miércoles, noviembre 21, 2012
martes, noviembre 20, 2012
FAKE WEATHER
Hoy me he levantado a las ocho de la mañana, debo estar enfermo. ¡Arranquen bien el día con los greatest hits de la inigualable Conchín Fernández!!! ("la semana termina de nuevo con sol y con mucho calorrrrrrr...")
lunes, noviembre 19, 2012
Viejas crónicas - THE EVENS (Madrid)
(Una crónica de hace unos años y que creó alguna polémica -tormentas en un vaso de agua-. Fue publicada en el Ruta 66 cuando yo aún escribía en tan legendaria cabecera).
Los mitos. Ah... los mitos!. Y que te voy a contar de los mitos que no quieren ser mitos. Eso ya es la leche. El pontífice máximo del hardcore intelectual (dicen), Ian McKaye, y su compañera de aventura, Amy Fariña (The Warmers), aparecieron por la ciudad y el Moby Dick se petó de un público con la media en los treinta y respetuoso hasta la nausea (excepto unos idiotas del fondo que se dedicaron a deshuevarse todo el rato y amargarnos el pase. Nunca llueve a gusto de todos). Lo que siguió fue una demostración de que, aparte del creador prodigioso e indiscutible que ha comandado a Fugazi y Minor Threat, McKaye podría haber sido (y quizá es) un excelente maestro del estilo El Club de los Poetas muertos, es decir, un pesado: Interminables parrafadas profesorales entre canción y canción sobre la ética, el compromiso, la rebeldía, el trabajo en común artista-público y lo malo que es Bush (que al final no está haciendo nada que no se haya hecho toda la puta vida, pero en fin) en un discurso a veces certero pero demasiado esquemático y naive a estas alturas, aunque a nadie le apetezca, ya se sabe, ser el primero en indicar que el rey está desnudo. En lo musical... pues bien, si, pero tampoco para tirar cohetes. La siempre interesante guitarra del McKaye y los ritmos de su compañera para ir desgranando a media voz un material menor, bonito, peleón si se quiere, con algún momento entre cómico y emocionante como cuando hizo silbar a toda la sala para acompañar el arranque de una canción. Miniaturas apreciables que ganarían sin tanta palabrería y que son bien apuntaladas por la hermosa voz y la batería minimal de Fariña. Si el amigo se pusiese una peluca hubiesen pasado como un grupo decente e imaginativo de Riot Grrrls de las de antaño. Nos lo tomaremos como el necesario divertimento que ayuda a coger fuerzas para lograr nuevas obras mayores. Como tal, fue más que digno, aunque, ya digo, lo hubiese preferido sin el Spoken Word. La verdad, hace un puñado de años que me enteré de que que el Punk no consiste en llevar cresta sino en bla, bla, bla y blaaaa. //LUIS BOULLOSA
Los mitos. Ah... los mitos!. Y que te voy a contar de los mitos que no quieren ser mitos. Eso ya es la leche. El pontífice máximo del hardcore intelectual (dicen), Ian McKaye, y su compañera de aventura, Amy Fariña (The Warmers), aparecieron por la ciudad y el Moby Dick se petó de un público con la media en los treinta y respetuoso hasta la nausea (excepto unos idiotas del fondo que se dedicaron a deshuevarse todo el rato y amargarnos el pase. Nunca llueve a gusto de todos). Lo que siguió fue una demostración de que, aparte del creador prodigioso e indiscutible que ha comandado a Fugazi y Minor Threat, McKaye podría haber sido (y quizá es) un excelente maestro del estilo El Club de los Poetas muertos, es decir, un pesado: Interminables parrafadas profesorales entre canción y canción sobre la ética, el compromiso, la rebeldía, el trabajo en común artista-público y lo malo que es Bush (que al final no está haciendo nada que no se haya hecho toda la puta vida, pero en fin) en un discurso a veces certero pero demasiado esquemático y naive a estas alturas, aunque a nadie le apetezca, ya se sabe, ser el primero en indicar que el rey está desnudo. En lo musical... pues bien, si, pero tampoco para tirar cohetes. La siempre interesante guitarra del McKaye y los ritmos de su compañera para ir desgranando a media voz un material menor, bonito, peleón si se quiere, con algún momento entre cómico y emocionante como cuando hizo silbar a toda la sala para acompañar el arranque de una canción. Miniaturas apreciables que ganarían sin tanta palabrería y que son bien apuntaladas por la hermosa voz y la batería minimal de Fariña. Si el amigo se pusiese una peluca hubiesen pasado como un grupo decente e imaginativo de Riot Grrrls de las de antaño. Nos lo tomaremos como el necesario divertimento que ayuda a coger fuerzas para lograr nuevas obras mayores. Como tal, fue más que digno, aunque, ya digo, lo hubiese preferido sin el Spoken Word. La verdad, hace un puñado de años que me enteré de que que el Punk no consiste en llevar cresta sino en bla, bla, bla y blaaaa. //LUIS BOULLOSA
domingo, noviembre 18, 2012
En las cuencas de tus ojos - JORGE MONLONGO
A JORGE MONLONGO, excelso ilustrador, lo conocemos desde
hace lo que parece una vida –en concreto desde 1997, cuando hacía los carteles
de aquella banda llamada Daddy Works in Porno-. Su carrera posterior ha sido
sólida y ascendente, y en el camino condescendió a realizar alguna de las
mejores portadas de KAPUT (cuando salíamos en papel). No se lo pierdan, es un amigo y un artista.
Recomendaciones - TORA! TORA! TORA!
Alguien -quizá alguno de los ubicuos espectros de la Anglogalician Cup- me había hablado bien de los pontevedreses TORA! TORA! TORA! , así
que rebusqué por ahí hasta encontrarlos. Grata sorpresa: un primer EP
interesante y más garajero ("Alfabeto Eléctrico") y un segundo, "Santa Muerte", más que notable, en el que abandonan el inglés y
templan su impulso en un punzante ejemplo de angst joydivisionario. Tienen,
en hieráticos hits como “Marcha Fúnebre”, ese fuego frío procesional y
claustrofóbico, esa tierra rasa de guitarras distorsionadas que los emparenta al
tiempo con los de Manchester y con bandas oscuras y esenciales de aquí, como
Décima Víctima o los Surfin Bichos más borrascosos (quizá también con los Parálisis menos obvios, sobre todo en "Crematorio"). Pronto reseña y, sí se
puede, entrevista. Mientras, escúchenlos AQUÍ.
viernes, noviembre 16, 2012
CUANDO FUIMOS RUSOS BLANCOS (una entrevista con Chechu Biriukov)
Una entrevista con el mítico CHECHU BIRIUKOV para JOT DOWN en la que ha colaborado nuestro supuesto amigo Luis Boullosa aportando sus discutibles conocimientos sobre basket (muchas horas gastadas en
pachangas, básicamente...)
jueves, noviembre 08, 2012
MLK
MLK, cojonuda banda pontevedresa que actuará con GOG Y LAS HIENAS TELEPÁTICAS mañana viernes en la Asociación Cultutal de Pontemuiños
sábado, noviembre 03, 2012
jueves, noviembre 01, 2012
PENGUIN CAFE ORCHESTRA - "Concert Program" (94)
Creo firmemente que –tomando como dada la curiosidad- el mejor motor de búsqueda es la casualidad. Mi madre decía siempre: “no leo más rusos. Los leí todos cuando era joven”. Y así era, probablemente, porque la suya es una eficaz mecánica cartesiana de tierra quemada; la mía, en cambio, la del vagabundo que encuentra cosas: después de años de vagabundeo y de encuentros uno va relacionando esas cosas, creando una red de experiencia tremendamente imperfecta (nunca me he leído a todos los rusos ni nunca lo haré, soy un colador) pero que tiene una ventaja esencial: las relaciones establecidas, A VECES, son propias y no dictadas; los momentos de reconocimiento de uno mismo en las canciones o las palabras, o en las conexiones intuidas, tienen un sabor a descubrimiento personal y único, no repetible. Luego, comprobar en alguna lectura al azar que alguien llegó a conclusiones similares no importa lo más mínimo, no resta sabor a ese hallazgo; si acaso, le añade un regusto de buena compañía.
Le cojo prestados a mi compañero de piso un par de discos. Él
no está, yo trato de arreglar un router que falla y los veo allí. El primero es
un mediocre directo de Nacha Pop de finales de los ochenta y el segundo “Concert
program” de la Penguin Cafe Orchestra, un concierto grabado en estudio el 23 de
julio del 94. Tenía una deuda nunca saldada con la Orquesta del Café Pingüino.
“Tienes que escucharlos”. “Claro, los escucharé”. Y ahí se habían quedado, una
de tantas bandas cuyo nombre conoces de sobra y de la que has leído algún
artículo aquí y alguna referencia allá. Y luego, un día, aquí están, en tu
mano, como un regalo para llenar el día. Hace sol en Madrid y los escuchas por
primera vez, limpio de todo. Y ciertamente, oída así, su música suena a límpido
renacimiento vital, una especie de casquete polar en pleno deshielo por entre
cuyos algodones se pueden entrever, abajo, parajes de belleza tan domada como,
por ello, incomparable: campos y casas, y en las casas gente que vive allí, aún
un poco lejos, aún un poco rara para ti, aún no del todo al alcance de la mano,
como una promesa cercana de lo que podrías ser. Mecánicos, juguetones y
repetitivos, quizá cercanos por momentos a ese barroco inglés que tanto amo y
tan poco conozco, haciendo delicados malabares, en otros, con músicas
tradicionales o regias, me resultan, en todo caso, balsámicos tras una
temporada de oscuridad. O quizá son ellos el fin de esa temporada, el grácil
vuelo planeador hacia otro sitio que te suena de algo. Quizá de sueños. Me
recuerdan también a las orquestaciones de Nick Drake –y seguro que quien sepa
podrá apuntar a conexiones más ciertas-, a esa evanescente precisión cortesía
de Robert Kirby, aunque indudablemente más laxas, más naturales y menos –nada-
necesitadas de una voz.
Me sorprende, pues, confirmando la exactitud y pautada
exuberancia de su música –una especie de libertad de regla y cartabón-,
encontrarme con que la historia de la fundación del colectivo es lejanamente
cercana a mi propia primera impresión. Transcribo, simplemente, de su página
web:
“Un día a principios de 1970, El compositor inglés SimonJeffes estaba en el sur de Francia. Sufría una horrible intoxicación
alimentaria. Tuvo una serie de sueños afiebrados en los que aparecía una
distópica visión del futuro cercano, en la que todo era gris y hormigón.
La gente vivía en grandes bloques grises y uno podía ver a
través de las ventanas. En una habitación una pareja estaba haciendo el amor sin
ruido alguno y sin amor alguno. En otra alguien estaba sentado mirando
fijamente a una pantalla, pero llevaba puestos unos auriculares y la habitación
estaba en total silencio. En la esquina superior de cada habitación una cámara
observaba todo lo que sucedía como un ojo malévolo.
Aquel mundo estaba
deshumanizado y oprimía el corazón… pero uno podía rechazarlo y mirar más allá.
Si mirabas carretera abajo a una cierta distancia podías ver un edificio
destartalado de cuyas puertas rebosaban hacia la noche el ruido la luz y la
música caótica. Era el Café Pingüino. Dentro había un bar Okonomiyaki con
largas mesas donde todo el mundo se sentaba junto. Había serrín en el suelo y
cuando te sentías cansado los vasos se hacían a sí mismos menos pesados para
ayudarte. Al fondo había siempre una banda tocando música. Sin saber dónde, uno
siempre sentía que había escuchado aquella música antes. Era la Orquesta del
Café Pingüino.
Al despertarse, las palabras de un poema vinieron a él: ‘Soy
el propietario del café Pingüino. Te diré cosas al azar…’”.
Hay algo de sueño en dedicar el resto de tu vida a componer
la música de un sueño. Y sin embargo, pocas cosas me pueden parecer más
cercanas a la realidad .
Llega la noche. La gente apura sus últimas cañas ahí fuera,
luego vendrán las copas.
Hoy es día de fiesta y yo he elegido el disco adecuado.
Cercano, cercano a la escurridiza y saltarina felicidad.
lunes, octubre 22, 2012
Entrevista con GOG Y LAS HIENAS TELEPÁTICAS
domingo, octubre 21, 2012
LOS LLAMADOS PERDIDOS - "Somos Gente"
Ya en su momento sonaba a otra cosa y a otra época,
así que ahora que han pasado diez años, definitivamente pertenece a un espacio
distinto y atemporal. El tiempo ha tratado bien, apartándolo de sí, a “Somos
gente”, el primer disco de LOS LLAMADOS PERDIDOS, conservado como
una crisálida en ambar, armado hoy con la misma agridulce familiaridad que nos
desarmó entonces e igual de desconocido todavía. Conservo un ejemplar de la
artesanal edición, uno de los verdes, y ahora que he vuelto a retomar contacto
con habitual con Mato Armada (voz y guitarra) y Sonia Barba (batería y voz) lo
he recuperado y lo escucho a menudo, fascinado por la simplicidad con la que
son capaces de ir desde la sombra de Los Ronaldos hasta el ala izquierda de la
Velvet Underground pasando grácilmente, de puntillas, por el pasadizo
encharcado donde duerme el hermano indigente de David Lynch.
Pop cantado en español, límpido, alienado en su
justo punto, fue arreglado con natural sabiduría por Justo Bagüeste y producido
por éste y por Javier Almendral en los estudios Blue Box en 2002, la época en
la que todos parábamos en el mismo bar de Madrid, El Alivio. Son esa producción
y esos arreglos los que elevan con aérea nitidez aquel pop gloriosamente
deshilachado sin que las canciones dejen de verse a la perfección. Difícil
resistirse, por mucho que uno las tenga más que oídas, al irónico y cristalino
encanto de “Cuando estoy contigo”, el velvetismo naif de “Andy”, la contenida
visceralidad de “No más Valium” o la ralentizada, onírica insolación de “Soy un
Gato” (mi tema favorito sin duda, a día de hoy). Como pespunte final tenían esa
pizpireta y perfecta reverencia a Chris Isaak (“Jugaste conmigo” - “Wicked
Game”) y el simpático desbarre de “Intento Sugus” que no aparece en el
Bandcamp. Difícil, también, no reconocer la calidad y la capacidad comunicativa
de unas letras que flotan con naturalidad en esa fina línea que separa lo
cotidiano de lo extraño, la paz de la alteración, nuestro mundo de ese que
permanece justo al lado, tras la puerta, y que también es nuestro.
Me alegra haber colaborado con aquel proyecto,
aunque fuese de manera totalmente lateral (les presté mi bajo, creo recordar, y
la foto de la contra es mía, en la piscina del viejo Jules, cuando éramos
jóvenes). Armada lo llamaba “música normal”. Música extraordinaria en su
honestidad y en su plateado encanto, me parece a mí. Una obrita maestra
olvidada, un milagro doméstico y al alcance de quien quiera llegar hasta él.
//LUIS BOULLOSA
AUSENCIA DE FOTOGRAFÍAS
(Le hemos pedido a GATO PALUG que nos escriba algo desde su voluntario exilio en El Salnés, pero sólo hemos obtenido esta sarta de incongruencias garabateada en diez minutos y la foto en la que aparece con sus dos amigos más recientes -los únicos que tiene-. Incluimos el texto para dar fe de lo nocivo que siempre ha resultado el exceso de pensamiento en soledad. Esperamos que se recupere y vuelva a ser pronto el motherfucker robatumbas a quien todos queríamos tanto).
Los grupos que toleraba
se iban haciendo más reducidos en número. Aunque, mirando atrás, apenas
recordaba alguna foto colectiva con su figura dentro, estaban los equipos de baloncesto
en la infancia, porque sus quince y sus dieciséis -y probablemente los
diecisiete y los dieciocho- habían sido infancia. Y estaba una foto de una
fiesta en la universidad en la que sale sentado en el suelo y sin camisa
rodeado por otros cuarenta o cincuenta borrachos. La tiene en algún sitio. Y
poco más. Pero sí hubo un reino intermedio, un tiempo en el cual una cena o una
excursión podían acabar con todos abrazándose la espalda frente a una cámara.
Una cámara réflex, aún no era la época de las digitales. Luego eso se terminó,
aunque él no sabría decir cuándo ni cómo vino el cambio. No hay un momento,
acaso, aunque las películas digan siempre lo contrario y los libros digan
siempre lo contrario, y las religiones, que son las películas y los libros,
todos juntos, establezcan claramente que cada cambio de fase necesita su
símbolo. Te caes del caballo, te bajas de la burra, apalizas a unos mercaderes.
Dices un “No” sonoro y solemne y desesperado, que resuena a lo largo del
desierto en el que sólo estás tú. Esas cosas. La realidad es distinta, así que
quizá no hay un momento, pero él sabe bien que el contacto con los otros le
resulta cada vez más angustioso, con esa nausea cercana, no demasiado violenta
todavía, que acaba por teñirlo todo de un aroma a vómito. Ahora aún puede tocar
con los amigos –casi todos amigos viejos, de hace años-, tres, cuatro, cinco a
lo más, y ya le parecen sospechosamente muchos; y puede aún correrse alguna
farra amistosa, pero las fotos ya no las soporta. Tampoco -porque, se dice, hay
una suerte en cada desgracia- le solicitan que se integre en grupos muy a
menudo. No hay fotos organizadas en la peregrinación anual de machos cabríos
adictos a los medicamentos, y la logia de solitarios empedernidos es exigente
en sus normas: las agrupaciones de más de dos están mal vistas, y está rigurosamente prohibido dar fe de ellas. Se
mira a si mismo; se mira las manos, que son lo que ve mientras escribe a solas
en su casa y se pregunta que será lo próximo. Pronto, quizá, una pareja se le
empiece a hacer extraña, si es que eso no ha sucedido ya; convertirá la
tendencia a espantar a quien le quiere en hábito arraigado y finalmente
sustituirá el hábito, tan cansado, eludiendo en primer contacto, evitando la
ocasión. Y ya habrá quedado todo dicho. A veces siente ganas de actuar como
hace tiempo y coger a alguien que acaba de conocer y hablarle a bocajarro, y
decirle lo que piensa en ese momento. Verdades momentáneas. Pero sabe que
mañana esas verdades ya no estarán, y se abstiene. Prueba a esperar, a ver
cuantos se acercan. Y no se acerca ninguno: lo esperado. Quizá ha empezado a
darles miedo a todos aquellos a quienes no da risa. O quizá ha empezado a
levantar una vaga indiferencia general hacia su persona. Los héroes solitarios
tienen su nicho casi siempre antes de los treinta, y sus depojos de batalla mercenaria
después, algunas temporadas, pero esas temporadas ya se han alargado hacia el
otoño. Ahora la gente demanda otras cosas, y tampoco él tolera ninguna de esas
cosas demandadas; y en quien menos las tolera es en si mismo. Desvestido de
cualquier atractivo, remitido por correo certificado a un reino ajeno, sin
entender nada de un idioma que se le ha ido enrareciendo en el oído, va por
ahí, aún sin moverse, dispuesto a vomitar en la acera todo lo que tiene dentro
para descubrir, al final, que había apenas bilis, sangre y aire. Y siente un
miedo vago pero presente casi a cada hora del día: él nunca fue un valiente. Cree
saber, sin embargo que es tarde ya, también, para acobardarse. Ahora no serviría
más que para provocar unas cuantas risas más, algún insulto, quizá, y la misma
indiferencia general. Habrá que ir por la nada, entonces, con el orgullo medio
intacto y la pose de siempre –se dice-, inventando, si acaso, un pasado que fue
igualmente nada y haciendo tábula rasa de la vida. Al menos para ese trabajo vendrá
bien la ausencia de fotografías.
sábado, octubre 20, 2012
LOST ARTWORK
lunes, octubre 15, 2012
GOG + JULES MARTÍN (en LA FAENA II)
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Las Hienas, animales de palabra, regresan a Madrid para presentar su primer disco, "GLOAT", un manjar para paladares finos amantes de la carroña. JULES MARTÍN, fino orfebre de pop anglófilo, estético príncipe de la emoción multilingüe, abrirá el concierto en su reaparición después de varios años de exilio interior... GOG IS LOVE!!!
domingo, octubre 14, 2012
THE JESUS AND MARY CHAIN - "Darklands" (87)
Hace muchos años tuve un amigo que adoraba a los Jesus And
Mary Chain (abundaban los fans, en aquellos tiempos) y siempre hablaba de un glorioso concierto
suyo en Valencia: 45 minutos de sombras
chinescas y feedback sin hola ni adiós que habían quedado grabados para siempre
en su cabeza. He recordado sus palabras a menudo cuando me he encontrado con
cualquier arrogante bandita inglesa de momentáneo cool de las que han abundado en
los últimos 20 años: “Puedes hacer esto si eres los Jesus en
su mejor momento, puto inglesito, si no, mejor ponte el mono americano de trabajo
y da un concierto como dios manda”. Últimamente he escuchado unas cuantas veces
el “Darklands”, el único disco de la banda que tengo aquí en el exilio. No es
mi trabajo favorito de los escoceses –me gustan más “Psychocandy”, “Automatic”,
quizá, y sin duda el infravalorado y retrospectivamente sobrebio “Honey’s Dead”-.
Quizá sea por su linealidad, o por las baterías electrónicas, o por ese intento
de acercarse a unas cumbres borrascosas que sólo por momentos logran alcanzar,
o por una producción que les hace sonar un tanto plásticos, o por la falta de polución
sonora, que desnuda demasiado su magro esqueleto. Es un disco frígido que
podría haber sido exuberante, y hasta la desesperación de sus textos suena algo
impostada. Y sin embargo su caligrafía, aún a media tinta, es, concedámoslo,
impecable, y en su interior, escuchado con tiempo y con espacio, en esas horas
o días en las que nadie te va a molestar ni a querer, hay canciones muy
apreciables en su sencillez. Es una deriva de pop congelado y límpido que he
aprendido, poco a poco, a disfrutar, y está ahí el fantasma de un Bowie deshidratado
y asténico, vagando por paisajes sobre los que sopla silenciosa Emily Bronte.
Páramo sintético, sí, con ocasionales momentos de borrascosa alegría
instrumental (“Happy When It Rains”, “April Skies”). Tiene su encanto. Y me
gustan sobre todo sus tres líneas de apertura que pronuncia William Reid: “Me
voy a las tierras oscuras/para hablar en rima/ con mi caótica alma”*. Es una
definición tan engolada como cierta, tan rimbombante como –por ello- precisa de
lo que siente uno al retirarse parcialmente del ruido del mundo, cuando vuelve a
pasar el tiempo en soledad como si fuera de nuevo el niño tímido, hipersensible
y segregado de hace tantos años. Hay algo circular en esas vueltas atrás. Si estuviste
en un lugar, vuelves a pasar por él al cabo de un tiempo, aunque a menudo ni
siquiera te des cuenta. Pero si te das cuenta hay un agridulce placer ahí; uno
que te trae la vejez a los labios, para que vayas sabiendo de qué va.
Hoy me había prometido hacer un post positivo, mera lista de
cosas que me gustan para romper mi misantropía terminal de los últimos ratos en
el blog y para recordármelas, de paso, a mi mismo, pero no se me ocurría gran
cosa. He estado cuatro horas frente al televisor viendo pasar seriales
patéticos con ice T haciendo de madero bueno y películas de una edad de piedra
en la que Tony Manero violaba nenas en la trasera de su coche y el mundo me ha
seguido pareciendo igual de ni guapo ni feo. Vacío, apenas. Así que me he
vuelto a poner el disco y me ha ido algo mejor. Al menos envuelve el
sentimiento con una dulce dejadez y sus colores van a juego con él; perfecto papel
de regalo para tanta ausencia de sentido.
Han pasado 25 años desde la salida del “Darklands”; La vida
de muchos que ya se consideran mayores a estas alturas. Dejemos correr otros 25 y
es posible que el vino sea entonces soberbio. A buen seguro, en todo caso,
raspará de manera distinta el paladar, después de nueve millones de
días de lluvia más. //LUIS BOULLOSA
* "I'm going to the darklands/to talk in rhyme/with my chaotic soul"viernes, octubre 12, 2012
MANIERISMOS (II) - Entre tus brazos de hierba
Hay algo bueno en la
mitología del rock: no hay que derribarla, se cae sola. Al primer puñetazo, al
primer leve toque, incluso, tu mano atraviesa el papel pintado del decorado;
cartón piedra en el mejor de los casos. Otra cosa es lo que uno tarde en actuar
de acuerdo con esa realidad. A veces es una vida completa. A mí en particular
lo que hay detrás ha terminado por resultarme lo más interesante. La tramoya y
el laberinto de camerinos y almacenes vale más que esa pobre obra en la que
monos pintarrajeados de fulanas jugaban a fingirse machos cabríos y mecánicos
en paro amagaban para la platea muecas de James Dean. Vale más el páramo, las
traseras, el callejón, aunque sea porque descubrir la verdad tiene algo de gozosamente
profano cuando la mentira lo es, aparentemente, todo. Vale más el descampado
bajo el gris mortecino y ciudadano, donde las mujeres escasean y cruzan aprisa
contra el fondo gris de tormenta y a los hombres les pesa la vida, como es inevitable.
Vale más el cuarto de paredes rasas donde gastas la vida escribiendo y las
tascas, toda la llanura desolada donde la amistad pervive por necesidad, porque
si no existiera todo flotaría en un aire sin gravedad y se disgregaría para siempre.
El verdadero Rock&Roll es una cara B de un disco del montón, con su par de
temas aceptables y una tonelada de tiempo vacío que se emplea en esperar; un
lapso a veces exasperante de excesos alcohólicos y momentos de iluminación
pagados por diez veces lo que valen. Y sin embargo es mejor que los cortinajes
y el papel dorado y toda la puta representación que, en torno a tí, sigue en
marcha mientras tú estás ya en otro sitio. O quizá sea sólo mi tardía manía por
la verdad, otra forma cualquiera de joderse la vida a la que somos propensos
pocos y ni siquiera por gusto.
Teorizo: conocemos las
mentiras esenciales casi desde niños, pero persistimos en no verlas, porque así
la vida es más fácil. Pecado de cobardía, primera y necesaria piedra del orden
social. A la larga, ayudamos a transmitir esas mentiras, con miedo de que esas
criaturas a las que nos ha dado por poner en el mundo se dañen al contacto con
lo cierto. Colaboracionistas.
Sabemos, por ejemplo
–algunos- que no nos satisfará el matrimonio ni la doméstica parsimonia de la
vida civil, pero nos es más fácil afrontar cuatro o cinco décadas de
aburrimiento que llevarle la contraria a esa mujer que un día nos hizo caso y
que soporta sin pestañear los defectos por los cuales fuimos escarnecidos en la
infancia.
Tampoco queremos, por
ejemplo –algunos- tener hijos, pero se nos da miedo levantar la voz. Todo
nuestro intestino, convertido en el cuerpo mismo, recela de la aventura y la
rebelión y nos empuja a esa calma espermática, plana y sin sabor.
Jamás nos tragamos el
mito de “nacidos para correr” ni ninguno de los otros, pero lo utilizamos
mientras nos quedaban bien el tupé y las botas, y ahora, panza en ristre,
seguimos usándolo para los chascarrillos de bar, como pálido icono de un tiempo
pasado de divertida y permitida inmadurez. Y sostenemos, razonables,
modestamente orgullosos, la teoría de nuestros abuelos, en la que nos educaron,
tras un breve lapso de disidencia nuestros padres: Hay un tiempo para todo.
La no observancia de
ese tiempo será castigada de manera tan sutil como eficaz. Y el castigo es probablemente
esta progresiva falta de interés de los otros, esta propia y creciente soledad,
esta ausencia de interlocutor, esta sospecha lenta pero segura de una locura
parcial; el ostracismo, en fin, en medio de ciudades atestadas.
Me preguntan en una
entrevista que qué es lo mejor y lo peor de estar en una banda de Rock, y esto
es lo mejor y lo peor: que el mito no existe y que el librepensamiento lleva,
en primera instancia, al menos, a una bendita y maldita, paradógica soledad de
dos cabezas.
¿Cómo actuar en
consecuencia, sin embargo? ¿Cómo recorrer ese subsuelo en lugar de tratar de
recomponer el estúpido decorado que, nos habían dicho, era la vida?
He pensado largamente,
pero sólo se me ha ocurrido apagar la televisión. Quizá sea útil. Si es arte no
está en televisión, exceptuando la dinamita ya mojada por el paso de demasiadas
décadas de fallo educativo. Después no estaría mal quemar todos mis discos de
Bruce Springsteen. Quizá dejar de comprar periódicos, excepto como ejercicio de
sarcasmo provincial. Pero no serían más que principios tímidos, tan obtusos
como la trampa misma que se trata de evitar.
¿Sirve de algo hacer
música (o, para el caso, escribir, pintar, pensar, gritar)?
Sirve, supongo, para atarnos a una realidad
personal cuyos límites cada día se desdibujan más al contacto con los zombis.
Para saber que estamos y que somos, y, aproximativamente, dónde estamos y qué
somos.
¿Nos volveremos locos,
papá?
Probablemente sí, hijo mío. De
puro cuerdos, estamos condenados.
¿Y cómo mantendremos la
alegría? Regreso. Retorno. Hemos demolido el cartón y hemos conservado sólo la
piedra, la trastienda, lo que pisamos cada día, la gloriosa falta de luz y de
dinero, las escasas conversaciones sagaces e iluminadoras, la simple
naturalidad de los hombres que hacen música, la literatura libre raramente
escuchada, las cosas hechas por la necesidad misma de ser, sin más.
Regreso. Lo sabíamos
todo cuando empezamos a caminar. Los últimos veinte años han sido sólo quitar
capas de mierda y óxido para poder tocar de nuevo esas certezas.
Y me gustaría, me
gustaría tanto ser más valiente –pienso- para decir no a las pequeñas
imposiciones, que son las más jodidas. A ti que más te da. Pero qué te cuesta,
hombre. La ensangrentada llanura rasa de cafés fríos, bodas y bautizos.
¿Y cómo mantendremos la
alegría, después de haber contestado a ciertas cosas?
No lo sé.
Escribí un poema
mediocre hace tiempo que siempre me hizo gracia. Decía así (me cito de memoria):
Las mujeres preguntan a
su ginecólogo: “¿Tragar semen engorda?"
Y los hombres pagan sus
buenas monedas por las
futuras tumbas de
cemento.
Pero yo me como los
chuletones a pares
y estoy reconciliado
con la tierra:
Acógeme, como una
madre,
entre tus brazos de
hierba.
martes, octubre 09, 2012
jueves, octubre 04, 2012
MANIERISMOS (I) – Seamos escépticos
Seamos escépticos. Nos lo podemos permitir, nadie nos mira. Seamos dionisíacos e idiotas sin movernos demasiado de la silla que hemos ocupado en esta tasca desde donde se ve caer la ciudad hacia el mar de chatarra. En el lado opuesto está el mar de verdad, pero hay también un muro. Seamos felices, alarguemos para ello la estancia aquí, pidamos otra y otra más, sin demasiada prisa, aunque sin calma alguna, aparte del embotamiento, el picor, la nausea leve. Deseemos estar en Tanger o en Lisboa. Recordemos, después de un rato, que estamos en Tanger o en Lisboa. Riamos solos. Miremos a nuestra acompañante que regresa con tabaco (dos paquetes) con un cariño momentáneo y atlántico. ¿Quién sino ella tiene los cojones de aguantar a alguien como nosotros? Seamos felices, sí, lejos de la obligación, el pacto social, la servidumbre de paso, el ojo triturador de la nave nodriza, el futbol y los gimnasios. Mirémonos largamente, sin abrir la boca, en los espejos sucios de la pensión del Norte, calle del Norte, Barrio Alto. O en otros espejos, en otras pensiones, pero en todo caso después, mucho después, porque antes hay que beber, contemplar los desconchones de las casas, escuchar sin entender el partido que retransmite una radio cercana, fumar sin parar, tirar algún vaso sin que nada pase, observarse los dedos manchados de tinto, desear a esta o aquella mujer que ahora está a cientos de kilómetros, saborear la ausencia de la música, convertida en un chirrido de bicicletas y en voces de madre que llaman y en voces de niños que corren. Todo está sucio y aquí me siento libre. Tengo mil duros y aquí me siento libre. Entiendo a todo el mundo porque todos me dan lo mismo por igual. Puedo abrazarlos si hace falta, pero preferiría no hacerlo, la verdad. Seamos escépticos, lacónicos y célebres. Y brindemos con nuestros amigos porque el mundo dure y sea, al menos ocasionalmente, así. //GATO PALUG
miércoles, octubre 03, 2012
NAPALM PARA DESAYUNAR - una entrevista con CHINGO MONGOL
Bestias pardas del punk visceral y heterodoxo, los CHINGO MONGOL llevan unos meses entregados a alterar neuronas (las propias y las ajenas) a base de caña de la buena, con pelotazos incendiarios de grueso calibre como "Burrito Ortega". Con base en la vetusta pontevedra y veteranos de numerosas formaciones previas, ellos son Guli Leiva (bajo y voz), Sifón (guitarra), Santi Pistolas (voz y batería) y El Jefe (voz y guitarra). Este sábado estarán en la sala Karma (Pontevedra) y el próximo día 12 aunarán esfuerzos con GOG Y LAS HIENAS TELÉPÁTICAS en la clásica sala La Iguana de VIGO. El mismo día toca Jello Biafra, pero el gordito no tiene nada que hacer ante semejante cartel de punk cafre y agreste Rock and Roll encabritado. Pistolas respondió con la rapidez del rayo a nuestra insaciable curiosidad. //Luis Boullosa
KAPUT- Todos venís de bandas previas y por lo que sé alguno de vosotros llevaba tiempo sin tocar antes de los Chingo. ¿Comenzó Chingo Mongol como una manera de mantenerse en marcha o como un proyecto concreto y orientado? ¿En qué se ha convertido?
CHINGO- Chingo Mongol nació como un proyecto desorientadísimo, solo teníamos claro que ciertos especímenes debían compartir un habitat común pero sin ningún tipo de conocimiento previo sobre convivencia en cautividad de dichas especias. El resultado fue bastante frustrante en un primer momento, pero conseguimos extraer el denominador común que todos presentaban, las ganas de dar cera y recuperar un sonido cabrón chingón que rara vez asoma el hocico. Actualmente creo que lo estamos consiguiendo.
K- Las bandas de las que provenís son de pelaje diverso. ¿Cuál es el punto en común entre todos? ¿El Rock and Roll a secas, quizá?
CH- Procedemos de bandas de estilos muy diversos y todos tenemos un largo historial en esto del "rock and roll", algunos habían militado ya en bandas de punk hace años y todos presentábamos una gran necesidad de volver a afilar las bayonetas. Ese es el punto en común, las ganas de fabricar chatarra a nivel industrial.
K- ¿Es difícil amalgamar las influencias diversas o, al contrario, es una riqueza para una banda que empieza…?
CH- Es difícil si no se tiene claro cual debe ser el sonido banda, como ya te he comentado en un principio nos costó encontrar aquello que nos había llevado a recluirnos en un cortello con guitarras afinadas en sabe Dios, batería, bajo y demás aperos de labranza. Pero una vez encontrado el camino mongol, las diferentes procedencias e influencias fueron aportando matices inesperados al asunto.
K- Os vi en vuestro primer concierto, creo, en la sala Karma y aunque se veía que estabais en proceso de cohesión, repartíais leña de la buena. ¿Qué ha cambiado desde entonces?
CH- No ha cambiado nada en cuanto a la actitud y la agresividad, pero si después de empezar a rodar un poco los conceptos se van asentando, todos tenemos claro que queremos hacer, el como ya es un asunto más jodido, pero creo que hemos conseguido un tipo de sonido y un tipo de canciones 100% Chingo Mongol fruto de toda una compleja nomenclatura a la hora de componer, basada en puntito o no puntito, mongol o no mongol.
K- En aquel momento sonabais en un punto medio muy curioso que ni estaba exactamente en el metal ni exactamente en el punk pero podía satisfacer las exigencias de ambas parroquias… un poco lo de Motorhead en la época clásica… ¿Cómo definís lo que hacéis?
CH- Punk Mongol.
K- ¿De que van las letras? ¿Cuáles son vuestros intereses a ese respecto?
CH- Pues van de ocurrencias de borrachos, de noches solitarias en el rancho, de viejas estrellas de futbol en el ocaso de la cocaína, de mujeres malas...en realidad casi no hay letras. Creemos en los hits sin letra, confiamos en los estribillos rancheros y en las dotes políglotas de nuestros miembros al más puto estilo Cañita Brava.
K- “Burrito Ortega” es un temazo, por cierto… ¿Cuál es la importancia del humor en lo que hacé?
CH- El humor es una parte fundamental en nuestro día a día en cuanto a que nos ayuda a mantener la calma cuando a alguien se le olvida la doctrina del "puntito, o no puntito" y no liarnos a guantazos, pero Chingo Mongol no es una broma, no es un show humorístico, es violencia hecha por unos tipos graciosos.
K- ¿Habéis grabado algo o hay proyecto de hacer disco?
CH- Hemos grabado un video en directo en los estudios Muu! de Vigo para el proyecto Velvet Live! que saldrá este año y alguna maquetilla por nuestra cuenta, pero todavía no hay nada oficial. La verdad es tenemos ganas de entrar a grabar ya y sacar una chingoqueta en condiciones, pero todavía no hay proyecto de hacer un disco.
K- ¿Qué podemos esperar de un directo de los Chingo, a día de hoy?
CH- Punk mongol: agresivo, divertido y pegadizo.
K- ¿Cómo veis la escena musical en Pontevedra ahora mismo? ¿Y en Galicia? Yo he vuelto a la ciudad hace poco después de muchos años fuera y aunque algunas lacras perviven, sí hay cierto movimiento que hace 15 años, digamos, no estaba (o yo no veía)
CH- Pues la verdad es que hay mil movidas, cosas buenas, cosas malas, cosas sodomitas en el sentido más hiriente de la palabra, no lo se, es una pregunta de síntesis realmente complicada de ejecutar para un cerebro mongol.
K- ¿Cuál es en vuestra opinión, la función social de una banda de rock, si es que la tiene? ¿Se valora realmente el trabajo de los músicos de rock?
CH- El rock siempre ha sido un buen analgésico, siempre ha tenido esa cualidad de vía de escape, por lo menos para nosotros, no tenemos la intención de hacer nada trascendental, pero si dejar claro que hay ciertas cosas que existen, existieron y existirán en mayor o menor medida, pese a quién le pese.
K- Bandas que están en vuestro panteón de imprescindibles y que sean una influencia en vuestro sonido…
CH- Como ya hemos comentado las influencias son muy diversas, ciertas características de nuestro sonido vienen de lugares extraños de nuestras discotecas de los que ni siquiera somos conscientes, pero como va de punk el rollo te diría: Espasmódicos, La Banda Trapera, Vómito, Parálisis Permanente, Panadería Bollería Nuestra Señora del Carmen, Ratos de Porao, S.O.D, Nuclear Assault, Deicide...Tralla de la que engorila!!
K- Bandas de Pontevedra que no nos deberíamos perder y porqué…
LOBISHOME, surf punk loco y fresco.
UNICORNIBOT, locurón.
CHINGOMONGOL, cera.
FLIP CORALE Y LOS MACABROS, el mejor Motorfolk
PEDRITO DIABLO Y LOS CADÁVERAS, clase intrumental.
GOG Y LAS HIENAS TELEPÁTICAS, para ponerte las pilas.
K- ¿Qué salas de la provincia recomendaríais para tocar?
CH- La Sala Karma (Pontevedra), La Iguana (Vigo) y Salasón (Cangas do Morrazo)
K- Dime cinco canciones para una mañana de resaca y cinco para una noche de juerga que recomienden los Chingo Mongol.
CH- Los Chingo nunca nos levantamos de buen humor por lo que nos ponemos temas que nos devuelvan a un estado más pacífico, “Speak english or die” de S.O.D, “La regla” de La banda trapera del rio, “R´n´R” de Mötorhead, “Eres una puta” de Ilegales o “20 eyes” de Misfits me parecen de lo más adecuado para bajarte el ibuprofeno. Para una noche de juerga es más complicado, creo que el abanico se abre Y depende del pedo, pero seguro que algo que nos haga disfrutar toda la mierda que nos estemos hincando.
K- ¿Qué hay después de la muerte?
CH- Me gustaría que un buen guateque, pero como no es seguro... ¡mejor pegárselo en vida!
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