aquello es pasado, hay que reconocer que su producción de los últimos años sigue siendo más que digna (el disco de recogido gospel 'Sno Angel Like You (Thrill Jockey, 2006), por ejemplo, merece su altarcito, sobresaliente en su íncolume belleza de cristal helado que lentamente se derrite en voces negras). De muerto no tiene nada, Gelb, aunque sí de zorro viejo, acosado y algo confuso con la vida, quizá (son opiniones...). Hoy me fijo, sin embargo, en el raro momento de ecuanimidad -todo sea por los perros-, de “Chore of Enchantment”, ese exacto punto medio en el que la vieja bestia del desierto de Tucson consigue de pronto, quizá por primera vez en su carrera, un destilado sereno cuya presencia se puede paladear en la boca sin necesidad de que nos abrase la garganta después. Tan sereno como peligroso, se podría decir, en su equilibrio entre la la fisura y el clasicismo: un paso más en esa dirección lo puede convertir a uno en carne standard, tan blanca, fofa y digerible como cualquiera y, al contrario, uno hacia atrás renegaría de unos picos de belleza inusitados que aquí se obtienen y sería, al cabo, una abdicación.

Hacer un álbum casi perfecto, muchos deben saberlo, tiene un precio demasiado alto. Y es que así es el que nos ocupa, casi perfecto: uno de esos momentos de absoluta gracia que preceden a la nevada, suave ladera de la decadencia. Un disco poroso, con grietas en la roca por donde se cuela a puñados la luz del atardecer; casi un guiño a las viejas escolleras de ruido trazadas a barreno limpio. Un trabajo con un “cante” impagable -casi susurrado pero mandando en la mezcla, bien arriba, con el resultado de que parece que el bueno de Howe nos susurrara al oído en vez de cantar- y unas guitarras quizá no tan americanas y que valen su peso en oro español. Difícil, en su fertilísimo sustrato, quedarse con un tema; doloroso elegir entre la queda intensidad pseudogospel de “Astonished” (¡qué hermosa canción de amor!), la percusiva insolación de “Punishing Sun”, el acercamiento crepuscular y embarrado de “Dirty From the Rain” (quizá mi favorita, hoy) o la contenida violencia personal de “No Reply”, sin tener en cuenta a un puñado de piezas que con el tiempo se revelan no tan menores. Sin embargo, para hacer justicia al sentido del álbum, a esa labor de visagra y punto de equilibrio en toda una carrera, me decido por la más obvia en su redondez, “Shiver”, un hit inmediato que ejemplifica ese punto medio entre la vieja cicatriz y el duramente ganado clasicismo del que hablábamos. Mi corazón sigue con el viejo perro de la pradera que se atrincheraba en el desierto para grabar discos con guitarras de saldo y la mente en pekín, pero, al cesar lo que es del cesar, “Shiver” -todo el disco, en realidad- posee esa rarísima capacidad de provocar un chispazo agridulce, un escalofrío extrañamente cálido, el restallar de un nervio de madurez tensado por el tiempo, en resumen LA EMOCIÓN, que pocos, muy pocos -ninguno así- son capaces de conseguir.//LUIS BOULLOSA.

(Adjunto "Paved Road to Berlin", del citado Long Stem Rant, para posibles comparaciones, y otra foto más para demostrar que Gelb, además, es uno de los tipos más guapos de la historia del Rock&Roll -sí, ya lo se, siempre tuve un gusto raro para los hombres)



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Terms of psychic warfare



O de como acercarse a Groucho, reirse del pasado y vacilar al personal con la exhibición definitiva de ineptitud a la armónica. ¿Saben aquel de Zimmerman y Diógenes que se encuentran en un tonel...? (Gracias a Play It Loud Now, donde lo vi por primera vez -los Grammys no son lo mío-).

miércoles, marzo 09, 2011

GARETH LIDDIARD - "Strange Tourist"

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(Inicialmente una reseña que terminó por ser el embrión de algo más largo. Mis publicadores habituales del ruta 66 decidieron que no tenían interés alguno en un artículo de cierto recorrido sobre el mejor ESCRITOR de canciones de los últimos veinte años -ojito, se le llama a eso-, así que se quedó a mitad de camino, a la espera de que lo recorte, ampute y modifique a hostia limpia, y lo canalice en otro formato y a través de una cloaca distinta.//LUIS BOULLOSA)

El fuego amigo y otras historias sobre como no crecer

Releo un primerizo artículo mío sobre Julian Cope, ¿del 98?. Ahora me da bastante vergüenza ajena y algo de calma también: escribía de puta pena, pero he mejorado un poco. Encuentro allí un párrafo tan preclaro como en el fondo complejo, saqueado, supongo, de alguna entrevista en Internet: Le preguntan a The Drude por qué él no ha llegado a ser tan importante como –por ejemplo- U2. “Es lo que dijo Joseph Campbell”, responde, “es la diferencia entre la celebridad y el héroe. La celebridad hará de todo -caminar a través de altos edificios y bailar en la cuerda floja- por su audiencia. El héroe hará exactamente lo mismo, y estará igualmente encantado de complacer a la audiencia, si la tiene, pero si todo el mundo se ha ido a casa, él seguirá haciéndolo por complacerse a sí mismo”. Bonita definición del héroe como suicida vanidoso y asalmonado, a la contra siempre pero de una manera sutil que le permite, caso de que todo vaya bien, permanecer imbricado en una sociedad del espectáculo como la que vivimos –aunque el espectáculo sea pobre y tenga más de lavado cerebral que de entretenimiento- y, caso de que todo vaya mal, hallar consuelo filosófico en la oscuridad.

En todo caso, dejando las lecturas varias para otro momento, me quedo con esa imagen del trapecista psicópata que sigue ahí arriba cuando las luces han caído; una vez que las madres han vuelto a casa con sus niños maravillados y el vendedor de algodón de azúcar ha chapado el chiringo para irse a fumar un porro a la trastienda, en la hora en que los domadores sueñan borrachos en sus catres con un tigre infinito que es todos los tigres. Y tal. Gareth Liddiard es uno de esos equilibristas, sólo que, harto de no despeñarse del todo, parece haber empezado a construir sobre esa nada un castillo de insolente complejidad y peligroso filo.

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Se lo veía venir –o yo creí verlo venir, parece que con acierto- desde aquella descuartizada primera actuación que le presencié en el Gruta 77 de Madrid al frente de The Drones (que, creo, es la recogida en el directo de Munster Records). La furia desatada a través de aquella espasmódica figura que parecía un apaño entre Egon Schielle y los Beasts of Bourbon (hay que tener facha para esto, también) y su manera de comunicar, más un cortocircuito que un mensaje, hacían prever algún tipo de explosión en cadena cuyas consecuencias eran difíciles de adivinar entonces. La hubo, en efecto, en forma de discos que, sin abandonar el Rock&Roll de calambre y víscera, caminaron hacia una mayor complejidad, preñadas las canciones de un violento tono literario, al tiempo crepuscular y moderno, que alcanzó quizá su mayor alzada en el difícil pero enorme “Galla Mill”. Había allí temas que, sencillamente, trascendían el concepto de canción rock al uso, como las apabullantes “Jezabel” y “Sixteen Straws”, que analizaremos aquí en profundidad algún día y con las que le daba de sopapos no sólo a toda su generación de escritores del rock y a unas cuantas anteriores, sino, de paso, a más de un escritor “de verdad” (no incluimos españoles en esta categoría aunque se dice que se han dado casos en Barcelona).

No era tema fácil, Gareth, entonces, para el oyente medio de rock, en un mundillo tan mentalmente castrado por la sobresaturación y otras plagas. Obligaba a quien quisiera percibir sus creaciones en toda su lóbrega y desgarrada profundidad a algo a lo que no está ya acostumbrado ya ese individuo, si es que lo estuvo alguna vez: escuchar, traducir, leer, entender… Pensar, en suma. En sus temas no bastaba una primera o una segunda escucha, por satisfactorias que pudiesen ser a veces, amparadas por el ruido y la disonante furia del grupo. Hacían falta una tercera, una cuarta y las que fueran pertinentes. Hacía falta prestar atención al fraseo, a veces difícil de valorar en su masticada grandeza expresiva, QUERER ir más allá de la cáscara. Poco esfuerzo, en realidad, cuando el premio es el acceso a la nitidez de un trabajo que puede acompañarlo a uno el resto de sus días y a los entresijos mentales de un narrador post celiniano de primera magnitud. Duro, en cambio, lo sabemos, cuando uno vive en el autocomplaciente reino menguante del rock; ese que entiende al bueno de Lemmy Motorhead como el icono definitivo del pensamiento moderno; ese que considera que los postulados de AC DC no han sido superados aún por banda alguna, ni lo serán, y acepta el plagio con júbilo, como el más glorioso de los males menores.

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En su primer disco en solitario, Liddiard continúa presentando esas dificultades insalvables para muchos, quizá algo más acentuadas aún, ya que, pese a que cualquiera de sus temas podría pertenecer a la banda nodriza –él lo reconoce porque sabe que la banda es él-, la falta de esta los hace menos digeribles. No hay aquí guitarrazos e intensidades emocionales acentuadas con distorsión (ese recurso que demasiado a menudo se usa como los aplausos enlatados en las teleseries, para explicarnos CUANDO DEBEMOS sentir). No hay, de hecho, nada más que una acústica contrapelada, una voz atípica pero superdotada para la transmisión de estados de ánimo y emociones, y un puñado de narraciones de primer nivel. Predomina de manera forzosa el carácter literario en un disco que bien se podría considerar un volumen de cuentos. “Gareth Liddiard es un novelista que simplemente todavía no lo sabe”, dicen en una reseña en Internet, aproximándose a esta idea. Bueno, sospecho que cualquiera con semejante nivel literario SABE lo que es, aunque pueda –sanamente- dudar de su situación exacta en el esquema general de las cosas.

Dados estos parámetros, la lucha del autor en este “Strange Tourist”, la lucha interna del disco, es precisamente el intento de conseguir un equilibrio en las canciones que les permita seguir siendo eso (además de lo otro): canciones. El titánico esfuerzo para que la historia no las devore y las escupa a un lado, con la funesta consecuencia de que la música termine por ser apenas un monótono arpegiado de sostén, un simple andamio de cañas sobre el que Liddiard salmodie sus alucinadas pero pavorosamente certeras visiones sobre la humanidad (no, no suena pretencioso: la humanidad… tu, yo y aquel de allá, ¿recuerdas?). En lo musical, pelea denodadamente, con un estilo a la guitarra poco ortodoxo, bronco, pelado, expresionista, deudor de un folk particular y medio anestesiado de lejana, desdibujada raigambre irlandesa (decir que a Liddiard no se ocupa de la guitarra porque de vez en cuando alguna nota no esté en su sitio o algún arpegiado parezca torpe, salvado por los pelos, sería como afirmar que a Kokoschka no le interesaba la pintura porque los retratos de Antonio López son más exactos).

En lo lírico, soluciona la lucha con éxito, por ejemplo, inyectando emocionante sentido melódico con apenas una frase en la canción más ortodoxa y más bella del álbum, ese “Strange Tourist” que es una especie de “Tangled Up in Blue” en espejo; pero ya antes de llegar a ella habrá transitado el que escuche por dos áridos altiplanos que se desvelan al cabo de unas escuchas como canciones mayúsculas. Primero, “Blondin Makes an Omelette” (sobre el equilibrista frances Charles Blondin), en la que juega magistralmente –y nunca mejor dicho- con el punto de vista narrativo. Después, a través de “The Highplains Mailman”, donde, en un efecto puramente literario, los textos de las cartas integradas en la narración a modo de estribillos son entonados en un falsete que diríase propio de un (poco probable) Sting del wild side que SÍ tuviese algo que decir. Más adelante, continúa el camino pedregoso en el que se alternan historias sobre colaboracionistas nazis en Francia (“The Collaborator”), enrarecidas vidas marcadas por el entorno social (“Did She Scared…?”) y mujeres arrebatadoramente fatales (“She´s my Favourite”), hasta desembocar en el ya tradicional “tour de force” con el que Liddiard gusta de cerrar sus trabajos: en este caso una reducción hasta el hueso mismo de las cosas, los 16 estremecedores, mantenidos, tensísimos minutos de realismo sucio pero realismo de “The Radicalisation of D” (basada lejanamente en la historia de David Hicks, extensible al mundo entero que arde).

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En una entrevista que me hizo Juan Terranova sabe dios por qué, me preguntaron qué era lo que debía tener una canción para que me gustase. Creo que respondí lo que pensaba que debía tener para ser magistral. “Ser una narración perfecta de algo que uno ya conoce pero que no ha sido capaz de formular así de bien. Esa capacidad de iluminación (…) Cuando sucede, una canción tiene un poder inmenso”. Las de Gareth Liddiard tiene ese poder. Fluye por sus venas a raudales. Sólo es cuestión de cortar(se) a suficiente profundidad. Bendigo la distanciada aspereza con la que narra las historias, original aunque ya nadie pueda serlo, seria pese a que el humor negro recorre su columna vertebral. Aprecio esa evolución que lo ha llevado desde lo personal (la época en que firmaba cosas como “She Had an Abortion She Made Me Pay For”) hasta una especie de tijera creativa en la cual lo local (hacia la Australia interior) convive con lo universal (siempre la obsesión por el contexto social y la edificación de la personalidad). Envidio su lucidísima percepción de los pecados propios y ajenos y su inflamada frialdad de exposición. Todo lo que lo ha convertido, en fin, en el contador de historias por excelencia de su generación.

Si han leído ustedes “People in Hell Just Want a Drink of Water” (mi cuento favorito de mi escritora americana favorita después de Emily Dickinson, Annie Proulx) y les ha gustado (aunque gustar difícilmente será la palabra), probablemente aprovecharán hasta el mismo tuétano este viaje de Liddiard a través la angustia del nuevo siglo, la culpa colectiva, la extrañeza de vivir, la envidia, el dolor y la ocasional perplejidad de la redención. Ambos comparten una mirada al tiempo ligeramente distanciada y turbadoramente interna, como si filosofasen desde las tripas mismas del monstruo que nos ha devorado a todos y ahora nos digiere, con profusión de aleatorios jugos gástricos, fuego amigo y mentiras guiadas por ordenador. Si ellos se han dado cuenta. ¿Por qué nosotros no? //LUIS BOULLOSA

EDDY CURRENT SUPPRESSION RING - "EL ROCK'N'ROLL NO SIGNIFICA NADA PARA NOSOTROS"

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(Entrevista realizada por Manuel beteta con el ocasional auxilio de Luis Boullosa y publicada en la revista Ruta 66 en su número de Marzo 2011. Los artículos dedicados a la banda en este vuestro blog podeis buscarlos AQUÍ)

Heterodoxos del punk, los Eddy Current proponen una inteligente combinación de espontáneos riffs con sabor a garage y una voluptuosa, por brutal, sección rítmica, todo amenizado por un idiosincrásico vocalista de comportamiento exuberante sobre el escenario capaz de obtener una (divertida) letra sobre no tener saldo en el cajero automático. No es de extrañar el colosal impacto que han tenido en la escena australiana del revival punk y garage del año pasado. En la actualidad es la banda aussie más reconocida internacionalmente. Hemos entrevistado al cantante Brendan Huntley (aka Brendan Suppression) y al autor de tan distinguidos escupitajos a los volúmenes de la Teoría Clásica de la Guitarra, el killer Mikey Young (aka Eddy Current).

Cuando estuve en Australia observé que Melbourne es culturalmente más activa que Sidney. ¿Cómo afecta ese entorno cultural a vuestra música?

Estás en lo cierto sobre Melbourne, pero puedo estar siendo parcial en esto. Tenemos suerte de vivir aquí por los locales y bandas que hay. Es difícil decir como esto afecta a nuestra música porque nunca he vivido en otro lugar, pero no tengo duda de que la gente que he conocido y las bandas que he visto aquí han tenido algún efecto sobre la manera en que sonamos.

Vuestras letras tienen mucho tono vital frente al nihilismo punk. ¿De dónde sale esa capacidad para capturar escenas cotidianas como levantarse por la mañana
o comerse un helado?


Supongo que viene porque tratamos de transmitir una visión o un mensaje de manera tan simple como sea posible y así dejar espacio al oyente para tener su propia opinión sobre el significado de la canción. Eso también me deja espacio para seguir sintiéndome motivado con los temas.

Los discos parecen grabados en un ensayo informal. ¿Seis horas son muchas para grabar un disco? ¿Cómo definirías tu evolución en términos de grabación.

Es tiempo de sobra. Somos mejor cuando se nos captura lo más en directo posible, la manera más fácil es tocar juntos en una habitación y grabarlo de manera simple. Siempre quise que nuestros discos sonaran como una banda tocando en una sala de estar, sin que se notase la producción. De esta manera podrán seguir sonando bien los próximos años. El nuevo LP fue grabado de la misma manera que el primer 7". Sólo espero haber mejorado en el modo de capturarlo. Era un poco novato cuando empecé. Años de prueba y error me han ayudado a encontrar lo que quiero.

No os encerráis en la estructura típica del punk, experimentáis mucho. En «I Admit My Faults» alcanzáis los seis minutos con partes instrumentales. ¿Hay una forma diferente de trabajar para crear este tipo de canciones o vienen de la misma manera que las del pop?

Todo es bastante inmediato. Escribimos bastante rápido e instintivamente sabemos qué canciones deben permanecer cortas y cuales deben derivar y ser menos estructuradas. Cuando tengo una idea para una canción la traigo, en otras empezamos a improvisar sobre idea y vemos a donde va. No trabajamos duro con las canciones. O encajan de manera instantánea o se descartan.

El bajo de Rob Solid suena a un motor diésel bombeando, como un corazón de vaca. ¿Por qué le dais tanta importancia a la sección rítmica?

Extremadamente importante. Para mí, el bajo y la batería guían a la banda. Ellos llevan la canción, mantienen la intensidad y tensión, lo que nos deja a Brendan y a mí libres para actuar con más de relajación. Golpear algunas notas equivocadas, cantar en algunos espacios equivocados… podemos permitirnos muchas más cosas teniendo a esos tipos detrás. Me gusta que el sonido de bajo de Brad sea bonito, rizado y lleno, porque el sonido de mi guitarra es muy agudo. Actúa más como una segunda guitarra y llena un montón de frecuencias.

Mikey, también tocas la guitarra con The Ooga Boogas, UV Race, Brain Children y has producido a The Twerps. ¿A qué se debe ese frenético ritmo?

Me resulta más fácil permanecer fresco si dedico tiempo a otros proyectos y sonidos. Brain Children es un proyecto solo de estudio, más electrónico, que hago con un amigo. No es un rollo de directo. UV Race no es realmente una banda en la que yo esté. He tocado teclas y guitarras con ellos ocasionalmente pero no toco de manera habitual. Son mis mejores amigos y grabo sus discos. Ahora estoy ocupado con Total Control, algo que hago con Dan y Al, de UV Race y con mis colegas James y Zephyr. Hemos sacado algunos singles, tocado algunos bolos y estamos a punto de grabar un disco. Me encantan toneladas de música distinta, así que me resulta cojonudo poder intentar cosas diferentes con gente diferente. Ninguna de las bandas en las que estoy está preocupada con tener una carrera, así que es fácil que sigan siendo divertidas y no hay presión para estar tocando todo el rato.



¿Cómo ha sido la gira por Estados Unidos? ¿Por qué rechazasteis tocar en el festival SXSW?

Fue fenomenal. Ni un mal bolo y tocamos con algunas de mis bandas favoritas. Somos afortunados por haber podido girar y tener buena respuesta del público. No es fácil girar por Estados Unidos pero a nosotros nos ha ido bien. No tocamos en el SXSW por cuestiones de tiempo. Nos era más sencillo ir en junio. Pero aún así, no sé si hubiera disfrutado de ese tipo de experiencia. Sentíamos que lo pasaríamos mejor si íbamos a tocar cuando las cosas estuviesen un poco menos enloquecidas allá abajo.

Una de vuestras bandas favoritas es Devo. ¿Cómo fue la experiencia de conocerlos y tocar con ellos?

Muy bien. Podría haber dejado la música después de aquellos conciertos y quedar completamente satisfecho. Lo mejor de todo fue que no nos decepcionaron en directo. Suenan más duros y más indomables que en disco y en ningún modo parecen una banda cuyo mejor momento haya quedado atrás. Conseguí un póster cojonudo firmado por ellos y les conocí, pero estaba nervioso y no dije nada que fuera remotamente interesante. Sin duda, fue uno de los momentos álgidos de mi vida.

Mencionas a Devo, Wire o The Clean como influencias musicales. ¿Qué elementos compartís con esas bandas? ¿Quizá la síntesis y la simplicidad? ¿O la búsqueda de un lenguaje más articulado y complejo a través de la simplicidad?

Escucho muchos tipos diferentes de música, pero esas bandas son las que han tenido un efecto en la manera en la que compongo para ECSR. Esas y otras como The Monks, The Feelies, X, The Troggs y montones de kraut que me gustan tienen en común un buen sentido de la repetición y la economía. Me impresiona la música que solo añade lo que es necesario y excita a través de la dinámica, la repetición y la paciencia.

¿Influencias no musicales?

Me gusta leer, el sol, la comida y la gente simpática, pero no tengo ni idea de cómo influye eso en la música que hago.

En la época hardcore la gente componía canciones igual que pensaba, rápido, directo al grano. ¿Consideras que la manera en que la gente compone es un reflejo de la manera en que piensa, de cómo funciona su cerebro?

Supongo que la manera en que funciona mi cerebro influye en mi forma de componer, pero nunca he tenido otro cerebro que éste, así que no puedo comparar mucho. No soy de esos tipos rápidos y directos al grano. Me siento relativamente lento y felizmente vago muchas veces. Tampoco creo que los diversos proyectos en los que estoy envuelto suenen muy similares entre sí. ¡Mi cerebro debe estar bastante descuartizado! La manera en que hago música es una reacción a la gente con la que toco. Quiero implicarlos, quiero que la disfruten, así que trato de escribir cosas teniéndoles en mente.

Una vez calificaste tus letras como "observación social". ¿Qué viene después de la observación? ¿La acción?

Sí, acción me suena bien. Ver, pensar y hacer. Lo que me venga a la cabeza en un momento de inspiración lo escribo. Es una terapia para mí.



Decís que sois una banda de rock&roll, pero ¿qué significa ser una banda de rock&roll para vosotros, hoy?

No significa nada para nosotros. Es sólo un modo fácil de explicar sónicamente lo que hacemos. Un bonito término genérico para explicar a la gente cómo sonamos.

Cada vez sois más grandes en Australia. ¿Cómo lo lleváis?

Una buena boca a oreja de nuestros directos ha ayudado a través de los años. Nuestros discos y canciones son decentes, somos gente maja, abordable y es fácil identificarse con nosotros. Ha sido una evolución lenta y bastante natural, la gente respeta eso y se alegra de nuestro éxito. Nos hemos apañado bastante bien con lo de la popularidad. No ha cambiado la manera en que hacemos discos o conciertos. Es más difícil tocar en locales pequeños, que nos encanta, pero es una gran oportunidad tocar en grandes festivales. Yo lo llevo algo peor, y quizá esa es la razón para escaparme de vez en cuando y emplear tiempo en bandas menos conocidas. Me ayuda a mantenerme cuerdo.

La imagen que transmitís es limpia y positiva lejos de la oscuridad que hay en algunas bandas. ¿Hay un lado oscuro en ECSR o sois como parecéis, unos chavales buenos y llenos de energía que tocan juntos?

Todos tenemos malos días y pasamos por etapas jodidas, pero en general somos gente optimista y bastante estable. Nuestro sonido e imagen son una representación perfectamente ajustada de nosotros mismos. Somos gente normal, con familias que se quieren, lugares decentes para vivir y dinero suficiente para vivir, comer y beber confortablemente. Estamos lejos de ser oscuros y problemáticos, así que sería incorrecto que nos presentásemos como almas torturadas.


¿Bandas nuevas australianas que os hayan impresionado últimamente?


Kitchen's Floor, Divorced, Bitch Prefect y Lower Plenty.

El video y la canción «Rush to relax» parecen una crítica al estilo de vida actual que aumenta la ansiedad de la gente. El ambiente es siniestro, lejano a vuestro aspecto habitual. ¿Es un punto de inflexión en vuestro trabajo?

Era representativo de nuestros sentimientos en ese momento, que probablemente fuesen similares a los de mucha otra gente. El sentimiento de que la vida te sobrepasa, de que no tienes tiempo para sentir que estás llegando a la cima de las cosas, de no tener tiempo para disfrutar de la vida, vivir como si estuvieses en una carrera. La idea para el clip llegó instantáneamente, no lo pensamos mucho. Sólo queríamos equilibrar los momentos de diversión playera de nuestro anterior video con algún tipo de película hermana, pero del lado depresivo del asunto. Tratar de expresar el no ser capaz de separar trabajo y juego, de preocuparse cuando no deberías. De perder de vista lo que tienes justo frente a ti.

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Más información cortesía de Maese Beteta:

El nombre de la banda se traduce como Dispositivo de Reducción de Corrientes Parásitas, nombre que tomaron de un catálogo de material electrónico. Brendan Huntley es escultor, explora alegrías, miedos, pensamientos, observaciones de la vida y los plasma en jarras, tazas, salseras y vasos. Ha realizado varias exposiciones en Australia. Su inimitable estilo puede verse en la portada del 7" That Time Of Day. Asegura que siempre actúa con los guantes puestos porque le da confianza.

martes, febrero 22, 2011

TYVEK en DIRECTO

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Decepcionante la cosa, la verdad. Quizá para el rollo modernete encubierto que imperaba en la sala Nasti esa noche (no tengo nada contra ellos, conste, o no más que contra el resto) los tipos estos sean la hostia por razones que desconozco, pero si eres de los que se ha comido a unas cuantas bandas de punk y rock&roll de las buenas -vease New Bomb Turks, o Cosmic Psychos, o Nine Pound Hammer, o yo qué sé...- los pobres Tyvek no pasan de bandilla honesta y voluntariosa. Durante un buen rato después del bolo me pregunté qué cojones es lo que los hace especiales para todos aquellos que parecían encantados. Pues bien: Ni puta idea. No tienen grandes melodías, ni una energía desbordante, ni un frontman que parta la pana, ni alguna peculiaridad muy marcada, ni estribillos apabullantes, ni una dinámica clara. No son malos... pero mucho menos buenos. Una banda de punk del montón sin coartada artística ni real. Ya ni de Detroit se puede uno fiar. ¿Qué será lo siguiente, una banda australiana sin nervio? Hay trescientas formaciones en madrid que les dan por el culo sin despeinarse. Que alguien les haga caso de una puta vez. //Alien Reflux

BIG SEXY NOISE (Tonight! Live!)

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Vale que LA LUNCH se pone demasiado pesada demasiado a menudo, pero en este caso, los compañeros de viaje lo justifican todo. Por un lado, de banda, los nunca bien valorados Gallon Drunk, por otro, John Sinclair (sin comentarios), y de postre Bo Ningen. La respuesta a cualquier posible duda, esta noche en la sala El Sol.





Bo Ningen- Koroshitai Kimochi from Stolen Recordings on Vimeo.

jueves, febrero 17, 2011

Más allá del telefilme de sobremesa



"¿Qué diría el Walt Kowalski de 'Gran Torino' sobre una película tan floja y pasiva? 'Largo de mi pantalla'"

Kyle Smith, en su reseña en el New York Post

Si, esas cosas intragables sobre alcoholismos adolescentes, maltrato familiar, enfermedades infantiles, divorcios, drogas descarriantes y experiencias paranormales al borde de la fe. Sí, esos cacharros de todo a cien grabados con el mismo mimo con el que se hacen los donuts y en los cuales a veces (por suerte para el espectador y desgracia para él) sale James Woods, como un Lawrence Olivier que brotara de pronto en la basura. Sí, los telefilmes (ahora TV Movies, supongo): mascotas muertas, crisis de identidad, robo de niños en Irán, sexo prohibido no explícito, miedo a internet, cápsulas de opio barato, en fin, en el centro del cinturón de asteroides y basura moral que rodea a occidente, en el dudoso caso de que nosotros lo seamos todavía. Pues es sencillo: El más sonrojante de esos telefilmes es diez veces mejor que este “Más allá de la vida” con el que el hijo de puta de Clint Eastwood acaba de estafar a cualquiera que pague la entrada por verlo. De paso, por lo que a mi respecta, ha tirado por la borda un prestigio brillantemente ganado durante décadas de curro. Me costará volver a confiar en él (así es el ser humano), pese a que entre mis momentos esenciales del cine de todos los tiempos esté la enraizada agriedad existencial de “Sin Perdón”, la barrial y shakespeariana azada de “Mistic River” -con su heladora escena de cierre, tan moralmente ambigüa, tan reaccionaria, tan real-, o el polvoriento tufo a spaguetti rebajado con sangre de la casi olvidada “The Outlaw Josey Wales" (El fuera de la ley).

Pero es que ha sido demasiado. Mi acompañante (no había nadie más en la sala, suerte para ellos) lo definió mejor que yo, de la única manera posible, en realidad, cuando te toca sufrir algo así: “Vaya puta mierda de película” . Tan mala, de hecho, que provoca en uno esa extraña ansia de rebuscar, después, para conseguir encontrar algo salvable que llevarse a la boca, perplejo aún por tal exhibición de ineptitud. Pero era inútil. Y ahora es demasiado tedioso revivir de nuevo las más de dos horas de tópicazo en canal, rememorar su falta de coherencia, su descoordinada f(r)actura, sus diálogos de tres al cuarto, su nula profundidad psicológica o argumental, su infame refrito de lugares comunes esparcidos sin ton ni son (para desgracia, también, de ese gran actor en que se ha convertido Matt Damon)... Su incapacidad, en fin, para la síntesis, de manos de un guión catastrófico, indigno de un profesional como Peter Morgan. Por lo que a mi respecta, ostenta "Más allá...", a partir de hoy, el dudoso honor de ser la peor película que he visto jamás en cine, superando a aquella fantochada de Kistch afrancesado y mirón que fue "Soñadores" de Bertolucci ("Belleza Robada" me la trague en la tele, fascinado hasta la carcajada por el babeo de viejo verde de alguien que en algún momento fue capaz de rodar "El Último Tango en París" o "El Último Emperador").

Pero más fascinante aún, pienso, más sintomático de los tiempos, es la reacción crítica en España. Aún me causa pasmo (pobre de mí, alma limpia) que a casi todos los popes del asunto se les llene la boca de melaza con un timo semejante, hasta el punto de soltar cosas como "momentos de meridiana honestidad", "clásico, directo, agobiante y emocionante, lúcido y traslúcido", "técnicamente perfecta" o "Eastwood se confirma entre los grandes", entre otras con semejante efecto vomitivo para ha tenido que sufrir la experiencia. Una de tres: O han sufrido una lobotomía de la que sus jefes de redacción no se han percatado aún (no es raro, no crean), o sacan algo rico rico de todo ello o, en el peor de los escenarios, los pobres desgraciados se creen lo que dicen de verdad. El que más se aventura en las afueras del panegírico o la justificación llega a decir "irregular" (manda huevos), con la muy honrosa excepción de Nando Salvá, de Cinemanía, que apunta que "A Eastwood le fallan las fuerzas. (...) La estructura narrativa falsamente compleja no esconde la falta de miga del guión, que es esencialmente una proclamación de sonrojante proselitismo". Y que califica al engendro, acertadamente y con menos verborrea que yo, de "novela de aeropuerto disfrazada de película". Ahí le ha dado, señor Salvá. Gracias. Me agradaría conocerle alguna vez, echo de menos a gente con criterio.// LUIS BOULLOSA

martes, febrero 15, 2011

YO YA OS AVISÉ (de que el fin estaba cerca)

Los Cuantos from Guillermo Gumiel on Vimeo.





¡Imprescindibles!!! (otro día os lo cuento con detalle si no os dais cuenta solos, que afrontar tanto talento desde la crítica da mucho trabajo y hoy tengo una tarde contemplativa). Ah, y alguien que ahorque al técnico de sonido del puto Ferrara Fest.//LUIS BOULLOSA

jueves, febrero 10, 2011

HOME BLITZ - “Home Blitz” (Gulcher Records)

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(La recopilación de singles y Eps aquí comentada es de 2007, pero me la regaló mi dealer y la reseño ahora porque me apetece, ¿qué pasa?. N. del A.)

Al fondo del cubo de basura que hay al fondo del callejón sin salida que hay al fondo de la ciudad postindustrial que queda allá por las afueras del culo del mundo. De ahí deben venir los Home Blitz, gran nombre para describir el desastrado, vago espasmo con el que negocian. Y sí, la portada parece dibujada por el hijo pequeño de Michael Gira en un día de bajón de anfetas. Y no, no podrás soportarlos más de un minuto si no tienes el paladar ya medio abrasado por años de ruidismo y de pasmo. Y sí, el contenido lo podría firmar Neil Haggerty en una tarde de resaca mala y para descubrir algo de luz hay que levantar demasiados cascotes. Y sin embargo algo vale la pena en esta recopilación de EPs y otros artefactos sin futuro paridos por una banda sin futuro (¿quien lo tiene, anyway?). Quizá sea -obviando los dos desastrosos temas iniciales- la pulsación rockabilly y melódica que pugna por surgir entre la basura (temas 3-5). O quizá, después, ese vaho Sudden/Howard que empaña inconexas jams mentales como “Benches”. O acaso el ruidismo deslabazado y doméstico en el que se pierden y con el que bañan algunos exabruptos más concretos, extraños plagios de hardcore inicial vía Germs o Adolescents. O tal vez sólo sea lo que evocan, la electricidad estática, el recuerdo de los patios de atrás, la dieta de comida para gatos, la heroinómana soledad de los parques, el aceite refrito una y otra vez que les rezuma por los poros convirtiéndolos en una versión lisiada de los Royal Trux. La extraña, difícilmente advertible, vulgar belleza de dejar que el caos lo inunde a uno y caminar, como si tal cosa, por la fina linea que separa el talento de la mendicidad.// LUIS BOULLOSA

martes, enero 25, 2011

La juventud baila!

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Fomenta tu alienación mental a precios módicos...

27 de enero - LÜGER + TELEPHONES ROUGES (en el Nasti)

28 de enero - TALIBAM(en La Buena)

3 de febrero - L'ENFACE ROUGE + L'OCELLE MARE (en El Perro Club)

10 de febrero - WOODEN WAND (en El Perro Club)

23 de febrero - TYVEK + ONE HAND MAN BAND (en el Nasti)

8 de marzo - SCOTT KELLY (Neurosis) + ORTHODOX (en Ritmo & Compás)

lunes, enero 24, 2011

ENTREGÁNDOLE EL HÍGADO A LOS PERROS (I)

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Entregándole el hígado a los perros

(Divagaciones de Luis Boullosa tras la escucha del nuevo disco de los SWANS, cuya reseña caerá pronto por aquí, más o menos en cuanto logremos superar la empanada metafísica que nos invade hoy)

Quizá –lo dudo- algún día a Michael Gira se le otorgue el lugar que merece, cerca de las pesadillas de El Bosco o de Goya, bastantes cabezas por delante de Sade, que era un pelma y un pésimo escritor, en un oscuro cenáculo un poco al margen de las cosas, que probablemente frecuenten Passolini, Gilles de Rais y otras almas igualmente necesitadas de dolor. No estará allí, por ejemplo (aunque le hubiese gustado horrores), Nick Cave, porque su ego supera a su ansia y en él hasta el cántico religioso es entonado a mayor gloria del yo. Por eso lo entendemos mejor, probablemente. Y por eso nos cuesta comprender esa abierta flor de podredumbre, como una llaga, que es el trabajo de Gira, o sea, él.

Pertenece a esa casta de artistas en perpetuo trance de visión, que no hacen lo que hacen porque lo deseen, sino porque no les queda otro remedio. Aquellos cuya creación es una inmolación constante y una exposición pública de las propias vísceras “(…)clavándome los dedos/en el centro del hígado hacia adentro/abriéndolo como un pan/y repartiéndoselo a los perros", decía ajustadamente Fernando Alfaro en "Mis huesos son para tí". Es difícil a veces comprender el sentido de esos exabruptos que, en el mejor de los casos, consideramos poesía hermética. Quizá el camino debería empezar entendiendo que no se trata de codificaciones metafóricas de una idea, sino de transcripciones literales de un hecho. Del hecho de ser, supongo, y de existir.

Así, el creador sabe que eso ES él, aunque difícilmente podría explicar con exactitud qué quiso decir. O por qué quiso decir lo que dijo, siendo esto, a menudo, una aparente atrocidad... Sajar una herida y dejar que corra el pus. Uno no tiene la culpa de poseer esa herida. Tampoco tiene la culpa de que le fascine el río de pus que mana de ella. Uno no tiene la culpa de nada y sin embargo el dolor es intenso y no es raro que ese tipo de fenómeno termine por adoptar formulaciones pararreligiosas. Al cabo hablamos con el pobre alfabeto que hemos aprendido. Así es en casi todos los creadores “torturados” (que acertada aunque obvia expresión), sean ciertos o impostores. En España es sencillo verlo en Corcobado y sobre todo en el citado Fernando Alfaro.

“El ángel inseminador inseminó a María/Su negra espada de fuego le alumbró la cara”. Le recordé esa frase del disco "78" a algún idiota nostálgico que me contaba que, en cuanto a sexo y Rock&Roll, ya no había en España transgresión ni choque. Como si esas cosas pudiesen desaparecer del nido de víboras del alma con semejante facilidad. "Pero" –me dirán-, "es que es fácil y a menudo necesario mirar hacia otro lado". Cierto. El hombre común EXIJE que las epifanías sean “de su época”, es decir, comprensibles emocionalmente, y que se puedan encontrar en la fnac (vinilo o digipack). Sí, es fácil y a menudo necesario abastenerse de leer libros más allá de Ken Follet; necesario hablar con frases hechas, santificar las fiestas en las que te measte un día, casarse por la iglesia porque la abuela se enfadaría y porque es taaaaan bonito, conceder que hay una porción de cosas aberrantes que son también inevitables, y que no se pueden cambiar, y que el vicio de comprender y el defecto de carácter de intentarlo siquiera, son imperdonables vulgaridades. No están bien. Repórtese (“comprendiendo, comprendiendo, iré a parar al manicomio”, que decía Stephen King).

Condenado está, pues, Michael Gira, a este círculo del infierno en vida que le es propio a los de su clase. Y en el que a poco que nos descuidemos, por cierto, acabaremos nosotros también.

El artista que se autoinmola, todas las mañanas.
Imposible de entender siquiera a medias, creo, si uno no tiene en sí mismo algo de eso.
Y tener algo de eso es jodido.
Ser médium es un trabajo espiritualmente agotador y socialmente execrado, y ni siquiera es un trabajo que te haya sido dado rechazar.
Y luego necesitarías toneladas de amor para llenar el hueco, el vacío, el nido permanente de horror vacui en la boca del estómago.

Y ya no sabes si hay tanto en el mundo.

O si queda alguien lo suficientemente loco para entregártelo a ti.


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Y aquí, sus BONITOS DIBUJOS

miércoles, enero 19, 2011

BIGOTT - "This is the Beginning of a Beautiful Friendship"

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(Reseña publicada originalmente en RATED MUZIK)

“Le dije al doctor ‘¿Puede ayudarme con mi madre’, y el dijo ‘Oh, tu madre está desafinada’. Siento, ahora, no haber hecho caso a todos esos tipos con buen gusto que llevan años reseñando la excelencia de los discos de Bigott. Llego tarde y quizá por eso me sorprendo aún más. En el patio de vecinas de la música española, al maño podría aplicársele -como a unos cuantos más- aquella frase de Pablo Cobollo: “Demasiada clase para el vecindario”. Así lo demuestra en la apertura del trabajo, con dos deslumbrantes gemas pop, “Dead Mum Walking” y “Cool Single Wedding”, que me recuerdan inmediatamente a Syd Barret (esos pasacalles, esa alienación en el tono mismo del discurso, en su nucleo). Su recorrido musical va más bastante más allá, sin embargo. Mi dealer musical apunta a Lee Hazelwood -podría ser, aunque más por los arreglos y las voces femeninas-; yo creo encontrar ecos de Vasthi Bunyan en la deliciosa “My My Love”. Un viaje -entre la cachondada, el vivaz y agridulce tono pop y el talento melódico- guiado por una voz convincente e impostada que sólo a la larga puede crear cierto cansancio, trufado de referencias y frases robadas al pasado del rock, y sobre cuyo verano bailan Beyoncé, Dean Martin, Mike Tyson o Errol Flynn. Soleado rompecabezas de pequeñas intimidades, descacharrantes calypsos, chistes privados e innegable belleza estética. Un disco muy notable. Sobresaliente, diríamos, teniendo en cuenta lo que se cuece y se valora por aquí.// GATO PALUG



Darker My love - “Alive As You Are” (Dangerbird)

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(Reseña publicada originalmente en RATED MUZIK)

Impecable es la palabra que me viene a la mente tras disfrutar por cuarta o quinta vez del tercer disco de los californianos, una pequeña pieza de orfebrería a medias entre el soleado sonido de la costa oeste (americana, se entiende) de los sesenta y un brío renovado, más moderno al menos en la producción, si no en la esencia. Y los dos nombres que se me siguen bailando en el paladar rato después son Big Star y Beachwood Sparks (o The posies y Spirit, si queremos invertir la jerarquía y crear confusión). Algo importante de ambos hay en un disco que sin ocultar unas influencias evidentes, no se esconde al menos detrás de ellas. De los primeros tienen ese pulso un tanto desganado y meditativo, a veces aparentemente plano, en el que las sucesivas escuchas van descubriendo matices y tesoros. De los segundos, el algo vivaracho y agitado, desenfadado, que los separaba del pelotón -aunque más controlado, más inglés, por decirlo así-. Hay otras cosas, claro: briznas de Neil Young en el aire, una pizca de John Cale (en “Split Minute“, por ejemplo), restos de polvo dylaniano muy adecuadamente disuelto en la neumática “18th Street Shuffle” y dosis importantes de Beach Boys y Beatles en el ADN que, por suerte, no llegan a convertirlos en mero souvenir. Incluso creo advertir un relente del underground de los últimos ochenta noventa (REM y compañía) y un lejanísimo perfume a Van Dyke Parks en algún lugar, pero es que me sucede que últimamente veo a Van Dyke Parks en todas partes. ¿Se puede ser original en conjunto cuando todos tus elementos separados tienen la marca de otros? Supongo que sí, el ser humano es un ejemplo. La pequeñez o grandeza de un disco como este, en todo caso, se medirá por las tardes de placer que nos otorgue (a mí ya me ha dado un par). Ahí comprobaremos si se trata de una de esas obras menores y al tiempo esenciales para el transcurso de la vida o si es apenas otro digno apoyo en el estante. Por ahora tienen a su favor algunos temas mayúsculos (“Trail The Line”, esa especie de gema de power pop narcotizado, sin ir más lejos) y les falta (¿aún?) locura y genio, si es que son dos cosas distinguibles. Tampoco es para preocuparse, es una dolencia leve y habitual, aunque a menudo crónica.// GATO PALUG

Y aquí dos bonitos videos de la banda haciendo dos cosas COMPLETAMENTE DIFERENTES



jueves, diciembre 30, 2010

DISTANCIA, AISLAMIENTO Y COMO HACER BAILAR A LAS CHICAS - Entrevista con KILL DEVIL HILLS

(Entrevista realizada por LUIS BOULLOSA y publicada originalmente en la revista RUTA 66 en enero de 2011)

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Aviso para adoradores de medianías con sello “americana” y defensores de la teoría de que ya no hay grandes discos y todo lo que nos queda es recrearlos a escala para nuestras ficciones masturbatorias: por Australia no os hacen ni puto caso. Al menos no los Kill Devil Hills. Tres trabajos dan fe de ello. El primero (Heathen Songs, Bang 2004) fue un toque de atención en clave de western crepuscular y country malsano incendiado en bourbon. El segundo (The Drought, Bang, 06), una obra maestra poco apreciada aún, guiada por el innato, bronco talento para la emoción a flor de piel de Brendon Humphries. Con el tercero –todavía creciendo a cada escucha- lo dejaron clarito definitivamente: mucho sentimiento, pero pocas hostias. Cuando bajan el pistón alcanzan con holgura ese punto de emoción confesional que Springsteen lleva tratando de reencontrar más de veinte años. Cuando pisan a fondo oscilan entre los hits inmediatos de glorioso rock encabritado (“Nasty Bussiness”, “It´s Easy When You Don´t Know How”) y esas canciones tensas, hondas y de largo recorrido que se hacen más y más grandes a cada escucha (“When The Wolf Comes”, “The Drought”). Esta entrevista comenzó de manera medio ortodoxa, con Brendon Humphries (voz, guitarra, compositor principal) y Alex (violín, guitarras) acompañados por James Cruickshank (telonero, ex The Cruel Sea, pensador independiente, estrella de los patios traseros del rock y el tío que mejor controla una loop station que me he echado a la cara). Tras un rato de charla, comparecieron el bajista y el mayúsculo guitarrista que es Steve Joines, cuya clara intención de trasegar Jack Daniels a voz en cuello permitió que la entrevista se fuese a tomar por el culo y derivase noche arriba hasta atracar en el bar de cabecera de un servidor. La hermanante borrachera se repetiría unos días después, tras un bolo en la Boite de Madrid al que acudieron poco más de veinte personas, aunque dentro de unos años -al tiempo- la mitad del país jurará que estuvo allí. Documenta, pues, tan sólo el arranque de dos noches de caos alcohólico y excelencia artística que obviamente, no caben en el limitado formato pregunta/respuesta al que a veces nos vemos abocados. One for the road.

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(Ruido de fondo en el bar) (pregunta ininteligible)

James Cruickshank - Es difícil y caro llegar hasta aquí, pero una vez que has llegado, girar es más barato que hacerlo por Australia. Los promotores te llevan a sus casas, te dan alojamiento y te alimentan. Eso no pasa ni de coña allí. Vienes a Europa y te sientes parte de una comunidad artística, mientras en Australia te sientes casi como un desempleado por el hecho de ser músico. En Australia la cultura musical tiene que ver con el hecho de beber e ir a los bares. La gente quiere escuchar algo de música, pero quiere hacerlo MIENTRAS BEBE. Así que tienes que hacerlo a mucho volumen para que se oiga y lo entiendan, y por eso, creo, se ha producido tanto buen rock&roll.

Brendon Humphries - En Australia es difícil ganar dinero fuera del mainstream porque sencillamente no hay gente suficiente. En cierto modo es necesario irt a Europa y a América.

J. C.- Puedes dar dos shows en Sydney y dos en Melbourne y ya habrás metido a toda la gente de allí que pueda estar interesada por tu trabajo, mientras que por ejemplo en Berlín podrías hacer veinte conciertos y en cada pequeño pub encontrarte a alguna gente interesada.

Alex Archer- Y las distancias aquí son más pequeñas. El otro día estuvimos en un pequeño pueblo francés del siglo doce, en una colina, y estaba bien ver como la gente del pueblo se acercaba a ver de que iba lo nuestro. En Australia la cosa va así: tocas, te pagan poco. Y después tú te pagas la cena y te buscas el alojamiento. Para mí, este es el verdadero paraíso para venir a tocar.

B. H.- Además, Australia es un sitio tremendamente conservador en muchos aspectos. Quizá tu puedas pensar que tu país es conservador, pero comparado con aquello es tremendamente liberal.

Sin embargo, han surgido bandas enormes en Australia, y sigue siendo así…


J.C.- Es cierto que ese sustrato a veces puede ayudar al nacimiento de grandes bandas. Por ejemplo, los Saints eran de Brisbane, y ese era un lugar terrible para vivir en los setenta. Probablemente te necesita un sitio así de chungo para componer “Stranded” y ese tipo de material. Pero luego necesitas largarte para poder desarrollarlo.

B.H .- Curiosamente, las bandas australianas que son más populares aquí no lo son en australia. Los Triffids, por ejemplo, tienen un buen número de seguidores en Bélgica. O Nick Cave… probablemente no llegó a ser realmente conocido en Australia hasta que cantó con Kylie Minogue, que está en el corazón de la cultura pop australiana y es un icono allá.

A. - En Australia desarrollar un asunto creativo que sea original es complicado. La gente busca la popularidad a toda costay eso lo vuelve todo muy conservador. Si no entienden algo, se alejan de ello, y eso te mata creativamente, porque lo que necesitas es lo contrario, que te animen, que te empujen.

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¿Cómo creéis que afecta a vuestra música al entorno físico, geográfico y cultural en el que vivís?

J. C. - Con The Cruel Sea hacíamos esa música de desierto tropical y estaba super orgulloso de que los australianos estuviésemos siendo capaces de llevar nuestra música a ultramar. Quizá no sonara en la radio… pero si gustaba en Europa eso nos permitía tener un sentido sentido de lugar, porque Australia es un país muy joven, no tenemos la enorme herencia cultural y musical de siglos que puede haber en España, por ejemplo, sólo algo de folclore irlandés… y un montón de chicos blancos con el blues de la escuela privada (risas).

B. H. - Bueno, en Australia hay que conducir largas distancias, hay mucho espacio, creo que la particularidad de nuestra música tiene algo que ver con experimentar esa sensación de espacio abierto que hay allí.

A. – Creo que los australianos escriben, en una enorme parte, música para australianos; no creo que esperen o dejen de esperar tener éxito en otros mercados, como el americano. El aislamiento… Yo crecí cerca de Seattle durante aquel ridículo rollo del Grunge… ¿Todos se preguntaban ¿Qué demonios está pasando allá arriba? No digo que haya una fórmula, pero sí que cierto tipo de aislamiento termina por convertirse en estilo; de lo contrario, tampoco existirían los distintos idiomas y dialectos… llega un momento en que escribes música desde tu propio medioambiente y para la gente de ese medioambiente. El aislamiento juega un gran papel ahí, y después de años y años y años cada zona ha desarrollado una cultura particular.

Me interesa que me hableis de el modo en que componeis y sobre dos canciones del nuevo álbum que son algo diferentes: “Cockfighter” y “Words from Robin to Batman”.

B. H.- La banda la empezamos yo, Joines y Gibson, fue una suerte que nos encontrásemos. Una noche, Gibson escribió “Drinkin´ too much”, que es nuestra canción más famosa en Australia, y tuvo mucho éxito entre l
El tipo de gente que llamamos “Bogans”, que no son exactamente hooligans pero que si están relacionados con esa cultura del beber en exceso. En todo caso, pese a que no estamos conectados con ese rollo ni lo apreciamos demasiado, la canción sirvió de entrada para mucha gente, la gente hizo versiones de ella y, al final, fue lo que nos permitió girar por el país. Con el tiempo, pese a que los tres escribamos, resultó que el que lo hacía con mayor constancia era yo. Tiendo a luchar por mis ideas y constantemente llego: “Aquí está la canción”. No escribimos mucho juntos, así que venimos con la estructura en bruto y las letras.

A.- Y luego nosotros lo jodemos todo (risas)

B. H.- Y luego ellos lo joden todo y ese es el punto de partida. En todo caso, la formación ha cambiado y con ello ha cambiado también un poco la aproximación a los temas. No hacemos muchas jams, sólo de vez en cuando.

A.- El primer disco le gustó a mucha gente, ya sabes, canciones sobre beber, pistoleros, ese sonido salvaje… Luego llegó el segundo y muchos fans se desilusionaron… ¡Quérían la misma canción! Nosotros tenemos que crecer como músicos y como banda, y ellos querían que fuésemos como AC DC, que siguiésemos dándoles exactamente ese rollo que les había gustado. Esa es otra parte del problema.

Veo un punto común en tus letras. Los personajes suelen estar al borde de un cambio, aunque sea porque están al borde de un precipicio.

Escribo cuando algo… bueno, ya sabes, las putadas ocurren (risas). Luego tratas de entenderlo, y quizá las canciones sean eso, una manera de poder entenderlo. Lo que hace Steve (Joines) es mucho más duro y menos meditado. Yo estoy muy obsesionado con la escritura y la poesía. Muchas veces, de todos modos, estás leyendo algo y te sale una primera línea, y esa línea ya tiene su música. Y así sigues. Suelo empezar con la letra, raramente con la música. En “Cockfighter” lo que pasó es que siempre quise escribir una canción con ese título, llevaba diez años queriendo hacerlo y al final me salió ese montón de mierda, se la enseñé a la banda y me dijeron “tío, es horrible”. Pero soy insistente, a veces la táctica es cambiar algo en la instrumentación u otras cosas. En cuanto a “Words..:”, cuando la traje algunos dijeron “es una puta estupidez”, pero alguien más dijo “bueno, a mi me gusta”. Se requiere una cierta diplomacia para hacer pasar una canción por la puerta

A.- …es una cómica pero poética historia de amor entre dos hombres (risas)

H- Creo que al final todos hemos terminado estando muy orgullosos de esa canción. Potencialmente era una canción muy deprimente. Soy bastante consciente cuando escribo… “vale esta es otra canción desesperada sobre el amor que acaba mal o sobre la violencia…”, pero en este caso incluso el título cambia la intención original de la canción… fue una búsqueda… Es la primera o una de las primeras veces que trato un tema serio y duro desde un ángulo gracioso. Creo que ello consigue un cierto equilibrio.

J.C.- Eso es muy importante. Saber hacer que las cosas sean al tiempo tristes y graciosas, duras y tiernas… Sería una postura realmente amateur sobre el arte de escribir canciones el pensar que si no me pongo realmente serio sobre algo, nadie me tomará en serio…

Cuéntale eso a un chaval de dieciséis…

J.C.- Es verdad (risas), pero por eso me gusta el blues, el gran blues. Poque se puede bailar. Te pueden estar diciendo “mi chica me ha dejado y estoy totalmente jodido”… pero se puede bailar con ello (chasquea los dedos, risas). Creo lo siguiente: Si estás tocando en una banda y consigues hacer bailar a las chicas, tu ganas. (risas).

Steve Gibson.- ¿Teneis Jack Daniels?

jueves, diciembre 23, 2010

VIGO ROCK CITY!!!

Hace más de un año que surgió la idea de este artículo, y aproximadamente un año que finalmente se terminó de escribir. Nuestro compañero BASI, de Baiona, nos lo envió para la inclusión en un número de KAPUT en papel que entonces parecía inminente. Finalmente aquello se fue al traste, y el artículo, como otros tantos, quedó olvidado y sepultado por cuestiones de supervivencia más acuciantes. El KAPUT en papel volverá quizá algún día. Mientras, consideramos que, aunque tarde, sigue siendo interesante que el texto vea la luz y haga justicia a la actualidad de una de las ciudades más tradicionalmente rockeras del país (o a su "actualidad" de hace algún tiempo, al menos). Gracias a los implicados (redactor y fotógrafos) por su esfuerzo y nuestras disculpas por no haber sido capaces en su momento de llevar a término el proyecto. Rock&Roll!

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Que Vigo siempre ha sido un buen caldo de cultivo para el rock es bien sabido por todos. Siempre ha habido un idilio entre la ciudad del olivo y el Rock n’ Roll, y pensándolo bien, tiene muchas similitudes con otras ciudades que vieron nacer a grandes bandas. Salvando las enormes distancias, al igual que Birminghan, Detroit o Seattle, Vigo es una urbe de carácter claramente industrial, caótica, lluviosa y tradicionalmente de izquierdas, componentes que por algún estúpido motivo suelen dar lugar a prosperas escenas musicales.

La explosión de la “movida” de los 80, forjada a imagen y semejanza de la madrileña, se llevo el nombre y la gloria gracias al nacimiento de bandas emblemáticas como Siniestro Total, Aerolíneas Federales o Golpes Bajos (aunque sinceramente solo me gustan los primeros y cosas de los segundos, porque la etapa de Brian Ferry vigués de Coppini nunca me acabo de convencer). Después, la escena, lejos de dormirse en los laureles, volvió a reinventarse y a revitalizarse a principios de los 90 gracias a la apertura de clubs de Rock n’ Roll que con el paso del tiempo se han convertidos en míticos como La Iguana Club, Amordiscos, La Torre, Taberna Galáctica, Pedramola, Ras, o Código de Barras, en los cuales empezaron a traer a la ciudad, por primera vez con regularidad, a artistas de talla internacional (era increíble ver en pueblos limítrofes carteles de Ramones, Chesterfield Kings, Cynics o Nofx, para nosotros eso ocurría en otro planeta). Si a eso le sumamos la apertura de diversos estudios de grabación como Areamaster, Élite o Fusión, la respuesta no se hizo esperar y montones de chavales quisieron coger sus guitarras y formar un grupo de rock, porque después de mucho tiempo había un circuito de conciertos (festivales inolvidables como Freixo, Revoltallo o el Félix Rock ¡con Exploited tocando al lado de campos de patatas!!!), gente con quien compartirlo y muchas, muchas mas facilidades.

Y ya en el nuevo siglo las cosas no han hecho mas que mejorar. A pesar del empeño del Concello en limitar cada vez mas y mas las actividades nocturnas y de ocio, nuevas salas como La Fábrica de Chocolate (que cuenta con una productora propia), Sala Mondo, Sala Breogán (con estudio propio), o la sala A!, han tomado el relevo, si cabe con mas ímpetu, colocando a Vigo como una seria alternativa a las grandes capitales en el circuito de conciertos estatal.

Este articulo no pretende ser un informe exhaustivo de la escena musical viguesa, sino enumerar a una serie de bandas, unas mas cercanas y otras menos que actualmente ponen su granito de arena para ayudar a que el Rock n’ Roll siga gozando de buena salud. Por respeto y por galones, empezaremos hablando de dos de las bandas mas veteranas de la ciudad como son los High Sierras y Foggy Mental Breakdown.

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Los High Sierras llevan en la brecha como tal desde el año 2001, aunque todos sus miembros cuentan con un amplio bagaje en bandas anteriores como Merry Melodies, Doctor Five o los propios Foggy (muy destacables, también, Creole Kings, proyecto paralelo de Jacobo, bajista y cantante del combo donde saca a relucir su lado mas 50´s, haciendo con mucho desparpajo versiones de El Rey). Cuentan con dos reseñas discográficas editadas por City Light Records, un EP homónimo (2003) y “Fortune and Venture”(2006). De las bandas aquí citadas es la que mas carretera ha mamado, y han traspasado las fronteras gallegas en infinidad de ocasiones, compartiendo cartel con bandas del calibre de Bellrays, Violent Femmes, Danko Jones, The Jeevas, Supergrass, The Meows o Soundtrack of Our Lives. Su abanico de influencias es enorme, algunas obvias como las de Flamming Groovies, Sonic’s Rendevous Band, Stooges o Humble Pie, pero haciendo honor a su nombre (sacado del clásico protagonizado por Humphrey Bogart y Ida Lupino) y según sus propias palabras, su principal fuente de inspiración viene de los rifles, forajidos, perdedores y venganzas: “Haz lo que quieras y coge lo que puedas…”.

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Foggy Mental Breakdown a su vez han protagonizado uno de lo retornos mas esperados en la ciudad ya que esta banda, o mas bien, esta comuna de músicos itinerante, fue fundada a principios de los noventa y por ella han pasado cantidad innumerable de músicos de la zona: gente de Siniestro, Transilvanians, Dtour, Trem Fantasma o Not Kids Anymore. Sin embargo, pese a patearse prácticamente todos los rincones de la geografía galaica, solo consiguieron editar un EP en 1995. Auspiciados bajo el regazo de los Stones, Dylan, Dick Dale o 13 Floor Elevators, estos veteranos han decidido volver a la primera línea de fuego, anunciando la grabación de su primer LP “Bloody Songs Vol II” para presentarlo con una serie de directos que prometen ser muy emotivos.

Alumnos aventajados de estas dos bandas son grupos como Fishfuckers, The Soul Jacket o Vindaloo Rockets.

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Fishfuckers es una fantástica banda de Punk-Rock que empezó allá por el año 2000 bajo el nombre de Ragged Soul, aunque, tal y como los conocemos, empezaron realmente cuando Raquel entro en la banda en 2002, dotando a esta, de personalidad propia con esa voz tan femenina pero a la vez macarra, muy al estilo de The Muffs o Paybacks. Ese mismo año publican su primera maqueta que a pesar de no tener mucha repercusión les permitió darse a conocer e incluso llegan a telonear a Wayne Kramer. A partir de ahí todo fue sobre ruedas, nueva grabación e infinidad de bolos entre los que destacan los que compartieron con Supagroup en La Iguana Club, o su participación en Festival Rock This Town. Te gustaran si te molan Social Distorsion, Dickies, Black Halos pero tambien AC/DC o Motorhead.

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El reverso australiano lo encontramos en Vindaloo Rockets , tremendamente influenciados por el rock de las antípodas, formados en 2007 nunca han escondido su admiración por Radio Birdman, The Angels, Rose Tatoo, New Christs o The Saints y eso se nota claramente en sus canciones, tan solo cuentan con una demo y en estos momentos sufren un pequeño parón debido a la vuelta a los escenarios de la Foggy ya que Oscar tiene que compartir las labores vocales en ambas bandas, pero pronto regresaran con su primer disco serio bajo el brazo.

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En The Soul Jacket podríamos encontrar a nuestros propios Bellrays, beben de la misma manera de MC5, Zeppelin o Allman Brothers que de Sam Coocke, James Brown o las Temptations. Comenzaron como una banda de versiones en 2004, pero poco a poco fueron adquiriendo confianza para realizar sus propias composiciones y en 2008 graban su primer larga duración, homónimo. El principal atractivo de esta banda se encuentra en la portentosa voz de Tony que por momentos puede recordar al mismísimo Joe Cocker. Han compartido cartel con gente como los míticos Tito y Tarántula y participado en certámenes como el Jack Daniel´s Backstage Tour o el Festival de música de San Adrián de Navarra.

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En una honda mas cavernícola y psichobilly tenemos a Los Cadaveras, duo formado por dos clásicos de la escena viguesa como Indy Tumbita y Manu Passadena, que en anteriores etapas han sido parte de formaciones como Pussycats o Tumbitas, y que han unido sus fuerzas para dar luz a este proyecto que pretende sacar a flote los estados mas primarios del rock y en el cual el virtuosismo no tiene sitio, sus referencias: The Gories, The Legendary Stardust Cowboy, Pussy Galore, The Cramps o Kid Congo Powers.

Como una ciudad también es su periferia, es preciso citar a un par de bandas del área metropolitana de Vigo. La conexión y la dependencia de los pueblos cercanos con Vigo hacen que prácticamente formen un todo indivisible.

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Por un lado en Baiona tenemos a Rivermind, banda formada por músicos forjados en mil batallas y con diversas formaciones que abarcaban estilos dispares como el hardcore/punk, el metal, el funk o el power pop, nombres como Ninguno, Losteve, Small Coffins o Kuality le sonarán a cualquier aficionado a la música del Val Miñor. Con Rivermind han conseguido resurgir de sus cenizas y crear un proyecto muy prometedor que esta causando gratísimas sensaciones, mostrando su cara mas melódica y recordando a los primeros y vigorosos Pearl Jam o a los Screaming Trees de Mark Lanegan con canciones llenas de fuerza y emotividad (la sombra de los Deftones siempre estará ahí) que no hacen mas que incrementar las ganas de que pronto sean registradas en un estudio y las den a conocer en directo. Darán que hablar.

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Por último citar al grupo mas irreverente y divertido de todos: desde A Guarda, Los Abrasivos, y si antes decía que teníamos a nuestros Bellrays particulares, pues aquí tenemos a nuestros Turbonegro. Punk y rock n’ roll de alto voltaje con un ojo puesto en The Clash, Adolescents, No Means No o Black Flag, pero con una actitud desenfadada y lasciva. Con un disco a sus espaldas, estos grandes performers y mejores músicos tanto se apuntan tanto a marcarse un tema de los Hidromatics o el “Tommy Gun” de los Clash como el “Amante Bandido” de Miguel Bosé, así que creo que sobran las palabras: pocas bandas mas autenticas y glamurosas han salido de la frontera con Portugal, y ojo con sus letras, en castellano (¡que también hace falta, qué coño!) y muy buenas.

Pues esto ha sido todo, amigos, muchos se han quedado en el tintero, pero todos forman parte de la misma familia y tienen la misma importancia para seguir adelante. Rock on!!!

viernes, diciembre 17, 2010

Decapitar a un ruiseñor

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En realidad con esta foto bastaría para expresar mi opinión sobre el amigo OZ (y de paso sobre su inclusión como cabeza de cartel en el próximo Azkena), pero por si acaso, adjunto, con ligeras correcciones, lo publicado recientemente en el Ruta 66. Se admiten insultos y réplicas. Prefiero los insultos.

Restos de Serie, sueños de cleenex, decían los Vox Animal en en un disco que no era Blood on the Tracks pero que hablaba de nosotros: de ti, de mí y de Ozzy, también. Ozzy, ese descenso a pulmón en el noble arte de la autocaricatura. ¿Qué hace uno cuando no le aguanta el tipo a su propio pasado?: se come un murciélago. ¿Cuando no tiene zarpa en medio de una gira?: una rayita de hormigas. ¿Cuando décadas de abuso le dejan la cuenta y el cerebro como un decorado de Blade Runner?: exhibir a su neurótico cancerbero (su mujer y manager Sharon, a la que se puede ver en la foto sobándose en el jacuzzi) y a sus hijos tarados al escarnio público a cambio de dinero. Porque neurosis tenemos de sobra, todos, pero dinero no. Ah, y entre medias, música, sí; una patética carrera siempre a la sombra de guitarristas que le compongan lo que el no puede y amparen su atonal y monotemático aullido de abuelita del Creepy. Randy Rhoads no estaba mal (tuvo una muerte muy Ozzy) y con él sacó lo poco digerible que ha hecho en solitario (Blizzard of Ozz y Diary of a Madman). Luego vino Zacarías y ahora tiene un griego. Pues vale. Yo siempre dije que a un holocausto nuclear sobrevivirían las ratas, las cucarachas y los heavys. El empeño de Ozzy en autoejecutarse y no lograrlo lo demuestra, pero podría abstenerse de alargar nuestra agonía con discos que nos hacen falta tanto como tener dientes en el culo (eso también sería muy Ozzy). Saber, en suma, que como émulo de Crusty el Payaso que es, no los necesita. La reseña de su último cacharro en el Ruta es también la crónica de defunción mental de toda una generación que empezó fumando porros como Dios manda y ha terminado consumiendo merchandise de los Kiss y viviendo de la nostalgia antes de cumplir los cuarenta. Cómprense un griego ustedes también. A ver que tal.// LUIS BOULLOSA

miércoles, diciembre 08, 2010

DRIVE BY TRUCKERS – (Madrid, 24-11-10)

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Me aficioné a los Truckers en la temporada –puro western crepuscular- en la que viví en Murcia. Durante unos meses “Decoration Day” fue la banda sonora del polvoriento piso de protección oficial que me alquilaba bajo cuerda un picoleto. Hay discos para lugares y discos para situaciones y aquel, sin ser ninguna obra maestra, parecía ser perfecto para ambas cosas, entonces: para mi exilio mental, lejos de casa y amigos, y para mi ubicación en una barriada condenada a la desaparición –medio pueblo medio ya ciudad, emparedada entre limonares abandonados y urbanizaciones a medio construir-. Quizá yo mismo era un personaje de “Decoration Day”. Supongo que alguna vez lo pensé así. Me ha seguido pareciendo el mejor trabajo de los Truckers (“Dirty South” me gusta también, el resto declinan dignamente) porque caminaba en un justo punto entre lo rasposo y lo emocional que lo hacía adictivo: sin producciones excesivas, con una aspereza que ayudaba a transmitir su previsible mitología del sur bronco de una manera eficaz. Y eso es lo que la banda tiene para dar, por suerte o desgracia y por mucho que en desbocadas crónicas, a muchos se les llene la boca de comparaciones grandilocuentes: Honestidad, eficacia y algunos momentos contados de conexión emocional en los que rozan ligeramente la tripa de bandas mayores. No es poco.

Así, al menos lo demostraron en un agridulce bolo en la sala Heineken que tuvo tantas luces como sombras. En su haber queda que consiguieron que el garito sonase (y conseguir que la puta mierda de la Heineken suene -ya no bien o mal, sino que simplemente suene- es trabajo de maestros). Y queda también que su entrega es indiscutible, no ya por una cuestión de poses y arrebatos sino porque más de dos horas de show coherente y en crecimiento no están al alcance de todos. En el debe, por desgracia, el hecho de que la banda esté descompensada, cargado todo el peso sobre las tres guitarras (brillantes por momentos, con ocasionales incursiones de steel guitar) pero falta de fuste en todo lo demás, vease bajo (la ex de Isbell no da la talla en ningún momento), batería (el amiguete con pinta de roadie de Neurosis parece estar para pasar el rato) y teclista (o demasiado fumado esa noche o prescindible). Así las cosas, consiguieron sin embargo trabar un sonido denso y abigarrado, quizá una malla demasiado tupida, incluso, para aquellos a los que nos gusta que la música respire de cuando en cuando a base de silencios. “Con Isbell si lo hacían”, me dice un colega. Pero Isbell ya no está.

Todo ello desembocó en el hecho irrevocable: Faltaban canciones. Y es que, pese a quien pese, los Truckers tienen canciones buenas (bastantes) pero ninguna canción enorme, y les sobran, en cambio, un buen puñado de medianías que salvan con oficio pero que en un concierto tan largo pueden dar lugar a amplios ratos de sopor. Cuando ejecutaban sus mejores temas (Marry Me”, con la que abrieron, “Sink Hole”, “Women without whiskey”, “Where The Devil Don’t Stay” o “Lookout Mountain”) la cosa subía y la banda, jugando a favor de talento, alcanzaba una considerable presión. Cuando no lo era, todo se venía abajo, pese a la buena ejecución y a una entrega escénica que fue principalmente cosa de Hood. Les salvó una recta final en la que dejaron caer una gema de su próximo disco que presagia mejores tiempos (“Used to be a Cop”) y un “State Trooper” de cierre en el que las guitarras echaban humo y con la que saldaron sólo muy parcialmente, sus enormes deudas con Springsteen.

Una banda, en fin, tan competente como derivativa, cuya fijación con figuras demasiado grandes no hace sino dejar al descubierto sus carencias. Porque, no nos equivoquemos, no es que Hood y Cooley no sean The Band, Crazy Horse (aunque toquen mejor) o la Creedence. No es que sus composiciones no le lleguen al tacón de la bota a las de Young, Dylan o el citado Springsteen: es que incluso Steve Wynn, Jayhawks o Giant Sand, por citar a tres que se me ocurren sobre la marcha, les quedan aún muchas millas por delante. Honestos, sí. Cumplidores, sí. Queribles. Respetables. Pero de genio, mejor ni hablar. //GATO PALUG

Esta reseña fue escrita originalmente para la web musical RATED MUZIK, que recomendamos vivamente a todos nuestros inexistentes lectores y berserkers.

Used to Be a Cop - Go-Go Boots - Drive-By Truckers from Drive-By Truckers on Vimeo.

martes, noviembre 23, 2010

WOODEN SHJIPS

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Discutía con alguien el otro día a altas horas sobre si el concierto de los Shjips en El Sol se llenaría poco, mucho o hasta los topes. Yo apostaba por la tercera opción, aunque parezca extraño. Primero porque son la cabeza más visible de un movimiento al que no se como llamar, pero que existe. Segundo porque a través del último año me he dado cuenta de que le gustan a personas con tendencias musicales casi opuestas. Tercero porque el rollo repetitivo, duro y supuestamente (y muchas veces discutiblemente) psicodélico está de moda, lo que añadirá un puñado de enterados de pega que el año que viene estarán en otro sitio. Público fluctuante y falso, cierto, pero inevitable, por desgracia, como sabrá todo el que haya acudido recientemente a un concierto de los Strange Boys. //G. P.

sábado, noviembre 13, 2010

NO MADRID

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Esto iba a ser una crónica del segundo concierto de LOS CUANTOS, pero mi sencilla y demoledora resaca me impide ir más allá de la nota a pie de página. ID A VER A LA PUTA BANDA, haced algo bien DE UNA PUTA VEZ. Moved el culo. Si quereis saber de que va el rollo, dos posts más abajo hay una crónica en toda regla de su debut en El Perro. Baste decir que el segundo bolo fue aún más demoledor que el primero. Y añadir que, como la imagen vuelve a demostrar, Javier Colis sigue siendo el tío que mejor posa para las fotos del rock español.// LUIS BOULLOSA

lunes, noviembre 08, 2010

jueves, noviembre 04, 2010

RAFAEL BERRIO – 1971 (Warner)



Mi heterónimo favorito de Pessoa vive en la playa de Gros, en San Sebastián. A veces hace discos excelentes de rock o de pop, como si apenas tuviese importancia. Otras, se despereza y llega aún mucho más lejos, concediendo obras maestras con la parsimonia de quien nada tuviese ya que ganar o perder, la diestra en el lugar del corazón y el farias en la boca, a medio consumir. Colecciones de canciones que, como esta, atraviesan las llamas con el paso sereno aunque doloroso de lo cierto. Es 1971 un viaje solemne hasta la entraña desde el primer tema, ese estremecedor “Como iba yo a saber” en el que la distancia empedernida del escéptico se entrega, maniatada, a la aplastante realidad del amor. No es el único que toca la fibra y arranca sus invisibles tendones para exponerlos a la luz. Para eso está además “Simulacro”, crepuscular reflexión de jinete herido cuya sobria potencia metafísica hiela el aliento. Para eso está “Este álbum”, familiar y por ello universal tempus fugit (¿o era ubi sunt?), quizá el más escalofriante que recuerdo en esta mañana de octubre, y desde hoy una de las canciones definitivas en lengua española. Para eso están otras siete incursiones donde se confunde con macerada inteligencia lo orgánico y lo espiritual: del polvo enamorado de “Las mujeres que amamos” a la cariñosa y descarnada sátira de “Mis amigos” , del conceptismo pop trufado de ironía tabernaria de “El amor es una cosa rara” a la emocionante sencillez de “Tu tienes a tu lado a un ángel”.

Muy adecuadamente, están envueltas las visiones de Berrio en músicas alejadas del standard rock (la guitarra, sólo cuando se precisa), ritmos sin adscripción definida que rasean el tango o el fado sin que la voz, preclara, ni el templado piano de Joserra Semperena, en estado de gracia, les permitan caer en la vulgaridad de un género; arreglos de cámara y de camarote, de catedral y de burdel, inspirados, frenados en su punto exacto de barroquismo, con la capacidad evocadora suficiente para transformar un frío apartamento de Madrid en una tasca de Corinto, Lisboa o Buenos aires. O en una tumba. O en cualquiera de esas camas olvidadas donde nacieron los sueños que nos sostienen aún.

Tiene Rafael Berrio -siempre la tuvo y los años la han ido templando hasta una precisión difícilmente humana- esa rarísima capacidad para que lo callejero suene noble y lo profundo sea común. Para que Omar Khayam, Pessoa y Baroja se paseen por sus palabras sin estorbar, porque están en realidad en el tuétano, no en la hermosa superficie. Para reproducir la complejidad de la vida levitando un paso por encima del mar de confusión. Es así como guía este barco donde uno reaprende más cosas de las que esperaba, como que la rima es prescindible a veces, cuando es necesario hacer notar su ausencia; donde uno recibe consejos sobre como morir y como no morir, y dudas sobre como vivir, y frágiles “salmos rescatados de la infancia”; donde uno escucha, sólo muy al fondo, los ecos de aquel poeta joven que liderara -aún en deuda con Dylan y Lou Reed- a los magníficos Amor a Traición, y comprende que un hombre son muchos hombres y que el truco está en no guardar a los peores para el final.

Sabemos que el arte raramente inventa y que a menudo consiste en contar lo que todos conocemos de sobra pero con la hondura y la nitidez que nos falta. Aún sabiéndolo, es hermoso asistir al momento, ver como el milagro se encarna en un disco aparentemente simple que vale por la carrera de muchos novelistas. Rafael lo ha vuelto a hacer; lo ha vuelto a hacer, el cabrón, mejor que nunca. Suena “1971” con ese tono quedo con el que los amigos viejos nos apoyan en la caída y con ese énfasis necesario con el que nos ayudan a renacer.

Y yo hacía muchos años que no lloraba con un álbum (de canciones).

Que sea para bien.


LUIS BOULLOSA

miércoles, noviembre 03, 2010

LOS CUANTOS (El Perro Club, 27-10-10)



Supergrupo del underground, supernova de incógnito -como aquellos Dim Stars, que a principios de los noventa comandara hacia el desastre Richard Hell (con Don Fleming, Robert Quine, Thurston Moore y Steve shelley)- Los Cuantos aparecían por sorpresa en el panorama madrileño, como una curiosa flor de otoño que uno no podía dejar pasar. Primero porque asistir al primer bolo de una banda, sea cual sea, es siempre iluminador. Después porque una integrada por gente como Javier Colis (Vamos a Morir, Mil Dolores Pequeños), Julen Palacios (Familia Atávica, Malas Lenguas), Kim (Blues Tumulto, Ginferno) y otros animales con esa mordiente, es siempre una promesa de música contrapelada, libre y en constante mutación.

Y como prometía, fue. Arrancaron –batería, dos guitarras, teclados, trompeta, voz- con un cegador fogonazo de ensangrentado rastro No Wave (no conozco el nombre del tema, quizá no lo tenga aún), continuaron con un puñado de temas que oscilaban entre el exabrupto y el oleaje de fondo, probablemente no desarrollados aún en todas sus posibilidades, pero ya tensos, electrizados, y terminaron antes de que nos diésemos cuenta, dejándonos con ganas de mucho más. Cuánto hubo en todo ello de improvisación -tras sólo un puñado de ensayos conjuntos- y cuánto de ciencia, de intensidad medida, no lo sabría decir. Y ese es otro punto a su favor. Sé, eso sí, que fue aguda, brillante, extática, la pujanza de unas guitarras que, a estas alturas, ya más que neoyorquinas podemos llamar madrileñas (letal combinación esa de Colis y Palacios). Y sé también que me cautivó la voz -personal pese a ser reminiscente del Nick Cave narrador de nanas truculentas o de algunos momentos de los Gallon Drunk- y la trompeta que pespunteaba enajenada los arranques eléctricos. Y sé qué sonaban engrasados, dañinos y certeros, incluso en sus momentos de letargo, como una promesa de oscuridad.

Se han superado, quizá sin saberlo del todo ellos mismos, con el debut más prometedor que recuerdo en tiempo. Se les exigirá mucho a partir de esto. Esperamos que afronten el reto con la misma descarada, impetuosa naturalidad que esa noche los hizo grandes.// GATO PALUG

(Crónica escrita para la web RATED MUZIC y encontrable AQUÍ)