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martes, febrero 11, 2014

FUCK JESSE JAMES (Una entrevista con GARETH LIDDIARD)



Hice esta entrevista hace un par de años, justo cuando "Strange Tourist", el primer demoledor primer disco en solitario de Gareth Liddiard, cantante y compositor de The Drones, acababa de publicarse. La usé parcialmente para mi libro "El puño y la letra". Esta es la versión completa en castellano. Es, quizá, la entrevista más interesante que me han contestado nunca. Hace poco en una presentación del libro afirmé que para mí Liddiard está a la altura de Dylan en su mejor época. Lo mantengo. Incluyo cuatro de sus mejores y más difíciles temas. Dos de ellos, "Jezebel" y "Sixteen Straws", están traducidos en el libro y analizados pormenorizadamente en la entrevista. Disfrute, el que pueda. (foto cedida por Gareth Liddiard)

 



1- No pareces tener un método de trabajo constante, y para “Galla Mill” te retiraste al campo. ¿Fuerzas esos cambios para encontrar un ambiente más sugestivo?

-Sí, no podíamos pagarnos el tiempo en un verdadero estudio, en aquel momento. Nuestro batería era nuevo y no queríamos aburrirle con todos los problemas legales que estaban retrasando la publicación de “Wait Long…”. Él es de Tasmania, y conocía a una gente que conocía a una gente que tenía esta enorme granja allá abajo, con un viejo molino de grano que podíamos usar. Fue sólo una excusa para grabar y descansar en una parte muy hermosa del mundo. 

2-Me gustaría saber cuál es la influencia positiva que tienen estos cambios de método, pero también cuáles son las cosas que permanecen, las cosas que haces siempre igual cuando compones… la disciplina, si es que hay alguna. 

-Todas las canciones estaban escritas y realmente no eran tan difíciles de aprender para la banda, así que pensamos que sería cuestión de bajar allá y grabarlas simplemente como salieran. Hubo una disciplina. Yo lo tenía todo planeado para que usásemos el tiempo del que disponíamos para dejarlo todo acabado. Yo lo escribo todo, sonidos y arreglos, instrumentación, planes de ataque, etc… teniendo en mente que nadie debe estresarse en el proceso. Tiramos adelante y probamos mi lista. El trabajo fue consistente pero sin presión. Uso el método Miles Davis con los músicos: eso no es la batería, eso es Mike; eso no es la guitarra, es Rui; eso no es el bajo, el Fiona. No se consigue que nadie haga algo que no sabe o no puede hacer. Todo el mundo tiene un carácter musical, incluso el músico más primitivo. Usa sus caracteres, no alguna idea irreal de lo que deberían tocar. Yo no hago “la música que hay en mi cabeza”. Hago la música de mi grupo. Evita que me salgan canas y permite que mis canciones suenen naturales.

 3-¿Juegan la improvisación o los accidentes un papel en la composición y la grabación?

 -Sí. Es todo solucionar problemas. El problema es “esto suena a mierda”. Tú arreglas ese problema por cualquier medio posible. ¿Cuántas veces has arreglado accidentalmente tu coche sin saber realmente que es lo que falla? Es lo mismo. Entonces, todo funciona, todo el mundo está feliz, las chicas están impresionadas, tú no tienes ni idea de cómo lo has hecho en realidad y eso te lo guardas para ti.

4-¿Hay un concepto básico detrás de tus álbumes? Quiero decir… ¿Fueron programados, de alguna manera, como vehículos para desarrollar ideas determinadas? 

-Sí, “Here Come The Lies” es la misantropía en plena juventud. “Wait Long…” es un intento de hacer esa misantropía relativamente melódica. “Gala Mill” es el intento de hacer algo que sonase como si hubiese sido grabado al mismo tiempo en el mismo estado mental. “Havila” fue el intento de hacer algo que alguien pudiese escuchar sin vomitar y “Strange Tourist” fue la misantropía en la flor de la vida. 

5-¿Alguna vez has mirado atrás y pensado, “Ah, estas canciones eran sobre esto y aquello”? A veces, después de tiempo, se detecta el punto en común que comparten varias piezas, como si en el proceso de crearlas estuviésemos demasiado embebidos para percatarnos de eso. 

-Sí, sé de qué van todas, pero no lo sabía, necesariamente, en el momento en que las compuse o las toqué. Eso no parece haber impedido que articulase el sentimiento o el mensaje. Pero eso es el arte. Arte bajo. El arte es un lenguaje, pero no es uno que sepamos hablar.  

6-¿Alguna vez te has sentido como un médium mientras creabas, como si fueses sólo un canal para que algún tipo de ideas o energías fluyesen hacia lo que se ha dado en llamar la vida real? 

-Sí. Siempre he sido como un nervio desnudo. No sé por qué. Cuando siento algo tiendo a expelerlo de alguna manera, pero normalmente no de manera verbal. No fui criado para ser un comunicador. Encuentro muy duro hablar sobre asuntos emocionales sin asustar a la gente. La música parece llenar ese vacío para mí. No sé por qué. 

7-¿Hay alguna actividad –o no actividad- en particular que te ayude a componer? (Una vez entrevisté a Grant Hart y me dijo que caminar, conducir o viajar en tren le solían funcionar bien)  

-Caminar, conducir y viajar en tren me funcionan; cualquier actividad sin esfuerzo mental que permita que tu mente vague, es buena. Beber. No beber. El LSD. Correr. Forzar una canción. Cualquier cosa en la que no esté implicado nadie más y que te permita pensar y sentir libremente.  

8-Una vez describieron a Shane MacGowan como “un romántico de la escuela brutalista urbana” (él se reía bastante de la definición). ¿Cómo definirías lo que haces tú? 

-Severo y dominante. Golpeo y deformo las cosas hasta que toman la forma que quiero. No soy articulado o listo o romántico o poético, pero tampoco lo es un glaciar, y acaban dando vida a unos paisajes muy hermosos. Intento hacer eso. Fracaso constantemente, pero soy persistente hasta que funciona.  

9-¿Cómo se va construyendo el estilo, en tu opinión? A veces pienso que es como convertir un montón de defectos en virtud. 

-Exacto: no intentes, sólo haz. Tener en mente el “hacer” es muy complejo y debes conocer tu camino o de lo contrario te perderás y sonaras como un tarado mental adolescente. 

10- Televisión, videojuegos, Guerra, historia, literatura, mito… Tu abanico de influencias no musicales parece ser enormemente diverso. ¿Cuál es el tipo más difícil de canción que has intentado escribir? 

-La próxima. 

11-¿Cuál ha sido tu evolución como compositor desde el principio de tu carrera? 

-He aprendido cuáles eran mis límites y luego me he centrado en mis posibilidades. He mejorado, pero es que debes mejorar, en otro caso, es todo una pérdida de tiempo. 

12-¿Cuáles son tus primeros recuerdos relacionados con la escritura (canciones y otras cosas)? ¿Cómo empezó todo y cómo se desarrolló? ¿Escribes cuentos, novelas o cualquier otra cosa? 

-Escribía cuentos cuando era muy joven, chorradas sobre robots con armas láser, solo para divertirme. Después, me metí una banda como saxofonista. El bajista era una mierda, así que lo sustituí. El guitarrista era una mierda así que lo sustituí. El cantante era una mierda, así que lo sustituí, y necesitaba algo sobre lo que cantar, así que tuve que escribir las letras. Supuse que si haces eso, mejor hacerlo bien. En otro caso, monta una banda instrumental, como The Dirty Three.  

13-Veo humor (negro, quizá) en la manera en la que hablas de algunas cosas que por lo demás pueden ser terribles. ¿Cuál es su importancia? 

-La gente siempre pregunta eso. Es sólo una cosa evolucionada. Soy un humano. No me tomo a mí mismo tan en serio como la gente piensa. No trato de ser nada excepto yo mismo, me río de toda clase de cosas, como hace todo el mundo. Cuando el tipo que ayuda a llevar el féretro en un funeral resbala en la carretera, mira a tu alrededor y verás a las plañideras susurrándoles cosas graciosas a sus amigos. Es la primera vez que lo has visto, al chico que lleva el féretro y que es tu amigo, vestido de traje, y lleva esas ridículas gafas de diseño para que nadie vea que está llorando, y ha estado trabajando en una oficina tanto tiempo que no puede levantar 100 kilos con la ayuda de otros seis vagos. Pero él es también alguien a quien quieres. Es divertido y está bien. Así es como lo sobrellevamos. 

14-¿Cómo definirías el humor australiano? 

- He estado por todo el mundo y solo hay dos tipos de humor. El sano, que conoce todas las estaciones y placeres y horrores, y el envarado y miedoso, que es estrecho y está aplastado por la culpa y la corrección política y por tanto es aburrido y nada gracioso. Encuentras de los dos, vayas donde vayas. 

15- ¿Cuál es la influencia de Australia en lo que haces? ¿Puede llegar a ser una carga? 

-Nací aquí. Soy medio australiano y medio inglés. Todo el mundo es aquí medio australiano y medio algo, excepto los aborígenes. Es una colonia y lo será siempre. Es un puesto fronterizo y está jodido por eso. Es complicado. 

16- ¿Es un problema importante para escribir el formar parte de una banda en gira? 

-Sí, no puedo escribir en gira. Demasiadas distracciones. Demasiadas canciones sobre la vieja y aburrida carretera. 

17-¿Ves el Rock&Roll y el Folk como algo claramente separado de la literatura o son parte de la misma construcción humana? 

-No está separado si las palabras y las historias alcanzan el nivel de literatura, pero la mayor parte no lo hace ni tiene por qué hacerlo. No hay nada malo en el entretenimiento, es lo que es. 

18-¿Qué escritores tienen influencia sobre tu trabajo ahora mismo? 

-Todos los Buenos y muchos de los malos. Cuando era muy joven tenía un disco de Coltrane. No lo entendía. Después escuché a David Sandborn y de pronto entendí el genio de Coltrane. Lo mismo sucede con los escritores. Aprendes mucho de los que son basura. 
 


 

Sobre “JEZEBEL”
 

1-Me gustaría hablar de la canción “Jezebel”. ¿Cómo la escribiste? (lugar, momento, sensaciones, idea original, etc…) 

-No lo recuerdo. En realidad sólo recuerdo de qué trata. Es una larga historia y no recuerdo la mayor parte. Complicada. Pero debe haber tenido su génesis mientras The Drones estaban en estados unidos, cuando comenzó la invasión de Irak. 

2-Parece haber una técnica mixta en la escritura de la canción. Y también una mezcla de caracteres narrativos, de manera que a veces no sabes siquiera quien está hablando, pero el sentido se percibe con claridad. Dylan solía hacer eso en  la época de  “Blood on the Tracks” y “Desire”. ¿Te ha influido? ¿Sale de manera natural?

-Sí, Dylan me enseñó mucho. Viene de manera natural una vez que aprendes a hacerlo. Sólo necesitas abrirte. Es como aprender a soñar. Por soñar me refiero a soñar mientras estás dormido. 

3-Aunque aparentemente la canción es “moderna”, por decirlo así, el uso de una carta desde el frente es bastante clásico y le da un aire atemporal. Quizá estamos demasiado acostumbrados a que las referencias literarias del rock lleguen hasta Baudelaire, como mucho, y juzgamos como “moderna” cualquier cosa que vaya más allá.

-No sé lo que es. Sólo hago esas cosas. No soy lo suficientemente inteligente para decirlo. No estoy cualificado. Te diré un secreto valioso: el buen arte es más inteligente que su creador. Einstein no era tan inteligente como su teoría general de la relatividad. Colón no hizo América, la encontró. Ya estaba allí. 

4-¿Qué significa la vaca como símbolo? ¿La inocencia corrompida (mierda de vaca envuelta en seda)? ¿La imposibilidad del hombre para evitar el mal? ¿La pérdida de la inocencia? 

-“Strontium 90 removed from milk/as curious an entity as bullshit writ on silk”... Hicieron muchas pruebas nucleares/atómicas en el noroeste de Australia después de la segunda Guerra mundial. Los vientos dominantes soplaban cientos de kilómetros hacia el este, internándose en áreas donde había vacas lecheras. La industria hizo un gran esfuerzo para conseguir que los niños bebieran leche. Bebían leche de vacas que se había alimentado con hierba contaminada con toda esa mierda nuclear, y morían. A nadie le importó. Esos versos apuntan lo extraño que ese escenario es en realidad. “Bullshit writ on silk” significa los poderes que miente: la seda es una bandera, y la mierda son  las mentiras y la gente que acepta cosas absurdas. 

5-Los dos pecados retratados en la canción son la avaricia y la vanidad (quizá el primero sea una consecuencia del segundo). ¿Crees que son los principales pecados de nuestro tiempo? 

-Siempre están en el top diez. 

6- Pareces estar muy interesado en la estupidez humana (la ajena y la propia) y las dificultades de sobrevivir a ella… 

-Es un trabajo duro. La mayor parte de la gente es buena pero un poco estúpida. La gente está demasiado ocupada en pagar sus facturas como para ser eruditos. Yo soy igual, pero lo intento. 

7-Estaba entrevistando al cantante de una banda americana (un sureño de 45 años, con dos hijos) y le pregunté el porqué de usar una y otra vez los viejos símbolos (John Henry, Jesse James, los trabajadores de las factorías) cuando ya no significan nada en absoluto para la gente joven (aunque si sabes de historia, pueden funcionar). Le pregunté por la necesidad de encarnar los mismos problemas (u otros nuevos) en nuevos iconos. Creo que trabajas en esa dirección, poniendo algo de luz sobre los nuevos (Dan Pearl, por ejemplo) y devolviendo a la vida a los viejos (Alexander Pearce o los convictos de Sixteen Straws). Háblame de ello... 

-Estoy de acuerdo contigo en eso. ¡Que le jodan a Jesse James! Cualquiera que supiese algo sobre él murió hace tiempo. Ahora existe como una idea vaga y a medio formar para gente de clase media con ilusiones de grandeza. Si no estás ahí fuera matando gente y durmiendo bajo un arbusto a la intemperie, no deberías estar hablando de él... por lo que respecta a Alexander Pearce, su recuerdo existe en marcado contraste con el de Jesse. Nadie en Australia se preocupa lo suficiente sobre la historia de Australia para saber nada sobre él. En el mejor de los casos, la gente sabe sobre nuestro pasado de convictos de una manera muy oscura: que si robaban pan porque eran pobres…, que si los trajeron en barcos y llevaban grilletes durante un inclemente y desconocido periodo de tiempo, que si eran santos víctimas de la mala suerte… ¡A la mierda! Era así a veces, como siempre sucede, pero la verdad que intento señalar con “Alexander Pearce” o “Sixteen Straws” es que la realidad era atroz. Y sucedió. Así que, ¿por qué los australianos conocemos a Jesse James y no a Alexander Pearce?  

8-El caso es que estos “nuevos” iconos son algo ambiguos y confusos. Algo sucede, por ejemplo, en el triste chiste negro de “Does my bomb look big in this?”. La misma imagen está tan llena de ideas que chocan y puntos de vista que ni siquiera necesita una explicación para que se vea el poder que posee... 

-A medida que pasa el tiempo, la gente está más y más obsesionada con el rollo “retro”. Hubo un tiempo en que a la gente le gustaban las cosas nuevas. Es como cuando ven ahora a Lou Reed con una guitarra moderna sin clavijero y con salidas digitales y dicen: “¿Qué va mal Lou?”. Pero .él siempre estuvo hacienda cosas nuevas. No ha cambiado. Nosotros hemos cambiado. Cuando estaba con la Velvet su guitarra era tecnología punta nuevecita. ¿Por qué ya no se admiten las cosas nuevas? Es como si toda la cultura popular se hubiese metamorfoseado en un montón de hediondos y viejos compradores de antigüedades. Excepto Radiohead y Deerhoof y otro puñado de bandas. 

 9-Por cierto, aunque sé que viene de la expresión “Does my bum…” no puedo evitar pensar “womb” (vientre, barriga, claustro materno), en lugar de “bomb” (bomba), lo cual –dado que estamos situados en Belén- me lleva atrás hasta la virgen María, en un extraño pero poderoso juego mental… 

-Hice eso deliberadamente. 

10-Tienes bastantes referencias técnicas en la canción (las balas con uranio, los misiles de visión nocturna, etc) ¿Temes alguna vez que canciones tan llenas de lenguaje técnico o “aussie” sean difíciles de entender para algunos de los oyentes? Me llevó un tiempo pillar el sentido general, y eso que estaba deseando hacerlo… 

-No me importa. Escribir una canción ya es bastante duro. No estoy tratando de confundir a nadie, y no es que sea Samuel Beckett. ¿De qué coño estaba hablando Lorca? Tengo que intentarlo, pero normalmente me rindo y consigo mi información sobre la Guerra civil española de Orwell  y Hemingway. Los anglohablantes como yo son vagos, y eso nos hace estúpidos. 

11-“Waltzin´ Matilda” es mi canción anti-guerra favorita (la versión de The Pogues). John Milius solía decir que hacer canciones anti-guerra era como hacer canciones anti-lluvia. ¿Qué piensas de ello? ¿Podemos considerar “Jezebel” una canción política, o una canción protesta, o va más allá de todo eso? 

-Si todo el mundo estuviese hecho para ver la película se Guerra rusa “Come and See”, la Guerra sucedería un poco menos. “Jezebel” es solo una reacción, mi reacción ante el (entonces) nuevo concepto de la grabación en video de decapitaciones de gente por razones políticas. Soy anti-guerra, pero pienso que la guerra es algo que la gente hace. Hacemos toda clase de cosas asombrosas, buenas, malas, hermosas, grises… la guerra es una de ellas. No puede evitarse, así que ¿por qué iba a intentarlo yo? ¿y por qué, de entre todas las cosas, con una canción? 

12-La referencia a varias guerras distintas en la canción dibuja un paisaje de guerra constante. ¿Puede la idea de “preferimos una guerra civil” definir la condición humana? 

-Esa línea se refiere a la actitud de la Coalición (‘Coalition of the Willing’. N. del T.). “No queréis un tirano, estamos seguros/preferiríais una guerra civil”, que es lo que cualquiera con medio cerebro podría ver que íbamos a traer matando al viejo y buen Saddam. Pero fingimos que les estábamos haciendo un favor. O algunos de nosotros lo hicimos. 

13-Después de escuchar la canción bastantes veces, he estado pensando de Nuevo sobre los “media”, que oscilan entre mostrarnos terribles atrocidades y censurar lo que quieren o lo que les ordenan. Es como si nos dieran una cierta anestesia para el alma para así poder hacer lo que quieran y mostrar sólo los mensajes que ellos elijan… es como cirugía mental. Creo que la idea de “mente convertida en una trinchera” es tan válida para el que permanece frente a la tele como para el soldado de la canción. 

-Pero no es una buena condición la mires como la mires. 

 14-Me encanta “Jezebel”, pero cuando la escucho siempre recuerdo otra canción tuya (“The Locust”) donde hay una línea que dice “el viejo de mi primera chica estuvo en una guerra anterior/bebía como un hijoputa, ahora entiendo por qué”. Y esa línea parece decirlo todo para mí. ¿No sientes nunca que ese tipo de canción que se fragmenta y se expande, como “Jezebel”, podría estar alejándote de una síntesis necesaria? 

-No lo sé. Como te dije, solo las escribo. “Locust” es todo de primera mano, y “Jezebel” no. Pero “Locust” es sobre una chica a la que yo amaba que tenía un padre veterano de Vietnam, y sobre lo que le sucedió a ella, y por tanto a mí. Se suicidó en mi coche un día y eso cambió mi vida entera. La participación de su padre en esta Guerra es una parte importante del porqué ella se suicidó. Él también era un tipo guay, solo que estaba totalmente jodido, sin vuelta atrás, y aunque pudiese vivir normalmente, no debería haber tenido hijos. La Guerra de Vietnam no tenía nada que ver con mi familia, nada que ver conmigo, nunca he estado en Vietnam, no me gustan Steppenwolf ni Cream, pienso que los Marlboro en paquete blando son una estupidez y que “Platoon” es la mayor sarta de mentiras que he visto nunca… y sin embargo, la Guerra de Vietnam, indirecta pero indudablemente, ha volcado sobre mí más angustia mental y aflicción de la que podrías imaginar. Todavía la siento. Mi mujer la ha sentido. Mi hermana y todos los que me conocen bien la han sentido y desearía que pudiese desaparecer, así que cuando algún idiota piensa que es el momento adecuado para salir y masacrar otro país más por la razón que sea, tengo una idea muy clara de cómo acabará: dentro de 40 años algún don nadie en Perú estará sintiendo la invasión de Irak de un modo u otro, por no mencionar a la gente que estaba allí. Es por eso que escribo algo como “Jezebel”. O es por eso que siento que tengo el derecho de hacerlo.  

15-“The radicalization of D” parece una evolución desde “Jezebel”. ¿Qué diferencias y conexiones hay? 

-Son en parte lo mismo, por cuanto ambas son redimidas por su propia pesadilla. De lo contrario esas canciones se caerían por su propio peso. Después de todo el horror, D es salvado por el hecho de convertirse en terrorista. La gente en “Jezebel” es redimida al tener el sentido de comprender lo absurdo de las fuerzas que los van a arruinar. Y todos desean que no les estuviese pasando a ellos. Preferirían entenderse con los demás. No sé, son iguales y distintas en muchos aspectos diferentes. 

16-¿Es la Biblia una fuente o influencia para ti? 

-No. No veo de dónde viene tanto alboroto, me parece una total idiotez. Incluso está mal escrita. Odio cuando la gente defiende las escrituras diciendo “oh, pero están magníficamente escritas”. Que os jodan. ¿No hay nadie que haya escrito nada hermosamente en los últimos 2000 años? La gente que dice eso no lee mucho, obviamente.   
 


 

 Sobre "SIXTEEN STRAWS"

 

1-¿Cómo escribiste “Sixteen Straws”? 

-Las primeras ocho o dieciséis líneas son de una canción tradicional que se llama “Moreton Bay”, y hablan sobre un prisionero que se lava en la orilla del río Brisbane en el mil ochocientos y algo. Al libro que yo tenía y que contenía la canción le faltaban páginas. Sólo tenía las dos primeras estrofas así que pensé que la terminaría yo mismo. Lo más difícil de escribir una canción es tener la idea inicial, así que eso me solucionó el problema.

2-¿Crees que la tradición debe ser algo vivo, algo que podemos usar y reescribir? 

-Sí, puedes hacer todo lo que quieras. 

3-¿Qué añades a la tradición en este caso particular? ¿Cuál es el Nuevo punto de vista? 

-Mi versión es más entretenida, en el sentido “blockbuster”. 

4-Usas la figura del cobarde (un traidor) para contar la historia. Se ha hecho a menudo en literatura. ¿Por qué? Mi opinión es que usamos el cobarde porque podemos sentir fácilmente una identificación con él y así lo entendemos todo mejor. También pienso que actualmente, ya somos incapaces de sentirnos como héroes. 

-Creo que tienes razón, sin embargo, el otro día vi a un tipo en las noticias que había salvado a una familia sacándola de una casa en llamas en plena noche. Era obvio que era un tipo gracioso al que le importaba un carajo ser o no como los demás, así que cuando el reportero le dijo: “¡Eres un héroe!”, él pensó durante un momento, como si fuese a decir lo habitual, que es “No, no lo soy, sólo estaba en el lugar correcto en el momento adecuado… He hecho lo que hubiese hecho cualquiera”. Pero era más ‘cool’ que eso. Dijo: “¿Héroe? ¡Joder, claro! ¡Soy un puto héroe! ¡Soy la hostia!”. Más gente debería ser así de divertida. 

5-En “Jezebel”, el tratamiento del sonido es como una tormenta. En cierto modo tiene el mismo tono que la historia. En “Sixteen Straws” parece no ser tan importante. ¿Han evolucionado ambas en directo? 

-No, no realmente. Para un músico pueden haberlo hecho, pero no para nadie más. 

6-Has dicho que tocas canciones como esta porque odias las canciones coloniales. ¿Cuál es la importancia de esa  tradición en la historia y la música australianas? ¿Y cuál es la importancia de haber sido una colonia, con los penales y todo lo demás? 

-Esa es una pregunta importante. Los Australianos y otra gente de las colonias tienen una autoestima muy baja. Desearíamos ser América, porque América es la única colonia que mató al colonizador. Y desearíamos ser Inglaterra, porque ellos son el colonizador. Lo mismo funciona para Sudamérica, Sudáfrica, Canada, las Filipinas, etc, etc, etc… No hay tradición musical en la Australia europea porque nos odiamos a nosotros mismos y a cualquier cosa que creamos. Por otro lado, los aborígenes tienen la más vieja, extraña y grande de todas las tradiciones culturales de la tierra, y están orgullosos de ella; es por eso que hemos tratado de aplastarlos. No sé gran cosa, pero sí sé que ser una colonia es una mierda, especialmente si estás en África. Aquí en Australia, significa racismo y auto desprecio. Si uso música tradicional, uso música hecha por los arrendatarios pobres que vinieron originalmente de Europa, los convictos y los blancos que trabajaron la tierra en los primeros tiempos. No eran “australianos”, eran europeos, y escribieron una parte de la historia blanca que hemos intentado olvidar. No la historia de los hombres de estado, sino la verdadera historia viva. Cuando uso ese rollo tradicional estoy diciendo esto: “¿Cómo osáis negar quienes sois por vergüenza? Tened algo de cojones y de fe en vosotros mismos  mirad lo que sois, aceptadlo y entonces aceptareis a los verdaderos australianos, la gente que estuvo aquí durante 60.000 años antes que vosotros. Sin embargo a los australianos no les gusta eso. Si alguien me prestase verdadera atención me llamarían hippy. 

7 -Tus historias tienen a menudo finales tristes o terribles. ¿Es eso realista? 

-¿Son realistas los finales felices? 

8-¿Crees que la música y las palabras pueden tener una capacidad sanadora? ¿Por qué escribes? 

-Porque estoy jodido de la cabeza. ¿Qué si tienen una capacidad sanadora? No lo sé. Voy a ser un pajero y citarme a mí mismo, así que perdóname: “Todo lo que realmente puedes saber es el modo en que son las cosas. A veces ese modo no está claro, pero eso no lo hace menos real”. Escribir es sólo tratar de imaginarse como son las cosas. 

9-¿Puede una canción dar respuestas o es solo un modo de percibir que la mayor parte de las respuestas que se nos han dado son mentiras? Particularmente, tus canciones me dan algunas respuestas o confirman lo que siento, pero luego me obligan a hacerme muchas nuevas preguntas a mí mismo… 

-Simplemente, deberían hacerte pensar. Las ballenas nadan, los perros se divierten, los microbios sobreviven, los bonobos follan y la gente piensa. La música y el arte son celebraciones del pensamiento, de la vastedad del pensamiento y el sentimiento. 

10-Si, como planteas en una entrevista, estamos envueltos en una guerra religiosa, ¿qué puede significar? ¿Todavía necesitamos un Dios para no estar obligados a afrontar solos nuestra culpa? 

No, la culpa es innata. Por lo que respecta a las guerras de religión, no sé lo suficiente para comentar. Soy un trovador, no un ministro (“a minstrel, not a minister”, juego de palabras con “minstrel”, trovador, y “minister”, en el sentido de ministro religioso, sacerdote. N. del T,). Ni tampoco Richard Dawkins. 

11-Leí algo que dijiste sobre el arte, apuntando que un buen escritor “sencillamente no condena a nadie. Si te mantienes apartado de condenar a alguien, podrías aprender algo”. ¿Es ese tu punto de vista cuando escribes, la compasión la ayuda? 

-Es más que simplemente escribir. Es la elección de un estilo de vida. Jack Johnson canta música de un estilo de vida y hace surf y se folla a chicas surferas de veinte años fabulosamente guapas, y yo no lo condeno por eso.


 

jueves, agosto 01, 2013

EL PUÑO Y LA LETRA por LUIS BOULLOSA – Diez visiones de una musa subterránea


Esperadísimo en este tonel de los suburbios que usamos como redacción, el primer libro de LUIS BOULLOSA, manager espiritual y pimp honorífico de KAPUT, nos llega por correo certificado esta mañana. Estará en sus librerías favoritas cuando septiembre empiece a alumbrar los campos con su incierta luz de decadencia y cambio. Su nombre es “EL PUÑO Y LA LETRA”, lo pone en la calle la excelente editorial 66 RPM y se trata de un ensayo periodístico sobre el proceso de creación y la literatura en el Rock&Roll, como bien indica su subtítulo, con prólogo de Jaime Gonzalo y diez capítulos dedicados a otros tantos escritores de canciones que consideramos imprescindibles, sintomáticos o simplemente lo bastante enigmáticos para que bucear en su visionaria artesanía sea un ejercicio iluminador. Son los siguientes: Gareth Liddiard (The Drones), Pete Simonelli (Enablers), Ryan Sambol (Strange Boys), Grant Hart (Hüsker Dü, Nova Mob), Kim Warsén (Ginferno, Los Cuantos), Brendon Humphries (The Kill Devil Hills), Matt Korvette (Pissed Jeans), Aidan Moffat (Arab Strap), Julian Cope y Michael Gira (Swans, Angels of Light). Todos ellos han sido entrevistados para la confección de este volumen, aunque las entrevistas no aparecen como tales, sino integradas parcialmente en los textos. Háganle un favor al mundo subterráneo, a sí mismos, al pensamiento independiente y al solitario plumífero que lo redactó y acérquense vestidos de domingo hasta la caseta de su dealer literario para agenciárselo; recomiéndenselo a amigos, enemigos, madres y amantes; piérdanlo en metros y apeaderos, fondas de extrarradio y viajes sin retorno; transcríbanlo, cítenlo, llévenselo al retrete, ódienlo, si les parece; transmítanlo en morse a través del cableado interno, recítenselo al oído a los chivatos de la Cosmodemonican News Corp, cántenselo a sus nietos en las noches sin luna, úsenlo para limpiarse el culo o envolver el pan. Las utilidades de un buen libro son infinitas. Aquí colgaremos alguna crítica independiente en cuanto encontremos a alguien independiente, y mientras brindaremos con pernod y licor café por el glorioso arte de joderse la vista y el seso meditando sobre las zonas oscuras del alma y los callejones del  Rock&Roll. El autor, por telegrama,  nos asegura que lo escribió perfectamente sobrio, retirado en esa última trinchera del viejo occidente que es Galicia. Le creemos todo menos lo de sobrio. ¿Sobrio? Vamos, hombre. Esperamos su presencia y sus propias explicaciones, si algún día regresa de su retiro y vuelve disfrazado a la ciudad. Tengan todos un feliz verano de corrupción. //GATO PALUG

Foto (que es la usada en la portada del libro) - Salomé Sagüillo

sábado, agosto 27, 2011

BEN SALTER - "The Cat"





A veces para encontrar discos cojonudos basta por darse un garbeo por el callejón digital, como quien pasea por la ciudad en los días de viento, con esa curiosidad alerta por si sale volando una vieja, los niños resbalan en los charcos, las faldas se alzan sobre el viento con gracia fugaz o un gesto en una esquina te recuerda a todo lo que ya no está. Así me encuentro a BEN SALTER, por casualidad, en un blog, guiado por el hecho de que su disco de debut en solitario, THE CAT, esté producido por Prometéo, aka Gareth Liddiard. Uno acaba teniendo cierto olfato, esa es otra, y en efecto, el disco, por encima de su excelente single de presentación (“The Coward”, que adjuntamos en vídeo), es un magnífico cajón de sastre que va de Richard Thompson (o Nick Drake) a The Magnetic Fields pasando por Bob Mould (esa voz en los tres primeros temas) y sonando pese a todo personal sin aparente esfuerzo. Hace suyos Salter el folk anglo y el pop de los ochenta con igual y agridulce autoridad, ayudado por una producción que parece ser capaz de tratar las piezas individualmente (algún arabesco sutil, un saxo o un ramalazo irlandés aquí o allá, guitarras de fondo) sin que eso le impida dar coherencia al total; es decir, una producción pensada pero capaz de mantener una cierta aspereza en el sonido que es clave para resaltar la esencial potencia de diez temas (más una versión y un instrumental) que no se andan con rodeos a la hora de entrar con escéptica melancolía en la casa de los sueños malogrados, lo agridulce de existir y los variados sinsentidos de la relación personal. Delicia inesperada si a uno le apetecen unas horas de granizada emocional, clásico inmediato de los bajos fondos del pop, donde se trafica con almas, cuerpos y drogas caseras; talento a descubrir (aunque tiene una ya dilatada trayectoria con varias bandas hasta ahora desconocidas para mí como Gin Club, Giants of Science o Young Liberals) que se reivindica por si mismo en las contrapeladas letras, por encima de la media, y en su sobresaliente capacidad para convertir la parálisis personal/sentimental en dinámicos hits de pop atemporal. Para ir de la modestia cotidiana (un gato, una hierba, un sueño, una excursión) al centro de las cosas en ese único e inexplicable paso mágico que es una canción. //Luis Boullosa

PD- Para los mitómanos de la cosa “energy” (aunque en este álbum nada hay del asunto), uno de los colaboradores es nada menos que Joel Silbersher (GOD, Hoss, Dirty Three)

PD II- Pronto entrevista.

jueves, abril 28, 2011

POR EL REY DE PRUSIA!

(Cuatro reseñas publicadas en el Ruta 66 de este mes a cargo de LUIS BOULLOSA)

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BO NINGEN - “Bo Ningen” (Stolen recordings)

Ver a los japoneses Bo Ningen en directo -hace poco, aplanando el paso para una Lydia Lunch que lastró a los Gallon Drunk hacia una versión efectiva pero castrada de sí mismos- fue un festín. Su mismo aspecto -con su cantante y bajista, sea hombre o mujer, ejerciendo de maga suprema entre la niña de “The Ring” y un sueño húmedo de Kurosawa- gana por sí solo parte del combate, en un mundo que sigue rindiendo instintiva pleitesía a la imagen (¿Cuál no?). Después, su rock pesado, amalgama blindada pero oscilante de metal setentero, contundencia punk y guitarreo tóxico, arde sobre las tablas con explícito y malsano fulgor. Puro cartílago de proto-rock con guitarras de psicodelia achicharrada en fuzz que podría poner de acuerdo sin mayor esfuerzo a Blacksabateños, Hellacoptos y lügerianos. Para sí querrían esa dinámica en la repetición, los pasmados de los Wooden Shjips, que unos meses atrás me aburrieron con su sobrevalorado, pétreo y derivativo drone. En disco, la cosa es distinta, menos sorprendente. Siguen estando varias cabezas por delante de muchos, pero falta esa llama interior en un sonido por momentos algo confuso. Es un trabajo apreciable, musculado, potente y visceral, pero aún así sólo lejanamente indicativo de la postnuclear alzada que alcanzan en directo. Que seguir pagando por ver a los Stooges (o a Metallica, si se quiere) lleva lustros siendo una pérdida de tiempo lo sabíamos todos (incluso los que lo hacían), pero barrabasadas así lo confirman gozosamente. No nos hacen falta las momias. Ya pasaron el testigo, la médula, la vida, a bandas como esta. A la espera de mayor concreción disco, la próxima vez, estate allí.

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GARETH LIDDIARD – “Strange Tourist”

Gareth Liddiard es incómodo para el mundo del rock: obliga a pensar. La raigambre literaria de su primer trabajo en solitario -vease contar historias- echará para atrás a casi todos los que opinan que Lemmy Motorhead es una cima del pensamiento occidental. Peor para ellos. Se pierden esta hermosa, convulsa pelea (guitarra bronca, voz expresionista) de las canciones por sobrevivir; este titánico esfuerzo para que las pavorosamente certeras visiones sobre la humanidad de Liddiard no las devoren reduciéndolas a monótonos arpegiados de sostén. Se consigue, con preclaro sentido melódico, en la canción más bella del álbum, “Strange Tourist” (“Tangled Up in Blue”, caballeros). Se consigue con ayuda del oyente y puro talento narrativo en los áridos altiplanos que de “Blondin Makes an Omelette” y “The Highplains Mailman”, o en el incendiado y reverente retrato de mujer fatal de “She´s my Favourite”. Se consigue con los 16 estremecedores, mantenidos, tensísimos minutos de realismo sucio pero realismo que levanta en nuestra jeta “The Radicalisation of D” (al nivel de “Sixteen Straws” y “Jezebel”, sus cimas. Le da de sopapos a toda su quinta de escritores “rock” con este viaje a través la angustia del nuevo siglo, la culpa colectiva, la envidia, el dolor y la ocasional perplejidad de la redención. Envidio su mirada ligeramente distanciada pero turbadoramente interna, su lucidísima percepción de los pecados propios y ajenos y su inflamada frialdad de exposición. Todo lo que lo ha convertido, en fin, en el contador de historias por excelencia de su generación. A día de hoy, mi escritor favorito junto con Annie Proulx.

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BURZUM - “Fallen” (Byelobog)

Habrá muchos puristas que no soporten este “Fallen”, con su concepto casi chicle de un estilo que siempre se tomo tan en serio a sí mismo. Para mí, en cambio, es como un libro para niños, muy bellamente ilustrado (a rotulador), y como tal lo disfruto: como un disco en definitiva pop (en un mundo en que Rammstein, por ejemplo, son considerados comúnmente “rock”). Perdérselo por filias y fobias jevis es perderse una inefable sucesión de hits del inframundo extrañamente pegadizos; versiones aligeradas, luminosas y planeadoras de sí mismo, plenas de gancho y efecto, con las que Vikernes se aleja amistosamente de su opacidad habitual: esto no es un bosque impenetrable, sino un campo de batalla donde se distingue perfectamente el colorido saco de los héroes, el brillo de los ojos, el gesto de la espada. Incluso las voces olvidan muy a menudo lo gutural para coger al oyente de la mano, “no temas”, en una visita guiada a los túneles tras la que se descubren hermosas galerías. Había vida, en efecto, en las profundidades. Si el más ortodoxo “Belus” anunciaba el triunfo del dios de la luz, “Fallen”, pese a su título, permite que la luz entre literalmente en la música; es un glorioso río en deshielo por el que desciende quien escucha, los muros de cristal fundiéndose a ambos lados. Una delicia para los encallecidos sentimientos de los seguidores de Odín, que se aburrían de jugar a la play en el Valhalla. Burzum ha hecho el primer disco de black metal primaveral del que tengo noticia. Escuchad el hermoso y trastocante sonido de la bestia en armonía con el cosmos.

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KURT VILE - “Smoke Ring for my Halo” (Matador)

Su “Constant hitmaker” no me pareció tan bueno, pero”Childish Prodigy” (09) era un discazo de oscuro fulgor neoyorquino (aunque él sea de Filadelfia); una obra raramente expresiva que circulaba por los parámetros que antes usaran Dim Stars y otros tóxicos ocultos del guitarreo poético, y a los que él añadía un talento natural y propio que lo distinguía claramente del plagio. Aquí, bajo la producción de John Agnello, se queda a medio camino entre ambos, en una senda fantasmal que va por los patios traseros, entre escoria y hierbajos, y que camufla el instinto melódico en discursos traqueteantes y opiaceos. Sonic Youth, sin duda, detrás. Voidoids, Television detrás. Lou reed, sin duda, detrás (“Puppet to the Man”). Pero a veces, por desgracia, demasiado detrás, en una secuencia de somnolientos bocetos de campo y de ciudad, menos concretados en pop, más abiertos, que no siempre alcanzan la altura que se esperaba. Ocasionalmente -más a medida que el disco avanza-, Vile se despereza con destellos de talento que brillan entre su desmañada pulsación electroacústica (“Society is my friend”, “Runner Ups”, el vuelo a baja altura de “In my Time” y “Smoke Ring…”), miniaturas a media luz poseedoras aún de ese crujido, esa gloriosa imperfección, ese desaliño, ese vago desagrado con las cosas que es necesario para crear. “La sociedad es mi amigo/me hace descansar en/un baño de sangre fresca”, canta, con un talento para la letra que utiliza, también, sólo por momentos. Y yo pienso en Marat agonizando en su bañera, tal como lo pintó Jacques-Louis David. No sé porqué.

miércoles, marzo 09, 2011

GARETH LIDDIARD - "Strange Tourist"

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(Inicialmente una reseña que terminó por ser el embrión de algo más largo. Mis publicadores habituales del ruta 66 decidieron que no tenían interés alguno en un artículo de cierto recorrido sobre el mejor ESCRITOR de canciones de los últimos veinte años -ojito, se le llama a eso-, así que se quedó a mitad de camino, a la espera de que lo recorte, ampute y modifique a hostia limpia, y lo canalice en otro formato y a través de una cloaca distinta.//LUIS BOULLOSA)

El fuego amigo y otras historias sobre como no crecer

Releo un primerizo artículo mío sobre Julian Cope, ¿del 98?. Ahora me da bastante vergüenza ajena y algo de calma también: escribía de puta pena, pero he mejorado un poco. Encuentro allí un párrafo tan preclaro como en el fondo complejo, saqueado, supongo, de alguna entrevista en Internet: Le preguntan a The Drude por qué él no ha llegado a ser tan importante como –por ejemplo- U2. “Es lo que dijo Joseph Campbell”, responde, “es la diferencia entre la celebridad y el héroe. La celebridad hará de todo -caminar a través de altos edificios y bailar en la cuerda floja- por su audiencia. El héroe hará exactamente lo mismo, y estará igualmente encantado de complacer a la audiencia, si la tiene, pero si todo el mundo se ha ido a casa, él seguirá haciéndolo por complacerse a sí mismo”. Bonita definición del héroe como suicida vanidoso y asalmonado, a la contra siempre pero de una manera sutil que le permite, caso de que todo vaya bien, permanecer imbricado en una sociedad del espectáculo como la que vivimos –aunque el espectáculo sea pobre y tenga más de lavado cerebral que de entretenimiento- y, caso de que todo vaya mal, hallar consuelo filosófico en la oscuridad.

En todo caso, dejando las lecturas varias para otro momento, me quedo con esa imagen del trapecista psicópata que sigue ahí arriba cuando las luces han caído; una vez que las madres han vuelto a casa con sus niños maravillados y el vendedor de algodón de azúcar ha chapado el chiringo para irse a fumar un porro a la trastienda, en la hora en que los domadores sueñan borrachos en sus catres con un tigre infinito que es todos los tigres. Y tal. Gareth Liddiard es uno de esos equilibristas, sólo que, harto de no despeñarse del todo, parece haber empezado a construir sobre esa nada un castillo de insolente complejidad y peligroso filo.

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Se lo veía venir –o yo creí verlo venir, parece que con acierto- desde aquella descuartizada primera actuación que le presencié en el Gruta 77 de Madrid al frente de The Drones (que, creo, es la recogida en el directo de Munster Records). La furia desatada a través de aquella espasmódica figura que parecía un apaño entre Egon Schielle y los Beasts of Bourbon (hay que tener facha para esto, también) y su manera de comunicar, más un cortocircuito que un mensaje, hacían prever algún tipo de explosión en cadena cuyas consecuencias eran difíciles de adivinar entonces. La hubo, en efecto, en forma de discos que, sin abandonar el Rock&Roll de calambre y víscera, caminaron hacia una mayor complejidad, preñadas las canciones de un violento tono literario, al tiempo crepuscular y moderno, que alcanzó quizá su mayor alzada en el difícil pero enorme “Galla Mill”. Había allí temas que, sencillamente, trascendían el concepto de canción rock al uso, como las apabullantes “Jezabel” y “Sixteen Straws”, que analizaremos aquí en profundidad algún día y con las que le daba de sopapos no sólo a toda su generación de escritores del rock y a unas cuantas anteriores, sino, de paso, a más de un escritor “de verdad” (no incluimos españoles en esta categoría aunque se dice que se han dado casos en Barcelona).

No era tema fácil, Gareth, entonces, para el oyente medio de rock, en un mundillo tan mentalmente castrado por la sobresaturación y otras plagas. Obligaba a quien quisiera percibir sus creaciones en toda su lóbrega y desgarrada profundidad a algo a lo que no está ya acostumbrado ya ese individuo, si es que lo estuvo alguna vez: escuchar, traducir, leer, entender… Pensar, en suma. En sus temas no bastaba una primera o una segunda escucha, por satisfactorias que pudiesen ser a veces, amparadas por el ruido y la disonante furia del grupo. Hacían falta una tercera, una cuarta y las que fueran pertinentes. Hacía falta prestar atención al fraseo, a veces difícil de valorar en su masticada grandeza expresiva, QUERER ir más allá de la cáscara. Poco esfuerzo, en realidad, cuando el premio es el acceso a la nitidez de un trabajo que puede acompañarlo a uno el resto de sus días y a los entresijos mentales de un narrador post celiniano de primera magnitud. Duro, en cambio, lo sabemos, cuando uno vive en el autocomplaciente reino menguante del rock; ese que entiende al bueno de Lemmy Motorhead como el icono definitivo del pensamiento moderno; ese que considera que los postulados de AC DC no han sido superados aún por banda alguna, ni lo serán, y acepta el plagio con júbilo, como el más glorioso de los males menores.

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En su primer disco en solitario, Liddiard continúa presentando esas dificultades insalvables para muchos, quizá algo más acentuadas aún, ya que, pese a que cualquiera de sus temas podría pertenecer a la banda nodriza –él lo reconoce porque sabe que la banda es él-, la falta de esta los hace menos digeribles. No hay aquí guitarrazos e intensidades emocionales acentuadas con distorsión (ese recurso que demasiado a menudo se usa como los aplausos enlatados en las teleseries, para explicarnos CUANDO DEBEMOS sentir). No hay, de hecho, nada más que una acústica contrapelada, una voz atípica pero superdotada para la transmisión de estados de ánimo y emociones, y un puñado de narraciones de primer nivel. Predomina de manera forzosa el carácter literario en un disco que bien se podría considerar un volumen de cuentos. “Gareth Liddiard es un novelista que simplemente todavía no lo sabe”, dicen en una reseña en Internet, aproximándose a esta idea. Bueno, sospecho que cualquiera con semejante nivel literario SABE lo que es, aunque pueda –sanamente- dudar de su situación exacta en el esquema general de las cosas.

Dados estos parámetros, la lucha del autor en este “Strange Tourist”, la lucha interna del disco, es precisamente el intento de conseguir un equilibrio en las canciones que les permita seguir siendo eso (además de lo otro): canciones. El titánico esfuerzo para que la historia no las devore y las escupa a un lado, con la funesta consecuencia de que la música termine por ser apenas un monótono arpegiado de sostén, un simple andamio de cañas sobre el que Liddiard salmodie sus alucinadas pero pavorosamente certeras visiones sobre la humanidad (no, no suena pretencioso: la humanidad… tu, yo y aquel de allá, ¿recuerdas?). En lo musical, pelea denodadamente, con un estilo a la guitarra poco ortodoxo, bronco, pelado, expresionista, deudor de un folk particular y medio anestesiado de lejana, desdibujada raigambre irlandesa (decir que a Liddiard no se ocupa de la guitarra porque de vez en cuando alguna nota no esté en su sitio o algún arpegiado parezca torpe, salvado por los pelos, sería como afirmar que a Kokoschka no le interesaba la pintura porque los retratos de Antonio López son más exactos).

En lo lírico, soluciona la lucha con éxito, por ejemplo, inyectando emocionante sentido melódico con apenas una frase en la canción más ortodoxa y más bella del álbum, ese “Strange Tourist” que es una especie de “Tangled Up in Blue” en espejo; pero ya antes de llegar a ella habrá transitado el que escuche por dos áridos altiplanos que se desvelan al cabo de unas escuchas como canciones mayúsculas. Primero, “Blondin Makes an Omelette” (sobre el equilibrista frances Charles Blondin), en la que juega magistralmente –y nunca mejor dicho- con el punto de vista narrativo. Después, a través de “The Highplains Mailman”, donde, en un efecto puramente literario, los textos de las cartas integradas en la narración a modo de estribillos son entonados en un falsete que diríase propio de un (poco probable) Sting del wild side que SÍ tuviese algo que decir. Más adelante, continúa el camino pedregoso en el que se alternan historias sobre colaboracionistas nazis en Francia (“The Collaborator”), enrarecidas vidas marcadas por el entorno social (“Did She Scared…?”) y mujeres arrebatadoramente fatales (“She´s my Favourite”), hasta desembocar en el ya tradicional “tour de force” con el que Liddiard gusta de cerrar sus trabajos: en este caso una reducción hasta el hueso mismo de las cosas, los 16 estremecedores, mantenidos, tensísimos minutos de realismo sucio pero realismo de “The Radicalisation of D” (basada lejanamente en la historia de David Hicks, extensible al mundo entero que arde).

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En una entrevista que me hizo Juan Terranova sabe dios por qué, me preguntaron qué era lo que debía tener una canción para que me gustase. Creo que respondí lo que pensaba que debía tener para ser magistral. “Ser una narración perfecta de algo que uno ya conoce pero que no ha sido capaz de formular así de bien. Esa capacidad de iluminación (…) Cuando sucede, una canción tiene un poder inmenso”. Las de Gareth Liddiard tiene ese poder. Fluye por sus venas a raudales. Sólo es cuestión de cortar(se) a suficiente profundidad. Bendigo la distanciada aspereza con la que narra las historias, original aunque ya nadie pueda serlo, seria pese a que el humor negro recorre su columna vertebral. Aprecio esa evolución que lo ha llevado desde lo personal (la época en que firmaba cosas como “She Had an Abortion She Made Me Pay For”) hasta una especie de tijera creativa en la cual lo local (hacia la Australia interior) convive con lo universal (siempre la obsesión por el contexto social y la edificación de la personalidad). Envidio su lucidísima percepción de los pecados propios y ajenos y su inflamada frialdad de exposición. Todo lo que lo ha convertido, en fin, en el contador de historias por excelencia de su generación.

Si han leído ustedes “People in Hell Just Want a Drink of Water” (mi cuento favorito de mi escritora americana favorita después de Emily Dickinson, Annie Proulx) y les ha gustado (aunque gustar difícilmente será la palabra), probablemente aprovecharán hasta el mismo tuétano este viaje de Liddiard a través la angustia del nuevo siglo, la culpa colectiva, la extrañeza de vivir, la envidia, el dolor y la ocasional perplejidad de la redención. Ambos comparten una mirada al tiempo ligeramente distanciada y turbadoramente interna, como si filosofasen desde las tripas mismas del monstruo que nos ha devorado a todos y ahora nos digiere, con profusión de aleatorios jugos gástricos, fuego amigo y mentiras guiadas por ordenador. Si ellos se han dado cuenta. ¿Por qué nosotros no? //LUIS BOULLOSA

viernes, febrero 09, 2007

THE DRONES - "Galla Mill"

THE DRONES – “Galla Mill” – Para muchos, el último artefacto de los Drones, grabado en la austera e imponente casona de un molino perdido en la campiña australiana, ha supuesto una pequeña decepción. Para otros –quienes no entienden que el Rock&Roll puede, si quiere, ir mas allá de los pildorazos de dos minutos-, son, simplemente, unos pesados. No seré yo quien les saque del garrafal error. Poco me importa. Lo cierto es que en “Gala Mill” se dibuja a la perfección la dicotomía que más de un grupo grande padece u ostenta, según se vea: En directo, la banda plantea un explosivo exorcismo, una catarsis de demonios interiores que confluyen sobre la espástica y febril expresividad de ese médium escénico insuperable que es Gareth Liddiard; pero para el que no lo vea así, al menos ganan la partida por la pura y descomunal intensidad de su crispado rock de guitarras. En disco, en cambio, el exorcismo sigue ahí pero se toma su tiempo y a menudo adquiere forma de letanía musitada sobre estructuras casi inexistentes. El reptar de las canciones -largas, cadenciosas, peladas- no tiene el respaldo físico y visual que adquiere sobre las tablas. El aquelarre es nocturno y privado. Así, hay que darle tiempo al asunto –y, vaya, hombre, leerse las letras-, y sólo haciendo ese esfuerzo el disco pasa de lo que aparenta ser a lo que es. De un buen trabajo demasiado denso y algo ladrillo a otro saco de negrísimas historias sobre la condición humana que extrae vetusto oro de la historia subterránea de Australia, ese país-penitenciaría que surgió de los escombros de Irlanda y otros territorios sojuzgados y se construyó a sangre y fuego sobre la testuz de un hatajo de delincuentes y desesperados. Desde ese punto de vista reflexivo, temazos como “Words From The Executioneer…” o “Jezebel” (una historia de guerra actual sin enfermizos maniqueísmos ni tonterías anti-bush para aumentar la potencia comercial) cobran verdadero sentido. Y lo cobra, sobre todo, el interminable y doloroso paso de “Sixteen Straws” que actualiza mejorándolo (si, he dicho mejorándolo) al Dylan época “Hollis Brown” o “Lonesome Death of Hattie Carrol”. Es en esa negrísima narración sobre la fuga trágica de un grupo de condenados católicos donde las cualidades de Liddiard como narrador se proyectan hacia el centro de la conciencia con una precisión que asusta, confirmando que estamos ante un contador de historias universal, capaz de estremecer hasta el tuétano. Por lo demás, a mitad de toda esta tortura a fuego lento, la banda se encabrita tres minutos para escupir el descuartizante Rock&Roll de “I Don´t Ever Wanna Change”, un danzante osso grizzlie en forma de canción incluido, supongo, para dejar claro que si quisieran dedicarse solamente a eso, pocos, muy pocos, les llegarían al tacón de la bota. Han optado por el camino difícil, pese a quien pese. Y hay que alabarles por su suicida decisión. // Cowboy Iscariot