Mostrando entradas con la etiqueta Madrid. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Madrid. Mostrar todas las entradas

lunes, febrero 12, 2018

RUIDO, MONIGOTES Y CÓMO PODRÍAMOS VIVIR - una entrevista con RIZOMA



Reseñados recientemente AQUÍ por nuestros intrépidos reporteros, RIZOMA llevan tiempo facturando música fibrosa y expansiva desde los subterráneos madrileños, publicando buenos discos y ganándose a pulso el prestigio como banda de directo. Edu (guitarra, voces), la mente detrás de los dibujillos, atiende pacientemente nuestra batería de preguntas.



-¿Si tuvierais la pasta para hacerlo y el tiempo necesario, grabaríais discos más ensayados y más calculados o la inmediatez es un valor en sí mismo, incluyendo los fallos, etc…?

La inmediatez, los fallos y la inseguridad son un valor en sí mismos y nos apasionan e inspiran muchísimas bandas que han hecho de esos valores su bandera. Nos gusta que sea espontáneo, y desde luego no concebimos otra manera de grabar que no sea en directo. Por otra parte, y como mencionas en la reseña, sí veo necesario que llevemos la propuesta varios pasos más lejos, pero eso creo que tiene que ver más con las canciones: cuidar más la voz y las letras y preocuparnos y jugar más con el sonido (¡aunque sea para hacerlo más ruidoso aún!); sentirnos mucho más cómodos con el sonido de los discos sin necesariamente invertir mucho más en dinero.

También he de decir que desde que empezó Rizoma todo se ha hecho muy al límite, caminando en la cuerda floja y salvando el asunto por los pelos.  El mejor ejemplo es cómo preparamos este disco. En febrero de 2015 me quedé sin bajista y batería, reformamos la banda con otra formación, al mes estábamos tocando en directo con casi todo temas nuevos, y en poco más de medio año tocamos un montón en directo y grabamos este disco el último fin de semana que Nacho (nuestro batería entonces) pasaba en Madrid antes de marcharse a EEUU, apurando cada ensayo y cada concierto para llevar los temas lo mejor posible. Y tengo que reconocer que disfruto esa tensión.

En los conciertos de ahora los temas de este disco suenan muchísimo mejor y más rodados que en la grabación.

-Teniendo en cuenta que los referentes (musicales) que escucho en vuestro disco son de hace unos veinte años, y algunos de mucho más atrás, ¿en qué es Rizoma una banda actual, musicalmente? ¿Qué aportáis de nuevo a la tradición de la que venís?

Bueno, creo que tampoco hay muchas bandas ahora mismo reivindicando esos referentes musicales, o reivindicándolos de la manera en la que lo hacemos nosotros. Y desde luego, no en la península. Muchas de las bandas actuales que podrían estar en esa tradición, como los Fuzz de Ty Segall (con los que nos han comparado alguna vez), son bastante más moderados en su propuesta que nosotros. Nosotros queremos tocar esa tradición pero de una manera más pasada de rosca, más salvaje y con bastantes influencias más, y hacer de eso nuestro sonido, aunque algunos de los referentes puedan ser evidentes. Supongo que eso es lo que aportamos. No creo que haya que inventar nada, sino sonar frescos, que ya es bastante. Además, creo que manejamos muchos referentes diferentes y que no nos limitamos a ser un grupo revival o tributo del primer grunge.

Por otra parte, en estos tiempos en los que se llama garage rock y se dice que son salvajes a esos grupos de gente delgada con camisas de flores y gorras que patrocinan los de Jaggermeister y cuya música no me transmite nada (o nada bueno), creo que propuestas como la nuestra son…  ¿¿necesarias?? Nos posicionamos absolutamente en contra de la música moderada.

PD: Mas bien treinta años que veinte, ¿no?

-Sé que habéis tenido varios baterías, y de hecho las baterías son de lejos lo más flojo del disco. Es un problema clásico en los grupos, porque hay pocos, muchos menos aún que entiendan el concepto que se usa y muchos de estos ocupados en varias bandas al tiempo. Decía, creo, Joe Strummer, que una banda sólo puede ser tan grande como lo sea su batería. ¿Cuál es el estado actual de ese problema?

Cuando se fue Álex (batería original) en enero de 2015 entró Nacho, que es el chaval que grabó el disco. Nos dijo desde que le conocimos que sólo iba a estar en España unos meses y luego se iba a currar fuera, y pensamos que estaría bien tener el grupo activo con él el tiempo que se pudiera y mientras tanto estar con el radar alerta por si aparecía otro batería. Pero el plan nos salió regular porque aunque mientras estuvo Nacho fue todo muy guay, no apareció nadie y desde que se fue Nacho hasta que empezó a tocar Javi (el actual batería)estuvimos más de un año con el grupo parado. Ahora el problema está solucionado, y creemos que muy bien solucionado. Javi es colega desde hace muchos años. Toqué con él en una banda de sludge metal/crust punk llamada Dispain, en la que yo era bajista, desde 2010 a 2014.

Hay pocos baterías, y el rollo que hacemos no es algo muy popular. En cuanto metes un mínimo de “complicación” (muchos cambios, riffs algo raros, saber tocar rápido y lento, tocar con intensidad...) ya hay mucha gente que no puede tocar bien lo que hacemos. Y joder, nos venía gente a probar que no había escuchado el grupo y que decía que quería tocar post rock…. También, a la gente le cuesta muchísimo entender el compromiso que requiere un grupo, incluso un grupo tan pringado como el nuestro. Y luego hay muchos que tienen hijos y hacen grupos con otra gente que tiene hijos y de ahí no suele salir nada bueno.

No estoy para nada de acuerdo con la frase de Strummer... hay mogollón de grupos con baterías super minimalistas que son grandiosos y grandes influencias (los Gories, Spacemen 3, Flipper, Beat Happening, Pussy Galore...). Aunque para lo que hacemos y queremos hacer Rizoma sí necesitamos a alguien que toque mínimamente bien, no nos vale el rollo minimalista.

-¿Te consideras exigente y detallista a la hora de cerrar tu concepto de la música que quieres hacer? ¿Qué parte tienen en la composición y el desarrollo de los temas el resto de componentes de la banda?

Sí, el concepto del grupo está muy claro y me considero exigente y detallista en eso. No sólo en lo musical, también en las portadas y en los carteles de los conciertos (de los que organizamos nosotros, claro). Pero lo de que el concepto esté claro no quiere decir que todas las canciones tengan que sonar de una determinada manera, para nada. Ni que no vayamos a evolucionar o a arriesgar, porque eso sería un rollo. En cuanto a la segunda pregunta, yo llevo los riffs y una idea primeriza de cómo puede ser el rollo del tema o la estructura, pero el organizar y estructurar los temas, seleccionar qué mola y qué se elimina, qué partes se cambian... lo hacemos entre todos. Y desde que entró Javi damos más importancia a dar vueltas a los temas en el local, improvisar, probar cosas... lo cual está muy bien.  De los títulos y las “”letras”” sí me encargo yo solo.

-Las letras tienen ramalazos de ironía muy buenos, aún me estoy riendo con lo del “Squat”, y en todo el rollo ultrarreferencial creo detectar una cierta autocrítica a nivel de escena (quizá me equivoco). ¿Es útil la ironía? ¿Necesaria? ¿Para qué sirve?

La letra de “The Local Squat...” está inspirada en un cómic japonés que se llama Aula a la deriva, de Kazuo Umezu. Trata sobre un colegio que viaja en el tiempo a un futuro inhóspito y los niños tienen que aprender a organizarse y hacer frente a las tensiones entre ellos y a monstruos de todo tipo. Es una lectura muy recomendable. Y se me ocurrió copiar totalmente la historia pero que en vez de un colegio fuera una okupa. Se me pasó por la cabeza la chorrada y me hizo gracia, sin más, no fue para nada en plan “hagamos una canción sobre las contradicciones y las cosas que creemos mejorables de los centros sociales okupados de Madrid”, ni para creernos más listos que los punks (aunque sé que se podría interpretar así, en el hipotético caso de que alguien más a parte de ti se parase a leer el libreto).  A nivel de “escena” hay muchísima gente a la que criticar antes que a los punks de okupa.

No sé si la ironía es útil o necesaria, pero me parece que muchos grupos que van de muy serios y de supermilitantes no dicen más que obviedades que no aportan nada y muchas veces con una música aburridísima y de lo más conservadora. Pero con la ironía también hay que tener mucho cuidado, porque te puedes pasar de irónico y acabar haciendo mierdas gigantescas como Tendido Cero.
No te equivocas en absoluto con lo de la autocrítica. A Rizoma no te los puedes tomar en serio, pero tampoco en broma, como creo que dijeron nuestros amigos Pylar.

De todas formas, creo que le das más importancia a las letras de la que le damos nosotros, que es lo último que hacemos, y en este disco incluso después de haber grabado las voces (!!). Es algo secundario (o terciario) para nosotros, y creo que el 98 por ciento de lo que tenemos que expresar lo expresamos con la música y los dibujos. 

-Hablo en la reseña de la “nostalgia de una revolución”, es decir, de la sensación de que se desea una revolución y que esta se plantea según los términos de (supuestas) revoluciones que acaecieron hacia finales de los sesenta y principios de los setenta. ¿Hasta qué punto te consideras un revolucionario y hasta qué punto te gusta y te disgusta el mundo real en el que habitas? ¿Es posible esa revolución o todo esto no deja de ser una manifestación de evoluciones personales?

Tío, soy incapaz de responder a esta pregunta sin parecer (aún mas) retrasado mental. Pues sí, me disgustan muchas cosas del mundo real, claro, y a los que les guste es o porque el Tinglado ha hecho su tarea estupendamente o porque son unos hijos de puta. Entre las cosas que me disgustan, pues que vamos directos al colapso inminente con la historia del cambio climático y que ahí, por si alguien tenía alguna duda aún, se ve la naturaleza del capitalismo en todo su esplendor, que hipoteca las vidas de gran parte de los seres vivos del mundo con tal de que siga funcionando su máquina de acumular sin parar. Sí, la ideología de trabajar absurdamente y producir sin parar sin tener en cuenta para qué o a costa de qué, y que la gran mayoría de la población acepte con gusto esta lógica, y que vean como algo inútil todo lo que no encaje ahí. Que no se cuestione la idea del trabajo y del desarrollo desmedido, tampoco desde la izquierda.

Bueno, no sé si será posible una revolución como tal... yo lo veo bastante jodido, lamentablemente. Como he dicho antes el sistema hace su tarea muy bien y que cada vez más la gente es incapaz de darse cuenta de cómo funciona el mundo y de ser críticos y de organizarse. Creo que no puedo extenderme mucho más sobre un tema tan complejo en una entrevista.

-Me da la impresión de que has leído unos cuantos libros de La Felguera y que su visión sobre los procesos contraculturales te ha afectado en cierta manera. ¿Me equivoco? ¿Qué has encontrado de nutritivo y qué de contradictorio en esas fuentes?

Sí, me gustan mucho, sobre todo sus ediciones que tratan sobre procesos contraculturales, como los libros sobre la Angry Brigade, King Mob, los Motherfuckers o el de La Facción Caníbal, y me llevo muy bien con ellos. Además me gustan mucho los actos de presentación que hacen de sus libros. De nutritivo...pues no sé,  que molan, y que me parece interesantísimo conocer esos fenómenos y algunas de sus ideas son muy inspiradoras (la crítica del arte, del trabajo...). La contradicción más grande es que cuando empecé a trabajar pude comprarme más libros sobre abolir el trabajo, que antes sólo podía sacar de la biblioteca de mi barrio. Y que pueden dar una imagen de la contracultura y la revolución como lo que criticaban, como espectáculo, como una estética y como algo elitista y para enteradillos estudiantes de alguna carrera de arte completamente alejados de los conflictos reales actuales.



-El disco está parcialmente basado, o al menos toma alguna inspiración, entiendo, de la serie de animación del mismo nombre, que por desgracia aún no he visto. ¿Podrías hablarnos un poco de eso, cómo te inspiró, de qué va, etc…?

Hmmm no, no está basado en la serie, pero sí hay alguna referencia en alguna letra y en alguna de las láminas del fanzine que acompaña al disco. Bueno, había que buscar título y la serie me encantaba, se la enseñé a Mareike y le gustó mucho también, y no le dimos más vueltas... nos parecía que sonaba bien como título. Una cosa menos por hacer.

Es una miniserie de 10 capítulos de 10 minutos cada uno, así que te la ves en un ratillo. Va de dos hermanos que se pierden en el bosque, y el mayor lleva un gorro de cucurucho en la cabeza y el pequeño una tetera. Es muy tierna, los personajes son monísimos pero a la vez tiene un argumento muy oscuro y un aura de misterio, me recuerda bastante a las películas de estudio Ghibli. Me gusta que sea una cosa diferente a las series de dibujos de humor en plan Hora de Aventuras o Gumball (de las que también soy muy fan, claro). Y tiene ese aura de magia y bosques que tantísimo me flipa.

-Hablas del libro de William Morris “cómo vivimos y cómo podríamos vivir”, del que recoges una cita en portada: “Además del deseo de producir cosas hermosas, la pasión rectora de mi vida ha sido y sigue siendo el odio hacia la civilización moderna”. La discusión sobre esa frase daría (y ya ha dado) para varios libros más. ¿Suscribes al cien por cien esa idea o está ahí para abrir un debate? ¿Es hora de redescubrir la comuna neoarcaica que décadas o siglos siendo reivindicada desde las vanguardias y las retaguardias?

Esa y las otras dos frases que dicen los personajes en la portada están ahí para abrir un debate sobre temas que me inquietan mucho, y me pareció que quedaban impactantes en la portada,  pero desde luego no soy yo quién para dar lecciones sobre la tecnología, el turismo o el mundo rural, y menos en la portada de un disco. Me pareció que molaba ponerlo así y ya.

Pues no sé si la solución es la comuna neoarcaica como tal, no lo creo. Pero sí pienso que es necesario cambiar radicalmente nuestra forma de vida, abandonar la idea del crecimiento económico y apostar por una vida mucho más sencilla o nos iremos todos a la mierda en unos pocos años. Y creo que esto es incompatible con el sistema capitalista y que las posturas ecologistas no tienen ningún sentido si no van acompañadas de un rechazo total del capitalismo. Si quieres que te detalle cómo es el modelo futuro al que debemos dirigirnos y cómo será el proceso para llegar a ese modelo, pues no lo sé, tío... yo solo sé hablar de grupos de rock y de capítulos de los Simpson. No he leído lo suficiente tampoco.

Sí que quiero dejar claro que esta crítica está alejada de las ideas primitivistas de “vuelta al paleolítico” e individualistas que hay por ahí que están totalmente alejadas de la realidad y sin ningún tipo de conciencia social y que, aunque no sé mucho sobre esos movimientos, me parecen una mierda y pura estética.

-Por otro lado, yo me crié en el campo, y he vuelto a él unos años, y sé perfectamente –como tú sabrás también- que el ciudadano medio urbanita, por bienintencionado y concienciado que esté, no aguantaría ni tres meses en ese supuestamente idílico entorno revolucionario autosuficiente apartado de la sociedad con el que a menudo se le llena la boca. ¿No crees que se necesitan debates más con los pies en la tierra, más pragmáticos (aunque partan de ideas radicales)?

Claro, hay una falta enorme de contacto y conocimiento del medio rural por parte de la gran mayoría de la población. Incluído yo, claro, que no he pasado en el pueblo más que los tres meses de verano. Pero como he dicho en la pregunta anterior, no sé si la cosa va de la utopía rural autosuficiente , no lo creo, pero sí pienso que es necesaria una crítica radical al desarrollo desmedido porque si no nos vamos a la mierda en unos pocos años, y creo que la solución pasará en gran parte por la descentralización y la recuperación del contacto con el medio rural.  No creo que la crítica al crecimiento sea un debate que no tiene los pies en la tierra. Más bien, lo que es no tener los pies en la tierra es querer cambiar las cosas o proponer ideas “radicales” sin tener esto como una de las cuestiones fundamentales y directamente relacionada con todas las demás. O también puedes hacer caso a los compañeros de curro y a los familiares y votar a Ciudadanos que son el cambio sensato y son muy realistas. O preocuparte un poquito por el cambio climático y la destrucción del territorio y celebrar cumbres y tomar medidas que no son más que parchecitos pero son “realistas”, enmarcado en un modelo de capitalismo verde que es una mierda gigante.

-¿Sientes alguna afinidad con proyectos autogestionados como el que montaron algunos miembros de Crass? ¿Ha influido en todo esto tu carrera de ingeniero de montes?

Jaja no tío, mis estudios no han influido en absoluto en mi interés por la autosuficiencia. De hecho, por lo general la carrera y la profesión están bastante alejadas de posiciones políticas críticas.
Pero sí, claro que siento afinidad, me parece muy interesante lo que hicieron. Pero no, no está en los planes de Rizoma hacer una sucursal de la comuna de Crass en la sierra de Madrid o en Segovia. Y a Javi le gusta muy poco el campo.

-¿Cómo respira Madrid ahora mismo, musicalmente. Unos años fuera me han hecho perderle el pulso? ¿Qué hay de nuevo y de interesante en tu entorno? ¿Cambios significativos en el subsuelo?

Bueno, te voy a hablar de lo interesante, aunque no todo sea nuevo. Mi favorito es Atomizador, es un genio... canciones preciosísimas, muy cortas y marcianas con guitarra acústica, ukelele y voz con delay a tope. Y su banda Extinción de los Insectos (antes Campamento Ñec Ñec y antes aún Ensaladilla Rusa) es mi banda favorita del mundo de esta década... es algo así como grindcore psicodélico lleno de color, hardcore del siglo XXVII... como Brian Wilson al frente de Naked City. 

Hasta hace unos meses estaban Rollercoaster Kills, que hacían un rollo Hüsker Dü, Rites Of Spring... y tenían algunas canciones muy buenas. Ahora lo han dejado, pero el batería y el guitarra han hecho una nueva banda llamada Kugo, debutaron hace unos meses y me gustaron muchísimo... aunque es difícil juzgar por un sólo concierto, creo que me gustaron incluso más que Rollercoaster Kills.

Doble Capa es un dúo de batería y guitarra-caja de cigarros que tocan superdenso y pesado y muy alto, un rollo entre blues del delta y Melvins.

Oikos, el proyecto de mi amigo Rafael Femiano, a veces solo y a veces acompañado , que es drone/ambient con guitarras limpias de paisajes infinitos, muy rollo Earth. Su último disco “The Great Upheaval” es tremendo.

Wild Animals, que es en plan Superchunk pero con guitarreos a lo Dinosaur Jr. son un tanto moñas y adolescentes pero me flipan porque tienen temazos maravillosos, y al resto de Rizoma no les gustan nada.

Aunque llevan muchos años ya, me siguen gustando mucho y siguen siendo gran inspiración Desguace Beni y su punk instrumental tan personal. Su alter ego, Hermanos Peláez, también mola un huevo. Son los mismos pero tocando dos sintetizadores a un volumen muy alto.

Melange, aunque no es muy subsuelo, supongo que están ya a otro nivel. Rock progresivo y psicodelia con mucha clase, todo muy pro... lo que no me gusta de ellos es que casi nunca tocan en sitios que no sean festivales... demasiado pro. Pero la música, que es lo que importa, me gusta mucho, aunque me gustaban mucho más y eran más originales RIP KC, el grupo anterior del batería y uno de los guitarristas.

Casa Dragón es un grupo nuevo formado por gente de Fabuloso Combo Espectro, suenan mucho a Cosmic Psychos y Mudhoney y se lo hacen muy bien.

Raw Paw es un grupo de Toledo afincado en Madrid que hacen punk y molan un huevo.
Nuestro actual batería tiene muchos grupos y que molan mucho, Misty Grey, que es doom metal tradicional en plan Black Sabbath y Pentagram, y es imposible tocar ese estilo con más clase que ellos; Simón del Desierto que es doom algo más sludge, y Nagant, que es grindcore muy punk con temática sobre la Guerra Civil.

Y, si se me permite la promoción, yo tengo otra banda que se llama Emboscada, bastante inclasificable... rock ruidoso mágico y marciano, dos guitarras y batería. Creo que por lo menos personalidad tenemos.

A parte de eso, hay mogollón de grupos en la ciudad que son una mierda enorme, que hacen música aburridísima y que no aporta nada.

-¿Consideras que de algún modo este disco es un disco conceptual? ¿No son todos los discos discos conceptuales, de algún modo?

Hmmm no, en todo caso sería el grupo lo que es conceptual. Porque la imaginería de los dibujos, los títulos y las letras ya estaba presente desde el primer ep (y desde el cartel del primer concierto). No creo que todos los discos ni los grupos sean conceptuales...

-Dime cinco bandas que hayan sido esenciales para ti en tu crecimiento musical/personal y explícame por qué ha sido así.

Los primeros Pink Floyd (The Piper At The Gates Of Dawn y los singles de esa época). Es mi disco favorito del mundo. Conecto a tope con ese aire tan infantil y de cuento de hadas y bosques y gnomos, tan inglés... Y junto con Hawkwind fue mi puerta de entrada a la psicodelia.  Es una pasada, esa mezcla de canciones pop tan bonitas y locuras instrumentales de exploración cósmica mental, no me cansaré nunca de escucharlo.

Soul Bisontes. Es el grupo que ha habido en la península que más me gusta. Era un grupo de la periferia madrileña de los años 90, liderados por un tipo de nombre Pablo Cobollo, que tocaban un rock psicodélico sesentero, con órgano farfisa (¡cómo me gusta ese instrumento!), y cantado en castellano. Y ahí es donde estaba (gran parte de) la gracia. Las letras eran poesía surrealista de extrarradio, absolutamente geniales... me obsesionan. Actualmente, Pablo Cobollo sigue haciendo discos y tocando en solitario y editando libros de poemas, todo maravilloso.

Nirvana. Podría haber puesto Mudhoney, los Melvins o Sonic Youth, que me gustan más, escucho mucho más a menudo y son referentes clarísimos para Rizoma, pero voy a poner a Kurt y compañía porque para mí fue una revelación enorme de adolescente pasar de escuchar sobre todo metal a escuchar Nirvana y a partir de ahí descubrir los que he dicho antes, y Screaming Trees, Hüsker Dü, Black Flag, Dinosaur jr, Green River, My Bloody Valentine...

Reznik. Aunque en cuanto a discos de esa escena stoner/doom/sludge peninsular de la década pasada me quedaría con los discos de Rip Kc, Moho, Orthodox o Viaje a 800, ver a Reznik en directo me impactó mucho, el concepto del grupo de hacer algo tan minimalista y tan marciano y tan pesado fue una gran influencia para mí.

Extinción de los Insectos y Atomizador. Ya he hablado de ellos dos preguntas más arriba. Es la música que más me inspira actualmente, aunque no sea evidente en mis grupos. Su actitud, el hacer una propuesta tan radical y tan clara y originalísima, a la contra de todo, la estética de las portadas y de los fanzines que hace Jose tan flipante y personal...

Y podría seguir la lista con los Stooges, Black Sabbath, Comets On Fire, todos los grupos de los que hablo en el apartado de Nirvana, Slowdive, Bardo Pond, High Rise, Loop, Earth, Sleep, Ride, 13th Floor Elevators, MC5, The Velvet Underground, Six Organs Of Admittance, Om, Swans, Hawkwind...

-Hagamos lo mismo con cinco elementos no musicales...

Ahh, los Simpson en primer lugar sin duda, porque han estado presentes en mi vida desde que era un niño pequeño, han influído en mi educación tanto como mis padres y aprendí mogollón de cosas sobre la cultura del siglo XX, desde luego muchas más que en el colegio y el instituto y más útiles, como por ejemplo saber que existe un grupo que se llama The Who.

Los dibujos de mi gran amiga Elena Serrato, porque esos bichos mezcla de mitología japonesa y rituales ancestrales de muchas partes del mundo son una pasada, y me enseñó muchísimas referencias y me animó a ponerme a dibujar yo también mis monigotes de retrasado mental.

Los cómics de Calvin y Hobbes, porque es sabiduría, frases lapidarias y ternura por todas partes.

La serie Mas Allá del Jardín (que así se llama en castellano Over The Garden Wall), que ya he hablado bastante sobre ella ahí arriba.

La película de The Wicker Man, porque me flipa esa imaginería de paganismo. Y la banda sonora es una pasada.

-¿Para que sirve una banda de rock&roll?

Ahhh...para gastar mogollón de tiempo que podría estar invirtiendo en buscar curro, estudiar oposiciones  que no iba a aprobar en la vida, hacer un master, haberme ido de erasmus en vez de haberme quedado preparando el disco que luego fue “Amasijos...”, aprender programación o alemán, o chino (que es el futuro), viajar a lugares exóticos y tener una mochila en la que pusiera las banderitas de los países que he ido coleccionando...

-¿Qué hay después de la muerte?

Nada. Y si resulta que sí que hay algo, seguro que vamos a un sitio donde no ocurre nunca nada.



Entrevista por F.G.L.

martes, julio 04, 2017

NEVER ENDING ROLLING THUNDER MINDFUCK SERIES (3)

(Disclaimer: Serie de reseñas diarias de viejos discos escogidos aleatoriamente de la colección del autor. Escritas como ejercicio mañanero de reconexión neuronal, lo constatado en ellas es con toda seguridad una deformación de la realidad, si tal cosa existe. Reclamaciones al maestro armero).



Reznik – “El Mal” (Alone Records, 2009)

A mí me gustaban Reznik, así que me dio pena  que su disco “El Mal” se (me) quedara tan cortito, tan soso, tan de una escucha y al cajón. Para cuando lo grabaron, en los estudios Brazil, llevaban casi cuatro años rodando y habían pasado por varios cambios de formación hasta terminar siendo un duo instrumental de guitarra (Diana) y batería (Lolo). En ese lapso habían tocado intensivamente, al menos en Madrid. De hecho estaban por todas partes si vivías cerca de ese underground capitalino de garitos pequeños, siempre tan efervescente, tan interesante y tan cutremente snob.

Estaban hasta en la sopa, sí, pero caían bien y no saturaban. En el escenario quedaba claro que no eran muy técnicos pero sí muy eficaces en lo suyo, en su idea: sabían usar una sobriedad gélida, encarnada principalmente en Diana, que siempre tuvo algo magnético. Eran un ejemplo del famoso menos es más que, sin tirar de espaldas, acababa por funcionar: su minimalismo naturista tenía un halo extraño, y esa cosa congelada de lo post Joy Division que siempre concede cierta atemporalidad muy útil para sobrevivir intacto al paso de los años.

Así las cosas, reconozco que esperaba que el disco fuese un paso hacia algo más allá y que me dejó perfectamente frío en el mal sentido. No creo, en realidad, que pase de ser otra maqueta, más larga y mejor empaquetada, si se quiere. El resultado es simple y monocromo, y hasta ahí todo bien, porque se entiende que esa era la idea, pero fracasa al intentar conjurar esa tensión que sí encontraban a menudo en el escenario. No me pregunten por qué fracasa, exactamente. Igual es que la imagen sí cuenta y, a solas música y oyente, algo se fractura y renguea. O puede ser que la primera vez en estudio les quedase grande, como nos ha pasado a casi todos. El resultado final ni siquiera es el aburrimiento, sino una especie de deslizamiento de la música a un segundo plano donde el mismo juicio se disuelve. Está, pero no está. Está, pero no importa. Es uno de esos discos que parecen irse por la rendija de la puerta a la habitación de al lado, por no molestar: tenía que haber sido un ejercicio de hipnotismo amateur y acabo saliendo niño tímido.

Eso sí, tienen uno de los mejores títulos madrileños de la historia: “El Goloso en llamas”. Fuera de ese hallazgo, muy poco que rascar. Si les hubiese salido bien; si hubiesen grabado el disco que yo creo que sí podrían haber llegado a hacer, podríamos hablar ahora –de nuevo- de Joy Division; y de un toque infantil/dadá en los cambios de ritmo  y las melodías de guitarra que parecería heredado de Wire; y de la influencia del black metal y del crust y el punk que lo parieron, evidente en las baterías; y de cómo estas se integraban de modo fluido en un discurso muy distinto. Incluso podríamos preguntarnos de dónde procedía toda aquella oscuridad juguetona, aquella pose de pantano gélido: si de las nieblas guturales del norte, de Tim Burton, del gótico inglés o directamente de la puta Madrid, que bastante oscura es cuando quiere. Pero ante un disco tan plano sería pura retórica vacía.

Quizá Reznik nos deban ese disco, el bueno. El que merecían y merecíamos.Mientras, en la página de Alone, donde los comparan con los Melvins, aún se puede adquirir "El Mal". Por un pavo y medio tampoco es tan mala compra.

Recuerdo que los entrevisté en el Rock Palace para el segundo número en papel de Kaput (mayo/junio de 2006; quienes tengáis semejante reliquia podéis consultarla). Por entonces aún estaba en la banda Laura, encargada del bajo. Fue una entrevista breve, algo perpleja por su parte, en la que tuve la impresión permanente de que ambas, Diana y Laura, se preguntaban a santo de qué quería aquel barbas entrevistarlas. Extraigo una respuesta a modo de botón generacional: “Las canciones siguen teniendo una especie de letras que incluimos en los libretos, como pequeñas explicaciones de los temas. Van sobre marcianos, sobre corazones negros, bodas que acaban con muertes… marcianadas. Y sí, intentamos transmitir una serie de ideas narrativas con la música. Pensamos: ‘Esta parte es cuando la novia se muere…’. Pero sobre todo marcianitos y oscuridades”.

Después citaban una serie de bandas de la época que les gustaban: Moho, Rip Kc, Peluze, The Joe K-Plan, Quid Rides, Psicotropia… Tirando de ese hilo se podría hacer un pequeño fresco de la música madrileña oculta con pretensiones, pewro cada cual tendría que añadir a sus propias ovejas descarriadas. En ese mundillo Reznik fueron bien tratados. Otras bandas de igual valía, sin embargo, no lo fueron tanto, y se me ocurre, sin ir muy lejos, La Familia Atávica, donde Lolo hizo baterías también, durante un tiempo. Ni mejores ni peores, igualmente mezclados con la pandi, igualmente novatos, descuadrados y raritos, aunque en línea muy distinta, a la familia no le hizo casi ni el tato. Podrían ponerse otros muchos ejemplos de “éxito” y de “fracaso” subterráneo que demostrarían que en ese ámbito, como en todos, no siempre es el bueno el que gana. ¿Qué elementos concedían por aquel entonces el beneplácito de la afición en un mundillo tan pequeñito y tan hiperconsciente como aquel? Aún a día de hoy me cuesta definirlo, y quizá sea carne de otro artículo. 

Diana sigue en activo, si no me equivoco con Desguaces Beni y con Hermanos Peláez. A Laura y a Lolo les perdí la pista hace mucho, en aquel mismo Madrid, futil y milagroso que ya se me va difuminando en la memoria.

martes, enero 17, 2012

POWER MOTOWN (Segoviano) EN DIRECTO!!!

Photobucket

Descendientes por igual del único y mejor glam de posguerra (Nacho de Las Cerdas al bajo) y del Pub Rock encabritado y oscuro (los dos guitarras de los inefables Molestones atronando de lo lindo), sobrinos de Patty Smith por lo que toca a las voces (la sinpar debutante Carolina Viñé) e hijos bastardos espirituales del negro con ritmazo que (casi) todos llevamos dentro, los Dickinsons se presentan en sociedad el cuatro de febrero. “¿Os imagináis los singles de The Exciters, The Crystals y The Ronettes machacados a golpe de corcheas por los Ramones?”, preguntan. Necesario comprobarlo in situ en el tugurio indicado arriba.

Y una de los Molestones, a quienes todos echamos de menos...

viernes, octubre 28, 2011

ARREMANGAOS, SEÑORAS, VAMOS A CRUZAR EL INFIERNO (Una entrevista con LOS CUANTOS)

Photobucket

(Una mini-versión de este documento histórico ha sido publicada en el Ruta 66 de noviembre, ya a la venta. Autor, el siempre incierto LUIS BOULLOSA, príncife honorífico de Dinamarca La foto con perro incluido es de Chema García. Los cuantos presentan SU DISCO el tres de noviembre en la sala EL SOL, en una cita esencial que coincide con el también imprescindible bolo de los KILL DEVIL HILLS en La Boite. Intentaremos estar en los dos lugares a la vez)


Me contestaba Javier Colis cuando le preguntaba por las influencias no musicales del grupo que le parecía que estaban entre El Bosco y Buster Keaton. Ajustado, sin duda, para un colectivo que, es cierto, tiene la capacidad de arrastrarte a las profundidades del ser con una amistosa carcajada eléctrica. Sin perder el disfrute vital. Dudo que quien haya asistido a su presencia sobre las tablas en una buena noche los olvide jamás: poliédricos pero directos, cortantes como una navaja, encaramados sobre la rítmica incontestable de su batería, explosivos en la expresionista mezcla de guitarras y coronados por un frontman con ideas propias, Los Cuantos se ganan a sangre y fuego el poco usual privilegio de no ser comparados con nadie pese a que en su ADN borbotée más de un nombre de los que todos conocen. Son el ejemplo no de una generación, sino de lo que la amalgama de varias –ya (mal)formadas en el rock más visceral- es capaz de hacer, ahora que las barreras de la edad han sido barridas, esperemos que definitivamente. Así, los madrileños tensan sin miedo los cartílagos de la tradición y la rocían de ruido para obtener un sonido que –admitidas las referencias que procedan- es poderosamente suyo y sólo suyo. Especie de contrapelado supergrupo underground, Javier Colis (Ex Vamos a Morir, Mil Dolores Pequeños, etc, etc), Julen Palacios (La familia atávica, Alta Cabeza) Kim Warsen (Ginferno, Blues Tumulto), Adrian ceballos (Las Malas Lenguas, Rip KC) y Gloria march tienen a sus espaldas el sufrido bagaje de muchas buenas bandas (todas raramente atendidas) y al tiempo la apertura de miras colectiva que se le supone sólo a las bestias muy jóvenes. También tienen el talento en roca que otros apenas saben fingir. Demasiado a menudo, el país musical deja pasar frente a sí a sus mejores hijos; demasiado a menudo las mejores de nuestras bandas son condenadas a la indiferencia en vida y reivindicadas sólo años después de la muerte. Las reediciones más o menos lujosas se me antojan a veces actos de triste justicia retrospectiva; otras, apenas masturbatorio solaz para aquellos que querían –y consiguieron- conservar sus filias como un secreto, a salvo de los otros. Sería una injusticia, una pobreza y un sinsentido que eso volviese a suceder con una supernova del calibre de Los Cuantos, que se basta y se sobra sola para barrer del mapa al noventa por ciento de los grupetes de fuera que se idolatran en esta tierra tristemente mimética. Su aplastante disco está en bandcamp (http://loscuantos.bandcamp.com/), su raíz en esta casa de huéspedes a veces permanentes que sigue siendo Madrid, este descacharrado y descacharrante hostal no-wave. No deberías perdértelos cuando le prendan (amistoso) fuego a tu ciudad. Por pura sanidad mental.

KAPUT- Grabasteis cuando apenas llevabais unos meses ensayando. Más que un disco en el sentido clásico parecéis buscarla fotografía d un momento dentro de una evolución…

Julen Palacios- Fue un proceso natural. Trabajamos de una manera muy espontánea, las canciones surgen en el local y había que grabarlo ya para que no perdiera esa cosa fresca, eso visceral y espontáneo. El grupo es así.

Javier Colis- No tenia sentido estar dándoles muchas vueltas porque queríamos captar eso. Surge la opción de grabar y vale. La idea era seguir haciendo más material y registrar éste antes de que se pudriese.

K- ¿Algo en común con vuestros otros proyectos y visiones?

Javier- Yo defino lo que hago como “rock expresionista”, y esto también es así, desgarrado, exagerado, visceral. Muchísimas influencias comunes confluyen en Los Cuantos… lo que pasa es que yo me diferencio del resto por veteranía y ya me remito un poco a mí mismo, sin querer ser pretencioso y sin evitar las influencias, que las tengo todas.

K- Curiosamente hay un núcleo de grupos underground de Madrid que se suelen denominar de vanguardia y que llevan casi treinta años con las mismas influencias… A veces me parece que casi todo el rock&roll es ya folk, música asumida, procesada y netamente popular… Aunque sea folk underground…

Javier- Lo de la vanguardia es que es engorroso de cojones. Es muy curioso, porque en efecto la vanguardia siempre está en el mismo punto, es una de las cosas más inmovilistas que hay…

Julen- Yo no considero que estemos haciendo vanguardia en absoluto, esto es Rock&Roll.

Javier- Lo que pasa es que nos van a encuadrar ahí, probablemente. Por otro lado, una cosa es la tradición –a la que yo creo que nos estamos remitiendo totalmente- y otra cosa esta repetición sistemática y el cliché. Nos salimos de los clichés de lo que se está haciendo todo el rato. Lo cual no quiere decir que no bebamos, yo que se, de Robert Johnson…

Kim- La vanguardia es una mala interpretación que se ha hecho en el mundo occidental desde hace trescientos años. Seguimos pensando que vamos mejorando. ¿Qué coño está mejorando? Nada ha mejorado desde el principio. Y desde el principio hemos tenido comentarios que han estado fuera de la norma, fuera de la sociedad y de lo que piensa la mayoría. Llamar a eso vanguardia no tiene sentido… Siempre que no te dediques a hacer cosas para mantener a la masa entretenida, eres vanguardia, pero eso no significa que tu estés descubriendo cosas nuevas, sino que estás dando otra expresión para contar exactamente lo mismo. Y el tiempo no va hacia delante ni hacia atrás. Estamos todo el rato en lo mismo… La tradición está aquí ahora.

Javier- Además, el motor de cualquier creación es que sufres y lo quieres expresar o que simplemente sientes y expresas… por lo tanto, siempre la creación, vaya por un lado o por otro, remite a lo mismo…

K- La mayoría vivís en Lavapiés. Los barrios han cambiado enormemente en Madrid. Malasaña, por ejemplo, para bien o para mal, no es la sombra de lo que era. ¿Creéis que el conflicto de antes era más interesante creativamente que esta tediosa pax romana del centro de Madrid? ¿O es sólo nostalgia?

Javier Colis-Yo creo que también el conflicto va por dentro y por eso tú haces ese tipo de música o ese tipo de creación


Los Cuantos.Mama calling. from Los cuantos on Vimeo.

K- Pero Lou Reed, por decir alguien, no hubiese hecho lo mismo si hubiese vivido tranquilamente en las Bahamas en lugar de vivir convulsamente en Nueva York ¿O sí?

Javier- Bueno, es que Lou Reed se ha puesto muy pesado y parece que nunca estuvo en Nueva York, nunca se metió un pico, nunca fumó… (risas). Yo creo que nosotros, todos, venimos más del conflicto interno. ¿Que si se refleja lo que hay alrededor?, pues sí, pero... El Madrid de ahora es evidentemente mucho mas limpio, y mucho más castrado en muchos sentidos. Malasaña ahora es pijo, pero volvería a lo que estábamos diciendo antes: salvando todas las distancias y todas las diferencias, estamos en el mismo punto que en la época de Demonios Tus Ojos o Vamos A Morir; sin ser igual, el sustrato es el mismo.

Kim- Yo creo que es importante haber estado en Lavapies, no en Madrid, pero si en Lavapies, creo que los cuantos son un buen comentario a Lavapies.

K- Hay bandas que son inseparablemente de una ciudad y un momento y al tiempo ayudan mucho a definir esa ciudad y ese momento. Los Burning o Leño con el Madrid de hace años, por ejemplo. Los Clash con Londres. ¿Eran Vamos a Morir, por ejemplo, una banda esencialmente madrileña en ese sentido?

Javier- Vamos a Morir, totalmente.

Julen- Yo diría que los cuantos es una banda no de Madrid, es una banda de Lavapiés, pero no porque estemos hablando de Lavapiés. De hecho los cuantos no encajan en la idea que la gente tiene de Lavapiés, somos todo lo contrario. Lo que pasa que sí es verdad que vivimos allí y somos muy de allí.

Kim- Estos del desierto… Kyusss… Son un grupo de blues, pero resulta que lo hacen en el desierto y por eso suena un poco diferente. Nosotros somos un grupo de Rock&Roll de Lavapies, por eso suena así.

Javier- Es matizable. Burning, Leño… nosotros no somos eso. Si nosotros nos hubiésemos ido a vivir en plan comuna a Londres, estaríamos haciendo Los Cuantos y sería lo mismo, aunque podría haber matices.

Julen- Habría matices.

Javier- Yo creo que sería muy parecido.

Julen- Yo no conozco ninguna otra banda de lavapies. No nos han influido nada, cero…

Javier- No las hemos escuchado… (risas)

K- Hablemos de qué aporta cada instrumento al conjunto. El teclado es lo que me queda menos claro…

Julen- Yo veo clave el teclado en el conjunto. Hace un poco la función del bajo, va mucho a graves y sostiene las canciones.

Javier- No hay una premeditación a la hora de formar la banda. Empezamos nosotros tres, luego surgió gloria, de otra borrachera

Kim- Pensábamos ser nosotros tres. Yo quería hacerlo con dos guitarras acústicas…

Javier- Pero la cabra tira al monte, empiezas a pensar “si esto lo enchufáramos, si hiciéramos un poco de ruido…” (risas). Al principio ensayábamos sin Adrián, pero en el punto en que nos habíamos puesto, en el que ya éramos netamente una banda de rock, notábamos que nos hacía falta un batería, y la opción era evidente, porque es buenísimo, nos encanta, le conocemos y es amigo.

K- Su papel me parece esencial en la banda…

Javier- Yo tengo una opinión que es un poco radical, pero creo que puedes tener un gran grupo con un guitarrista de mierda, pero no puedes tener un gran grupo con un batería de mierda, sí el batería es malo, el grupo no puede ser bueno. Un batería mediocre te jode, estás hundido, es un barco a la deriva. Adrian aquí, aporta muchísimo. Mueve muchísimas coss a nivel creativo. Un buen batería suele tener una visión preclara de ciertas cosas, yo creo que precisamente por las características del instrumento. Estás siempre escuchando y tienes una manera muy estructurada de verlo, esa aportación del batería es la hostia.


Cierre en La Boite from Los cuantos on Vimeo.

K- ¿Cómo os repartís las guitarras?

Julen- Desafinadas

Javier- No tenemos ningún esquema. Llevamos mogollón de tiempo tocando juntos y nos conocemos muy bien, si tu haces un juego, yo se por donde tengo que ir… No hay un solista y un rítmica, nos saltamos la norma. Ni hablamos. Julen y yo sólo nos miramos. Y cuando sonreímos es que todo va bien.

Kim- Son los dos únicos que nunca paran para sintonizarse, y deberían ser los dos que siempre están discutiendo sobre las mierdas que deberían estar tocando, pero no. ¡Ni una conversación han tenido! Los otros si hablamos, pero entre estos dos nunca hay nada, no han dicho nada desde el principio, es increíble (risas). Lo bonito de los cuantos... Hoy en día si quieres vender obviamente deberías tener una idea previa, deberías saber dónde va el estribillo, deberías organizar la canción para que encaje en la radio, pero los Cuantos son justo lo contrario de todo esto. Son cinco personas que se expresan en conjunto en un cuarto y que salga lo que salga. A veces sale algo muy redondo y a veces nada redondo, pero mientras que estamos más o menos equilibrados entre nosotros, cada vez que nos encontramos hay algo orgánico y por eso nos dejamos llevar, hay algo colectivo, una lucha que tenemos en común…

Javier- Hay una cosa muy buena que es que somos muy rápidos. Cuando hay un camino lo cogemos y no los soltamos, es como un perro de presa. Lo pillamos ahí y eso no se escapa.

Kim- nunca hay reflexiones intelectuales sobre Los Cuantos o como estructurar las canciones, no hay nada académico.

Julen- No debe haberlo.

Javier- Es muy visceral.

Kim- Somos unos analfabéticos… (risas)

K- ¿Y la voz?

Kim- ¿La voz qué?

K- ¿Cómo la planteas, como instrumento?

Kim- Funciona como otro instrumento. Es alguien que va por ahí para que la cosa siga fluyendo. Yo me siento muy protegido y mientras me sienta protegido en este ambiente yo me dejo llevar. Hay ensayos en los que estoy medio en pelotas o me subo a sillas, o bajo paraguas, hago lo que me sale del rabo porque sé que está permitido en ese espacio, y mientras este permitido me dejo llevar. No me siento limitado en absoluto, me siento como un instrumento más que debe incorporarse a la masa para que la cosa salga adelante. Es un tren que no queremos que pare y para que no pare hay que añadir algo y quitar los miedos. Varias de las primeras canciones que hicimos se basaban en mantras y estuvimos todos cantando (canturrea “love love love love…”). Ese fue un ejercicio muy bueno y espero que sigamos por ese camino para conseguir una forma de alma colectiva o algo que nos conjunte… luego se pueden escribir libros sobre el espiritualismo y sobre como componer, pero no puedes componer con miedo, no puedes componer sintiéndote mal, y tampoco te sientes bien hasta que esta que estas abrazado por más gente. Y Los Cuantos es eso.

K- ¿Por qué el grupo de rock es un ente tan poderoso? El arte, en su mayor parte tiende a ser individual…

Kim- hablo de mí, que vengo de una cultura más fría que la española y por eso me he alejado de ella y me he acercado a ésta. Es una sociedad muy individualista, donde todo lo que se salte ese individualismo se convierte en religión. Cuando tú tienes una simbiosis con otra persona, tienes una sensación religiosa. Antiguamente eso se hacía con trescientas personas bailando en una hoguera.

Javier- Yo creo que es una de las grandes magias… finalmente estamos hablando de música…

Julen- Es… la sinergia, juntar fuerzas, y de ahí sale algo, lo que pasa es que es complicadísimo, solo se hace en música y a partir del siglo veinte. La ventaja es que surgen cosas que de otro modo no surgirían. Paul MacCartney cuando estaba en los Beatles y componía sus canciones estaba probablemente pensando en Lennon, Harrison y el otro (el inefable Ringo, el Beatle más importante junto con Yoko Ono, a juicio del autor de esta entrevista. N. del A.). En si les gustarían, inconscientemente pensaría “les tiene que gustar a estos…”. Hay un filtro y un nivel, eso es cojonudo…

Kim- al fin y al cabo la música no están interesante como el conjunto social. Yo puedo tomar una cerveza con una persona, pero si hay dos o tres me pierdo y no controlo bien las relaciones sociales cuando hay mucha gente, y la música es una manera de superar eso porque allí si pueden estar cuatro o cinco personas hablando a la vez y construir algo. Cuando se sientan a hablar cinco personas sin música lo único que puedes conseguir son disgustos o conflictos, o que dos no estén de acuerdo, uno habla demasiado, otro demasiado poco. La música es un nivel de conversación en una situación social que supera muchas de las conversaciones normales. Yo personalmente estoy metido en grupos por eso, porque yo necesito mi dosis social que no soy capaz de conseguir de otra manera. Se puede compartir algo, trabajar hacia algo, Tomar una dirección común y trabajar hacia ahí. Una empresa es lo mismo pero ahí tienes que trabajar con gente que a lo mejor no te cae bien. Aquí puedes elegir a la gente o coincidir con gente que te cae bien y trabajar hacia algo. Cobras mucho menos… (risas).

Julen- De hecho no cobras nada

K- ¿Nada es menos o no es nada?

Javier- Estamos en menos, no en nada… (risas). Para mi la música es el arte por excelencia, está por encima de todo el resto, quizá excepto la poesía, porque es algo inexplicable, abstracto y que se puede hacer con más gente.

K- Pero es al tiempo matemático…

Javier- Sí, y esa combinación es explosiva

Kim- Ahí viene el contrapunto a todo esto también, porque mientras estamos haciendo eso que sabemos que es un beneficio y un privilegio, los grupos que se ponen a cantar himnos a la vida a través de su euforia común acaban tocando un poco las pelotas. Mientras lo estamos pasando muy bien podemos dar la vuelta a todo esto y buscar las cosas que no se expresan en la música normal. Es decir, las canciones de Los Cuantos no están hablando de lo bonita que es la amistad, porque ya lo tenemos establecido. Estamos utilizando esa fuerza para buscar las esquinas que todavía no han sido expresadas. Y ahí está el miedo a perder la riqueza que tienes, el miedo a ser dejado por tu novio o tu novia, ahí está el miedo a que los americanos sigan engañándote y explotando a todo el mundo, ahí está el miedo a lo desconocido, ahí está el miedo, el miedo, el miedo… “No tengas miedo”, es lo que queremos decir. Tenemos miedo y queremos enfrentarnos a él y juntos lo podemos hacer. Y yo no escribo las letras, las letras salen mientras ellos están tocando, y si hubiera estado tocando con otra gente hubiera salido otra cosa

K- ¿Quién las escribe, pues?

Julen- Dios

Kim- No me salen en francés porque no hablo francés, no salen en ruso porque no hablo ruso… pero yo no las escribo.

K- ¿Es el artista entonces, de algún modo, un médium?

Julen- Totalmente

Javier- Yo creo absolutamente en eso, yo creo que lo mejor que he hecho siempre no es algo reflexionado ni que haya meditado. He llegado y lo he captado.

K- ¿Pero un médium de quién?

Kim- Entre los sufí -yo soy un gran admirador del sufismo- había una rama que se dedicaba solamente a mentir, a hacer lo que no está permitido en la sociedad; se dedicaba solamente a tocar las pelotas. Decidieron que de su boca no iba a salir una palabra de verdad porque no hay nada de verdad… La negación. Y tu sirves, entonces. Yo creo que de alguna forma Los Cuantos, para ponerlo en el mapa musical de España, y político y lo que tu quieras, funcionan así, porque somos lo que es un NO. Eso no es vanguardia, es alternativa, es una verdad alternativa. Es una mentira más, pero esa mentira equilibra la otra mentira que está establecida por la sociedad, y si pones las dos juntas y nosotros hacemos nuestro trabajo bien, se equilibran y se matan entre ellos y de ahí surge algo, una paz… Yo respiro mucho mejor a través de la mentira, mientras la verdad siempre me rechaza. Tengo mucho cuidado, físicamente, con alguien que se sienta delante de mi contándome la verdad…

K- Pero ¿existe la verdad?

Kim- No. La verdad no existe

Javier- La mentira si existe, pero la verdad no.

Kim- Eso hay que tenerlo en cuenta, yo creo que en los cuantos tenemos bastante asumido que seguimos siendo limitados y es esa limitación la que nos hace crecer, no al revés. Hay muchos límites, y tenemos límites. Límites técnicos, límites intelectuales, físicos, de todo tipo, sólo asumiendo todos esos límites podemos superarlos, creo, no sé…

K- ¿Cómo fue lo de Montpellier?

Kim- Me hizo muchísima gracia grabar el disco allí, porque hace diez años yo venía de arriba, de Suecia, haciendo autostop. Tenía dieciocho años y quería acabar en España o Marruecos y dormía con la guitarra dentro del saco de dormir. En Montpellier dormí en un parking y me acojoné, y me volví. Diez años más tarde vuelvo a Montpellier pero ahora desde el sur, en una furgoneta llena de gente y llena de instrumentos, y eso me hace mucha gracia. Se han unido los dos viajes, aunque ha tardado diez años en suceder… (risas)

miércoles, mayo 18, 2011

MOLESTONES - "La Condena"



Video y enmarcado cortesía de nuestro guitarrista y voceras Mr. Antonio Vega. Podeis disfrutar de esto mientras nos reagrupamos para contraatacar. Saludos!!!

jueves, mayo 12, 2011

LUGER: Más allá de las puertas de Münchhausen (¿?)

Photobucket 

Artículo sobre una de las mejores bandas españolas de todos los tiempos, publicado en Ruta 66 hace unos meses y firmado por ESTEBAN HERNÁNDEZ y LUIS BOULLOSA, bajo el título de "Epidemia en Malasaña, 2011"...

..............................................................................

“-¿Cuánto durará la epidemia? -pregunté.
-Mientras podamos hacerla durar (...)”

Naked Lunch – William burroughs



Miras a un lado, apartando la cara de la onda expansiva que lo hace saltar todo en pedazos a tu alrededor, y la desconocida que te devuelve la mirada está pensando exactamente lo mismo que tú: Está sucediendo. Acaba de suceder.

Es mi primer concierto de Lüger, y he acudido casi por casualidad. Los conozco por Mario, el teclista. Trabaja en un bar (él, yo también, pero al otro lado de la barra). “Teloneamos a los Intelligence”, dice. Ah, vale, pues iré. A ver qué tal. ¿Por qué no?

Vuelves a mirar al escenario y sigue allí. Aquel zumbido planeador de escuadrilla imperial en misión de castigo. Aquella ola que crece sobre ti, impulsada al infinito por una doble cabeza percusiva. Está sucediendo. Acaba de suceder.

Es una epifanía. Es eso, exactamente. Pasa muy rara vez, todo el mundo lo sabe. A veces se ausenta durante décadas.

Es una epifanía, lo sé.

Una vez que pase todo será mucho más desvaído y trabajoso. Hasta que las cosas vuelvan a su ser. Kraut, dice la gente. No sé. Ni idea. Sólo sé que han rociado con napalm el escenario en el que unos minutos después, el otrora despierto Lars Finberg y su banda sonarán desnudos y pequeñitos, como un niño perdido tras un bombardeo.

Es una epifanía, creo yo.

Y es veintiséis de abril de 2009.



I- Del sótano al Sol

Después Lüger crecen y crecen. No sé cuantas veces me viene algún conocido de barra con lo de “tienes que escuchar a...” O cuantas veces lo repito yo. Vuelvo a verles. Me llevo a los colegas. Los conozco personalmente. Hola, qué tal. Graban un primer disco con su mismo nombre. ¿Cómo es? A estas alturas quizá no haga falta explicarlo, pero es -ahí coincido con la hoja promocional, por una vez- “el final de la infancia para la psicodelia española y la carta de madurez para toda una escena subterránea que estaba pidiendo a gritos una obra de este peso y profundidad. Una bandera”. Es decir, un pelotazo que hace imposible, ya para siempre, negar que la escena madrileña de bandas experimentales es real, y no sólo una amalgama de diletancias de barrio, cuelgues tóxicos y prototipos no debidamente testados (que también abundan). Lo escucho, muchas veces. Pese a sus ocasionales flipes tribales y sus trances hipnóticos, lo cierto es que su elegancia entre macarra y androide y su pegada melódica lo ponen más cerca, dice mi amigo Boullosa, del enorme “Xtrmntr” de Primal Scream que del kraut del que supuestamente vienen (¡esa demoledora “Swastika Sweetheart”, marcial y percusiva pero también innegablemente pop!).

No es difícil señalar en la historia de la música independiente española discos y bandas que sirvieron como puente entre épocas, como punto de inflexión en el crecimiento de determinadas olas o como estandarte para escenas que pugnaban por pasar de embrión a bestia. Ahí están, por citar algunos, los Surfin’ Bichos que firmaron el paso del pop ochentero al indie como lo conocimos después con el malsano zigurat de “Hermanos Carnales”. Ahí están Los Planetas, que fueron quienes mejor entendieron que el público indie era esencialmente burgués, protonostálgico y ESPAÑOL, por mucho se citase a Dinosaur Jr para quedar bien. Ahí están los Manta Ray, que cometieron el error -adyacente- de pensar que Hispania podía ser musicalmente intelectual. O Corcobado y su ya casi olvidada “Tormenta de Tormento”. O tantos. Pero ninguna evolución recuerdo tan vertiginosa y tán sólida con un sólo trabajo en la calle (quizá, reflexiono, la de los enormes Orthodox). Lüger nacieron (le robo la expresión a mi amigo Paco F.) a la edad de seis años. Lüger simulan haberse saltado por la cara ese lento proceso de maduración en que algunas bandas quedan encalladas para siempre. Son una flor inmediata de impostado artesonado Kraut, un misterio que quizá tenga su explicación en una conjunción personal tan tensa como fructífera, o en el talento puro y entregado, lo ignoro.

Presentan esa bestia precoz en formato vinilo en la sala El Sol. “Yo creo que va a estar lleno… es EL evento”, me dice una chica. También trabaja en un bar. Es muy mona y muy enterada, y por una vez tiene toda la razón. La puta sala Sol. Sin aparente esfuerzo, puro boca a boca, como un escaparate secreto anunciado a gritos. La puta sala Sol a reventar. Y la línea ya consolidada, la pulsación intacta, las canciones completas. Aunque el akelarre intergaláctico no llega a la altura de la primera vez. Un sonido demasiado limpio, quizá. Una escenografía demasiado (auto)centrada en Diego, el cantante y guitarra, que disuelve un tanto la militar eficacia de la banda como aleación. Y sin embargo, aunque no hay epifanía, el triunfo (ese Dios caprichoso) anda por allí.
Y es quince de abril de 2010.

Poco después, tras tensiones internas en las que prefiero no indagar (cada cual tiene las suyas), Diego deja la banda, ocupando su lugar como cantante Dani, el bajista.. Con él se va -pienso- el filo más pop, el enganche inmediato, el exhibicionismo del rock clásico, también, y quizá vuelve Lüger a ser (o es un poco más) aquello que postulaba en sus inicios: un espacio de experimentación donde el peso de cada miembro es igual. Una bronca y asilvestrada comuna, marciana y sin líderes, perdida en su propia exploración interior/exterior. Musicalmente nadie está al frente: son de esa clase de banda en la que cada uno aporta su parte, en la que hay una suerte de acuerdo tácito en que a nadie se le ocurrirá reclamar el liderazgo. Tampoco en su sonido hay un instrumento dominante ni es la voz ese elemento definitivo que obliga al cantante a dar un paso adelante.

Siguen tocando, creciendo y aplastando a congéneres que les ven pasar incapaces de agarrarse a la estela. Su evolución sobre las tablas augura un segundo trabajo más blindado, repetitivo y oscuro, un disco que va germinando con rapidez bajo el ensordecedor silencio de la capital. Poco más de dos años después, cuando me acerco a echar un ojo a la grabación definitiva, el grupo de flipados que se juntaba cuando podía en un sótano en el centro de Malasaña (antiguo barrio rockero de la capital) anda a punto de arrancar una gira por EE.UU. gestionada de modo espartano desde aquí mismo. A punto de embarcarse en un viaje a la realidad paralela del que nadie volverá igual.

II- "Estoy harto del punk rock..."

"...De hecho a ninguno de nosotros nos gusta ya el punk rock". Estamos, ellos y yo, en un bar donde suena, claro, punk rock a toda hostia. Pero lo que Lopin (percusión) afirma, ya me lo había contado Mario el día que nos conocimos: que la clave de la banda está en que todos son fans de la música mucho más que músicos. La afirmación es chocante, porque esa sencillez en el acercamiento propia del punk rock es también uno de los parámetros sobre los que construyen su estilo. Y el santo y seña de la vieja Malasaña de la que han brotado -un vasto tejido de melodías a toda leche de dos minutos y medio, ya fueran en clave punk, garage o power pop acelerado-. Y el entramado interno de sus antiguas bandas (Los Imposibles, The awesome J’Haybers, Tres delicias), combos que cultivaban (con talento) sonidos sencillos, directos y reconocibles. 

En cierta medida, pienso, la apuesta de Lüger es la evolución de aquella actitud garagera llevada a terrenos musicales más complejos, bebiendo de fuentes distintas: el kraut el primero, sí, pero en absoluto el único. Sin embargo, sus metas parecen otras. Los veo en conciertos de Cave. Los veo en conciertos de Sun Araw. Algunos escuchan discos de rock progresivo de los 70. Otros jazz y free jazz. Otros psicodelia contemporánea. Géneros expansivos y arduos, lejos de la ortodoxia del barrio, ese barrio que ha cambiado definitivamente (los viejos gruñimos que a peor, los jóvenes, no sé). Ese barrio que estuvo pavimentado con canciones contundentes, celebratorias del sexo, las drogas y el rock and roll. Ese barrio que siempre fue el sitio donde más se hablaba de música y menos se hacía música; un reducto conspiratorio a la sombra de los garitos de altas horas más que el escenario de la acción creativa, ya que jamás hubo una sala decente en la zona ni unos locales en condiciones. Ese barrio creativo que ahora languidece entre taperías con fotos de John Coltrane y una plaga de parques infantiles, perfecto ejemplo de un neo totalitarismo encubierto que el visitante prefiere no advertir, no sea que se le despeine el look neobohemio o se le cuelgue el mac. Ese barrio que sin embargo -suprema ironía ahora que el epicentro intelectual de la historia se ha disgregado en mil núcleos autónomos, inundando sótanos de extrarradio y salas de estar de pisos comunales, ahora que ha dejado de tener preeminencia alguna y circula con paso firme hacia la desidia- entrega su mejor fruto en muchos años: Lüger.

No son los únicos moradores de las arenas, claro. Son sólo un primer canon. Con ellos, pululan por Madrid un puñado de bandas que también tratan de dar un paso fuera del camino establecido. Bandas con el cuajo y la experiencia suficiente para saquear sin copiar, amalgamar en sus seno a jóvenes y veteranos rompiendo el clásico tabú generacional, y obtener un resultado radicalmente personal (ejemplo pluscuamperfecto son Los Cuantos, banda casi recién nacida e imprescindible desde ya, en la que milita gente de Ginferno, Familia Atávica o Rip K.C. -además del inefable J. Colis-). Gente, en fin, que se niega a repetir lo de siempre, aunque sepa usar lo de siempre cuando es conveniente para un fin. Gente que entiende el local de ensayo como ámbito de búsqueda y necesaria exploración compartida. La ventaja de Lüger, llegados aquí, es su capacidad para aliar recursos instrumentales, atmósferas psicodélicas, ritmos expeditivos o complejos y canciones redondas y poderosas. Una difícil versatilidad que ellos articulan de manera aparentemente natural. Estribillo y atmósfera, cuadratura e improvisación. Y humor. En su primer trabajo hacían todo eso con la sencillez del músico de garaje (aunque fuese un garaje espacial), sin ese engolamiento ni esa rareza buscada que a veces lastra al "experimentalista" de manual. Esa era su fuerza.

Cuando escucho una previa de lo que facturan en su nuevo viaje, sin embargo, me sorprendo: el gancho pop sigue ahí, pero se ha ganado en variedad, en feeling, en unidad y en posibilidades. Si "Luger" (Giradiscos, 2010) es una promesa cumplida a la velocidad del rayo, "Concrete Light" es la polaroid de una banda que, varios escalones más allá, comienza a fragmentar para bien su discurso y a extender sus tentáculos en mundos adyacentes. Siguen ahí las intros evanescentes ("Belldrummer Motherfucker"), pero están también las “outros” de sintetizador y sitar que lo mismo pueden evocar destellos de eso que los enterados llaman weird folk, que llevarte de lisérgico viaje varias décadas más atrás. Están los aplanadores residuos stooges que recuerdan al primer largo ("Dracula's Chauffeur Wants More"), pero también canciones puramente suyas, tan puramente suyas que hacer referencia a las influencias diseminadas en ellas deviene entretenido pero inútil. Y la guitarra de Edu, el nuevo, cuya raigambre metálica aplicada al mecanismo de relojería rítmica, hace pensar (aunque sea vagamente, allá lejos, en momentos contados) en bestias pardas americanas del pelo de Melvins o Hüsker Dü. Dicen estar mucho más contentos de este trabajo. Y es cierto que han sabido progresar manteniendo lo que debían mantener: canciones, esa la mezcla de riesgo y gancho clásico que les ha dado una seña de identidad. Como dice mi amigo Hernández: "Descomponer es fácil; lo complicado es recoger los trozos y con ello hacer algo nuevo".

III- "Lo dejamos así y luego en la mezcla vemos lo que hacemos..."

En el proceso tiene un peso importante Rubén Pérez, el ingeniero de sonido, el jefe en el estudio, flexible, pero más influyente de lo que parece. Rubén ya remezcló el primer álbum después de que el tratamiento de John Agnello no terminase de convencer a la banda, entendiendo de manera preclara no ya lo que la banda pedía, sino lo que las canciones necesitaban. Ahora está al frente de la grabación, y es un elemento esencial. Porque hay confianza mutua, porque cree en la banda y la banda en él. Y porque cuando el dinero escasea y el tiempo de estudio también, cuando los discos deben registrarse al vuelo y los músicos carecen del conocimiento técnico necesario para aprovechar las posibilidades al máximo, que el productor y el técnico entiendan lo que las canciones requieren es vital. Es un obligado regreso a los principios, a los tiempos en que la tarea del productor no era otra que coordinar la grabación Los músicos en la pecera, grabando en directo. Fructífero a veces, cuando se da esta conjunción. Frustantre otras, como muestran los muchos álbumes de bandas prometedoras que no han pasado de desvaídos testigos de su posible incendio. Es el sino de una época, la nuestra, aquí, cuyo funcionamiento es casi el opuesto al de la maquinaria de la vieja y gran industria discográfica, la que va de los 50-80, donde el productor solía ser el encargado de normalizar el material sonoro, tratando de que las canciones que llegaban al estudio encontrasen una potencialidad comercial mucho más que su expresión estilística más definida. Entonces, una grabación podía durar meses y el trabajo de un equipo de profesionales adecuados lograba a menudo que un disco alcanzase una calidad que jamás hubiera poseído de otro modo. A menudo la banda no era nada sin el productor. Hoy todo eso ha desaparecido, regresamos a una suerte de captura-el-instante. Pocas de las grandes obras discográficas del rock and roll podrían grabarse hoy.

IV- Conseguir cosas, pagar facturas

"Estamos en la música para conseguir cosas como estas, ¿no?", dice Rulo. Se refiere a esa gira por EEUU. Ignoro si las tías, el nombre, las pelas u otros vacuos sueños de Rock Star están también en algún lugar de su psique colectiva, pero parece que la música misma es aquí el fin primero y último. El medio, el mensaje y todo lo demás. Inteligente, práctica, inevitable postura quizá, en un mundo en el que una banda raramente gana dinero para sobrevivir y en el que las estrellas en las que se mira la masa son de plástico desechable y defectuosa, reemplazable fabricación. Las antiguas excusas no tienen espacio ya. Hubo un tiempo, quizá, en que ser una "r&r star" significaba más que el éxito material: la posibilidad de vivir una vida sin las restricciones morales y culturales que imponía una sociedad gris, el resquicio por el que huir de la fábrica o de la oficina, el destino habitual para las clases populares y medias. Una guitarra eléctrica era mucho más que un instrumento. Hoy, curiosamente, esa fuga empieza y termina casi siempre en ser capaz de poder hacer lo que uno quiere, que es lo realmente inusual. La fábrica o la oficina, trágicamente, nos esperan de todas maneras, casi siempre. Y ahí están, ellos y tantos: un puñado de tíos robando ratos al trabajo, al sueño y a sus parejas para reunirse, dejar que suene la música y poder sentirse ellos mismos. Unos tipos que se dicen felices cuando entran en el lugar de ensayo, Unos seres para los que el mejor día es la jornada de fiesta en la que se levantan por la mañana y se van directos a ensayar. Unos chavales dispuestos a dejar un curro frustrante, si es necesario -ya habrá otro, acaso más frustrante- para poder largarse a EE.UU. sus dieciocho días de furgona y gloria. Una determinación que es parte de su esencia y que ahora tendrán que saber canalizar para no terminar como la mayor parte de esas bandas bisagra de las que hablábamos antes: faros en una niebla demasiado densa, islotes, callejones sin salida del ego. Ha habido demasiados movimientos sin guía y demasiados guías sin movimiento, en un país musical, este, que tiende a parir más profetas (incluyendo a los falsos, claro) que discípulos y donde ganarse las lentejas tocando es puta ciencia ficción. La capacidad de Lüger para evitar ese tipo de necrosis (o debacle, a elegir) está por ver.

Y el viaje empieza.

Es cuatro de Marzo de 2011.