miércoles, octubre 03, 2012

Entrevista con SALOMÉ SAGÜILLO (6-7-12)



Salomé Sagüillo, fotógrafa y pintora de origen bilbaíno lleva años dejando constancia con estilo y sobriedad de la mutable escena musical madrileña y de las mejores bandas extranjeras que han pasado por la capital. Algún día, cuando miremos atrás con dudas, podremos confiar en sus instantáneas para confirmar que sí, sucedió y que sí, estuvimos allí (o no). Actualmente (hasta el 9 de octubre) expone sus cuadros e instalaciones en Madrid en Espacio 8 (c/Santa Ana, 8). Hablamos con ella de la necesidad de documentar según que cosas, la evolución del panorama underground en el foro, el origen mismo de la obra de arte y otras cuestiones clásicas, durante una larga conversación cuya segunda parte, apuntada a bolígrafo, está todavía por descifrar. Pueden acceder a su excelente trabajo en SU WEB. Disfrútenlo.

KAPUT- (pregunta inaudible)

Salomé- Con las fotos la idea que tengo a largo plazo es un poco esa. Con todo el material que estoy sacando igual en diez años o en quince años, ya con perspectiva y viendo como ha evolucionado todo, se podría hacer una recopilación de fotos,  explicando en que consistía cada grupo, cómo fueron evolucionado, etc… Llevo seis o siete años sacando fotos y en ese tiempo, que tampoco es mucho, ya he visto una evolución en movimientos…Por ejemplo, cuando empecé había muchísimo post rock, el noise estaba allí como fluyendo; hubo un pico altísimo de esos dos movimientos y ahora está prácticamente parado (el post rock no tanto). Hace un par de años concierto al que ibas, concierto en el que podías encontrarte algo de noise, y en cambio ahora estoy viendo que se vuelve al rock, más a lo clásico, y a un folk español (porque hubo folk americano pero ahora se vuelve a retomar raíces españolas). Aunque sea como una visión socio-musical ya es interesante. Yo empecé a sacar fotos porque iba a un montón de conciertos y tenía la cámara, y era guay, porque tenía dos cosas que me encantaban: escuchar música y la posibilidad de sacar fotos, y ahí vi un ‘gap’ porque eran grupos chiquitines… ahora vas a cualquier concierto y te encuentras a veinte personas con cámaras digitales y móviles sacando fotos, pero en aquel momento no había tanto, así que muchas veces los grupos te decían “oye mira que no tengo material, me das las fotos, me das tal…”, y ves que hay grupos que en aquel momento eran embrionarios y que luego han crecido… no son ‘mainstream’ ni mucho menos pero ya tienen su público; son por lo menos localmente reconocidos. Y entonces ves  una evolución que tú has ido documentando gráficamente, además de la perspectiva creativa que tú le puedas aplicar. Yo he crecido a nivel fotográfico en este tiempo y pienso que dentro de unos años puede ser interesante transmitir qué es lo que hubo en la primera década del siglo XXI…

K-Hay entonces un acierta intención documental a largo plazo…

S- Cuando empecé no, era una cosa mucho más de aquí te pillo aquí te mato, pero viendo el disco duro que tengo y viendo un poco donde me muevo, lo que conozco, lo que sé, la evolución que he visto, con quien me relaciono… tengo un montón de información, y creo que puede ser interesante: esto es un tipo de cultura, un tipo de cultura que no llega a todo el mundo, pero es cultura, y yo creo que debe tener su hueco… Para mi lo que hago tiene un valor documental y obviamente artístico porque al final doy mi enfoque de lo que veo, de lo que siento escuchando determinadas cosas.

K- ¿Crees que se documentan bien estas cosas, la vida de las bandas, por ejemplo? Yo he militado en grupos durante años y al dejarlo me he dado cuenta de que teníamos cuatro fotos y poco más. En Estados Unidos ya en los ochenta se documentaba bastante, incluso en un ambiente punk…

S- Yo creo que se deberían documentar mejor, pero es verdad que a veces los grupos están tan metidos que… Al final cuando van a hacer un concierto -yo los veo- están como locos, vamos a hacer la prueba de sonido, ven, vete, nosequé, nosecuanto,… y lo que les interesa realmente es estar ahí, en lo suyo, en hacer el concierto. Pero luego es verdad que hay mucha gente, como los de LA PLAYA DE MADRID, que se preocupa por documentarlo. Hay muchos compañeros de fotografía o yo misma que también estamos un poco ahí, pero es cierto que lo que es el ‘background’, o los ensayos, o el “nos vamos de gira”, no se ve mucho todavía. Yo creo que un grupo que lo hizo muy bien fueron Psilicon Flesh, que tienen un video estupendo. Se fueron de gira y grabaron todo lo que hacían en la furgoneta, llegar a un sitio… estaban en una gasolinera y se ponían a hacer el tonto… Tiene sus videos, sus fotos, sus grabaciones: tienes la posibilidad de acercarte a ellos en ese momento, en ese contexto, que los ves ahí con esos pelos de los noventa, casi Nirvana si te descuidas, y te puede meter mucho más allá de lo que es la música, meterte un poco en el concepto de cómo se vivía, de las cosas que podían decir. Es una manera de acercarse mucho más íntimamente, más allá de lo musical, a una banda, Te metes también en la época. En ese sentido sí creo que no se documenta como se debería documentar.

Sí que hay grupos en los que hay alguien más metido en el cine, o que llaman a un amigo y lo llevan, pero no es lo habitual. Y es verdad, así como autocrítica, que una foto te da el momento pero no el concepto global. Yo creo que son complementarios -el video, la cámara, el sonido-, porque  al final los músicos son sonido además de la imagen que tú puedas captar y lo que con ello puedas llegar a transmitir.

K- En todo caso, la fotografía puede ser muy completa a nivel documental…

S- Sí. Además la fotografía musical tiene muchísimo registro, porque estás cogiendo la luz, el movimiento… al final es como hacer una danza con el grupo, porque, sobre todo cuando los has visto varias veces, sabes como se mueven, en que momento se paran, como, orgánicamente, cada uno tiene su manera de fluir físicamente con la música, y entonces muchas veces es como… “ahora cojo, ahora no porque se va a mover un montón y me va a salir movida”, o lo que sea... Luego, dependiendo del garito, sabes también la luz que vas a tener: “este va a tener la roja y me va a matar…”. Y es verdad que juegas con eso. Juegas con grupos que se mueven mucho y lo logras transmitir, juegas con grupos que son mucho más quietos y eso se refleja, y yo trato de transmitir con los colores: hay grupos que son muy vivos… Yo pinto, así que tiendo bastante a dramatizar.: los blancos y los negros los dramatizo, los colores los saturo. Me tira eso, es mi forma de expresarme…

Guitar Wolf, Bloody Japs

K- Se hace una interpretación personal…

S- Todos lo hacemos, lo ves también en los compañeros. Hay fotos que veo y ya se quien las ha hecho o al menos eso creo: las hecho Mariano, Las ha hecho Alfredo, las ha hecho Pumba… Cada uno tiene su lenguaje personal, sus ángulos, sus objetivos. Yo por ejemplo, tiendo a ser bastante respetuosa y a ponerme en los laterales, porque entiendo que quien ha pagado un concierto lo quiere ver…Raramente me pongo como público sin cámara, y a veces cuando lo hago pienso “parad ya” (esos veinte, más cámaras y móviles) porque hay un momento en que no veo nada, así que  mi tendencia es bastante de ángulo, también me da más juego porque puedo coger a más gente y porque los perfiles me interesan más que los frentes; y también por respeto a quien paga por oír y por ver. Al final tu eres… no quieres ser un impedimento ni un obstáculo, ni para el grupo –que también les puedes molestar- ni para la gente… Tampoco uso el flash prácticamente porque rompes la atmosfera, para mi gusto la mata totalmente. Si yo fuera un músico y tuviese flashazos continuos me cagaría en la madre del fotógrafo (risas)

K- El uso de las luces en algunos locales de conciertos me parece interesante para quien fotografía. ¿Ayuda o complica?

S- Puede ser muy fácil o complicadísimo. Hay sitios que realmente te pones unas luces tremendas, en caracol por ejemplo, hay luces que dan mucho juego,  un montón de colores… pero hay sitios que son un hándicap absoluto, porque no sabes ni que hacer, todo obscuro o rojo (risas)

K- ¿Varía el estilo según el tipo de fotografía,  o cambia? ¿Hay una relación entre el estilo particular
en la fotografía y el de la pintura?

S- ¿Hay una misma línea aunque uno cambie de tema? Cuando hago fotos más personales,
que no las prodigo mucho, pero las tengo, suelen ser mucho más intimistas y quizás más emocional y conceptual, aunque no cambio tanto el tratamiento del color porque es algo que tengo ahí marcado a fuego. También es cierto que en los conciertos también trato de buscar ese intimismo muchas veces… la cara o el momento que puede definir a esa persona. Pero habitualmente estás condicionado por otras cosas, porque haya luz o no, por la velocidad, porque de repente se te cruza alguien en medio y lo pierdes… El tema de los ángulos es bastante similar, me gustan más lo laterales.

K- La mirada directa es complicada

S- Sí, y me parece más pobre también, con un ángulo puedes recoger mucho más… También, para la gente que no está acostumbrada a ser fotografiada, el retrato de frente es muy complicado, es muy agresivo, es muy incómodo. Casi prefiero que estén hablando, que estén moviéndose, y cuando he robado por ahí fotos de gente por la calle, sería casi como un concepto “popular”. Por ejemplo de un anciano andando. En Berlín hice una foto que me llamó mucho la atención: un anciano gateando… estaba borracho y estaba gateando, y había un par de niños que estaban mirándole asombrados, porque de repente se encontraban un hombre mayor, con su barba y tal, a gatas. Luego me doy cuenta, haciendo un repaso, de que he cogido un montón de fotos de niños y de ancianos, o de elementos inertes, texturas, no se porqué. Igual es porque inconscientemente veo una conexión, al final, entre la vejez y la infancia, que son dos mundos desatados y que están muy libres en el fondo. Yo creo que uno cuando llega a viejo se libera de un montón de cosas, de presiones sociales, de presiones personales; ya has vivido todo lo vivible y, si no has perdido la cabeza en medio, creo que ya pasas un poco de todo… y cuando eres niño es lo mismo: no tienes tantas presiones sociales ni personales y todo está menos encorsetado. Lo he visto al revisarlo,  no ha sido nada consciente… Y te lo puedo decir porque ahora me he hecho una web, que está ahí, embrionaria y entonces al revisarlo me he dado cuenta… En cuanto a mi pintura, salvo que el color me encanta y que me gusta que sea todo muy colorista y muy llamativo, no tiene nada que ver, ni en la temática ni a nivel de encuadre. No, no tiene nada que ver. En la pintura saco mi mundo más emocional y reflexivo, mucho más soterrado y personal, por decirlo de alguna manera, por eso creo que me da mucho más pudor. La fotografía la doy si me la piden, tranquilamente, sin problema. Con la pintura o las instalaciones siempre he sido mucho más mía y tengo pudor estúpido, no se porqué, hasta de mostrarlo. Ahora estoy tratando de sacármelo de encima. Es verdad que forma parte de mi mundo interior que al final es un poco extrapolable al mundo general, a lo que yo siento, las emociones que yo tengo… Los pensamientos que yo tengo obviamente se conectan con el resto del planeta, no son nada especiales, son humanos y punto pelota pero son míos. La fotografía de conciertos es más descriptiva mientras en la pintura muchas veces juego con la metáfora, me gusta escudar ideas o sentimientos detrás de elementos naturales como metáfora, me gusta jugar con la ironía…

K- ¿Cómo juegas con la ironía?

S- Por ejemplo, lo último que acabo de hacer, por cosas que me han pasado, cosas que he visto y que me han contado, es una caja: aprovechando una caja de vinos he hecho una pequeña instalación. La idea que había tenido era hacerlo en un entorno natural pero era complicado así que he pintado un bosque, he usado barro para hacer un tronco, y de una de las ramas salen varias piernas femeninas y un mono pasando de pierna a pierna, que sería como “la relación”, puede ser de hombre a mujer o de mujer a hombre, da igual, pero el concepto de “relación liana”, ¿no? Y en vez de tratarlo de una forma dramática pues he decidido tratarlo así. O un cuadro (no tendría que decirlo porque megusta más dejarlo libre y que la gente perciba lo que le de la gana) que habla de los conflictos que se dan cuando hay varias personas en la vida amorosa de alguien, y es una cara de una chica con un par de monos como si fueran moños… es mejor verlo (risas)

K- Hay quien quiere contar algo concreto y luego busca el medio y quien quiere contar algo que no tiene claro, en cuyo caso la obra misma se convierte en una exploración de qué es lo que se quiere decir, interrogante y mensaje al tiempo. El proceso de enterarte tu mismo de qué quieres decir puede ser tortuoso…

S- Me pasan las dos cosas. A veces tengo muy claro lo que quiero decir y como lo quiero decir y el material que quiero usar, y me hago mi boceto con la idea. Otras veces es casi como que la luna y el sol hagan eclipse (risas): tienes una idea vaga, empiezas a  tontear con materiales y con cosas, y la cosa va desarrollándose y al final cuando acabas está consolidado.Hay un nivel de significados no del todo inconscientes pero… este que te digo de los monos fue así: yo empecé con una cara y, no se sabía muy bien porqué, tenía que hacer unos monos y cuando lo acabé dije: “claro, tía, es esto” (risas). Lo tenía que sacar, y no era muy consciente, pero está allí. Por ejemplo el otro día estuve pensando y se me ocurrió una frase: “hay mejores maneras de conseguir hierro que lamer una barra oxidada”, ¿no? Hay mejores maneras de conseguir algo que hacerlo de la manera más tortuosa. Y a raíz de eso estoy pensando como puedo poner esa frase de forma plástica en algún lado… Te puedes tomar un hígado, tomarte unas píldoras de hierro o unas lentejas pero no, al final vas y lames una barra de hierro oxidado en el que te vas a dejar la lengua. Tengo la idea y ahora estoy buscando la forma de desarrollarla en la que me pueda sentir más cómoda. Lo bonito de esto es que es libre. Unas veces tienes una idea y buscas el camino, otras veces haces el camino y te busca la idea a ti… ¿no?, fluye contigo y con la forma de desarrollarlo. Yo creo que es muy interesante, es mi manera. Sé que hay gente que primero coge el concepto y luego busca el medio. Y hay gente que está en el medio y luego se lo inventa, porque también hay mucho de eso: “se me ha ocurrido esto, ahora le tengo que dar una explicación para cuando haga…”

K- Para la hoja de promo…

S- Efectivamente. Hay de todo. El arte también puede ser a veces algo vacío, o esteta, aunque yo prefiero que tenga significado porque me parece más interesante siempre… Ahora te he dicho un par de cosas, pero a mí no me gusta y trato de no decir jamás qué buscaba al hacer esto, o que quería transmitir o que sentía yo para hacerlo, o qué me habían contado que creía interesante… Prefiero que la gente se deje llevar por lo que ve, y que busque dentro de sí, qué les puede decir dentro de sus propias experiencias y vivencias. Si llega al mismo punto que yo, pues bien, y si no llega y llega a otro, pues más enriquecedor, ¿no? Una cosa que odio y que es muy de señora mayor son los bodegones... pero a ti te pueden gustar y no tiene por qué haber una cuestión metafísica detrás o una búsqueda de algo.  Igual plásticamente en sí tienen un  valor: que sea bello o que te guste o que transmita o que te remita a un momento de tu vida o a determinadas cosas. Por eso para mi es interesante no decir. Incluso hay cosas en las que ni pondría título…

K- ¿Reflexiona el espectador sobre esto más allá del “me gusta/no me gusta, es bonito/es feo”?

S- Si les parece bonito o feo, sí, la reflexión es otra historia. Son quienes están más acostumbrados al arte, o incluso los propios artistas, los que buscan la vuelta de tuerca. En  las galerías no tanto porque quizás siguen siendo espacios menos populares pero en los museos es habitual que la gente se pare y la conversación se quede en un me gusta, no me gusta, “¿te has fijado que hay una niña que no se qué?”… A mucha gente con eso le vale.

K- Ya has conseguido algo con que alguien se pare, supongo. Por ejemplo, con las letras de rock en inglés sucede que apenas a nadie le importan. Se lo decía el otro día a un letrista. “Debe ser la manera más ardua de conseguir el menor impacto”…

S- A mí con las letras, los letristas y las canciones… Yo prefiero que sean casi en inglés, porque así no las entiendo o me quedo con cuatro cosas. Y para mí al final la letra como viene de una voz forma parte de un instrumento, o sea la interpretación de esa letra es la que me transmite.


K- Es un instrumento, sin duda, pero está diciendo algo… y eso tampoco no se puede perder de vista…

S- Vale, me desdigo (risas) Totalmente de acuerdo, y a mí a veces me ha dado pena, y me he metido ahí en el traductor de internet para ver que decían y he pensado “que pena que esto no lo pueda captar en el momento en el que lo estoy escuchando”. Y otras veces ocurre al revés: “menos mal que no sabía de que iba la letra, porque vamos…” (risas). Para los que no cogemos al vuelo el inglés parte del mensaje está totalmente castrado: un tío te esta diciendo algo que puede ser interesante y que  forma parte de lo que necesita transmitirte y tu al final te estas quedando con la entonación o el volumen o la rabia que le mete, o la calma que le mete, y entonces te quedas con la mitad del mensaje… Es interesante el poder cogerlo en su momento, como quien coge un libro de poesía, y profundizar en eso, porque al final no deja de ser poesía… es poesía…

K- O narrativa

S- Sí…

K- ¿Qué fue primero, la pintura o la fotografía?

S- La pintura. La pintura siempre fue una pulsión que tuve ahí… De pequeña pintaba un montón, luego tienes esa época en la que dejas de pintar para escribir (risas), que creo que es una época por la que pasamos todos en la adolescencia, ¿no? Y te pones a escribir  –por lo menos en mi caso- poemas terroríficamente espantosos y luego alguna vez los pillas y dices, ¡que horror!, imitando todo lo imitable y dramatizando todo lo que puedas dramatizar (risas). Luego cuando empecé la carrera creo que tuve que leer tanto y escribir tanto que volví a la pintura… es algo que me tomo muy relajadamente.

K- ¿Recuerdas cuando pintaste por primera vez? ¿Guardas algo?

S- Yo pintaba un montón de pequeña, pero es que mi madre hizo limpieza… (risas) Tenía un montón de revistas, en plan Kerrang, Rockdelux, diarios, dibujos… y se mudaron y te puedes imaginar donde acabó todo, con ese desapego que tienen las madres que piensan “bah, ya ha crecido, para que queremos esto”. No tengo nada.Lo único que tengo es un dormitorio que me hice de barro (risas) cuando tenía ocho o nueve años. Me compré, o me compraron –supongo que yo, porque  era un poco rarita- barro y me hice un dormitorio. Como a mi no me compraban casa de muñecas, me hacía casa de muñecas con cajas de cartón de estas de vino y me hice un dormitorio, y es lo único que tengo así de creación infantil. Y empezar a pintar un poco más constante y más consciente, a los 21 años o una cosa así. A hacer fotos de manera habitual, cuando vine a Madrid, porque mi mundo en Bilbao estaba más centrado en la arqueología. Si que iba a bastantes conciertos -dentro de lo que era Bilbao entonces, porque creo que ahora está mucho más activo - pero no es precisamente una ciudad en la que puedas vivir la música como algo cotidiano. Tienes que estar en circuitos muy concretos, pero hasta donde yo se –ahora igual es diferente-. Allí todo estaba mucho más desarticulado y es mucho más pequeño, los conciertos son mucho más puntuales y yo iba a lo que iba pero tampoco estaba tan metida, no había tantas facilidades. Aquí di un poco el salto, empecé a ir a  muchos conciertos, coincidió con lo de la cámara, me metí en temas de promoción, con una promotora muy chiquitina, muy puntual, seis, siete cositas…

K- ¿Cuando empezaste ya tirabas con digital?

S- Era la que tenía a mano, y también por la inmediatez. Empecé haciendo un  montón y sin editarlas; al día siguiente las cascaba en el Myspace y ya está: 100 que sacaba, 100 que metía. Era de forma mucho más inmediata: “tenlas ya”. Ahora no, porque una se da cuenta de que hay que hacer las cosas bien: hay que seleccionar, hay que editar y hay que darlas directamente -en tu web, alguna vez en el Facebook-, pero no todas, no todo, porque no todo vale.

K- Si tienes cinco fotos que están muy bien de las cuales una es la hostia, ¿qué harías? ¿elegir la mejor o ponerlas todas?

S- Lo que suelen  hacer, y seguramente es lo adecaudo, es elegir la megafoto, porque nadie ve el resto. Igual has hecho 100 que no valen nada y has conseguido la megafoto y entonces todo el mundo dice “es un fotógrafo de la pera”… A mí, como todavía estoy en un paso anterior, no te puedes ni imaginar lo que me cuesta seleccionar. Sufro… sufro… pondría las cinco, y en la web igual pongo la mejor…  o daría las cinco. También pasa que como los grupos son varias personas y a veces son amigos o conocidos, digo “como voy a poner al cantante o como voy a poner al guitarra… el resto también estaban allí”. Yo no soy de una sola foto. Y además, te lo juro, invierto un montón de tiempo en decir “me quedo con diez”. Y luego en coger esas diez y decir “venga tía, a ver, cinco”…

K- La selección de obra en cualquier disciplina es curiosa porque te das cuenta de que le tienes cariño a determinadas obras por cuestiones diversas, no exclusivamente por la calidad…

S- Le hice unas fotos de promo a Alberto (Alberto Acinas /Albereto), nos fuimos a la feria de San isidro y salieron muy en la línea de Alberto -porque también hay que pillar un poco la línea de lo que es la gente-, y una de mis fotos preferidas es una que creo que técnicamente es de las peores de la sesión. Es él como saliendo de un árbol, tiene un árbol detrás, es oscura… pero tiene una atmósfera extraña, y yo le tengo un montón de cariño. No es la mejor foto -objetivamente lo sé- pero a mi me encanta. Entonces ese es el dilema… efectivamente no tiene el enfoque bien ni, la luz bien, pero la atmosfera que tiene me dice algo, entonces, bueno… también a veces vas buscando eso, así que la cuelo y ahí va (risas).

K- ¿Cómo ves la escena musical de Madrid ahora mismo?

S- Veo que hay mucho movimiento con poca gente, aunque igual tengo una visión parcial porque no lo conozco todo ni me muevo en todos los ambientes, pero sí creo que hay gente ultra prolífica, muy interesante, muy buena, que está metida en un montón de grupos y que hace cosas muy diferentes, pero digamos que es como un corpúsculo de gente atomizada; casi te podría decir nombres y apellidos. Luego…a veces me da la sensación de que falta movimiento, incluso gente más joven no conozco casi gente muy joven que haga música, y lo poco que conozco es muy poppy, muy vacío, muy…  Antes había mucha rabia y había mucho post-punk, y lo que viene o lo poco que yo he captado no me parece especialmente interesante. Quizás sea yo (risas)  Lo que realmente me fascina es ver  gente con esa enorme capacidad creativa, personas muy cohesionadas entre sí, y yo creo que tienen un concepto que no es consciente, pero que yo también tengo… un trasfondo anarquista, de colaboración, de ayuda -“yo tengo un grupo, yo te hago un video, una foto, tu me haces un nosequé”- que quizá no sea desinteresado porque el desinterés igual no existe, pero sí se hace con el interés de crear de forma común, de un mutuo enriquecimiento y de que las cosas salgan adelante y la conciencia de que al final el arte es una necesidad.

K- ¿Crees que es una necesidad?

S- Sí, creo que el arte es una necesidad. Es una necesidad personal y es una necesidad social. Es de las primeras necesidades –no en lo personal, sí en lo social- que se quitan en momentos de crisis, porque no es vital…

K- ¿Caería la sociedad sin el arte? ¿Lo necesita?

S- Se cae una parte de la sociedad, por desgracia no se cae la otra, porque mientras tenga sus realityshows y tenga su futbol, y sus… Igual nuestro concepto de arte es… hay gente que escucha a Bisbal o a Maldita Nerea, y para ellos es arte también, y necesitan eso. Para nosotros es algo muy lejano, yo creo. Entraríamos ya en “¿Qué es arte?” Vale… Pese a que yo no comparta gustos o ponga en entredicho hasta que punto es arte, o que tipo de arte o que valor tiene, creo que la gente sí necesita arte, creo que la gente sí lo consume aunque sea inconscientemente.

K- Y si se levantan un día y ya no pueden escuchar a Maldita Nerea, ni hay música ni pintura ni tiras cómicas… ¿se morirían?

S- No, no se morirían, por lo menos no todos.

K- Se moriría uno, lo enterrarían y harían una procesión: “murió por el arte”… o por su ausencia…

S- Se moriría probablemente el que necesita hacerlo, el que necesita expresar eso.

K- A menudo el público de las bandas underground se compone de otra gente que tiene bandas underground…

S- Pues por desgracia, es retroalimentación. “Yo hago y me consumes pero a la vez soy yo el que consumo”. Es lo más habitual ir a un concierto y encontrarte casi con la misma gente, y que además esa misma gente sean músicos o promotores, o fotógrafos, o estén metidos en artes en general. Al final por desgracia la sensibilidad en ese sentido está bastante circunscrita a un círculo de gente… Aunque está fenomenal que esa gente esté… No sé si el problema es que no se hace algo que interese al resto, que ese resto no se entera de que existe o que no les interesa realmente.

K- O que es un arte de minorías… No en esencia, quizá, pero para entender determinadas cosas musicales hace falta una educación desarrollada. ¿Cómo puede entender a Napalm Death el fan de Bisbal?

S- Es culpa suya porque no se quiere educar (risas). Hay un arte más hostil y hay un arte quizás más obvio o más fácil de digerir o que simplemente llega a más gente…

K- pero la capacidad de impacto natural no existe si sólo tienes capacidad de impacto sobre un grupo de gente previamente educado en determinadas cosas

S- Tienes un techo, un número de personas limitado.

K- ¿Es eso más libre en el campo visual? ¿Puede darse una comprensión más intuitiva y visceral?

S- No te creas, yo creo que hay mucho videoarte complicado. Mira, a mi con el noise me pasaba al principio que no sabía si todo me gustaba o todo me horrorizaba: “¿esto mola o no mola?” Y a fuerza de oír y oír y oír te das cuenta… de oír en concierto, porque yo no me pongo un disco de noise en mi casa ni loca… Estuve en un concierto de DeathRoes y pensé estos saben lo que hacen, esto mola. Luego ves a otra gente que está ahí haciendo “whaaaewhaaaaaa”, y… (risas). Es verdad que para determinada música hay que educarse. Que hay que acostumbrarse a ir a conciertos… Pero yo he visto al mismo grupo en el círculo de Bellas artes o en El Matadero, o en La Casa Encendida, que son como sitios con renombre y abolengo -y ya se sabe, si algo aparece en determinados medios es que hay que ir porque hay que estar ahí-y estaba HASTA ARRIBA, y todo el mundo flipado. Ese mismo grupo tocando en El Perro, en El Juglar, La Faena… ¡20 personas!, ¡el mismo grupo!… Entonces, más allá de que la gente se tenga que acostumbrar a la música, es que no hay costumbre de ir a determinados sitios: no hay costumbre de salir a un concierto un miércoles, un jueves; a la gente le duele pagar ocho euros, pero no le duele pagar treinta por ir a un sitio más reconocido, más guay, más de moda… No solamente es la música, sino también el estilo de vida y las costumbres, porque yo creo que la gente no llega a apreciar las cosas hasta que se ponen caras, o hasta que están en determinados sitios o hasta que aparece en determinadas publicaciones. Hay grupos que se mueven por lo subterráneo y a los que vemos 20 personas y de repente los coge un sello x y empiezan a aparecer en determinadas publicaciones y con lo mismo que hacían de repente son la bomba. Y era el mismo, lo tenías al lado de casa y podías ir a verlo por siete euros, ahora pagas 30, fenomenal,¿No?

K- Pero al que llega por la vía “mainstream” también le puede gustar de forma sincera, ¿o no?

S- Mientras se llegue está bien…Lo que me da pena es que a veces ves un entorno en el que la gente está muy implicada y hace cosas que valen muchísimo la pena, invierten mucho esfuerzo, mucho tiempo, dinero, hay mucha ilusión, y lo que se recibe no está a la altura. Y parece que solamente se les reconoce cuando llegan a ser mainstream. Aunque a mi personalmente me parece fenomenal que consigan llegar, claro aunque tampoco tiene porque llegar a todo el mundo (risas)

K- ¿En este país de más de 40 millones de habitantes hay alguno que viva de la fotografía de conciertos?

S- Yo no vivo y creo que no. A tiempo completo creo que no. Tengo algún colega que sé que hace muchas fotos de conciertos, pero la mayor parte de los que conozco  tiene un trabajo x o lo simultanea con hacer videos. Lo ideal sería ganarte la vida con eso, como ganártela con cualquier cosa que te fascine y en la que inviertas tiempo y esfuerzo…  Aunque por serte sincera cuando algo lo llevo al campo puramente laboral acaba perdiendo algo de gracia.

lunes, octubre 01, 2012

ANGLOGALICIAN CUP!!!



Un evento a no perderse BAJO NINGÚN CONCEPTO. Si tu amada madre acaba de morir, tráela y resucitará. De lo contrario, garantizamos un embalsamamiento gratis, chistes filosóficos y borrachera cruel a todo trapo. Recomendamos también fervientemente la consulta del blog de la ANGLOGALICIAN CUP. GOG IS LOVE!!!

sábado, septiembre 29, 2012

PAISAJE (un apunte)

Quizá los paisajistas sean al cabo la vanguardia de la evolución espiritual. Una vanguardia sólo tardíamente y a medias comprendida por la modernidad, empeñada desde Chejov -via Carver y demás gelidez posterior- en desposeer al acontecimiento de significado poniendo en su lugar el fantasma –difícilmente rastreable- de una sensación o de un sentimiento que ya no está. Es por eso que siempre he sido algo reacio a eliminar de mi escritura ese punto de quieta descripción que tanto repele a muchos, especialmente al gremio de editores, pero que no dista tanto (está sólo pocas millas por delante, como el maestro del discípulo) de la aséptica consignación de eventos no explicables en que consiste casi toda la literatura actual de moda entre la carroña intelectual. Quizá los paisajistas se habían adelantado, sí, bastantes siglos, eludiendo la discusión sobre si hay un dios y la posterior discusión sobre si hay un sentido al limitarse - volando por debajo de ellas, o por encima- a mostrar los designios estéticos de esa presencia o esa ausencia.

Regreso de los excesos de un mes de giras, conciertos punk, sueños violentos en casas ajenas y desgaste para encontrarme con ese vacío de la casa a solas y la vida a solas que el paisaje llena y define con más precisión que las diatribas y los argumentos. Una contemplación activa que nos mantenga a un milímetro aún de la pura piedra sufriente, pienso: el humo de tejados, el pájaro detenido, apenas una mancha, los cazadores que ya para siempre estarán volviendo a casa, las estrellas después, tapadas probablemente hoy por el resplandor naranja de los pueblos contra la masa de nube baja; los perros, claro, cuyo ladrido es consustancial a la tierra; la noche, como un ojo mineral engastado en la vaga montura del mundo, dejada sobre un agitado colchón de sueños que por un momento casi hubiesen dejado de bullir. Noche y día. Mira, no pienses. Los colores, los fluctuantes límites de lo intacto que no se ve, en forma gaseosa. Tú y lo otro.

Paisajes. Para no morir pero no engañarse tampoco. Paisajes. Que no dan nada ni quitan nada y cuya inmóvil mecánica terminas por aplicar a la gente, que a base de decepciones te ha ido quitando las ganas de ser un ser social; las de buscar y las de encontrar, las de la guerra, la conquista y el final encuentro con el vacío que ya conoces de tantas veces, al cabo. Las mujeres y los hombres son paisaje. Deja que hablen si quieren. Deja que vengan a ti, con calma chicha y tormentas. Los hechos son paisaje. Un lapso hermoso o inocuo en algo que no existe. La vida no existe. Sólo está.

Regreso de los barrancos de la acción y noto el cansancio penetrante, calado en los huesos huecos por los que la juventud se ha largado, alegre, para poseer a otros cuerpos. Regreso sintiendo la presencia de lo inevitable sobre el músculo aún vigoroso del final de la treintena; preparado para los testamentos y las renuncias, en el borde exacto en el que uno debe decidir que dirección llevará la última bala perdida. El resto será, lo sé, perseverar en nuestras heridas y nuestros goces oscuros y limitarnos a intentar que los bocetos sean más ajustados cada vez y el vino nos siga sabiendo bien, después del tiempo.

Menos de lo que esperábamos, de nosotros y de ellos, en este páramo, a mitad de camino. Menos de lo que esperamos aún. Y suficiente, sin embargo. Basta la mirada estática que dice lo que el mundo es en realidad para ti, para siempre: la mesa desordenada donde se acumulan papeles, lápices y libros, la música que ya no sonará hoy porque de ella te has hartado también. Paisaje. La ventana que deja ver afuera el luminoso caldo dorado que baja sobre el bosquecillo sagrado que se salvó de la tala, quieto bajo el susurro de un viento que es sólo mental. Paisaje. Los ruidos que se han escondido en los bordes negros de la tela. Una figurita de un búho en una esquina y dos naranjas que olvidaste antes de ayer, sobre una silla vieja. Paisaje. Y tú, quizá. Paisaje.

A (amargo, inevitable, escéptico) salvo de los héroes y los dioses, y todas las demás cosas que en otros tiempos nos dio por inventar. //LUIS BOULLOSA

martes, septiembre 11, 2012

EL GATO Y LA LIEBRE (MV & EE en La Casa Encendida)


A todos nos gusta que nos tomen el pelo de vez en cuando, y hacer como que no nos enteramos. Hay maneras dulces de dejar que suceda, y hasta el desinterés puede ser a veces excitante, como bien han sabido algunas bandas escogidas a lo largo de la historia. Pero todo tiene un límite.
También es cierto que lo desmañado puede ser encantador y lo balbuceante tierno. Que un primer polvo puede ser recordado con cristalino cariño (una vez superado con unos cuantos cientos mejores) y los padres se embelesan hasta con los traspiés de sus pequeños vástagos. Pero todo tiene un límite.
El otro día, invitado por dos colegas de profesión, subí de nuevo hasta al tejado de La Casa Encendida, de donde había tenido que ausentarme unos años atrás por impostergables compromisos con la vida misma. Seguían allí todos los modernos que jamás cambiarán nada, aparte del guardarropa propio –el patrio sigue siendo chándal y medallas-, circunspectos, encantados de (re)conocerse en tal improvisado fuego de campamento, y hechos carne para atender  al pase del dúo americano MV & EE. La cosa –que, dicen por ahí, aúna ragas indios, psicodelia y música de los Apalaches- resultó ser un severo, cabizbajo ejercicio de folk desestructurado, letras a medio desarrollar o aprender (especialmente cantoso el traspiés en una versión, apenas pasable, de “One More Cup Of Coffe” de Dylan) y vastas improvisaciones cuyo principal activo era la ineptitud. Porque, no lo duden ni un segundo, en el mundo de la “nueva vanguardia neopsicodelica” la ineptitud es un valor, la empanada mental un signo de profundidad y usar el mantel de tu abuela como falda, un inequívoco síntoma de revolucionaria dejadez. Todo un “fuck you” en la jeta del sistema, parece, sí. En fin, que la parejita de enanos de jardín se esforzó y dio un clinic sobre como cómo cruzar guitarras a la deriva sin sentido aparente, irse de ritmo cada tres compases y crear una pasta grumosa de cableado eléctrico e inane buenismo freak que nadie se atrevió a criticar, aparte de los justos, en su inocencia. Estábamos, al cabo, en uno de esos reinos, presentes en cualquier época, por los cuales el rey puede pasearse en pelota picada sin temor a que nadie lo diga en alto.
Pero lo más sangrante no fue que la patulea de “hipsters” de décima generación allí reunida mostrase omnivoras tragaderas, o que careciese de criterio, o que lo tuviese inhibido al servicio de su diaria imagen de suplemento semanal. Lo de verdad dramático es que quien sabe sea confundido también hasta el punto de percibir lo de la parejita como “vanguardia”, cuando apenas puede ser clasificado como balbuceante ejercicio retro. Por atenerme al palo, vanguardia eran –y sólo quizá- los Grateful Dead de hace casi cincuenta años, y hace ese medio siglo estos dos hubieran sonado ya como meros copistas poco afortunados, cachorros despistados en la colisión entre tradición, nuevas maneras y filosofía libertaria que aquellos propugnaban. La ventaja para los snobs de entonces con respecto a nosotros es que con cierta seguridad el público hubiese estado “en ácido” (que dice mi camarada El Implacable) en lugar de colocado con su propio ego de saldo. Y ya de no follar, al menos hubiésemos podido drogarnos.
Claro que es posible que estas reflexiones provengan exclusivamente de mi envidia y mi frustración, porque claro, yo también quiero hacer un tour europeo, yo también quiero tocar en la cripta de la iglesia de Notre Dame de París (donde comparecerán este jueves 13) y yo también quiero descojonarme en la cara del personal y que me aplaudan. Lamentablemente, suelo ir en tiempo cuando toco (no siempre, ojo), afino al cantar (a veces) y me he rasurado la barba recientemente. No cuadraría ni a taladro en el panteón del  delux-proletariat de este lado del charco, siempre dispuesto a confundir dos toneladas de alfalfa con la piedra filosofal, siempre renuente a usar ese definitivo y saludable método crítico que es el botellazo en la cabeza. Pena.
Mi amigo Fake lo llama “el síndrome de Daniel Johnston”, pero esto lo explicaremos en otra ocasión. Yo digo, con él, que hay quien desafina de manera gloriosa y quien trastabilla a varios palmos por encima del suelo, pero que son contados, se los distingue a la perfección y a menudo lo hacen (y lo sufren) porque no lo pueden evitar. En todo caso, quizá habría que recomendar a los entendidos, y al público también, que aprendiesen algunos rudimentos musicales, y acaso algo de inglés, para poder distinguir el timo de la estampita de la banda del millón de dólares. O convencerles de que llevar la contraria ha vuelto a ser “cool”. O, en el tercero de los casos posibles, animarles a que desesperen de su ansiosa y extenuante búsqueda de vanguardias, ya sean estas modestas. El mundo no cambia a empujones de guitarra deshilachada y medias sonrisas. Cambia a base de muertos de hambre y guillotinas. Y a peor. Pero eso ya lo sabían ustedes, ¿no es así? //LUIS BOULLOSA

viernes, agosto 31, 2012

BEN SALTER de gira por SSPAÑA (y GALICIA)


BEN SALTER, de cuyas excelencias musicales hemos dado cuenta aquí de manera reiterada, se pasa por Celtiberia para presentar su excelente disco "THE CAT". Le echamos una mano nosotros (GOG Artifacts) y la gente de SOULBLONDING! haciendo gala del buen gusto y el ojo para las joyas escondidas que nos caracterizan. Cita ineludible con el mejor pop/rock/folk de autor que se puede escuchar ahora mismo. letras inteligentes, excelencia vocal y talento compositivo fuera de toda duda. Espero veros por allí (y por allá) y agradezco de antemano a quien lo haga la difusión de este capital asunto subterráneo. SALUD!!!

20 MADRID - Wurlitzer Ballroom
21 VIGO - La Casa de Arriba
22 PONTEVEDRA - Liceo Mutante
28 PALENCIA - Lemon Society
29 URRETXU - The Intrepid Fox
30 TARRAGONA - (sala por confirmar)

miércoles, agosto 29, 2012

THE JEW AND ME (a love story)


Una de las razones por las que seguí escribiendo fue Bob Dylan, así que echadle la culpa a él. Podía haberme quedado en mis poemas infantiles y mis inicios de novelas del oeste inspirados por J Mallorquí, pero me tocó en el hombro un día y cuando me volví me dijo: ¿Tienes un cigarro? Era en su época de blanco y negro con mucho grano, cuando era puro hueso de neón y gafas de sol, como en aquel sobado libro de letras que encontré en una estantería. Y como en la capital “Don’t Look Back”, que grabé de la tele en un video veta y erosioné en eternas tardes solitarias. Fue para mí antes que los beat –a los que sólo tardíamente (y parcialmente) he vuelto a valorar- y antes que el Rock&Roll propiamente dicho, probablemente mezclado con lecturas adolescentes de Huxley, Hesse (que de hecho sólo se puede leer de adolescente), Miller, Sábato, Emily Dickinson y otras hierbas malsanas que escogía con criterio puramente instintivo de la biblioteca paterna. Poco hizo en inicio, el ahora ubicuo Mr. Frost, aparte de malograrme la sencillez con una serie de imágenes intoxicantes y que difícilmente podía yo comprender en aquel tiempo, y para comprobarlo bastaría con leer los primeros intentos de canción que puse en papel, vergonzantes apaños oníricos en los que masacraba también Cohen y al pesado de Clapton, al que entonces no le había dado aún por los trajes de Armani, las bermudas de colores ni el blues higienizado para ascensor.

Sin embargo, una vez roto el hechizo opiáceo, Dylan ha sido en mi vida un ejemplo capital, y -lo que es más raro y más valorable-  lo ha seguido siendo hasta el día de hoy. Cada individuo independiente es un ejemplo en la construcción de un individuo independiente, y no se me ocurre otra cosa mejor que hacer que tratar de ser precisamente eso, ya que los niños no me interesan, los animales cada vez menos, estoy genéticamente amputado para la avaricia y tengo una fijación malsana con el arte: es decir, soy lo que la gente llama –dependiendo- un tarado o un alma libre. Ahora han pasado mis años de fan enfermizo y, pasado ya el medio del camino con mucha probabilidad (y sin ninguna gloria), cuando uno ha gastado la mitad acaso de sus años lúcidos, lo siento, a Dylan, como un viejo amiguete de tascas más que como un ídolo. Está dentro, convertidas sus canciones en un serpenteante río secreto de claves, consejos y momentos de iluminación, y su vida en una especie de paralelo y opaco espejo en el que mirarse no es doloroso.

Dicen por ahí que saca nuevo disco. Me lo agenciaré, claro, aunque discrepo con muchos dylanitas de la glorificación sistemática de sus últimos trabajos igual que discrepo del olvido en el que están sumidas algunas de sus piezas claves (“Good As I Been To You”, sin ir más lejos, por mucho que sea un álbum de versiones). A mí “Modern Times” me pareció digno y elegante, pero carente de canciones de fuste,  a excepción de “Working Man’s Blues”, por la que, esa sí, Springsteen –el artista real más sobrevalorado de los últimos 30 años- hubiera dado un brazo o dos. “Together Trough Life”, por su parte, me resulta una rareza hecha con el piloto automático, que es quizá la peor forma de dar a luz a una rareza. Para mí su último gran disco es el reseco, altivo y quemagranjas “Love & Theft”, que, curiosamente, la gente pasa un poco por alto. Claro que, por otro lado, estoy aquejado de un mal endémico entre los que hemos convivido con un artista tanto tiempo que al final la vida (nuestra) y la obra (suya) se entrelazan hasta conseguir un denso potingue de peculiares guiños y visiones: “trabajo” mucho más sus discos menores que sus grandes obras. Así que no sería raro que en diez o quince años esté defendiendo esos dos discos que ahora critico.

Cuando empecé, un poco por inercia, otro poco por casualidad, a escribir sobre música, una de las cosas que tenía en mente era hacer algún buen artículo sobre Zimmy. Uno bueno de verdad. Nunca llegó la ocasión y al final entendí que ya se había dicho demasiado sobre el sujeto (y parte de lo mejor lo ha dicho él en el excelente “Crónicas”), que había mucha gente desconocida sobre la que hablar y que abarcar sus épocas era demasiado trabajoso cuando uno tenía que seguir también su propia labor creativa. Me conformé pues, con la mejor parte: seguir empapándome de lo suyo, volver a él repetidamente –aunque espaciadamente- en los momentos más extraños de la vida (¿hay alguno no extraño, pasados los 30?), vivirlo con el mismo infantil placer liberador que tengo cuando me como un helado bajando por una calle vacía.

Esto es pues una abdicación. Seguiré comentando aquí y allá detalles, anécdotas e impresiones, pero será más mi vida que la suya. Refractario como soy a los Gurús, a los profesores y a los métodos, se que he aprendido, sin embargo, bastante más de él que de lo que podría consignar en unas líneas. Y  mi única recomendación al respecto será la más sencilla: Escuchadlo. Hacedlo sin prejuicios, si eso es posible a estas alturas de la disección. Buceadlo como se hace con los grandes, esos que acaban siendo parte del propio sistema sanguíneo y que no piden royalties a cambio.

Es pura vida, y lo demás no está. //LUIS BOULLOSA
 

A continuación, una lista de favoritos dylanescos que iré comentando en los próximos días si me da la gana.

MIS CINCO TEMAS FAVORITOS DE LOS ÚLTMOS QUINCE AÑOS (HOY)




Highlands

 
MIS CINCO TEMAS MENORES FAVORITOS (HOY)
 

SimpleTwist of Fate (Cover de Jeff Tweedy... FUCK WILCO, anyway)



Everythingis Broken (este enlace no va a la original, pero ESTE tampoco)

martes, agosto 14, 2012

JEVARRA Y SNOB (por GATO PALUG)




Como todo el mundo sabe, si hay una holocausto nuclear sobrevivirán sólo las ratas, las cucarachas y los jevis. Esta afirmación no es despreciativa, sino todo lo contrario. Cuando era chavalín –al menos a sí lo recuerdo yo- en mi pueblo había muchos rockers y muchos punkis (y muchos, muchos más yonquis, pero esa es otra historia). Dos o tres años después, cuando empecé a salir por ahí a emborracharme, quedaban tres rockers (reconvertido alguno en simple fascista) y un punk. De ellos, los que tenían algún interés por la música se dejaban caer por… ¡el bar de los jevis! Y amigo, lo cierto es que ese fue el primer lugar donde escuché a Leño, a Hendrix o a Janis Joplin, aparte de la metralla cornuda de turno. Barco escuela. El jevi metal es un barco escuela: es necesario para empezar a hacerte un hombre, pero conviene abandonarlo pronto so pena de acabar siendo una nenaza, calcificado en una pose prescrita y luciendo unas pintas deleznables de fiesta de disfraces. De las épocas de cocinillas previas al cenobio, conservamos sin embargo querencias, recuerdos y verdades que nadie nos puede arrebatar. He aquí la lista de mis bandas de metal (o cerca del metal) favoritas de todos los tiempos y una explicación del porqué de sus reinados.


NAPALM DEATH: El primer disco de los Napalm que escuché (lo conservo) me lo compré por trescientas pesetas en la cubeta de saldos de un BOB’s (equivalente al actual VIP’S). Fue en Madrid, puede que el mismo día que me agencié mi primer ejemplar del Ruta 66 (número 68, Dylan en Portada, ya han corrido 20 años). Eran una Peel Sessions (DEP) que me cambiaron la vida y demostraron que mi afirmación habitual de que determinadas músicas necesitan de instrucción previa para ser comprendidas es una fantochada y falla a menudo: los entendí. Sigo siendo fan a día de hoy aunque considero que sus dos primeros álbumes (con el inefable Mick Harris a la dañina bataca) siguen siendo su cúspide absoluta: una especie de síntesis core que explota e implota a un tiempo, reveladora, ascética, oscura y luminosa. Los vi por primera vez en directo hace algo más de un año, también en Madrid y en situación atípica: Barney Greenway (voces) había colapsado en el bolo anterior y estaba hospitalizado, así que tocaron en formato trío y a micro abierto (pasaron a hacer sus pinitos vocalistas de bandas locales y algún espontáneo). Aún así, sonaron agrestes y demoledores, más punk, en el fondo, que jevi,  demostrando que cuando uno tiene voluntad de hierro “para” no es una orden que se acate con facilidad. Leyendas.
MORBID ANGEL: Lo primero suyo que oí fue la descuartizante “Chapel of Ghouls”, en un recopilatorio en vinilo del sello Earache que me pillé de saldo en el Club de Amigos del Disco (Madrid). Me bastó para amarlos de inmediato. Luego los vi dos veces en directo, creo que las dos en la extinta sala Katedral, y aquello eran palabras mayores. Me gustan las bandas hipertécnicas que suenan sin embargo asilvestradas. Los Morbid eran de esos y pese a su burricie y salvajismo, tenían un toque de jevi clásico que no llegaba a ser hortera, lo cual es un milagro. Dioses olvidados.
BLACK SABBATH: Mis dos primeros discos de Jevi metal fueron el recopilatorio “Hot & Heavy”, de Scorpions y “Blackest Sabbath”, otro recopilatorio, que recorría lo más granado de los Sabbath, dando fe de todas sus épocas y sus distintos vocalistas. Este aún lo puedo escuchar sin sentir vergüenza ajena (el caso es que sospecho que el otro también, manda huevos). Aunque, inevitablemente, la era Ozzy es la mejor, recuerdo que “Sign of the southern cross”, con el enanete cornudo Ronnie James Dio, me la ponía bastante dura a mis tiernos y épicos 15 añitos. Anda que no molaba.
IMMORTAL: Infraghouls de la edad glaciar, coleguillas de farra –tienen toda la pinta- de aquel Merlín de John Borman que habitaba en cavernas frigoríficas, deberían tener un cameo urgente en Ice Age, en odínica misión para recuperar la bellota de los cojones. Suenan infernalmente como el culo (como debe ser, en su caso) y son la sublimación temprana de un género –el Black metal- que luego ha dado en repetirse primero hasta la náusea y después hasta el chiste facilón. Si no me repugnaran los Kiss diría que estos son mis Kiss de la ultratumba. Black is black (I want my baby back)
SEPULTURA: Brasileños, bautizados en honor a un tema de Motörhead (“Killed By Death”, creo recordar) y durante muchos años mi banda de metal favorita. Implacables reyes del ultra-trash desde el “Beneath The remains” hasta el “Chaos A.D”, pasando por el mega-clásico “Arise”, todavía retumbaban poderosos e integros en tropicalizado “Roots”, último álbum con el zampabollos de Max Cavalera como frontman. Mi favorito personal (hoy) es el citado “Chaos AD”, quizá su álbum más punk y menos heavy y donde, creo recordar, había una colaboración del cretino de Biafra (en la epatante “Biotech is Godzilla”) y una versión de New Model Army. Tienen también un video en directo grabado en Barcelona (“Under Siege”) y su versión de “Orgasmatrón” de los de Lemmy aún resuena en mi recuerdo en una lejana noche de farra del 92 en Burela, ciudad portuaria del norte de Galicia en donde, en aquellos tiempos, sólo había jevis y marineros (y era de presumir que algunos compartían ambas parafilias).
MOTÖRHEAD: Sin comentarios
SLAYER: Cuando alguien dice la palabra nihilista, no se porqué, pienso en ellos. Deben tener tan poco cerebro como notas les sobran, y sin embargo, por alguna razón oculta, fueron grandes. Y “Decade of Agression” sigue siendo uno de los mejores discos jevis en directo de la historia, si no el mejor.
PANTERA: Número dos en mi lista de epifanías violentas: “Fuckin´Hostile”, especie de inesperado fist fuckin’ adolescente contenido en el im-pres-cindi-ble “Vulgar Display of Power”. El anterior, “Cowboys from Hell”, era ya bueno, y el siguiente, el ultrabruto “Far Beyond Driven”, molaba bastante (con curiosa versión de “Planet Caravan” incluida), pero jamás volvieron a ser capaces de repetir el nivel de furia ciega y odio escupido al jeto con asesina precisión. Fueron la demostración palmaria de porqué es grande el Rock&roll: porque un puñado paletos sureños con dificultad para escribir sus nombres y encubierta querencia por el glam pueden poner el mundo patas arriba gracias a sus cojones y a un momento de gracia. Ah, y a la presencia de uno de los mejores frontmen de todos los tiempos, ese Phil Anselmo que siempre seguirá siendo adorable, por mucho crack que haya llegado a fumar. Recomiendo el visionado del video de un Monsters of Rock en Moscú donde se lía parda durante su actuación. Aún no superados en lo suyo.
HIGH ON FIRE: Hacen las portadas más feas del mercado, esas que dibujaba tu compañero melenudo del instituto mientras duraba la clase de matemáticas. Son más jevis que el viento y no lo ocultan, y sin embargo tienen una baza ganadora: su naturalidad. Agrestes, empecinados, peliagudos, armados hasta los dientes. Si tienes que elegir entre enfrentarte a un Nazgul o a Matt pike, eliges un Nazgul. Nacieron tarde para hacer la banda sonora de “Conan el barbaro”, pero da igual: te pones “Blessed Black Wings” y Conan eres tú mismo y el mundo está bajo tu espada. Directo desmontante, amiguetes.
TODAY IS THE DAY: Una de las mentes más perturbadoras del metal, Steve Austin. Quizá la más perturbadora. En el infierno hay un psiquiátrico entero para él. Para que lo dirija, claro. “In the Eyes of God” es un disco de otro mundo, y casi todo lo demás es sobresaliente, exceptuando quizá “Kiss The Pig”, pero incluyendo el demencial y trastornado doble “Sadness Will Prevail”.
JUDAS PRIEST: El papá (homo) del asunto
IRON MAIDEN: La mamá (del asunto)
VOIVOD: Eran canadienses, pero se les perdona. Creo que de puro malos eran cojonudos (igual que Celtic Frost, por decir alguien). Experimentales para los standares del jevismo de su tiempo.
SUICIDAL TENDENCIES: Empezaron siendo hardcore, y esa es la época que vale, pero como tocaban setecientas veces mejor que cualquier grupo de hardcore que haya existido jamás, terminaron cometiendo el error habitual y haciéndose jevis. Sin embargo, siempre les ha quedado algo de esa violencia visceral y ese sarcasmo directo que les hizo grandes. Por no hablar de su pinta de killer pachucos, su famoso “I shot reagan” en el arranque de “I shot the Devil” o la mejor canción zumbadora de todos los tiempos “Trip at the Brain”. En su momento, Dioses absolutos, y en su debacle metalera, todavía aprovechables. Que Robert Trujillo haya acabado de mercenario en los patéticos Metallica confirma que el mundo no es justo y que los punks deberían morir jóvenes para no poder traicionarse a sí mismos (y de paso a todos los demás)
GODFLESH: Gélidos e industriales. Puro muro de granito inglés, apocalíptico y urbano. Quizá al metal lo que Joy Division al rock, aunque ni siquiera se les pueda considerar exactamente metal. Compruébalo tu mismo, hazte ese favor.
IMPALED NAZARENE: Dejaron de interesarme cuando empecé a vislumbrar que había algo de cierto en todo su chiste homófobo y filonazi (nadie mantiene un chiste durante dos décadas si no tiene algo de verdad personal). Lo de satánico me daba más igual, y me caen bien las cabras. “Suomi Finland Perkele”, el primer disco que les escuché,  sigue siendo sin embargo un álbum apoteósico y regio en su procesional oscuridad, su furia militar y sus ocasionales pepinazos Motörhead. “Ugra Karma”, el anterior, una cegadora aura de seta atómica y los posteriores “Rapture” (afiladamente punk) y “Nihil” (afiladamente jevilón) dos trabajos de aplastante pegada. “Do you want total war?”
BURZUM: Varg Vikernes, pensador paganista conocido también por haber inventado el black metal y por su afición a quemar iglesias, asesinar rivales artísticos a puñaladas, cumplir condena con entereza y regresar al ruedo para reinventarse en tres discos mayúsculos, entre ellos el enternecedor “Fallen”, que este cronista definió como “el primer disco de black metal primaveral”. “Hvis Lyset tar Oss” y “Filosofem”, de sus inicios, son obras maestras absolutas de turbio minimalismo y visceral repetición. Ámalo u ódialo, pero es un genio igual. 

lunes, agosto 13, 2012

NOTA AL PIE



No haré un canto a mi mismo: soy periodista y consciente de lo que ello significa. Me bastará pues con una nota al pie. Esta misma. En la imagen posamos (de izquierda a derecha) un servidor (de nadie), Mr. Manuel Beteta, docto archivero de la sabiduría high-energy y otras hierbas de aroma intenso, y Mr. Esteban Hernández, maquiavélico sociólogo underground. Está tomada a la puerta de la puta sala Heineken tras un largo bolo de los Drive By truckers del que ellos salieron extasiados (en diverso grado) y yo indiferente. Para casi nadie excepto para nosotros y algún cercano, puede significar nada la foto, y sin embargo es importante: de no ser por el amor a la música rock, esa grasienta excrecencia mongoloide de la cultura imperialista americana, tres personalidades tan dispares y contrapuestas jamás se hubieran llevado bien. Así que, como dice el refrán, “en el pecado llevas la penitencia”. //LUIS BOULLOSA

martes, agosto 07, 2012

THE LAMB IN FLAMES, THE CROWN, THE THORN

Encontré esto buscando “Satanic Goat” en imágenes de Google. Por qué me dio por ese tipo de búsqueda después de una calmada mañana de piscina y de tomar el té con mi hermana, es un misterio. Estaba AQUÍ, y de esa página salté a ESTA OTRA, también bastante fantástica

BURN YOUR OWN CHURCH

Como es verano y andan mis sobrinos por aquí, he considerado pertinente recuperar este clásico de KAPUT...

sábado, agosto 04, 2012

WOODS - "Cali in a Cup"



Placeres veraniegos a cargo de WOODS, de costa oeste a costa oeste (y eso que son de Brooklyn, pero ya se sabe que para patria, el deseo). El tema es simple, pero no necesita más.

miércoles, agosto 01, 2012

ALQUIMIA Y FERTILIDAD - Una entrevista con PINK REASON


Repetitivo, desarticulado, soterradamente pop y oscuramente luminoso, “Shit in the Garden”, el Segundo largo de PINK REASON es una epifanía que muchos recuperarán con el tiempo, asombrados de no haber estado allí cuando sucedió (aunque no lo confesarán, ya se sabe que en el primer concierto de Ramones estuvo todo dios). Esta en él todo lo que se les pide a los hypes underground y que tan raramente dan, además de una saludable visión punk, un ojo innato para el hit de ultratumba y un detallismo tan cacharrero como cautivador. Con dificultad, conseguimos contactar con Kevin Failure, el genio de la lámpara, que contestó amablemente a las preguntas de KAPUT. Lejos de su convulsa vida anterior, parece haberse equilibrado y la nueva encarnación de la PINK REASON es una banda en toda regla y no un vagabundo a la fuga que va dejando perlas tras de sí. La versión original en inglés de esta entrevista, perpetrada por LUIS BOULLOSA, ha sido publicada en PERFECT SOUND FOREVER, uno de los magazines musicales on-line más antiguos en activo, y puede ser leída AQUÍ (con una introducción distinta y acaso más reveladora). Disfruten, el autor afirma que es una de las mejores entrevistas vía mail que ha hecho jamás.

KAPUT- Has dicho que en un tiempo estuviste obsesionado con transformar toda la mierda de tu vida en oro, y que la música era el ritual mágico para eso. Suena como alquimia, alquimia vital… ¿Puede la música curar y transformar las cosas? ¿Cómo? ¿Funcionó?
KEVIN FAILURE- Ciertamente, la música ha tenido un papel transformador en mi propia vida. Yo fui un descastado social desde el mismo momento en que entré en la escuela. Todas las escuelas tienen un chaval como yo, al menos en los Estados Unidos, y yo era el de la mía. Ya conoces el tipo, ese que es universalmente odiado a un tiempo por alumnos y profesores. Ese chaval con el que todos se meten, incluido el maltratado de la clase. Tuve muchos líos allí por “instigar problemas”. Así es como justifican el castigar a alguien por ser la víctima de los abusos. Me pusieron en clases para “necesidades especiales”, con niños que estaban mental o emocionalmente discapacitados. Se me consideraba un estudiante “en riesgo”. En riesgo de qué estaba yo exactamente nunca fue explicado. Así que dejé la escuela a la edad de 15 años, y en la época en que los chavales que hubieran sido mis compañeros de clase se estaban graduando en el instituto yo ya tenía una condena por drogas que impedía que pudiera conseguir un préstamo para estudiantes e ir a la universidad. Mi familia estaba atenazada por la pobreza. No había gran oportunidad para que alguien como yo tuviese un final feliz. Y no lo ha tenido mucha gente a la que he conocido en esta vida, desafortunadamente.
Mientras crecía, la música fue mi evasión ante la hostilidad y la violencia con la que hube de encontrarme en el mundo. Durante la pubertad, me convertí yo mismo en músico y empecé a usarla para canalizar mis emociones y experiencias convirtiéndolas en algo tangible que pudiese usar como moneda. Era un chanchullo. Era un pase que me permitía el acceso a la gente más mayor de la escena punk y a su comunidad. En ocasiones, usé el hecho de ser músico para poder encontrar comida o cobijo. Era duro, era una lucha, pero había un cierto sentido de orgullo en lo que estaba haciendo, y eso era algo.

Finalmente, supongo que cuando llegó el momento apropiado, me permitió un acceso aún mayor a mundos exteriores a aquel que yo ya conocía. Eso me permitió viajar y conocer gente. Conocí a mi mujer a través de la música. Me ha conseguido la mayor parte de los curros que he tenido. Me ha llevado alrededor del mundo.
En estos tiempos, tengo un lugar en este mundo. La vida no carece de problemas, pero mi posición ahora es muy distinta de aquella en la cual nací. Ha sido la música la que me diferenciado de mis coetáneos mientras crecía. La he usado para, esencialmente, construir la vida que quería. Suelo estar ocupado, y a menudo estresado, y siempre habrá problemas, pero la música me proveyó de libertad, independencia y algo que se asemeja a la satisfacción.

K.- ¿Es todavía ese tu objetivo o ya has transformado la mierda en oro? ¿Tiene todo ello algo que ver con el título de tu disco “Shit in the garden” (Mierda en el jardín)?
K.F.- “Shit in the garden” era sobre la alquimia, pero también sobre la fertilidad. No hay final, por lo que yo puedo ver, en aquello que hago. Los tiempos y las circunstancias cambian, pero, como alguien que ha viajado toda su vida, he aprendido a adaptarme a esas cosas.

K.- Se ha hablado mucho de tus tiempos de chaval en Rusia y se te ha retratado como un vagabundo, yendo de ciudad en ciudad. ¿Aún vives así?. Qué te trajo ese tipo de vida y como influyó en tus letras y tu modo de componer?
K.F.- Ese estilo de vida me trajo la música que hago. Hoy, tengo una mujer y un hijo. Pero eso también es nuevo para mí. No puedo predecir qué traerá el futuro, pero seguro que habrá movimiento. Mi mujer también tiene un corazón aventurero y ha estado en unos cuantos sitios por su cuenta.

Creo que debería ser obvio como en el pasado ese tipo de vida me llevó hasta las grabaciones caseras de baja fidelidad. Y creo que la gente que escuche lo que estamos haciendo ahora como banda podrá oír el hecho de que ahora tengo una vida más estable. Tengo una banda a tiempo completo. Grabamos en un estudio. Puedo permitírmelo ya que permanezco en un lugar el tiempo suficiente para ahorrar algo de dinero de mi trabajo. Pink Reason lo consigue de la manera que pueda. Por cualquier medio necesario, pero también por cualquier medio que esté a nuestro alcance económico.
K.- El DIY (siglas de Do It Yourself, hazlo tu mismo. N. del T.) suele ser dibujado como una elección política, pero a menudo parece más un método de trabajo inevitable. ¿Te gustaría tener mejor equipo y más dinero para grabar libremente?

K.F.- Desde luego. Especialmente ahora que estoy relativamente estable y de algún modo fijo por un tiempo. Es más fácil tener un buen equipo cuando no tienes que preocuparte de cómo lo vas a meter en tu mochila. No me importa mucho el fetichismo “lo-fi”. Venimos de la pobreza, y es por ello que hemos grabado “lo-fi” en el pasado. Siempre habrá idiotas viviendo “a lo pobre”. Son buitres de la cultura, que les den.
K.- Consideras que tu música está cerca de la técnica de collage? ¿Cómo construyes las canciones y cuál es la importancia de los accidentes en el proceso?

K.F.- Es siempre diferente. A veces son como collages, fijo. A veces es solo la típica construcción rock. Trato de no quedarme estancado en ningún modo particular de hacer ninguna cosa. Hay elementos de improvisación incluidos en lo que hace la banda, y los “accidentes” son bienvenidos a veces, pero soy muy critico con mi trabajo y el de los músicos con los que toco. Intento no dirigir demasiado a la gente con la que trabajo, pero sino estoy contento con como interpretan, no trabajaré con ellos.
K.- ¿Consideras que tu música es urbana, que la ciudad, como concepto, tiene una importancia en ella?

K.F.- A veces. Viví en Brooklyn durante cuatro años mientras tocaba con Pink Reason. Mientras estaba allí, el sonido de la banda estaba ciertamente influido por la ciudad misma. Las experiencias y emociones sobre los que canto, sin embargo, no se limitan a “la ciudad” y la banda se formó en la comunidad, bastante rural, de Superior, Wisconsin, en la punta más al norte de aquel estado. Mucho del trabajo primerizo de la banda se hizo en una granja lejos de cualquier cosa que se pareciese a una ciudad, en el norte de Wisconsin. La verdad sea dicha, preferiría vivir en el campo, aunque hay también sin duda muchas ventajas en vivir en una ciudad.
K.- ¿Cuál es la importancia de la repetición en tu música?

K.F.- A veces tiene un papel muy importante. Especialmente al principio de la carrera de la banda yo estaba haciendo intencionadamente música que fuese hipnótica. En este momento diría que es menos importante, aunque mucha música utiliza la repetición. Los ritmos, los riffs y los estribillos se repiten a través de la música que está basada en el rock. Hay una fina línea entre algo que te succiona a través de la repetición hipnótica y algo que simplemente es aburrido. Supongo que el lugar en el que esa línea se encuentra para ti depende de si te gustan o no las drogas.
K.- Aunque tu música y la suya son diferentes, el nivel de caos de Pink Reason me record a Royal Trux, una banda que me encanta. Con bandas así siempre me pregunto a mí mismo… ¿qué parte de ese caos está bajo control?

K.F.- Supongo que depende de cuando lo preguntes. Intento trabajar con gente que entiende lo que es de buen gusto y lo que no, para no tener que trazarles límites, sean sonoros o de comportamiento. Me gustaría pensar que hemos ganado más control con el paso del tiempo. La primera vez que Pink Reason tocamos con la formación actual, yo acabé sangrando hasta quedar inconsciente mientras aullaba una oración para la audiencia. En aquel punto, tenía poco control del caos.
K.- ¿Qué tipo de gente va a tus conciertos?

K.F.- De todo, desde jóvenes y hermosas mujeres hasta viejos gordos. Tenemos estudiantes, yonquis, coleccionistas de discos. Algunos abogados, algunos criminales. Algunos maderos. Sí, hay al menos un par de maderos que son fans y vienen a todos nuestros espectáculos cuando venimos al pueblo. Uno de mis fans en la ciudad en la que vivo ahora apuñaló a alguien hace poco. Conocí a mi mujer en un bolo al que la había traído por la fuerza un tipo que está metido en la brujería… También varía de ciudad a ciudad: a veces son punks crust, otras, indie rockers. Supongo que la distinta gente le gustarán cosas distintas de la banda, pero no creo que tengas que ser un tipo concreto de persona para apreciar las canciones.
K.- ¿Cuál es la formación actual?

K.F.- Yo toco la guitarra y canto. Matt toca la guitarra solista, él es el líder de Psychedelic Horseshit, también. Nuestro bajista, Shawn, estaba originalmente en TV Ghost y nuestro batería, Rich, ha tocado la bataca con Horseshit y Eat Skull y es también humorista.
K.- La primera vez que escuché “Sixteen years” me quedé alucinado. Para mí, esa canción es como un violento y moderno punto medio en un triángulo formado por el Lou Reed más experimental, el trabajo en solitario de Michael Gira y, quizá, los Joy Division… ¿te interesan esos artistas?

K.F.- Todos esos artistas fueron influyentes para mí al final de mi adolescencia. Todavía me gustan bastante todos ellos, aunque ya no escucho nada de ese material regularmente, excepto quizá a la Velvet, sobre todo el material en directo. No hay ninguna gran influencia que pueda definir el sonido de Pink Reason. Tomo mis influencias de todos lados, siempre están cambiando. Últimamente me he sentido influido por bandas como Hanoi Rocks, los primeros Skrewdriver, los Pagans/Dead Boys y otras bandas de Rock&Roll crudo.
K.- Has girado por Chile, que no parece un país habitual par alas bandas independientes americanas. ¿Podrías hablarme de la experiencia y la escena de allí?

K.F.- Fue una experiencia preciosa. La escena allí abajo es ¡totalmente psicodélica! Muy buena gente trabajando junta para construir algo chulo. Los conciertos fueron todos en bares o espacios que llevaba gente de la escena. Tipos de distintas bandas se unían y alquilaban un apartamento que era usado como estudio y local de ensayo, con camas para que de vez en cuando alguien sobara y una sala de estar para las fiestas. Fue genial, aunque estoy seguro de que también hay dificultades. Una cosa que realmente me impresionó es que la escena abarcaba generaciones y disciplinas. Había artistas, hooligans futboleros, skaters, y en las fiestas y los bolos te podías encontrar a alguien como Hugo, que diría que andaba por los sesenta y pico y era la principal fuente de  rock psicodélico en Chile, había abierto la primera tienda de skate del país y era un absoluto hedonista y un hombre salvaje… y lo podías encontrar conversando con Nico, de Vapourboat, una de las bandas más interesantes de Santiago, y que sólo tenía quince años. Creo que la juventud allí, al menos los que yo conocí, valoran grandemente todo lo que tienen, porque los miembros más viejos de la escena pueden recordarles, y lo hacen, con su música y su arte, que las cosas no siempre fueron así. Échale un vistazo a Especial 35 (http://www.especial35.net/) para investigar más a fondo y busca los discos en Pasta Base Records.
K.- ¿Puedes vivir de la música?

K.F.- No, tengo familia y la banda no hace dinero suficiente ni siquiera para arreglar nuestro equipo a menos que ahorremos todo lo que sacamos durante al menos un año. Es vagamente autosuficiente.

K.- ¿Qué significa para ti la palabra “punk” hoy en día?
K.F.- Hay una cita famosa de un juez del tribunal supremo sobre “la obscenidad” en la que dice “la conozco cuando la veo”, y yo siento lo mismo con respecto al punk. Es más que un estilo de música, es una actitud, es un estilo de vida. Te puedo decir unas pocas cosas que no son punk. Venderle tu música a una marca de coches no es muy punk. Conozco a punks que han hecho esto, y son sin duda punks, además de gente excelente, pero hacer eso no es punk en absoluto. Trabajar para una compañía de seguros es otra cosa que no es punk. No me importa que tu única otra opción sea ser un homeless. Lo he probado y no es tan malo. Ciertamente, es mejor que trabajar para una compañía de seguros.

K.- ¿Qué hay después de la muerte?
K.F.-Sólo hay una manera de descubrirlo.